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II

Un mes pasa muy rápido, o muy lento, todo depende de cuan desesperado estás.

Amir por fin se dio por vencido, parecía que aquella joven de ojos verde y mirada trasparente no quería ser encontrada, o quizás el dinero que él le dio le sirvió para comenzar una nueva vida, solo le quedaba a él que tendría que aprender a vivir con lo que había hecho, pero ¿y Charly? ¿Él podría seguir callando o debería afrontar su culpa, por guardar silencio?

— Señor, no lo entiendo, durante estas 6 semanas lo único que ha hecho es buscar a esa mujer, Candy, y ahora. ¿Lo deja así?  ¡¿Como si nada pasara?!

El hombre se sorprendió por la molestia en la voz de su asistente, Charly jamás replicaba nada, y mucho menos ponía en cuestionamientos sus decisiones, camino hacia el ventanal de su enorme oficina y mirando la ciudad a sus pies lo increpó. 

— ¿Qué es lo que te molesta Charly? Solo la buscaba para recompensar mi error nada más. No entiendo tus reclamos.

— Me molesta mi incompetencia, no sus decisiones y es que... no quise sumarle otro problema y trate de resolver las cosas por mi cuenta. Ya que el objetivo era el mismo, encontrar a esa joven... Candy.

— ¿Qué pasó? ¿Porque TÚ la necesitas ubicar?

Amir miraba a su ayudante, cuando él se equivocaba trataba de tenerle paciencia, y es que Charly es hijo de María, la que fue cocinera en la casa de su padre hasta que él marchó a Londres a estudiar, si, le debía mucho a esa mujer que trató de cuidarlo desde niño y aguanto su temperamento. Ella a diferencia de su madre no lo abandonó, y repartió su tiempo entre su hijo Charly y el joven heredero del imperio Diamnons.

— Ella no tomó la píldora, la encontré la noche que fui por usted. Pero debido a su estado de... nerviosismo, decidí no sumarle un problema más y tome el asunto en mis manos.

Amir era un hombre de acero y concreto, aún más fuerte y frío que su padre, eso no lo podía negar nadie, nada afectaba a este hombre, pero desde la noche que esos ojos verdes lo miraron con tanto sufrimiento algo en su interior comenzó a caer, comenzó a desmoronarse, no podía conciliar el sueño con la misma facilidad de antes, sabía que la había lastimado y él, que jamás tomó a ninguna mujer a la fuerza, esa noche lo había hecho, no se detuvo mientras ella le suplicaba, la lastimó, era por eso que la buscaba, para pagar por su falta, Candy solo debía decir el precio y todo volvería a la normalidad, tendría su consciencia tranquila, pero ahora, la que estaba en falta era ella. Así lo vio él. Su rostro cambió al completo, se giró para mirar a Charly directamente a los ojos.

— A partir de hoy tú prioridad es buscarla, y traerla ante mí, como si tu vida dependiera de ello. No me interesa que tengas que hacer, si debes poner una recompensa por ella, o ir en contra de Dominic, ¡haz lo que sea necesario! Y si.... está embarazada, reza porque ese bebé esté bien. De lo contrario acabaré con todos y eso te incluye Charly.

Eso a Charly lo sacó de la jugada, no entendía a su jefe y era la primera vez que eso pasaba. Su mirada azul denotaba un brillo nunca antes visto,... ¿esperanza? ¡¿Ilusión?!, no, Charly no podía creer eso, su jefe era Amir Zabet, un hombre de corazón duró y sin sentimientos. 

— Disculpe señor, creí que le pediría que se practicara un aborto. Digo, después de todo no se casaría con una...

La mirada de hielo de Amir lo dejó sin habla, Charly podía asegurar que hasta la temperatura de la oficina descendió. No pudo evitar retroceder ante el avance de su jefe, jamás lo había visto así de molesto, se arrepintió de a ver hablado.

