Capítulo 1 — Canon de Pachelbel

Era un día caluroso en el mes de julio, el calor era demasiado fuerte en la ciudad de los Ángeles, California. Los estudiantes de la Universidad Estatal se congregaban pues era el inicio de un nuevo ciclo; los viejos amigos se encontraban, los bellos enamorados disfrutaban de verse nuevamente que no dudaban en demostrar su afecto frente a todos.

Los nuevos estudiantes disfrutaban de la dulce fragancia que el comedor escolar brindaba y se sentían libres de poder disfrutar una etapa más en sus vidas. Entre ellos una joven alegre pero tímida se sentaba con sus nuevas amigas las cuales había conocido en su salón y dormitorio.

Era una chica sencilla pero hermosa, tez morena como el barro, su cuerpo regordete mostraba unas curvas hermosas aunque para muchos podría parecer gorda ella se sentía feliz con tu cuerpo. Era vivaz y temeraria lo que llamó la atención de varias personas entre ellas un joven alto, ojos verdes, tez clara y un rostro ligeramente delineado que mostraba su dura masculinidad.

Observo a la chica que felizmente platicaba con sus compañeras de esto y aquello, aunque era conocido jamás mostró interés por disfrutar el auge de la popularidad el tenia un sueño y era ser el mejor ingeniero en sistemas de su generación.

— ¡He Samuel! — le gritó uno de sus compañeros y amigos más preciados de su grupo, Anthony — ¿Irás a las audiciones para los talleres de este año? — pregunto entusiasmado, su amigo era un excelente jugador de ajedrez y esperaba estar con el aprendiendo.

— No lo sé Anthony, sinceramente quiero enfocarme este semestre —respondió sin reparos.

— Anda hermano nos faltan 4 semestres para terminar no seas tan ratón de biblioteca — dijo bromeando lo que provocó risas entre los que lo acompañaban — esta es tu oportunidad de entrar al club de ajedrez, por Dios eres un maestro.

— Si, si ya entendí — dijo alzando las manos — esta bien iré.

— ¡Si! — exclamó Anthony entusiasmado.

— Pero si el maestro no me convence, me voy — explico levantándose de la mesa y tomando su charola.

— Eres demasiado quisquilloso Samuel — respondió con una sonrisa su buena amiga Britney, ella lo había perseguido anteriormente y al ver qué no podía acercarse a el decidió ir tras Anthony, al principio solo quería poner celoso a Samuel pero termino enamorada de su amigo y ahora disfrutaba de las mieles del amor.

— Lamento si eso les afecta mis amores — dijo con picardía — pero este papasito así es — sus tres amigos rieron a carcajadas.

Así era Samuel Martínez, un chico Mexicano que, junto con su familia, habían emigrado a Estados Unidos con la esperanza de una mejor calidad de vida. Su padre era un excelente arquitecto el cuál se había esforzado por darles y enseñarles lo mejor a tal grado que siempre fue su héroe.

Aunque no quiso seguir el camino de su padre este siempre lo apoyó, sabía las capacidades de su hijo por lo que siempre busco que su hijo tuviera la mejor educación y así lograr llegar tan lejos como se lo propusiera.

Se levantó de su asiento y camino hasta el área donde se dejaban las charolas vacías, mientras caminaba sus ojos se posaron en la chica morena que había llamado su atención, está también iba hacia la misma dirección que el, no sabía por qué pero su corazón latía con fuerza como nunca lo había hecho antes.

La chica notó su mirada y sonrió mostrando sus hermosos dientes cosa que lo aturdió por unos instantes y casi cocha con otro compañero suyo. Apenado dejo rápidamente la charola y camino fuera del comedor así siguiente clase.

La chica notó su acción y se le hizo algo graciosa pues no pensó que algo así podría pasarle en su primer día, mentiría si negara que aquel chico la puso nerviosa pero ignoró el hecho y lo dejo pasar. Además como un chico tan atractivo se fijaría en ella, debía ser solo su imaginación.

