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III

En cuanto Amir escucho la fecha de nacimiento automática recordó a esa joven, el día de la cita ella le dijo que era su cumpleaños número 19, y cuando escucho el nombre por primera vez en mucho tiempo sintió miedo, esto no podía ser, ¿qué posibilidades había?

Él tenía una deuda eterna con su amigo Matt, cuando estudiaban juntos en Londres, en una trifulca que Amir había ocasionado Matt le había salvado la vida, recibiendo una puñalada en su lugar que casi acabó con su vida.

Trato de mantener la calma y tomo la foto, no pudo evitar cierto temblor en ella, cuando vio el rostro de la joven se dejó caer en el sillón. No solo porque era la joven que llevaba buscando tanto tiempo, sino por los golpes que tenía en su hermoso rostro, aun así Amir reconocería esos ojos en cualquier lugar, sentía que el aire no le entraba, y es que de la misma impresión había dejado de respirar.

Matt lo vio alterarse y luego recuperar la calma, o por lo menos colocar la máscara que Amir usaba en los negocios. Creyó que todo se debía a lo que veía en la foto, una joven flacucha, con el labio y la nariz rota, además de varios cardenales esparcidos. 

— Te juro Amir, si todavía no lo eh matado es por el hecho de que es mi padre, pero cuando la encuentre, y ella de la orden los mataré a todos, Aarón, ese tipo que se la llevó, Ben, y a todo aquel que le haya tocado un solo cabello.

Amir sabía que su amigo hablaba en serio, lo conocí muy bien. Él era Matt Ángel, o como lo conocían en el bajo mundo, El Ángel de la muerte. 

— Yo la encontraré.

Y esa promesa era más para él que para Matt, debía encontrarla, y después darle la cara a su amigo, quien sabía bien que no entendería de razón alguna, Amir estaba muerto, Amir era un muerto que aún caminaba, porque su verdugo no sabía que es lo que había hecho a su pequeña hermana.

Era tarde en la noche, cuando Matt se fue al hotel, y por primera vez desde que lo conocía Amir se sintió aliviado de que no se hospedará en su mansión. Fue cuando se decidió y se dirigió a la casa de su asistente para decirle lo que ocurría, ahora no solo debía encontrar a esa mujer, también tenía que pensar que hacer, como le explicaría a Matt que compro la virginidad de su hermana y peor aún que después abuso de ella. Por un momento el hombre había olvidado las decisiones que Charly había tomado, como retirar la recompensa y detener la búsqueda, pero cuando lo recordó, fue cuando aceleró su automóvil, en menos de 15 minutos se encontraba fuera de la casa de Charly.

Golpeó sin importarle que las luces estuvieran apagadas, Charly tenía mucho que explicar.

Al cabo de un minuto un somnoliento Charly abría la entrada principal, pero cuando vio a su jefe parado allí, se despertó de inmediato. 

— ¿Qué sucede? ¡AMIR!

— Charly. 

No tenía tiempo de preguntar por qué el tono de pánico en su voz, o la cara de horror con el que lo miraba, como si fuera la misma parca yendo por él, Amir simplemente ingresó en la casa como si fuese suya, y es que si trabajas para Amir, debes saber que tu vida le pertenece por completo.

— Se cómo se llama, su nombre y su apellido, ahora la encontraremos y...

— No.

— ¡Que!

Ahora era Amir quien miraba a su empleado como si este tuviera una nueva cabeza naciendo de su cuello.

— No dejaré que le quites a su hijo.

— ¡¿Pero qué mierda?!

Todo cobro sentido para el dueño de Diamnons en ese segundo, Charly no solo la había encontrado, sino que sabía que efectivamente estaba embarazada. 

El ruido de vidrios rotos los hizo girar, Candy los miraba con pánico en los ojos, a sus pies un vaso con leche yacía hecho trizas, estaba clavada en aquel lugar, sin poder creer lo que veía.

— tú.

Los ojos de Amir se posaron sobre su vientre abultado, el cual resaltaba bajo la sudadera y el short que usaba de pijama, se veía aún más dulce y Angelical de lo que él recordaba. 

“Si, ¡ella está embarazada! Lo sabía, mi hijo, mi niño de ojos verdes pronto estará a mi lado.”

La mente de Amir le estaba jugando una mala pasada, al pensar en aquel niño, ya no lo veía solo o con él, ahora lo imaginaba en los pequeños y blancos brazos de Candy.