— Un hijo mío no será abortado jamás, ni tampoco correré el riesgo de que lo dejen en un orfanato, en cuanto a ella le pagaré lo que pida cuando se largue. 

— Pero ¿¿y si ella no quiere entregarlo? Por la descripción que me dio, quizás lo hizo por necesidad o....

— Las mujeres siempre terminan dejando todo, marido, hijo... ellas solo quieren dinero son todas iguales.

— No mi madre.

— Tienes razón, María es la excepción.

Charly nunca contradecía a su jefe, pero cuando hablaba de las mujeres de esa forma, él se sentía en la obligación de aclarar que su madre jamás lo abandonó, y es que Amir sabía que María quedó viuda siendo muy joven y que cuando su padre le propuso ser la señora de la casa y cuidar de ellos dos, ella no lo podía creer, hasta que le dijo que su única condición era que deje a Charly en otro lugar, ya sería demasiado complicado el hecho de que ella era la cocinera como para que también tuviera en su casa un hijo de otro hombre. Entonces María decidió irse y no volver jamás a esa mansión. Seguía tratando con Amir, pero con su padre no, él entendía que ese viejo terco había arruinado la oportunidad de ser feliz con alguien especial como María.

— Solo ve y encuéntrala, ese será tu único trabajo de ahora en adelante. 

La ansiedad de Amir alcanzó niveles insospechados durante las siguientes semanas, la bebida se había convertido en algo frecuente, ya no le importaba la hora, ni el lugar, su vida se había reducido a soñar con un niño de ojos verdes, pequeño y sumamente blanco... como su madre, aunque no entendía porque, porque todo lo llevaba a aferrarse a esa ilusión. 

Los días de Charly pasaron a ser divididos en buscar a Candy o Ben, amenazar a Dominic con terminar con su negocio o su vida, y pasar tiempo con Violeta, no había podido conseguirle un empleo ya que la empresa requería si o si que tuviera la primera completa, saber lo básico como leer y escribir, pero eso no le parecía lo más importante para él, lo que más le preocupaba a este joven, era como enamorar a Violeta, cada día que la veía, se enamoraba más de ella.

— Charly, ¿tú no vas a tomar un helado?

— No violeta.

— Pero le dijiste a tú mamá que querías tomar uno.

— Solo para sacarte a pasear, no entiendo porque te lo pasa encerrada, si entiendes que mi madre solo quiere ayudarte ¿verdad? no es que seas su empleada, te la pasas todo el día limpiando su departamento, eso no está bien. 

— Sí, María es mi mejor amiga, sé que solo me quiere ayudar, pero yo necesito hacer algo por ella.

— Violeta, mi madre tiene 55 años, y tú 19, no puedes verla como una amiga, debes conocer gente de tu edad, salir, vivir.

— Eso no importa, ella y tú son mis mejores amigos, sé que en ustedes si puedo confiar, el mundo está lleno de gente mentirosa que solo quiere hacerme daño, yo solo confiar en ella y en ti. 

El corazón de Charly se aceleraba cada vez que está pequeña sonreía, y a pesar de que su jefe estaba fuera de control, y no podía encontrar ni a Candy o a Ben, siempre veía la forma de pasar un rato con ella todos los días, se había convertido en la luz que hacía brillar sus días, por eso no importaba la hora, él pasaba todos los días a ver a su madre, y le encantaba cuando Candy le calentaba la comida que ella misma había preparado, lo hacía sentir querido.

— bien dime ¿cómo  vas con los deberes que te deje? avanzas muy rápido, eres muy inteligente. 

— María dice que lo hago muy bien, ya se escribir sola mi nombre, el de ella y el tuyo.

—  ¿En verdad?, me hace muy feliz.

— Si, a mí también y la lectura va mejor, gracias por todo el tiempo que me dedicas, se que tu jefe es gritón y mandón, María me ha contado que te tiene muy estresado, me gustaría ayudarte.

— Me alegra que avances en tus estudios, pero no me debes nada, somos amigos y los amigos hacen eso se ayudan sin esperar nada cambio. 

