Escena II

CUADRO III

Interior de la oficina del fiscal

En las paredes pueden verse algunos anuncios con ofertas de viaje, un calendario cuyas fechas no respetan orden alguno, un espejo roto, posters de hombres y mujeres en ropa interior. Un escritorio se alza en medio del escenario, sobre este pueden verse documentos, carpetas, fardos de dinero y adornos hechos con cráneos y huesos. La atmosfera es espesa y hay un leve rastro de humo en el espacio. El FISCAL se encuentra sentado en una silla (que más bien parece un trono), con los pies posados sobre el escritorio. Se está barnizando las uñas. Su forma de hablar es sugerente, y sus ademanes son afeminados, ofidios, lúbricos. Desde afuera se escucha al viajero. Viene molestísimo.

FISCAL:        (Fastidiado) ¡Y ahora qué sucede! ¿Es que uno no puede barnizarse las uñas tranquilo en este terminal de porquería? ¡Más tranquilidad hay en cualquiera de los nueve círculos del infierno!

VIAJERO:     (Entra alterado) ¿Dónde está? ¿Dónde está el fiscal? ¡¿Es usted el fiscal?! (Deja la maleta a un costado del escritorio).

FISCAL:        ¡El mismo que viste y calza, cariño! Para servirle…(Mirándolo de arriba abajo con interés malicioso. Con una sonrisa macabra dibujada en su rostro) ¿Y usted es…?(Sigue pintándose las uñas).

VIAJERO:     ¡Un cliente ofendido! ¡Y necesito ser escuchado en este preciso instante!

FISCAL:        (Detallando como le quedaron las uñas) ¡Por supuesto! Para eso estamos, cariño, para escuchar. Pero cálmese… Respiré un poco…La rabia no es buena para el cuerpo, esta endurece piel y agria las vísceras. ¡Y no hay nada peor que la acidez estomacal!

VIAJERO:     (Extrañado) ¿De qué habla…? Yo no vengo a hablar de comida, sino de asuntos más importantes.

FISCAL:        Vaya, no sabía que existen cosas más importantes que la comida. ¿Acaso no sabe que el estómago es el verdadero motor de las acciones humanas? El amor, la razón y otras afecciones son excesos, lujos para los hombres bien alimentados.

VIAJERO:     No comprendo de qué habla. A mí no me trajo hasta acá el hambre.

FISCAL:        Yo nunca dije que “usted” tuviera hambre. (Transición) Pero bueno, insisto: cálmese, en ese estado es imposible resolver nada.

VIAJERO:     ¡No me calmo! ¡No me da la gana de calmarme! 

FISCAL:        ¡Pero cuánta ferocidad, cuánto ímpetu, cuánta bilis! (Para sí, mordiéndose los labios) Todo indica que es usted un hombre delicioso… Digo, ardoroso. Me gustan las personas apasionadas; son escasas en Nueva Ovejuna. (Transición) A ver… dígame cuál es el motivo de su enojo, cariño. Prometo hacer hasta lo imposible para remediar ese asunto.

VIAJERO:     Eso lo veremos… (Transición) ¡Me pasa que acabo de ser víctima de una injusticia en este terminal!  

FISCAL:        ¡¿Una injusticia?!

VIAJERO:     ¡Sí! ¡Una injusticia! ¿Es que acaso es sordo?

FISCAL:        (Esboza la misma risa macabra) Todo lo contrario, bombón: tengo oídos por todas partes. Y ojos también. Y sobre todo bocas. (Transición) ¿Y esa es la razón por la cual viene usted hecho todo un demonio?

VIAJERO:     ¡¿Le parece poca cosa ser victimado?!

FISCAL:        (Cínico) Por supuesto que sí… Querido, todos hacemos el papel de víctimas en algún momento. Es algo de lo más natural. Yo diría que hasta necesario para mantener en equilibrio la dinámica de las cosas. Un mundo moralmente perfecto sería igual de repugnante que uno perfectamente inmoral. ¡Nada más de imaginármelo se quiebra el barniz de las uñas! (Enseñándole las uñas) Y no imagina todo el esfuerzo que hago para mantenerlas impecables.