Sin embargo Candy lo miraba y no lo podía creer, ¡ellos se conocían! A su mente llegaron recuerdo de esa noche, sumado a lo que había escuchado, Amir quería quitarle a su hija, y ese olor que lo cubría... olor a whisky, olor a golpes y dolor.

Amir quiso acercarse pero Candy salió corriendo, ella jamás entregaría a su hija, nunca lo haría, solo muerta entregaría a su bebé. 

Los vidrios se enterraron en sus pies pero eso no la detuvo, seguido corriendo, a pesar del dolor, cuando llegó a su habitación cerró con llave y como si de una niña se tratara corrió y se ocultó dentro del armario, rezaba por un milagro, que llegara un hada y la hiciera invisible, para que nunca nadie la haga sufrir nuevamente. 

Cuando su padre la perseguía para golpearla hacia lo mismo, sin embargo sabía que la descubrirían, siempre era así, siempre era lo mismo, y después, cuando la encontraban los golpes caían sobre ella, uno tras otro, por lo que trató de posicionarse de la mejor manera para cubrir a su bebé. 

Amir salió tras ella enfurecido, perdiendo la poca cordura que le quedaba cuando la vio salir corriendo, ¡¿acaso ella pensaba huir con su hijo?! Si, las mujeres siempre huyen, son todas iguales, pero él no dejaría que lo alejaran de su hijo, ese con el que llevaba meses soñando, ese que aunque no lo conocía y su existencia hasta ese entonces no estaba asegurada él ya lo amaba con locura.

— ¡¿Que mierda haces Candy?! ¡Abre la puta puerta!

Amir no espero respuesta a sus golpes y gritos, tampoco Charly que trataba de llevarlo de regreso a la sala pudo hacer algo, ¿pero qué era lo que podía hacer el asistente que apenas media un metro setenta y cinco, contra su jefe de un metro ochenta y siete?  Amir ante la desesperación que sentía, optó por tomar un pequeño impulso y romper la puerta.

Prendió la luz y vio el camino de sangre que llevaba al armario, aún segado por el enojo y la desesperación lo abrió de forma brusca aquella pequeña puerta, mientras gritaba.

— ¡Te dije que salgas!

— ¡No me golpees por favor! ¡No me golpees!

Los gritos y llanto de Candy le hicieron doler los oídos, mientras que en sus venas parecía que le habían inyectado hielo, estaba congelado ante aquella imagen, ella está hecha una bola cubriendo al completo su vientre, ella estaba protegiendo a su hijo. 

—Amir, ¡basta! ¡Aléjate, la estas asustando!

Giró a ver a Charly, el jamás lo llamaba por su nombre, siempre le dijo señor, como tampoco se había atrevido nunca a gritarle de esa forma, por un momento Amir desconocido al joven que tenía delante suyo, quien lo miraba con ganas de .... ¡¿Golpearlo?!

— Candy, tranquila, ven pequeña soy yo, ven Candy sal de ahí, te hará mal ponerte así, ven conmigo. 

Amir miraba como su asistente le hablaba con miel es sus palabras, pero aun así la chica no salía de su escondite, y el joven se arrodilló para quedar a la altura de esos ojos verdes, que habían cautivado a Amir. 

— Candy... le hará mal al bebé. Recuerda lo que dijo el médico, por favor Dulce Ángel. 

Y en ese momento ella lo miró con una mezcla de pánico y pena. 

— No, no mi bebé, él estará bien, yo lo cuidaré, siempre.

— Entonces sal, nadie te hará daño, lo juró, recuerda yo te cuidaré, por siempre.

Y Amir volvió a la realidad, ¡esa promesa! esas palabras dichas tan dulcemente, el frío que sintió en un principio ahora eran desplazados por un calor tan grande que parecía un volcán a punto de hacer erupción. 

“! Charly!  ¡Cómo te atreves a si sea a mirarla y mucho más a enamorarte de ella! la mujer que lleva a mi hijo en su vientre, estarás muerto antes de confesarle tu amor”

Amir dejo a un lado los pensamientos homicidas y miró a Candy a los ojos, tenía la misma mirada, que cuando él la tomó por la fuerza, miedo, dolor, sufrimiento puro, el empresario se dio cuenta que tendría que vivir y morir cien veces de las maneras más crueles, para lograr así sea tener una pizca de lo que esos ojos reflejaban.