— Sabes... no me estoy sintiendo muy bien.

Candy de pronto se puso pálida, y sus piernas temblaron, no entendía que le sucedía, por lo que se apresuraron a volver al edificio, apenas llegaron ella se encerró en el baño.

Mientras que Charly caminaba de un lado al otro, preocupado.

— Creo que el helado le cayó mal. Quizás deba ir a la farmacia y comprarle algo para el estómago.

— Charly...

— Maldición, y si es alérgica, no le pregunte, y por la clase de vida que su padre le daba no creo que la allá llevado a tomar helado antes.

— Hijo, escúchame, eso no es por el helado. 

— ¿Como? ¿Acaso a estado enferma? deberías haberlo dicho antes, la voy a llevar al hospital, podría ser apendicitis o algo peor.

Charly comenzó a caminar hacia la puerta para poner en marcha su automóvil, pero su madre lo detuvo. 

— Creo que está embarazada Charly.

María hablaba con voz suave y un poco de dolor, al entender que su hijo se había enamorado de aquella dulce niña, y no sabía lo que la noticia de un bebé podría causar en él. 

— Pero... tú dijiste que ellos no... Dijiste que ese maldito jamás la tocó.

El recordar, lo que su madre le contó, como aquel intento de hombre golpeaba a la joven y que era la misma chica por la que ella lo había llamado tiempo atrás, contándole lo extraño de su comportamiento, lo alteró.

— No, ella y ese maldito nunca estuvieron juntos.

— No entiendo mamá, como podría estar embarazada si su novio jamás la tocó. 

— Mira, ella está muy avergonzada de lo que sucedió, pero sé que tú no la juzgaras. Puedes ver lo dura que la vida ha sido con ella.

— te escucho, habla claro porque no estoy entendiendo.

— El novio de Violeta, la obligó a vender su virginidad y luego se marchó con todo el dinero.

— ¿Como que la obligó? Nadie puede hacer eso... ¿o sí?

— Hijo, sí que eres ingenuo, ese bastardo le dijo que la llevaría con su padre si se rehusaba y ya sabes como él la golpeaba, violeta le tiene pánico, además no te olvides que su novio también la sometía, recuerdas lo golpeada que estaba cuando la conociste?. 

La joven muchacha apareció en la cocina en ese momento y la conversación se terminó. 

Charly estaba con mil cosas en la cabeza, el sentía que amaba a esa joven, pero apenas tenía 25 años, su trabajo ocupaba casi todo de él, ser el asistente de alguien tan poderoso como Amir tenía sus desventajas, no sabía si estaba capacitado para hacerse cargo de un bebé, como tampoco sabía si Violeta iba a querer a ese bebé, se marchó y mientras conducía repasaba la conversación con su madre en su mente.

De repente la realidad cayó sobre el como una cubeta de agua fría. 

— No, no, no puede ser, ella... ¡no maldición!. 

Giro en U sin importar los insultos y ruido de claxon que se escucharon y retomo el camino a casa de su madre, si estaba en lo correcto o no, lo iba a averigua en ese momento. 

*****************************

Cuando las mujeres quedaron solas, María sintió la necesidad de hablar con Candy, estaba segura que no se había dado cuenta que estaba en cinta.

— Candy, ven mi niña, hablemos un poco, debo decirte algo.

— De que quiere hablar María, acaso hice algo mal.

— No criatura de Dios, tu no podrías hacer nada mal, pero me gustaría saber, ¿hace cuánto te sientes mal?

— Mmm hace unos días, cuando me despierto las cosas me dan vuelta luego se me pasa, y cuando como, me da muchas ganas de vomitar, pero casi siempre se me pasa, solo que hoy después del helado no fue así, debe ser que no estoy acostumbrada a comer tantas cosas deliciosas, mira, hasta mi estómago ha crecido.

La ingenua Candy levantó su remera y dejó ver el pequeño, pero notable bulto que crecía en ella. María ya no tuvo dudas, aun así siguió preguntando. 