Feliz y contenta disfruto de sus siguientes clases donde pudo conocer a sus compañeros y maestros, aunque ella era nueva estaba ya en el 3 semestre de la carrera de música, su familia tuvo que mudarse desde Londres pues su madre tuvo una mejor propuesta de trabajo así que junto con sus dos hermanos y ella vinieron a vivir a esta gran metrópolis.

Afortunadamente tenían familia aquí los cuales les brindaron un apoyo increíble e incondicional. Hacia ya dos años que su amado padre se había ido, fue un momento muy triste para toda su familia pero juntos habían salido adelante.

— Summer ¿Vas a las audiciones para los talleres? — pregunto su nueva amiga Paula quien estaba con ella en la misma carrera y justo en el mismo dormitorio.

— Si quisiera, estoy ansiosa por presentarme para la orquesta y buscar tener un lugar — dijo emocionada siempre había sido su sueño y quizás ahora podía cumplirlo.

— ¡Entonces vamos! — exclamó Paula — ya están empezando y debemos anotarnos.

— Genial vamos entonces.

Las dos amigas se dirigieron al área de teatro donde serían las audiciones para la orquesta de la universidad, el director buscaba nuevos talentos que pudieran unirse y así darle mayor promoción pues deseaba poder competir contra los grandes.

Summer se formó para anotarse en las audiciones para la orquesta al igual que su amiga Paula a quien acompaño por su violín.

— ¿Estas nerviosa? — preguntó Summer a su amiga al verla limpiar sus manos en su pantalón cada cierto tiempo.

— ¡No que va! Solo... okay si estoy que me muero de los nervios amiga — Summer se rio y abrazo a su amiga.

— Vamos lo haremos muy bien.

— Si amiga — se quedó mirando al frente hasta que una idea paso por su mente — oye pero aún no me has dicho en qué área estarás.

— Es sorpresa — respondió sonriendo.

— Que mala eres Summer — Paula fingió enojarse pero al ver la sonrisa de su amiga no pudo evitar abrazarla. Era la primera persona que la trataba bien desde que inicio y no quería estropear la situación.

— Vamos ya es nuestro turno.

Ambas se acercaron al área de inscripción y se anotaron en la lista, la chica que las atendió les dio la bienvenida y un número con el cual pasarían a dar su demostración.

Summer no quiso enseñarle a su amiga lo que presentaría pues quería sorprenderla. Emocionadas las dos entraron al teatro tomadas del brazo charlando y riendo de cualquier ocurrencia que se les viniera a la mente.

Esta acción fue percibida por Samuel quien,  sintiéndose atraído camino hacia el teatro seguido por su amigo Anthony quien estaba confundido al ver su repentino interés por la música.

— ¿A quien quieres ver he? — pregunto con picardía.

— A nadie solo me dio curiosidad — respondió restándole importancia a la curiosidad de su amigo.

Ambos se sentaron entre el público, no entendía por qué está chica llamaba demasiado su atención pero quería ver por qué audicionaba para la orquesta de la universidad. Alrededor de media hora después solo observo aburrido las personas que pasaban, quizás está chica solo vino a observar y el creyendo que tenía algo interesante que mostrar.

— Vámonos ya — dijo levantándose de su asiento.

— ¡Al fin! — exclamó Anthony — de verdad no sé que querías mirar hermano.

— Yo... — justo en ese momento la melodía de un piano resonó por todo el teatro.

Samuel se volteo inmediatamente y vislumbro a aquella mujer que tanto le atraída mover sus manos sobre las teclas con una agilidad sin igual. El teatro que ya empezaba a ponerse ruidoso guardo silencio mientras aquella mujer de piel morena interpretaba una pieza sencilla pero hizo latir con fuerza el corazón de Samuel: El Canon de Pachelbel.

No podía despegar la vista antes aquella forma en la que la chica hacia sobar cada tecla de ese instrumento, justo en ese instante supo que, aquella mujer sería su musa y la dama de su corazón.

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