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Capítulo 4

Andrew está acalambrándose en ese lugar oscuro y casi asfixiándose con el montón de ropa sobre él, esa maldita mujer lo ha dejado ahí y seguramente ha llamado a la policía. Está furioso, no solo ha sido insolente con él, sino que también se atrevió a doblegarlo aferrándose a sus pelotas y posiblemente se ha deshecho de los hombres y llamado a la policía. Sin duda una vez saliera de ahí le dará una maldita lección que no olvidará en toda su maldita vida.

Nefertari aparcó el coche dejándolo mal estacionado. Salió corriendo y abrió las puertas del estudio y corriendo sin detenerse fue hasta los vestidores y después buscó la llave para abrir el baúl. Una vez lo logró con manos temblorosas inició a sacar la ropa.

—Mierda— maldijo Andrew al ver que volvió.

—Lo siento… lo siento… estoy aquí— retrocedió cuando vio que aquel imponente hombre con gesto de asesino serial se levantó y salió del baúl —yo… yo… me asusté… ellos… ellos… me apuntaron— dijo con voz nerviosa negando con la mirada fija en él —yo… yo… yo sé taekwondo. No te acerques a mí… tú no tienes arma— le advirtió mirándole asustada, ¿Por qué vino ella a sacar a ese hombre sola? Si aquellos lo estaban buscando con pistola en mano es porque es peligro. Pensó tratando de dominar sus nervios y dándose cuenta de su tontería.

Andrew se detuvo, le causó gracia eso. Si alguien se especializa en artes marciales es él y ella no tiene nada para practicar artes marciales. Es débil, delgada e insignificante.

—Me dejaste encerrado— dijo con una voz perturbadoramente baja. Nefertari se tensó al escuchar aquel tono —te fuiste y me dejaste bajo llave, ¡Te olvidaste de mí!— ladeó su sonrisa. Nef le miró mientras retrocedía.

—Fue tu culpa, me asusté ¿Ok? Estaba muy asustada, ¡Ese hombre me apuntó a la cabeza! Tú… tú no debiste venir aquí en primer lugar— Andrew sin cambiar su gesto de perdona vida la miró a los ojos, Nefertari está tan preocupada por no apartar su mirada de aquellos ojos negros que no fue consiente de cuando él la tomó en brazos y la pegó a la pared en un arrebato malsano. Andrew sostuvo las manos de Nef contra la pared a la altura de su cabeza y con la mano libre la sostuvo por el culo mientras ella lo rodeó con sus piernas en un acto de desconfianza, teme que él la soltara.

—A mí no se me olvida— dicho esto la besó, le exigió y le ordenó que le correspondiera. Nef con el corazón a mil y con un cosquilleo en su bajo vientre le correspondió con la misma intensidad con la que se lo exigió, su dureza se sentió a la perfección tras ese pantalón de tela. Ambos cuerpos unidos, ambos desprendiendo un calor sofocante y ambos vibrando por la química que tienen al estar juntos se dejaron llevar por ese beso hasta que fueron conscientes de que no respiraban. Aquel deseo que se encendió al instante descolocó a Andrew quien bajándola sin mirar atrás caminó en dirección a la puerta —y cámbiate de ropa, pareces una zorra loca mostrándolo todo— sin más salió del lugar.

Nefertari lo miró inmóvil, aquel hombre la ha besado por segunda vez y esta última ha tenido el atrevimiento de tocar su cuerpo de manera descarada. Presionó sus piernas y se dio cuenta de su abundante humedad, pero su rabia se elevó al verse con la ropa de practica y por como él la trató. Un gancho justo a su alcance fue su arma, lo tomó y salió tras él, Andrew miró hacia atrás cuando sintió el golpe en su cabeza. Nefertari al ver su cara encendida por el enojo cerró la puerta de los vestidores y la aseguró. ¿Acaso está loca? ¿Por qué le ha pegado a ese hombre? Bueno la ha llamado zorra loca, ¿Es suficiente motivos no?

Cansada de estar ahí, y después de saber que aquel hombre se ha marchado, salió del lugar y finalmente decidió ir con su hija. Ese día ha sido de locos, ¿A quién le pasa esas cosas? Está dudando de la realidad, eso fue como poco una escena de película de terror donde la chica inofensiva hace algo estúpido y acaban con su vida.

Al llegar al hospital aparcó el coche y se adentró al lugar sin saber que la seguían. Andrew siguió cada paso que ella dio y cuando la vio entrar a una habitación decidió que ya era hora de marcharse.

—Oh por Dios estás aquí— chilló Isabella —me tenías preocupada, ¿Me vas a contar que pasa contigo?— le hizo un tercer grado.

—¿Cuántas posibilidades hay de que un japonés de cabello largo, trajeado y sexy busque de tu ayuda y ambos se caen mal desde el inicio y después una situación los lleva a besarse?— Isabella la miró confusa —dime Isa, ¿Qué posibilidades hay de que te enfrentes a tres hombres armados y mientas sobre un hombre que tienes escondido en un baúl y que por el miedo olvidaste y después de recordar que lo has dejado encerrado vas nuevamente como una tonta sola a sacarlo?— río incrédula y aun nerviosa aunque no sabe si es por lo que le pasó con los tres sujetos o por lo que aquel hombre le ha hecho sentir —¿Y después de haberlo sacado él te mire con rabia como si estuviera perdonándote la vida por haberte olvidado de él y sin más te acorrala contra la pared y te besa de una manera que mojas completamente tus bragas y además cuando te deja te llame zorra loca?— Isabela literalmente tenía la boca abierta y sus ojos avellanas mirando con desconcierto a su amiga.

—¿Te sientes bien? ¿Te golpeaste la cabeza?— preguntó seria —¿Estás estresada cariño? La tensión por lo que estás pasando con la niña puede desorientarte y experimentar cosas que no son reales— Nefertari sonrió y negando se acostó junto a su hija.

—Estoy bien— decidió olvidarse de eso. A pesar que sus pensamientos recrean ese aterrador momento que tuvo con aquellos hombres y aquel candente que tuvo con ese tonto malagradecido. Debía olvidarse de todo y aprender a no dejar la puerta abierta cuando estaba sola en altas horas de la noche. Eso ella debería saberlo mejor que nadie, hay personas malas. 

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