— Pequeña, ¿hace cuánto que no tienes tú periodo?

La joven bajo la cabeza, y contesto apenada, le costaba hablar de esas cosas, ella era sumamente vergonzosa, más porque su padre la humillaba por ese tema, todavía recordaba como la enfermera que la atendió ese día se había burlado de ella, diciéndole que como era posible que creyera que se lastimó, cuando en realidad era su periodo.

— Desde esa noche que él me hizo sangrar tanto, creo que ya no quedo sangre en mi para el periodo, aún me duele si me siento muy rápido o si no tengo cuidado .

— Ese animal, no me puedo imaginar cuánto dolor te causó y las heridas que te hizo, pero eso no tiene nada que ver, ya lo estudiaremos más adelante, creo que debo llevarte al hospital, será lo mejor. 

— NO, no por favor María, no me gustan los hospitales, me trae feos recuerdos, y ¿si Ben está trabajando como enfermero nuevamente? Te prometo que no comeré más cosas dulces, y también te ayudaré en los mandados, no sé leer pero tengo buena memoria y...

— Tranquila niña, jamás te obligare a hacer algo que no quieras, y estoy segura que ese maldito de Ben debe estar muy lejos, pero… Creo que estás embarazada. 

“¡Embarazada! ¿Un bebé crece en mí? ¿Pero cómo?”

La cara de asombro de Candy era única, María jamás la había visto así, luego que una risita nerviosa salió de su boca habló.

— No puede ser, yo no estoy casada y lo sabes, es imposible que este embarazada. 

— Candy, para que quedes embarazada no es necesario estar casada, solo debes dormir con un hombre en la misma cama.

Ahora Candy la miraba con la clara confusión grabada en su cara.

— Eso no tiene sentido, papá dijo que los bebés llegan cuando las personas se casan y...

La chica bajo la cabeza y cualquier rastro de alegría desapareció, ahora sus ojos eran cubiertos por un manto de tristeza. 

— ¿Y qué? Puedes hablar conmigo y lo sabes.

— Que los bebés buenos no matan a sus madres como lo hice yo.

Las lágrimas salían, quemaban en su rostro, ese dolor que siempre la acompañaba sin importar que tan buena era María o Charly, Candy sentía ese dolor de no ser querida por su padre cada noche.

— Mira, tú padre es un patán, las cosas a veces pasan, los partos se complican y lamentablemente la madre o el bebé mueren. Debes sacarte eso de la cabeza, tú no eres responsable de lo que pasó con tu mamá. 

— Entonces, ¿fue un accidente? ¿Realmente es así?

— Claro que sí corazón, estoy segura que tu madre te amo y cuido durante todo su embarazo, solo que a veces las cosas solo pasan. Ahora, deberíamos ir al hospital para ver si mis sospechas son ciertas y estas embarazada. 

Candy comenzó a pensar en las suposiciones de María. 

“Mi bebé, solo mío, alguien que si me va a amar, una persona a la que podré amar y cuidar.”

La joven comenzó a acariciar su vientre sin darse cuenta, era su instinto materno saliendo a la luz, era su esperanza de poder tener un poco de felicidad en la vida.

— Jamás dejaré que lo lastimen, jamás dejaré que le hagan lo que me hicieron a mí. Voy a cuidar a mi bebé. 

— Muy bien mi niña, pero para cuidarlo debemos ir al médico, para que vea que todo está bien, y que cuidados debes tener.

Candy comenzó a llenar de preguntas a María, y esta reía sin parar, el rostro de la joven había adquirido un brillo único, ella ya deseaba tener a su bebé en sus brazos.

Hasta que la puerta sonó.

— Iré yo María descuida.

Candy no podía estar quieta de tanta alegría, no sabía qué hacer, daba saltitos de un lado a otro, pero cuando abrió la puerta retrocedió como si hubiera visto al mismo diablo, y es que así era.

— ¡Ben!

