Capítulo 3

Hanna y Pablo, fueron novios durante un tiempo, pero nunca le presentó a Danna, a ella le gustaba conservar el misterio de su hermana gemela, no sabía cuándo iba a necesitar cambiar de identidad, todo iba bien, hasta que Pablo le pidió matrimonio.

—Los siento mucho amor, te amo, pero yo no puedo casarme contigo, mi prioridad es terminar mi carrera, ejercer mi profesión y forjarme un futuro.

—Pero puedes seguir estudiando, lo único que cambiaría sería que viviríamos juntos.

—Perdóname, no me malinterpretes, pero es mejor que terminemos, eres muy guapo, me encantas y estoy enamorada de ti, pero yo no podría casarme con un plomero, estudia, prepárate y juntos saldremos adelante, yo no estoy buscando un novio millonario, pero sí un hombre con las mismas aspiraciones y preparación que yo.

Danna escuchó desde su cuarto y sintió pena por Pablo, pero ella conocía a su hermana y no cambiaría de opinión, Hanna no tenía en sus planes casarse y menos tener hijos, su único sueño en la vida era ser exitosa en su carrera, aunque tuviera que dejar el amor de lado.

A pesar de haber sido ella quien tomara la decisión de dejar a Pablo, lloró toda la noche, por eso su hermana sabía que lo amaba de verdad, porque nunca, había llorado por dejar un novio.

—¿Estás bien hermanita? —entró en la habitación de su Hanna para tratar de consolarla.

—¿Escuchaste todo? Me propuso matrimonio, es tan bello, y no sabes cómo me duele haber herido sus sentimientos.

—Todavía puedes hablar con él, pueden seguir juntos, pero sin hacer planes para el futuro.

—No hermana, Pablo es bueno, lo amo y me muero por decirle que sí, pero no tiene aspiraciones en la vida, para él trabajar en el mantenimiento del fraccionamiento, es tener un buen trabajo y por más que le insistí en que podía estudiar en la universidad en línea, o que buscáramos una universidad con modalidad ejecutiva, no quiso, dijo que eso no era para él y que con su trabajo le iba bien, tú sabes que si hay algo que odio en la vida es la mediocridad.

Danna la abrazó, sabía que de nada serviría seguir hablando de lo mismo, pasaron unos días y nuevamente la encontró llorando, Pablo, había renunciado a su trabajo y se había ido.

Pasaron los años y su vida universitaria transcurrió sin contratiempos, Hanna seguía su vida disipada, de fiesta, le encantaba bailar, solo un mes después de que se fue Pablo, ella volvió a salir con chicos y a disfrutar su juventud.

Era la última semana de clases y Hanna comenzaría su pasantía en una empresa transnacional, era una tienda departamental y estaría en el departamento de Recursos humanos, ella prefería las finanzas, pero no tuvo éxito al solicitar la plaza, ya se la habían dado a un joven de una universidad pública, pero lo importante, era que ya estaba dentro de la empresa, tenía que esmerarse en sobresalir, para que al finalizar, le dieran un contrato formal, era el sueño de todo estudiante, conseguir una plaza al finalizar la pasantía, pero muy pocas personas lo conseguían.

Danna había conseguido que le dieran la oportunidad de hacer la pasantía en el departamento de arte y cultura del estado, estaba feliz porque participaría en un proyecto de restauración de arte sacro en las iglesias antiguas del estado, y estaría bajo la tutela de un reconocido pintor y escultor de la región.

Parecía que había sido ayer cuando habían salido de Tepoztlán, su pueblo natal en Morelos, y ahora estaban cumpliendo su sueño de comenzar con una carrera, eran solo seis meses de pasantía, y comenzaría su vida como profesionistas.

A Danna, hacer su pasantía al lado del Pintor hiperrealista Ricardo Rivera, le abrió las puertas a un maravilloso mundo de arte y cultura, Ricardo, descubrió en ella un talento natural y la guio impulsándola a trabajar en sus bocetos, para, en un futuro cercano, pudiera montar su propia galería de arte y exponer sus obras.

Hanna estaba feliz, no solo se iba a graduar con honores, al final de su pasantía, le ofrecieron ser la gerente, en una nueva sucursal de la tienda departamental, por su excelente desempeño laboral.

Las gemelas habían conseguido tener éxito en sus respectivas carreras, cada una con sus respectivas aspiraciones.

Ricardo le había ofrecido a Danna trabajo en su taller de restauración de arte, la chica tenía talento natural y se había preparado mucho, estaba orgulloso de ella, nunca antes había tenido una discípula tan disciplinada y talentosa a la vez.