Estaba por hablar, cuando Charly ignorando lo completamente la tomó en brazos y la depósito en la cama, con cuidado, era como si él supiera que tan frágil era esa joven.

— Candy, mira como quedaron tus pies, deberé curarlos, Dulce Candy, cuando aprenderás a cuidar de ti.

Ella no contestó, solo miraba al hombre que tenía delante, Charly la miraba con cariño, demasiado cariño para ser solo un amigo, pensó Amir, el muchacho fue por el botiquín, Amir no movió ni un dedo en ese tiempo, solo observaba a Candy, estaba leyendo el rostro de la pequeña embarazada, podía ver miedo, ansiedad, desconfianza, todo dirigidos a él, comenzó a sentir algo raro, acaso eran... ¡¿celos?!.

Cuando Charly comenzó a curarla, Amir no pudo evitar mirar las heridas y se sorprendió cuando la muchacha no se quejó o retorció de dolor, los vidrios realmente la habían lastimado, algunos incluso se habían enterrado en sus talones, sin embargo ella solo acariciaba su vientre de una forma protectora.

— Ahora descansa, todo estará bien. Mírame Candy, mírame a mí no a él, todo estará bien, Amir, ven conmigo. 

¡¿Amir? ¿Qué paso con lo de señor?  ¡Y que rayos es esa miradita de mierda! Charly, Charly, ¡no provoque que te mate con mis propias manos!”

—  ¡Quiero que me expliques que rayos significa esto!

Amir estaba en su límite de paciencia, si él le estaba muy agradecido con María, pero su hijo estaba buscando su propia muerte, por el solo hecho de mirar a Candy.

— Lo haré, esto significa mi renuncia, ya no trabajaré para ti y sobre todo, no dejaré que le quites lo único que tiene, SU HIJO ella...

— No se lo quitaré, ya no puedo por más que quisiera.

— ¡¿Que?!  ¡¿Acaso es un truco?!

— Ella es la hermana menor de Matt.

— ¡¿Qué Mierda dices?!  ¡¿Ella?! No, no, eso es imposible, tú no sabes nada de ella, como su padre la golpeaba, jamás Matt hubiera permitido algo así...

— No lo creas si no quieres, sé que es así, ¡y no tengo que explicarte más! mejor dime que tengo que saber, ¿desde hace cuánto está aquí contigo? ¿Hace cuánto me traicionaste?

— No dormimos juntos si a eso te refieres.

Dijo en tono mordaz Charly, el solo hecho de tener a Amir frente a él queriéndose llevar al amor de su vida le ponía los nervios de punta.

— No, no me refiero a eso, vi el cuarto, ella duerme sola. Quiero darte la oportunidad de hablar, pero también quiero saber que fue eso de " lo que el doctor dijo".

Amir estaba molesto con ese tipo de confianza que ellos tenían, era él quien tenía que saber todo de ella.

— Ella era la vecina de la que mi madre hablaba, solo que para todos se llamaba Violeta, cambió su nombre porque está huyendo de su padre, el maldito del novio se aprovechó de ello para obligarla a estar contigo, esa noche cuando ella regresó a casa él ya no estaba, se largó con el dinero, mi madre le llevaba comida, ya que ese bastardo no le dejo ni siquiera alimentos, un día llego en el preciso momento que Ben había regresado, la estaba golpeando.. que —quería abusar de ella, fue en el tiempo que tu ofreciste otro millón para contactarla, parece que eso despertó la curiosidad del maldito, mi madre la salvó y se la llevó a vivir a su departamento, el día que descubrí que ella y Candy eran la misma persona y que estaba embarazada fui a buscarla para llevarla contigo, pero..

— ¿Que? ¿Dime que sucedió para que te arrepientas?

— Llegue en el preciso momento que Ben la estaba pateando en el suelo, ella no gritaba, no hacía nada, solo cubría su vientre, cuando el muy perro me vio se largó, la llevamos al hospital donde confirmaron que estaba embarazada, y saturaron su cabeza, de regreso ella solo hablaba de SU bebé, de que lo pudo proteger, de que solo viviría para él. 

— Y decidiste traicionarme.

— Tú tienes todo cuanto quieres, ella no tiene nada. Déjala en paz, entiende Amir, busca a cualquier otra mujer y...

— ¡No me dirás que hacer! ¡¿Mejor dime como termino viviendo aquí, contigo?!