El grito de Candy alertó a María pero poco pudo hacer, ya que él no perdió tiempo en hablar tomo a la joven del cabello y la sacó a la calle.

— Maldita perra, todos me buscan por tu culpa, ¡que rayos hiciste!

Mientras gritaba la golpeaba, estaba furioso, ninguna de sus chicas podía trabajar, su cabeza tenía precio, Charly había ofrecido medio millón para dar con él, sabía que todo era por Candy, la golpeaba sin piedad, buscando el mejor ángulo para patear su abdomen, él sabía cómo hacer para someterla, pero Candy no se lo iba a dejar tan fácil, ella cuidaría a su hija, porque ella sabía que sería una niña, Blanca de ojos color cielo, como los que la miraron esa noche.

Opto por tirarse al piso y se quedó en posición fetal, no importaba las patada que Ben le diera a su cabeza, su espalda o brazos, ella no dejaría que alguien golpeara a su bebé, Candy antes entregaría su vida.

Charly llegó en el mejor momento y cuando Ben lo vio, no hubo necesidad de decir nada, el cobarde salió huyendo del lugar, y es que por los rumores que corrían, Charly lo estaba buscando por incumplir con la regla más importante, y Ben se imaginaba cavando su propia tumba en algún lugar en el desierto. 

Cuando Charly fijo los ojos en la joven no podía creer lo que veía, ella se levantó por sí misma, aun cuando la sangre brotaba de su cabeza y la bañaba. Era una imagen completamente grotesca. 

— Dios, ¡ven aquí!

La tomo en brazos y la subió a su auto, mientras trataba de detener la sangre que salía de su cabeza. 

María tomó el lugar del conductor y se dirigió al hospital. 

Charly la veía tan indefensa, tan débil, si parecía una niña, apenas llegaría a medir un metro sesenta como mucho. 

Candy se sentía somnolienta, sabía que eso era a causa de los golpes, los recuerdo de su padre rompiendo su cabeza aparecían como destellos, la primera vez fue con un palo de la escoba, explicándole de esta forma como debía barrer cuando tenía 6 años, la segunda fue con un palo de amasar o rodillo como lo llaman en algunas partes, cuando ella tenía 8, de esta forma Candy aprendió a estirar la masa de las galletas, fueron tantas veces que su cabeza sangró que ya había perdido la cuenta. 

— No lo entiendo.

Dijo en un susurro. 

— ¿Qué cosa?

— Mi padre, me ha golpeado peor y lo eh resistido mejor, pero ahora, me siento rara, todo se está poniendo negro.

La sangre de Charly se congeló, y es que hasta ese momento no tuvo una verdadera noción del maltrato que ella había recibido. 

— te llamas Candy, ¿verdad? Violeta no es tu verdadero nombre.

Charly no sonaba enojado, su voz era suave, quería distraerlo, para que no cerrara los ojos.

— No quise mentirte, solo que no quiero que mi padre me encuentre, por favor, no me delates Charly, no quiero que me golpeen, no quiero que maten a mi bebé, mi papá me matará y a mi hija conmigo. 

Y esa frase fue como si le colocaran un hierro caliente en el pecho, mientras la revisaban, una y otra vez, él pensaba que debía hacer, Amir o Candy, su jefe o esta joven que tanto ha sufrido y de la que se enamoró, a quien le debía lealtad.

Luego de varias horas en urgencias el doctor confirmó lo que todos sabían, estaba embarazada de 15 semanas, pero también dijo otras cosas.

— No sé qué tipo de vida ha llevado, pero no es la primera vez que su cabeza recibe suturas, si no fuera por su larga cabellera lo podrían ver, su cuero cabelludo parece un puzle, su embarazo estará bien mientras siga las indicaciones, esa chica... en los años que llevo como doctor, jamás había visto un cuerpo tan maltratado. Ustedes saben ¿quién es el padre del bebé?