—¡Hola Danna! ¿Cómo vas con la restauración de ese cuadro? El cliente está encantado con tu trabajo, dice que le ha gustado tanto, que va a traer otros de su colección privada, si lo hace, compartiremos las ganancias al cincuenta por ciento, a partir de hoy, dejas de ser mi empleada, para ser mi socia — Dijo mientras le daba un café latte que había comprado para ella.

—¿En verdad? ¡Gracias Ricardo eres maravilloso! —Se paró de su banco de trabajo y corrió a abrazarlo, le tenía un profundo respeto y admiración, pero sobre todo, agradecimiento por la confianza que depositaba en ella y por todo, lo que le había enseñado.

—No tienes nada que agradecer, sabes perfectamente que te mereces eso y más, es hora de que tus ingresos, sean suficientes para pensar en montar tu propia galería, me dolerá cuando te vayas, pero me sentiré muy orgulloso de ti.

—Eres un amor, le dio un beso en la mejilla —Danna, no sabía que detrás de todo el apoyo del pintor, había un amor oculto, Ricardo se había enamorado de ella, desde que la conoció, pero era un hombre mucho mayor que ella y no se atrevía a hablarle de sus sentimientos, por miedo al rechazo.

Danna por su parte, lo quería como si fuera de su familia, siempre añoró el cariño de su padre y le gustaba pensar que Ricardo, podría ser algo así, como un tío, muy querido.

—A ver, déjame ver, ¡Pero ese cuadro te está quedando espantoso! ¿Ya viste esa mancha?

—¿Dónde? ¿Cuál mancha? —dijo ella nerviosa, pensando que había arruinado esa obra de arte antiguo que valía una fortuna.

—Ja, ja, ja ¡Caíste! Es broma linda, tu trabajo es perfecto, el señor Nava, va a quedar encantado, quedó de venir hoy en la noche para ver los avances. ¿Por qué no te quedas? Así lo conoces, y que él sepa de quién son las manos mágicas detrás del arte.

—Me encantaría, pero tú sabes que desde que nos graduamos de la universidad, mi hermana y yo casi ni nos vemos, tal parece que no vivimos juntas y me llamó esta mañana, parece que necesita hablar de algo urgente, quedé de ir por ella al trabajo para cenar juntas.

—¿Tú vas a ir por ella? ¿No debería ser al revés? Es ella la que tiene auto.

—Ya sé, pero su horario de trabajo es más estricto que el mío, ella debe cumplir con un horario establecido, y yo…

—Tú te aprovechas de que eres mi alumna consentida y haces lo que quieres.

—Al menos soy la favorita de alguien, por eso no te he presentado a mi hermana, porque si la conocieras, me cambiarías por ella en un segundo.

—Dudo mucho que eso pasara, puede que sean iguales por fuera, pero no creo, que ella sea tan bella como tú, por dentro.

Danna se sonrojó con el comentario, a pesar de que lo veía como si fuera su tío, no podía negar que Ricardo Rivera, era un hombre muy atractivo, estaba en sus cuarenta y tantos años, alto, atlético, cabello entrecano y rizado, largo hasta los hombros con su look bohemio, era capaz de derretir a cualquiera, pero ella, seguía recordando a Pablo, el ex novio de su hermana, le dolía reconocer que se había enamorado de él y de sus besos clandestinos.

A veces se preguntaba si Pablo, se habría fijado en ella, si hubiera sabido que era otra mujer y no su novia cuando la besaba, pero él se había ido y nunca lo sabría.

—Me tengo que ir, saluda al señor Nava de mi parte, tal vez, si trae alguna otra de sus obras, pueda conocerlo.

—Ve con cuidado, te veo mañana, si cerramos el trato por la restauración de más obras, te toca pagar el desayuno.

—Está bien, yo invito, pero no será un desayuno, ¿Qué tal una cena en ese restaurante italiano de enfrente?

—Me parece bien, trato hecho.

Pidió un auto de alquiler para ir al trabajo de su hermana, en muy poco tiempo, Hanna, por su excelente desempeño laboral, había conseguido el puesto de gerente, en una sucursal de Wilmars, una de las tiendas departamentales de la cadena más importante de Latinoamérica, pero ése, era apenas su primer gran logro, su meta, era convertirse en la directora de finanzas del corporativo.

Danna llegó al almacén y fue directo al estacionamiento, ya sabía cuál era el lugar donde su hermana estacionaba el auto, que les había comprado su madre para que se trasladaran a la universidad y que por supuesto, Hanna se había tomado como propio.