VIAJERO:     ¿Pero qué disparate dijo usted? Mire, ¡necesito que se haga justicia inmediatamente! ¿O es que tengo que hablar con su superior para que me atiendan como es debido?

FISCAL:        ¿Con mi superior…? (Ríe frenéticamente. Viajero se muestra incómodo. Fiscal recobra la compostura. Irónico) Mi superior… (Serio) Amigo, después de mí, no hay nadie que esté dispuesto a escucharlo. Mientras más grande es el poder, mayor será la sordera. Mejor confórmese con mis oídos, están aquí para servirles. 

VIAJERO:     Habla usted de un modo extraño.  (Transición) En fin, el vigilante me                    cobró una tasa para poder usar el servicio.

FISCAL:        Cariño, me va a disculpar, pero creo que tiene un concepto un tanto errado de lo que es la justicia. Injusto sería que mi empleado no cobrará dicha tasa. Es deber en este terminal que…

VIAJERO:     ¡Déjeme terminar!

FISCAL:        (Mordiéndose los labios)¡Cuánta bilis! ¡Cuánta víscera! ¡Cuánto apetito!(Transición. Se peina el cabello) Perdón… continúe.(El viajero se muestra incómodo).

VIAJERO:     Como le decía, el vigilante me exige una tasa. Yo entiendo que en algunos terminales se cobre una tarifa adicional para usar el servicio; pero acontece que cuando viajé desde la ciudad hasta Nueva Ovejuna no me la pidieron. (El fiscal intenta hablar, pero no lo deja) Sin embargo, asumamos que en este terminal siempre se ha requerido de una tasa para poder viajar. Está bien, yo no tengo problema en cancelarla, siempre y cuando la misma le sea cobrada a cada usuario, ¡sin excepción alguna!

FISCAL:        Y eso quiere decir que…

VIAJERO:     Que ninguna de las personas que estaban delante de mí, en la fila para ingresar al andén de abordaje, pagó dicha tasa. Pero el mequetrefe del vigilante no me dejó pasar a mí, porque según él, yo debía pagarla.

FISCAL:        (Finge sorpresa)¡No puede ser! La ley es explicita: Nadie puede usar el servicio si no cancela previamente la tasa. ¡Esto es algo… incomprensible!

VIAJERO:     ¡Incomprensible!

FISCAL:        ¡Inadmisible!

VIAJERO:     ¡Inadmisible!

FISCAL:        ¡Imperdonable!

VIAJERO:     ¡Imperdonable!

FISCAL:        ¡Inaceptable!

VIAJERO:     ¡Inaceptable!

FISCAL:        ¡Inexcusable!

VIAJERO:     Inexcusable…

FISCAL:        ¡Vergonzoso!

VIAJERO:     Exacto…

FISCAL:        ¡Escandaloso!

VIAJERO:     Sí…

FISCAL:        Deshones…

VIAJERO:     ¡Basta!

FISCAL:        Disculpe, es que me emocionan demasiado estas cosas. En Nueva Ovejuna no hay mucho con lo cual uno pueda entretenerse. En este pueblo abandonado por Dios “el día brilla un instante, y después, solo queda la noche”. Aquí los días transcurren en completo letargo; salvo en este terminal de porquería, claro está. No imagina lo difícil que es lucir unas uñas tan hermosas como las mías en un lugar como este.

VIAJERO:     Pues, a mí me parece un pueblo encantador.

FISCAL:        (Irónico)No es de por aquí, ¿verdad?

VIAJERO:     No. Soy de la capital, ya se lo dije.

FISCAL:        Cierto… (Pícaro) ¿Y qué tal van las cosas en esa sucursal del cielo?

VIAJERO:     (Irónico) Querrá decir del Infierno… Allá las cosas van de mal en peor. A veces pienso que el desarrollo es un veneno, que en lugar de acercarnos al ideal humano, nos rebaja a una mezquina animalidad… (Transición)Pero, en fin, ¿hará algo por remediar este asunto, sí o no?

FISCAL:        Evidentemente.

VIAJERO:     ¿Y qué es lo que piensa hacer?