— No, ¿porque doctor? Ella es una vecina de mi madre a la cual conocemos hace un año, hoy fuimos testigos de cómo la golpeó, y no lo permitiremos nunca más, yo me encargaré de cuidar de ella y el bebé. 

Charly habló con un fervor que su madre nunca había escuchado. 

— Ella asegura que el acto sexual fue consensuado, pero las laceraciones que presentan son compatibles con una violación, aún después de tanto tiempo se pueden apreciar, no sé cómo pudo soportar el dolor sin recibir asistencia médica, puedo decir sin ninguna duda que esa pobre chica no sabe lo que es vivir sin ser golpeada.

Eso despejó todas las dudas de Charly, por fin entendió lo que desestabilizó a su jefe, y por qué buscaba a Candy desde esa noche en el hotel 

A su mente vinieron los recuerdos de esa noche, cuando lo contactaron desde el hotel porque su jefe estaba fuera de control.

— Todo salió mal, ¡todo se salió de control! MALDICION, DEBES ENCONTRARLA CHARLY, DEBES TRAER A CANDY ANTE MÍ. 

Amir gritaba y rompía todo a su paso, el joven jamás lo había visto asi, parecía un animal herido, estaba fuera de sí.

— Encuéntrala, ¡¿entiendes?!  ¡Es una orden! LA QUIERO YA, DEBO HABLAR CON ELLA, ¡DEBO ARREGLAR TODO!

Bien, Charly por fin la había encontrado, por fin dio con la joven de ojos verdes que tanto desequilibró a su jefe, era hora de llamar a Amir, ¿verdad?

Pero primero debía llevar a ambas mujeres de regreso a casa, el rostro de Candy no dejaba duda de que a ella no le gustaban los hospitales. 

— María, es verdad lo que el médico dijo, ¿mi bebé está bien?

— Si Candy, a él no le pasó nada, pero mira como quedo tu cuerpo, Dios niña, ¿cómo puedes estar hablando como si nada?

— Esto no importa, lo pude proteger, eso es lo importante, yo que nunca puedo hacer nada bien, por fin pude lograr algo, protegía a mi bebe, viviré solo para ella, voy a estudiar mucho y a trabajar, ya lo verás María mi niña no sufrirá nunca, yo siempre estaré con ella, jamás dejaré que llore, viviré y moriré solo por ella.

Mientras conducía, Charly escuchaba a la joven, veía como su rostro brillaba, a pesar de los golpes, esto cambiaba todo, ella necesitaba a ese bebé más que Amir, su jefe podía tener otro hijo, con la mujer que él eligiera, pero Candy, ella solo tenía a ese bebé, nada más, decidió en ese momento mantener el secreto, él se juró cuidar y proteger a esa muchacha de mirada color Jade.

*****************************

El tiempo pasaba, y Charly cada vez estaba más contento con su vida, si bien Candy lo seguía mirando como un amigo, el joven se conformaba con eso, él no quería estropear la relación que mantenían, así se lo había recomendado su madre, la joven parecía un animalito, siempre temerosa de la gente extraña, le costaba salir, vivía siempre con miedo de todos, menos de él, quien aprovecha cada oportunidad cuando salían de la casa para tomarla de la mano, o abrazarla, para enfundarle seguridad y él a cambio conseguía estar aún más cerca de ella.

— ¿Lo viste Charly? Mi bebé está creciendo muy bien. 4 meses, ¡ya tiene 4 meses!

— Lo vi Candy, pero también escuché lo que dijo el médico, tu cuerpo a sufrido mucho, tienes que cuidarte, tomar tus vitaminas y evitar las escaleras o cualquier tipo de esfuerzo, ya deja de limpiar mi casa por favor, sabes que no debes hacerlo.

— No tienes nada de qué preocuparte, no me dejas hacer nada, ni siquiera me dejas lavar tú ropa.

— Nada de eso, y más con lo que dijo el doctor, creo que será mejor si le pido a mi madre que se quede con nosotros, solo así me asegurare que no hagas nada.