— La convencí que era más seguro estar aquí, por si ese idiota volviera a buscarla, es por eso que deje a Dominic tranquilo y retire la recompensa por ella, mi madre y yo la cuidamos, hoy la acompañe al control del cuarto mes, le hicieron una ecografía, el bebé está bien pero, ella no.

— ¿A qué te refieres?

— Su cuerpo, es débil, ha sufrido demasiado, tiene que estar tranquila y no hacer esfuerzos, o todo puede salir mal, para ella o el bebé. 

— ¿Y en qué momento te enamoraste de ella?

Charly entendió que ya no importaba ocultar lo que sentía por Candy, estaba a punto de perderla, lo sentía en su corazón. 

—... Antes de saber que era Candy, cuando solo era Violeta la pobre niña analfabeta abandonada por su novio raro, antes de saber que se vendió a ti...

Lo que Charly quería decir era que nunca se quiso aprovechar de esa situación, pero no uso las palabras correctas, y ¿qué es lo que sucede cuando no hablamos correctamente? se nos mal entiende, pero peor aún ¿qué sucede cuando te dicen quédate aquí o no vengas?, correcto la curiosidad nos lleva a donde no debemos ir. Y el llanto de Candy era la prueba de eso.

Ella trató, trato con todas sus fuerzas de guardar silencio, pero aunque tapaba su boca con ambas manos, el sollozo se escuchó y ellos la descubrieron, en la mente de Candy Charly no solo le había mentido, sino que se enamoró de ella, antes cuando la creía una joven "limpia", antes de saber que se vendió, Candy se sentía nada, se sentía menos que la basura, y eso hacía que su corazón doliera una vez más.

— Candy...

— ¿Siempre me engañaste Charly? Dijiste que eras mi amigo, que me entendía, ¿me engañaste?

La voz de Candy reflejaba lo mucho que eso le dolía, Amir no tenía ganas de ver o escuchar una escena entre ellos, había algo que lo estaba molestando, pero no sabía que era, no le gustaba verla llorar y menos por Charly, por lo que dando tres largos y rápidos pasos, tomo a Candy es sus brazos y la levanto, como si se tratara de una niña pequeña. 

Ella estaba muda, no se atrevió a hablar, el olor que Amir tenía le traía los peores recuerdos y eso la llenaba de miedo, tenía pánico de decir algo y que Amir la golpeara. 

— ¡¿Qué haces, Amir a donde la llevas?!  ¡Baja la ahora!

Amir se giró y le dedicó una sonrisa a su empleado.

— Ella vendrá conmigo, yo la cuidaré, tú mejor quédate en silencio, sabes que es lo mejor que puedes hacer. 

— ¡¿Acaso le preguntaste?! No me importan las consecuencias, si ella no quiere no se irá, ni contigo, ni con nadie.

Miro con enfado a Charly estaba a muy poco de arrancar su cabeza y usarla de adorno en su auto, pero se contuvo , luego miro directo a los ojos de Candy, perdiéndose un poco en ellos, ¿que tenía esa joven que lo hacía sentir de esa forma?.

— Vendrás conmigo. 

Charly escucho una orden, sin embargo ella vio que los ojos de Amir hacían una pregunta, ella leía a ese hombre con mucha facilidad, solo que no se daba cuenta y rápidamente pensó. 

“Él nunca te mintió, te lastimó sí, pero te dijo que te dolería, Charly te engañó todo este tiempo  ¿y si es como Ben, si después te obliga a hacer algo feo?”

Por lo que, para asombro de ambos ella asintió, aún con miedo, ella quiso ir con Amir. 

Tenía miedo, tenía pánico, pero estaba tan dolida con Charly que no pensó con claridad. Ahora era tarde para pedir ayuda, ¡¿que hizo?! Candy se regañaba mentalmente, ella tendría que haber pedido por María, pero si Amir se enojaba con María? , ella no quería llevarle más problemas a su amiga.

Amir la colocó en el asiento del acompañante y cuando fue a colocar el cinturón de seguridad no pudo evitar acariciar disimuladamente con el dorso de su mano el lugar donde su hijo crecía. 

Su pecho se llenaba con una sensación nueva y maravillosa, su corazón latía tan rápido, que por un momento se mareo, pero se recompuso, Candy sintió algo que le rozó su panza, pero se negaba a mirar, la cercanía con él la ponía nerviosa, hacía que su corazón se calentará, ya no sentía ese frío tan horrendo que siempre la acompañaba. 

