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Capítulo 3

La arrogancia de Nefertari superó a Andrew, es una mujer procaz y debe aprender que no puede ir por la vida así, por lo menos no con él.

—Escúchame bien bruja insolente— ordenó con su mirada fija en la de ella —si sales de aquí, si me echas fuera de este lugar nos van a matar a ambos— presionó más su nuca y adelantó más su cabeza provocando una peligrosa cercanía de ambos rostros. Nefertari pudo sentir aquel aliento mentolado acariciar su rostro y aquella colonia exquisita profundizar por sus fosas nasales —ahora, no me toques los cojones y hazme el favor de decirme dónde puedo esconderme— Nefertari percibió honestidad en su voz y pudo ver la verdad de sus palabras en sus ojos, pero aun así ese hombre ha sido un tonto grosero con ella. Sin apartar su mirada de él y pasando saliva con dificultad por la cercanía de aquel imponente hombre que por algún motivo le pone el vello de punta, llevó su mano derecha a los bajos de Andrew y encajó sus uñas en los testículos del joven descolocado, acción que aquel pantalón de tela permitió a la perfección. Andrew gimió de dolor y bajó su mano hasta las caderas de la mujer para atraerla más hacia él y de esa manera evitar que tirase.

—Cuando entras a un lugar donde la única persona que se encuentra puede salvarte…— el corazón de Nefertari marcha rápido y está muy nerviosa, pero quizás ese hombre solo quiere aprovecharse de ella y eso jamás lo permitirá —…debes ser educado y como poco amable— encajó más las uñas y Andrew vio el cielo en su esplendor por el dolor que aquella mujer le está ocasionando. Como un verdadero hombre, aguantó su dolor y no rogó para que lo soltara, él jamás ruega ni pide nada así que sin más remedio pegó sus labios contra los de ella y la besó, lo hizo con exigencia. Nefertari al sentir aquel beso que por primera vez ha sentido tan intenso lo soltó y lo empujó como reacción a aquella invasión de la que no se le avisó. Cuando fue a darle una bofetada pudo escuchar un ruido afuera.

—Mierda, mujer, dime dónde puedo esconderme, ¡Ahora!— exigió Andrew mirando a la entrada del local. Nefertari supo entonces que él tuvo razón todo el tiempo, vienen por él y están cerca.

—Sígueme— lo tomó de la mano y lo llevó a los vestidores donde hay una enorme caja de madera —metete— le pidió sacando la ropa que está dentro.

—No, ¿Estás loca? ¡Me vas a meter en una caja! No estoy muerto— Nefertari le miró frustrada, ¿Es tonto?

—Si no te metes a la caja estaremos muertos los dos y yo tengo mucho que vivir. No voy a permitir que por un tonto como tú acaben con mi vida— lo empujó y Andrew no tuvo más elección que meterse a la caja.

—¿Qué haces?— preguntó cuándo ella inició a tirarle la ropa encima.

—Quédate quieto, pueden entrar y revisar— dicho eso un estruendoso sonido se escuchó y poco después la música dejó de sonar. Nefertari metió la ropa que faltaba y cerró la caja con un candando y temblando como una pluma salió. ¿Por qué no se fue cuando pudo? ¿Por qué no cerró la puerta una vez las niñas se fueron? Y para empezar, ¿Qué conspiración de la vida llevó a ese hombre a abrir su puerta y no la de otros locales?

Con la cabeza echa un lio e intentando no demostrar nerviosismo para no quedar en evidencia, salió y se encontró con tres hombres trajeados igual al hombre que escondió en los vestidores. Se congeló al ver las manos de los tipos, todos están armados y esas caras le hacen justicia al peligro. Inmediatamente retrocedió varios pasos y no pudo contener los nervios y las ganas de llorar.

—¿Ha visto a un hombre con rasgos asiáticos de cabello largo pasar por aquí?— Nefertari fue incapaz de desviar la mirada de aquellas armas de fuego. jamás en su vida ha tenido una tan cerca. Sus lágrimas rodaron por sus mejillas y su barbilla inició a temblar como el resto de su cuerpo.

—Lo que faltaba— gruñó uno de los hombres —no creo que hable— maldijo.

—Pues entonces morirá— dijo el tercer hombre apuntándole, Nef alzó las manos y temblorosa intento hacer un esfuerzo para hablar pero las palabras se perdían en su garganta, no logra llevarlas a su boca —¡Habla mujer!— gritó el hombre sobresaltándola.