— No es necesario, estoy abusando demasiado de ustedes, un día se cansarán y me echarán, que haré sin María... ¿que haría yo sin ti Charly?

El joven se derretía como un hielo al sol de pleno verano cada vez que ella decía su nombre con tanta dulzura, le estaba costando tanto no besarla y declararle el amor que le tenía. 

— Eso no sucederá jamás, yo nunca te alejaría de mi Candy, nunca, algún día sabrás cuánto significas para mí. 

La noche en la que Ben golpeó a Candy, Charly se la llevó con él a su casa, les dijo que eso era lo mejor, por si Ben volvía, no podría encontrarla, después de todo, nadie sabía que él y María eran madre e hijo, pero lo que más le preocupaba era que Dominic o algún otro diera con ella, después de todo Amir la seguía buscando y no descansaría hasta dar con ella.

También había descubierto con horror que Ben creía que Candy estaba embarazada, y eso era un gran problema, ya que sabía que el hombre no tardaría mucho en querer atraparla nuevamente ya sea para matar al bebé y así poder asegurarse que nadie lo atacaría o peor aún, usar ese bebé para manejar a Candy y seguir explotando el cuerpo de la joven, por sus contactos descubrió que se gastó todo el dinero en casinos, mujeres y otros vicios, ahora estaba desesperado por conseguir dinero.

Lo que le seguía preocupando era la situación de Amir, su carácter estaba fuera de control y el alcoholismo estaba a punto de entrar en su vida para siempre, no había momento del día que no estuviera bebiendo, su jefe parecía tener un sexto sentido, ya que se la pasaba diciendo que él estaba seguro que Candy estaba esperando un hijo suyo.

Pero aun sabiendo que todo se solucionaría con decir donde estaba Candy, no lo haría, él se había enamorado de esta joven tan inocente, tan hermosa, tan Candy, y no estaba dispuesto a que se la llevaran de su lado. 

— ¿Sabes que tú nombre en castellano significa Dulce verdad?

— Mi hermano una vez me dijo que mi mamá cuando se enteró que sería una niña pasó mucho tiempo eligiendo mi nombre, y eligió Candy, Candy Ángel. 

— DULCE ANGEL, se nota que quería que tuvieras un nombre que sumado a tú apellido te describa ante todos, porque tú eres así, un dulce Ángel, para mí lo eres.

Charly quedó embelesado con la cara de Candy que tomo un color rojo, tan exquisito, que la hacía ver más hermosa aún.

— Charly, siempre dices cosas tan lindas. Eres muy bueno. 

Ella le sonrió y él miró a otro lado, ¿cómo podría explicarle que se había enamorado de ella? sin que pensara que la quería usar o aprovecharse de la cercanía que tenían.

— Candy, ¿nunca pensaste en contactar a tu hermano? digo... yo puedo localizarlo por ti, ¿cómo se llama?

— Él me abandonó, me mintió, sabes Charly? Yo sé que soy muy tonta, pero estoy aprendiendo a no confiar en quien ya me falló una vez, no quiero saber de él, no ahora, quizás... Cuando mi corazón deje de doler.

— Tu corazón duele, porque tienes mucha pena, pero no te preocupes, yo también te ayudaré a curarlo, lo prometo Candy.

Charly se levantaba todos los días con un solo propósito, hacer sonreír a Candy, solo así valía la pena su día.

Mientras tanto Amir estaba en su mansión, bebiendo y pensando cómo era posible que Charly no pudiera encontrar a Candy. ¿Cómo era posible que nadie notara a una joven tan hermosa como ella?

Decidió hacerse cargo de la situación, no podía seguir esperando, ya no, cada vez que sus ojos se cerraban, la voz suplicante de la joven hacía eco en su cabeza.

Llamo a Dominic y lo que escucho no le gustó. Su asistente hacía más de un mes que no aparecía por el lugar y ya había dejado de preguntar por Ben y su chica, y hasta había retirado la recompensa por alguna información. 