El camino fue echo en silencio, pero Candy no se sentía muy bien, estaba mareada y con asco, no sabía qué hacer, los nervios y el olor a alcohol le estaban jugando en contra. Él notó que estaba más blanca que lo normal, y no puedo evitar preocuparse, Charly dijo que ella no estaba bien de salud, y hasta que la lleve con sus médicos de cabecera debía confiar en la palabra del joven.

— ¿Te sientes bien? Estas muy pálida.

— No. 

Y cuando escucho esa palabra frenó en seco, se asustó con el solo hecho de que a ella le pase algo, la sacudida del auto provoco que ella vomitara encima de sí misma, trato de poner su mano para evitar que eso suceda pero fue inevitable. 

Amir la miraba sin saber qué hacer, nunca estuvo en una situación similar, jamás había pasado por algo así sea parecido.

— Lo—lo— lo siento, yo... lo limpiare, lo dejaré como nuevo, tu auto——

Candy movía sus manos tratando de limpiar todo, pero solo consiguiendo hacer un desorden peor, un sudor frío cubrió su frente, estaba entrando en pánico, creía que Amir la golpearía en cualquier momento. 

— Detente.

Apenas escucho la voz gruesa de Amir, ella hizo silencio y quedó quieta, mientras unas lágrimas caían en silencio.

— ¿qué sucede? ¿Porque vomitaste? ¿Porque estás llorando? ¿Te duele algo?  ¡¿el vientre acaso?!

El hombre se estaba asustando, todo ella era nuevo y desconocido. 

— No, no me duele nada, es solo... el olor a alcohol, no me gusta, me hace dar ganas de vomitar, lo siento no quería ensuciar tú auto. 

— Deja de disculparte, esto lo limpiarán luego mis empleados.

Amir maldijo en su interior, él era la causa de esto, pero no podía hacer mucho, abrió su ventanilla al completo y la mitad de la de ella.

— ¿mejor?

— Si.

Candy no podía creer que no la golpeara, recordó una vez que sin querer, derramo un poco de bebida en el automóvil de Ben, y este le hizo limpiar con la lengua y luego le hizo colocar la mano en la puerta y la cerró, sacándole dos uñas.

Amir Comenzó a conducir nuevamente, mientras trataba de pensar que iba a hacer con todo esto, para cuando llegó a su mansión la única solución que tenía era la de casarse con esa joven y esperar a que se fuera, como lo hacían todas las mujeres, pero con una diferencia, él jamás la amo ni la amaría y le enseñaría a su hijo a no necesitarla desde el momento que naciera, así cuando ella se largue, ninguno de los dos sufrirá, era el plan perfecto, le respondería a Matt y luego ella se va y el se queda con su hijo, que podía salir mal? 

Amir bajo del auto y Candy se quita el cinturón, abre la puerta pero cuando está a punto de bajar, lo escucha. 

— ¡¿Qué haces?!

La reacción automática de ella es cubrir su estómago, ahora vomitando, quedarse completamente quieta y mirarlo.

— ¿Quieres que limpie con mi lengua el auto?

Pregunto mirando el suelo del vehículo ahora vomitando.

— ¡¿Que rayos dices?!

— ¿O me rompería los dedos con la puerta?

— ¡¿de qué hablas?! Nadie haría algo tan... ¡atroz!

— Ben si me lo hacía.

Los ojos de Candy le hacían ver que tan ciertas eran esas palabras, y en esta ocasión fue Amir quien tenía ganas de vomitar, había leído el expediente médico de Candy, creía que su padre era un monstruo, pero ahora, parecía que Ben se llevaba el primer lugar.

— Te detuve porque tus pies están lastimados, no dejaré que camines. 

Se agacho y la toma en brazos sin importar ensuciar su camisa, y Candy por primera vez mira a su alrededor, no puede creer la enorme casa que está frente a ella. 

“Esta casa parece a las de las revistas que lee María. ¡Es muy grande! ¿Cuántas familias vivirán aquí?, ¿cuánto tiempo tendré que quedarme, María vendrá por mí?