FISCAL:        Seguirle la palabra: Apelar a la justicia. ¿No creerá usted, cariño mío, que voy a tomar acciones sin escuchar a ambas partes? Eso no sería muy justo que digamos. Si amonesto a mi empleado basándome, únicamente, en lo que usted le imputa, estaría yo incurriendo en una injusticia. Y usted, buscando hacer justicia, estaría cometiendo un acto injusto, ¿comprende?

VIAJERO:     (Incómodo) Sí, sí, por supuesto… (Molesto)Bueno, no perdamos más tiempo. ¡Haga venir de inmediato a ese tracalero sinvergüenza!

FISCAL:        (Mordiéndose los labios) ¡Cuánta bilis, cuánta víscera!(Transición)¡Como usted ordene, bombón! (Abre uno de los cajones del escritorio y extrae un radiotransmisor. Llama. Se escucha sonido de interferencia).

MENDIGO:              

Entonces el extraño fiscal llamó al sinvergüenza,

para saber cuál era su versión de los hechos, 

pero lo que olvidaba el ofendido pasajero, 

es que los bomberos no se pisan la manguera…

FISCAL:        En seguida viene su verdugo... (El viajero se muestra irritado, impaciente) Pero cálmese, no gana nada dejando que la rabia lo someta. Eso solo contamina nuestra sangre, la torna amarga. (Mirándose en el espejo roto)Sin importar las circunstancias, siempre debemos ser racionales.

VIAJERO:     ¿Qué insinúa…? ¡Yo soy perfectamente racional! ¡Demasiado racional!

FISCAL:        La cólera nunca es racional, bombón.

VIAJERO:     Lo es, si está al servicio de una causa noble. No me imagino a Cristo tratando de convencer a los comerciantes de que abandonaran el templo por medio de palabras dulces y serenas. ¡Era necesaria la lógica del látigo!

FISCAL:        (Esboza la sonrisa macabra) ¿Se compara usted con Él? A… A Jesús puedo comprenderlo: esos comerciantes estaban profanando un lugar sagrado para él. ¿Tan importante es este pueblo para usted? ¿Es Nueva Ovejuna su templo? Pero si ni siquiera pertenece a este lugar.

VIAJERO:     Fue el templo de alguien muy importante para mí, así que también es mi templo. Aquí nació Eurídice...

FISCAL:        Solo era cuestión de responder con un “sí”, o con un “no” … Pero con esa explicación es suficiente.

VIAJERO:     Fueron quince años de matrimonio basados en el respeto y amor incondicional.

FISCAL:        (Irónico) Sí… Me usará como pañuelo.(Enciende un cigarro y se dedica a fumar mientras escucha atentamente al viajero).

VIAJERO:     (Conmovido) Eurídice… Ella era un ejemplo de virtud, sabe. ¡Jamás se callaba frente a la injusticia! Era de ese tipo de personas que se enfrentaba a quien fuera para defender a los más débiles. “Mi justiciera”, así le decía por cariño. Lamentablemente ya no está a mi lado.

FISCAL:        Un divorcio… Es algo frecuente, algo que se evitaría si en un principio la gente no se casara.

VIAJERO:     (Tajante) Está muerta.

FISCAL:        No quiero sonar duro, perola muerte también es un fenómeno natural. Aunque no tan natural como un divorcio.

VIAJERO:     Sí, es cierto: la muerte es natural…¡A menos que nos sea impuesta!

FISCAL:        Oh, comprendo…

VIAJERO:     Según, fue un robo que salió mal, que ella se había resistido. Nunca encontraron al responsable; o eso trataron de hacerme creer las autoridades. “No hubo testigos. Así no podemos continuar con la investigación”.¡¿Cómo no que no van a haber testigos a plena luz del día, un sábado, y en el centro de la ciudad?! (Transición)Junto a su cadáver la policía encontró este reloj. (Le enseña el reloj) Era para mí. Ese día estábamos de aniversario. Cuando cayó al suelo sus manecillas se detuvieron, aun así nunca me lo quito. (Mirando el reloj) Siempre marcando las seis y media de la tarde; la hora en que cayó abatida.

FISCAL:        No me diga que… ¡Eso sí que sería una casualidad!

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