Eso lo enfureció, no entendía que pasaba con Charly, ¿acaso quería morir en sus manos?  Estaba a punto de llamarlo para pedirle explicaciones, cuando su mejor amigo se hizo presente.

Después de la sorpresa de ambos, y de un efusivo saludo, se pusieron a hablar.

— No lo puedo creer, ¿cuándo regresase al país? ¿Porque no me avisaste?

— Heces dos días que regrese, pero dime ¿que rayos te sucedió? Nos vimos hace 5 meses en Londres y.... amigo ¿acaso murió alguien? Estas fatal.

Amir por un minuto reparó en lo desastroso que estaba, su ropa estaba desaliñada, su cabello de color rubio oscuro estaba echo un desastre por la manía que había adquirido así poco tiempo de jalarlo en busca de una respuesta que no tenía, donde esta Candy?! Y el consumo diario de whisky, también estaba dejando su huella. 

— Es una larga historia, mejor dime, regresaste hace dos días ¿y recién hoy vienes a mi hogar? ¿Qué paso con mi mejor amigo?

— Vine hoy porque es tu cumpleaños creí que por fin podría sorprenderte, pero el sorprendido soy yo, ¿en qué problema te has metido?

— Sí, creo que estoy en problemas, me había olvidado que es mi cumpleaños, pero no quiero hablar de eso.

— Parece que acudí a ti en un mal momento, créeme si tuviera otra opción no te molestaría, pero necesito de tus contactos, es algo realmente importante. 

— Claro, dime a quien necesitas localizar y lo haré. 

Y cuando dijo esas palabras una sonrisa irónica ocupó su rostro, y es que él podía tener los mejores contactos y rastrear a cualquier persona, todo el mundo lo sabía, Amir era excelente para encontrar personas, menos a la mujer que podría estar embarazada de él. 

— Mi hermanita, verás regrese hace dos días porque soñé con ella, y eso trajo muchos recuerdos, recuerdos que con el paso de los años entre en lo profundo de mi mente, recuerdos que me atormentan, cuando llegue a la casa de mi padre descubrí que mis recuerdos no eran nada comparado con lo que realmente pasaba, le fallé, no solo a mi hermana, también a mi madre, mi padre me mintió todos estos años, el dinero que envié para la educación de ella, lo uso para emborracharse y pagar deudas de juego, mi hermana huyó cuando la policía la llevó al hospital. 

— ¿Cómo es eso? ¿Porque se involucró la policía y porque la llevó al hospital?

La mente de Amir que hasta hace un tiempo estaba nublada por el alcohol se aclaró de repente, al ver el rostro de su mejor amigo tan afligido. Amir le debía mucho a Matt, era como su propio hermano. 

— Sí, lo mismo pensé, y fui al destacamento policial, donde me dieron una copia de la historia clínica de mi hermana,... la golpeaba a diario Amir, el maldito de mi padre, lo hacía,... tan fuerte que era frecuente verla en el hospital, pero lo peor es que con el hombre con el que se fue... dicen que se dedica a prostituir a las mujeres, es un cazador, era un enfermero, ubica a las jóvenes más vulnerables, y luego se las lleva. ¿Entiendes mi desesperación? Ella es una niña de apenas 19 años analfabeta en manos de un depredador de ese tipo, me estoy volviendo loco, yo debía protegerla, debía cuidarla, se lo juré a mi madre.

El hombre de contextura delgada, pero musculoso, de ojos celestes y cabello rubio, se cubrió el rostro y se lo restregó varias veces para no romper en llanto, era la primera vez que Amir lo veía de ese modo, y lo impactó. 

Estos hombre que eran poderosos cada uno a su manera, estaban derrumbándose, poco a poco caían en la más profunda desesperación.

— Lo entiendo, dime su fecha de nacimiento nombre completo y si tienes una foto sería mejor.

— 20 de diciembre, Candy Ángel, y esta es la foto que le tomaron en el hospital ese día. 

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