Candy pensaba en muchas cosas, y no le encontraba respuesta a ninguna, Amir por su parte ignoraba por completo a la empleada que le abrió la puerta y que ahora lo mira como si de un alíen se tratara, tampoco se detiene en su recámara cuando entra, él se dirige directamente al gran baño completamente recubierto de mármol negro, Candy observa todo lo que a su vista pasa, no se atreve a realizar ni una de las tantas preguntas que rondan su mente en voz alta, Amir la sienta en un taburete que hay en el lugar y comienza a llenar la tina, se gira mirando a Candy y comienza a desvestirse, para él eso no significa nada, después de dormir con miles de mujeres estar desnudo frente a Candy, no le causa nada, lo mismo que estar desnudo frente a un espejo.

De pronto ella recuerda esa noche, mira hacia otro lado por vergüenza, pero Amir le puede ver la cara por el espejo que está allí, Candy mira el piso pero comienza a sonrojarse al recordar como él la toco y lo suave que fue, antes que se enfadara porque ella no se marchó enseguida de aquel lugar, y eso provoca que una lágrima caiga sin permiso, mientras ella agacha su cabeza un poco más, mientras piensa.

“Él no te quería ver después de tener sexo. Ben te lo advirtió, debías irte cuando dijo que se ducharía. Tú lo provocaste, siempre te metes en lío Candy.”

— ¿Porque lloras?

La voz de Amir a pesar de ser gruesa sonaba suave cuando pregunto.

— Por nada.

— Las personas no lloran por nada.

Al fin levanta la cabeza para contestar, pero se topa con que él está a un pie de distancia con su pene al descubierto. Por lo que cierra los ojos y cubre su rostro completamente rojo con las manos.

Y como aquella noche eso provoca que Amir rompa a reír. 

Ella tenía ganas de ver como lucía cuando reía, y es que desde que lo conoce solo lo ha visto serio, con cara de enojado, más esta noche, su cara estaba muy seria al igual que su voz, cuando hablaba con Charly ella estaba segura que quería golpearlo, por suerte se equivocó.

Poco a poco deja de reír, hasta que el baño queda en silencio otra vez. 

Candy se tensa un poco cuando siente que él toma su mano, y la retira de su cara, por lo que gira su rostro, no queriendo ver su pene, que la hace recordar muchas cosas, que quizás no debería.

— Mírame. 

Y como si de un embrujo se tratara, ella lo hace, mira directo a los ojos celestes de él, esos ojos con los que sueña que su hija tendrá, ojos color cielo, brillantes hermosos. 

Amir se agacha sobre ella y toma la parte baja de su remera sucia, se la retira con sumo cuidado de no ensuciarla más de lo que ya se ensucio ella misma, Candy se siente rara, jamás nadie la a tratado con tanta delicadeza. De pronto ante él quedan al descubierto dos hermosos pechos con pezones rosados, han crecido lo puede notar, están más redondo, grandes, y parece que siguen igual de suaves a como él los recuerda, y su pene comienza a crecer, Candy está ajena a esta situación, o casi, ella ve como esos ojos celestes se tornan más oscuros, como un mar profundo, ve como sus pupilas se dilataron.

— ¿Cómo quitaré tú pantalón?

De pronto la voz ronca de él sonó cargada de deseo.

Candy se puso de pie, y bajo su pantalón corto, que usaba de pijama. 

— ¿Qué haces? Siéntate.

Ella lo hizo, pero lo miraba con la confusión gravada en la cara, parecía un cachorro obediente, más que una persona.

Amir se agachó y terminó de sacar la pieza de ropa, cuando lo hizo vio los pies vendados de la joven, como la sangre estaba apareciendo nuevamente porque ella se había levantado. 

— ¿Acaso no te duele?

— No más que el corazón, nada duele más que mi corazón, una vez que te acostumbras a ese dolor, lo demás no importa. 

— ¿Porque te duele el corazón, estas enferma?

—No, solo duele... porque tengo miedo de perder a mi hija. Que tú me la saques cuando nazca, me hace sentir frío y dolor mucho dolor.

— Te puedes quedar el tiempo que quieras en esta casa, después de que Mi hijo nazca, pero él día que te quieras ir, será para siempre y te irás sola, ¿entiendes?

— Si, entiendo, entonces te juro que me quedaré toda la vida aquí, no te molestarse, y como muy poco, también puedo trabajar, limpiar o cocinar, puedo hacer muchas cosas, te obedeceré en todo, no hablaré si no me lo pides, solo... no me apartes de mi hija, te lo suplico.