Tuvo que esperar una hora, porque su hermana no salía, ya estaba cansada y aburrida, hasta que por fin le envió un mensaje.

Hanna «Hermanita, te veo en la entrada de empleados, ya se fueron todos, enseguida bajo a abrir»

Como gerente de la tienda, Hanna tenía las llaves y la clave de la alarma, así que bajó y le abrió la puerta de empleados.

—Ven vamos a mi oficina.

—Hanna, ¿Estás loca? Si se dan cuenta de que dejaste entra a una extraña cuando la tienda está cerrada, te van a correr.

—No, porque no se van a dar cuenta, anda vamos date prisa.

Danna no entendía que era lo que se proponía su hermana, lo supo hasta que llegaron a su oficina, ahí, tenía una selección de hermosos vestidos exclusivos de las mejores marcas de la tienda, eran vestidos únicos, y por supuesto, muy caros.

—¿Y esos vestidos?

—En dos semanas es el aniversario de la tienda, por primera vez, voy a conocer a Wilmer Nava, el CEO del corporativo ¿Te imaginas? Lo he visto en revistas y está guapísimo y además soltero, estoy decidida a impresionarlo.

—Eso es maravilloso hermanita, pero… ¿Qué tengo que ver yo en eso?

—Te necesito de maniquí.

—¿De maniquí?

—Danna, solo tú y yo tenemos la fortuna de saber cómo nos veríamos con un vestido puesto, necesito que te pruebes esos vestidos, así yo puedo ver cuál me queda mejor.

—¿¡Hanna, estás loca!? Pude haber venido en el horario regular de la tienda.

—¿Y que todo mundo se entere de que tengo una gemela idéntica? ¡No, no, no, eso jamás! Anda hermanita, comienza con este vestido Fucsia, ese color resalta mi tono de piel.

La hizo desfilar con diez vestidos diferentes y probarse quince pares de zapatos, con cada vestido, ya tenían veinticinco años y seguían siendo la misma talla, tanto de ropa interior y exterior, como en calzado.

Danna estaba cansada, pero le encantaba escuchar a su hermana.

«No, con ese me veo gorda.

» Con ese me veo muy pálida.

» Con ese me veo flaca, etc…»

Finalmente, se decidió por un vestido color ámbar

—¡Es perfecto! Parezco una diosa griega — La veía haciéndola girar sobre su propio eje —. Ahora sí, ya te puedes vestir, pondré todo esto en su lugar y nos vamos, mañana a primera hora pasaré a pagar el vestido, gracias hermanita, no sé qué haría sin ti.

—Quizá podrías probar verte en el espejo.

—¿Por qué haría eso? Sí puedo verme en vivo y a todo color.

—Ahora invítame a cenar que me muero de hambre.

—Muy bien, te lo has ganado.

Cenaron en un restaurante de comida tailandesa, era la favorita de Hanna, aunque a Danna, no le encantaba, ella prefería la comida italiana, aunque las dos, sucumbían ante un buen pozole o unos tacos de pastor, pero… ¿quién no ama la deliciosa comida mexicana?

Cuando llegaron a su departamento Danna estaba tan cansada, que se fue directamente a su habitación, se estaba quedando dormida, cuando Hanna entró.

—¿Ya te dormiste?

—¿Si te digo que ya, te irás?

—No, solo quiero mostrarte algo.

—¿No puede ser mañana?

—¿Te vas a despertar antes de que me vaya?

—No —Se incorporó porque su hermana ya había encendido la luz —, ¿Es en serio? ¿Me vas a mostrar una revista?

—Te voy a enseñar al hombre que se va a convertir en tu cuñado.

Hanna le mostró la revista Forbes, la lista de los hombres más ricos de Latinoamérica, en segundo sitio, se encontraba Wilmer Nava, la fotografía mostraba un hombre joven, de no más de treinta y cinco años, delgado, de cabello negro y si, efectivamente muy atractivo.

—Pensé que el dinero no era lo más importante para ti.

—Y sabes que no lo es, lo que me atrae de él, no es precisamente su fortuna, sino, su habilidad para los negocios, a los veinticinco años, fundó una tienda en línea, y ve todo, lo que ha conseguido en tan solo diez años, definitivamente, muy pocas personas pueden tener todo en la vida, y él, lo tiene, es guapo, inteligente, joven y soltero, los millones ya vienen por añadidura.

—Y seguramente tiene un séquito de mujeres detrás de su fortuna, ya vete a tu cuarto a soñar con él y déjame dormir.

Hanna suspiró, hasta ese día, ningún hombre se había resistido a sus encantos y Wilmer Nava, no iba a ser la excepción…

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