—Yo… yo…— chilló Nefertari cerrando los ojos —no he visto a nadie… no me maten… yo… yo… no lo sé— abrió los ojos y usó ese nerviosismo a su favor aunque eso ella no lo sabe —yo estaba por irme hasta que ustedes…— recorrió la mirada por el espacio y vio el estero estropeado en el suelo —mi estéreo… dañaron mi estéreo— los hombres se miraron entre sí, la mujer está tan asustada que su prioridad está notoriamente equivocada.

—Habla mujer— dijo el primer hombre y el que al parecer es el lider del grupo —¿Has visto a alguien con la descripción que te di pasar por aquí o no?— ella negó temblando más que segundos antes, el hombre que le apunta ha cargado su arma.

—Yo no lo sé… yo solo me iba y ustedes entraron— volvió a repetir —por favor… por favor… yo no sé nada— miró el suelo, teme que si los mira a la cara la matarán —por favor…

—Es una pérdida de tiempo— bajó el arma el hombre que apuntaba contra la nerviosa mujer —vámonos de aquí. El hijo de perra es muy escurridizo y puede ya estar lejos de aquí— resopló y dándole una última mirada a la mujer sonrió —una vez salgamos de aquí haga lo mismo— ella asintió rápidamente sin parar hasta que los vio salir.

Cuando los hombres salieron Nefertari no dudó en cerrar las puertas y marcharse al hospital. Está asustada, eso ha sido muy traumático para ella, le han apuntado con un arma, ¡Unos hombres de traje le apuntaron con un arma! Pensó en todo el camino. Está en shock, no puede creer que estuvo a punto de morir.

—¿Qué sucede mujer?— preguntó Isabella al ver a su amiga temblar y pálida —cariño, ¿qué sucede?— Nef al ver a su hija dormir tomó la mano de su soñolienta amiga y la sacó de la habitación solo para abrazarla y llorar desconsoladamente. Ha visto su vida pasar ante sus ojos y el terror que sintió la ha dejado sin alma —me estás asustando Nef… ¿Qué sucede contigo? ¿Te han despedido?— Isabella la apartó y la reviso —¿Estás en shock? ¿Qué te han hecho?— dijo al verla mejor, el estado de su amiga la alarmó así que la llevó a un consultorio para revisarla. En esos días hay muchas violaciones y robos.

—Me… me…— dijo Nef cuando Isabella estaba por desnudarla —me… a… apun… puntó— dijo entre sollozos —ese hombre me apuntó Isabella… creí que me mataría— volvió en sí y bajándose de la camilla miró a su amiga —yo… yo estaba ahí y ellos… y ellos entraron… y yo… oh Dios yo casi me hago pis— Isabella cada vez más descolocada intentó comprender las cosas sin sentido que dice —¡Cargó el arma!— Isabella al escuchar aquello abrió los ojos de par en par.

—¿Qué has dicho? ¿Te han robado cariño?— recordó que no vio su bolso —Nefertari, trata de hablar por favor que me vas a provocar un infarto por la tensión— casi gritó Isabella.

—No… no me robaron… casi me matan Isabella. Él entro al estudió y me pidió que lo escondiera… después ellos entraron y yo casi me hago pis— Isabella no comprendió lo que pasa, solo sabe que hay un arma involucrada así que sentó a su amiga y se arrodilló frente a ella después de pasarle un botellín de agua.

—Necesito que me cuentes bien las cosas cariño— acarició su mejilla y removió el pelo de su cara —¿Quién pidió que lo escondieras y quienes llegaron? ¿Por qué te ibas a hacer pis?— Nefertari bebió agua para tratar de calmar los nervios que están actuando por ella.

—El Japonés de traje entró al estudio y me pidió que le ayudase, yo creí que era un loco… pero… pero… no fue así porque lo enfrenté y después unos hombres se acercaban y yo… yo… lo escondí en el baúl donde metemos la ropa de los ensayos y…— Nefertari abrió los ojos a tal punto que podían salirse de sus cuencos. Se puso pálida al recordar —¡Lo he dejado encerrado en la caja!— gritó poniéndose de pie —dame tus llaves… tus llaves…— gritó tendiendo sus manos temblorosas. Isabella dudó en dárselas pero no tuvo que, Nef metió la mano en su bata y las sacó, Isabella siguió a su amiga quien corrió como una loca.

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