Amir vio por primera vez fuego en esos ojos, y acero en ese juramento. Ella estaba segura de lo que decía, ella haría cualquier cosa con tal de estar cerca de su hijo.

— Mientras te quedes aquí no necesitas hacer ningún trabajo, después hablaremos, ahora déjame bañarte.

La tomo en brazos y la llevo a la enorme tina.

— Deja tus pies apoyados aquí, que las heridas no se mojen o no sanara.

— pero… me caeré y ahogare, esto es muy grande para mí. 

Amir no pudo evitar sonreír, pero Candy tenía razón, ella era muy pequeña para aquella tina.

— Coloca tus manos aquí, así podré caber en la tina yo también y te ayudaré a bañarte.

— Lo puedo hacer yo sola, no debes mol———.

— No. Lo haré yo.

Amir sabía perfectamente que ella podía bañarse sola, pero no estaba dispuesto a dejarla, no cuando debía disculparse con ella, además después de pasar cuatro meses pensando en ella, no la quería perder de vista, necesitaba convencerse que por fin la había encontrado.

Cuando Candy sintió las manos de él en sus caderas y como este la depositaba con sumo cuidado sobre sus piernas se dio cuenta de lo pequeña que era en comparación con él, ella podía perderse en ese enorme cuerpo, blanco aunque no tanto como ella, de pies largos, al igual que sus piernas, todos músculos, todo duro. 

Sintió como Amir movía sus manos hacia su vientre y como acto reflejo lo cubrió con las suyas, ella siempre lo cubría ante la presencia de algún extraño, y por más que conocía a Amir, la costumbre ya está instalada en ella.

— ¿Que sucede?

— No, nada.

— Estas rígida.

Candy permanecía en silencio y Amir lo entendió, ellos tenían una conexión. 

— Jamás lastimaría a mi hijo. 

Lo dijo con voz tranquila y suave.

— ¿Y si es una niña?

Pregunto ella con un hilo de voz, quería estar cien por ciento segura, y sabía que Amir no mentía. 

— Jamás lastimaría a mi sangre, sea niño o niña.

Candy se relajó y quitó sus manos lentamente, no sabía porque pero creía en lo que él le dijo, estaba segura de ello.

Fue consiente cuando él llegó al lugar donde se encontraba creciendo su bebé.

Amir trataba de controlar el temblor en sus manos, pero parecía imposible, toda la ansiedad que sintió estos cuatro meses, se reflejaban ahora, pero también era el hecho de saber que él había ayudado a crear esa vida.

Candy podía sentir como temblaban sus manos y el latir acelerado del corazón del hombre, sabía lo que sentía, ella sentía lo mismo todos los días, colocó sus manos sobre las de él y las presiono con cuidado sobre su vientre, y estas dejaron de temblar, una sensación rara de paz y tranquilidad recorrieron el cuerpo de ambos. 

— Yo lo cuidaré con mi propia vida si es necesario. 

Esas palabras más el aroma de su cuerpo, desarmaron por completa a Amir, ya no lo soportaba, esta joven había pasado por tantas cosas, y sin embargo, allí estaba, sobre sus pierna, jamás pensó en ir a pedir ayuda y abortar a su hijo, sino todo lo contrario, ella juraba que lo cuidaría aún a costa de su propia vida.

— Perdóname. Necesito tu perdón. 

Le dijo mientras apoyaba su frente en la cabeza de Candy, ella sabía a lo que se refería, sintió una gota caer sobre su espalda, pero no se imaginaba a ese hombre tan importante llorando por ella, precisamente ella que no era nadie. 

— Fue mi culpa, no debí dormirme, Ben me lo advirtió, yo debía salir cuando tú fueras a bañar, pero tenía sueño, eso que hicimos me dejó muy cansada.

Y eso en vez de apaciguar la mente de Amir provocó que su corazón sintiera como si una lanza lo atravesara, primero fue obligada por Ben a estar con él y luego él la había abusado, en un arranque de estupidez, pero era ella la que le pedía perdón. 

— Te lastime mucho, ¿verdad?

Estaba seguro de eso, pero aun así necesitaba escucharlo de sus labios. 

— Sí, pero las heridas sanan, no debes sentirte mal por eso.

A pesar que ella no lo veía podía oír su voz, estaba cargada de sufrimiento.

— Sí, las heridas sanan, pero también dejan cicatrices.

— Pero esta dejo lo que yo más amo en la vida, mi bebé. 

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