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IV

Amir dormía como hacía tiempo no lo hacía, el aroma de Candy era el mejor tranquilizante para él, en un principio pensó que no se sentiría cómodo, él jamás durmió con una mujer, lo suyo era sexo y luego cada uno se iba por su lado, pero con Candy era diferente, de pronto un movimiento a su lado lo despertó. Candy le daba la espalda y estaba echa un ovillo, un pequeño quejido salía de sus labios, él pensó por un momento que se sentía mal, y la giró. 

— Mamy

Ella estaba hablando dormida y su rostro estaba cubierto de lágrimas. Se veía tan indefensa, tan pura, tan llena de dolor.

Él optó por no despertarla, en cambió la acerco y la abrazó, un instinto protector nacía dentro suyo, ya sea por su hijo o por ella, Candy poco a poco comenzó a relajarse, a pesar que la tenue luz se dejaba ver por la ventana, Amir no estaba dispuesto a levantarse, estar de esta forma con la pequeña lo hacía sentir... ¿bien? Reconoció aún con pesar y cuando iba a enviarle un mensaje a su asistente recordó que ya no tenía uno.

Aun así trataba de pensar con la mente fría, Charly siempre le fue leal, es joven y es lógico que sintiera pena por ella, quien no, después de conocer su historia, además su hijo estaba bien le debía eso y Él era un hombre que no le gustaba tener deudas. Tampoco podía acusarlo por poner sus ojos en ella, si era perfecta, cara de Ángel, cuerpo de diabla, ojos de hada y voz de sirena, te hechizaba el solo verla, Amir no podía creer la cantidad de cosas que esta joven le hacía pensar.

— Amir, ¿le pasó algo a Candy? ¿Como esta?

Fue lo primero que escucho cuando Charly respondió, el enojo comenzó a aparecer en el rostro de Amir, mientras apretaba el móvil con furia en su mano, pero eso el joven desempleado no lo veía. 

— No tomaré tú renuncia, ve a la empresa y encárgate de todo, me quedaré en casa unos días, y ya no te preocupes por ella. Todo está bien, ahora está conmigo. 

Dicho esto corto sin esperar respuesta, y lanzó el teléfono contra la pared, necesitaba sacar el enojo. Ni él entendía porque estaba tan molesto el móvil se rompió en pedazos y el ruido despertó a Candy, se sentó de golpe y miró a su alrededor asustada, además de confundida.

— ¡No hice nada! Juro que no lo hice.

Fue lo primero que dijo, mirando con miedo para todos lados.

— ¿De qué hablas?

Amir la miraba confundido, era hermosa aun así toda despeinada y somnolienta. 

— Ese ruido, algo se rompió, yo no fui. Juro que no fui.

— No tienes por qué estar asustada todo el tiempo, ¿acaso eres un ratón?

— No, no soy un ratón. 

— ¿Entonces porque actúas así?

— Es que las chicas de Ben, a veces cuando rompían algo me echaban la culpa, y Ben ponía arroz en el piso o sal gruesa y me hacía arrodillar todo el día para que piense en lo que había hecho. 

Al hombre le costaba tragar su propia saliva, en ese momento tenía muchas ganas de conocer al famoso Ben, quizás y le ganaba de mano a Matt.

— Vístete, iremos con un médico.

— ¿Te encuentras mal? ¿Necesitas que te ayude en algo?

La predisposición de Candy para ayudarlo, después de lo que él le había hecho lo maravillaba.

— No para mí, para ti, quiero escuchar por mí mismo como esta mi hijo además de verlo, pediré una ecografía. Anota la dirección y nombre del doctor que te atendió este tiempo así pido que busquen los estudios que te haya realizado y nos ahorramos un poco de tiempo.

La joven se puso a jugar con sus manos, agachado la cabeza, como cada vez que algo le daba vergüenza. 

— Yo... no se escribir tantas palabras aún. Charly me estaba enseñando y él es el que me llevaba al médico.

Eso termino de sacar de quicio a Amir, y se fue sobre ella, que quedó atrapada entre el respaldo de la cama y los brazos grandes y musculosos de él, mientras los azules ojos devoraban los verdes de ella.

— Charly te llevo a su casa, Charly te llevo al médico, Charly se preocupa por ti, Charly te enseña a escribir, dime ¿qué más hacia Charly contigo y que hacías tú para él?

La inocencia de Candy no la deja ver lo que Amir insinúa, ni el sarcasmo en sus palabras. Y le contestó con total naturalidad, e inocencia única.

— Él me enseña a leer también, y solo me deja cocinar, porque no requiere mucho esfuerzo, yo le dije que debería limpiar y ocuparme de lavar su ropa, para agradecerle pero dice que no, porque me puedo enfermar. Y eso no lo va a permitir porque nunca dejará que alguien me lastime o que me pasen cosas malas.

Amir veía que su sarcasmo no fue notado, incluso con el tono de voz que usó, en cambió ella le estaba contando la verdad, y era eso, porque lo veía en sus ojos, pero sus manos temblaban, algo que le molestaba, ¿porque siempre estaba asustada? Temblando o con los ojos cristalizados, como si estuviera a punto de llorar, También le molestaba de sobre manera la confianza que Candy le tenía a Charly. 

— ¿Porque siempre tiemblas? ¿O te asustas?

— Es que a veces soy muy tonta y termino haciendo enojar a la gente cuando habló. 

— Mejor vístete.

Luego de desayunar pasaron gran parte del día en distintos consultorios, ginecología, médico clínico, nutricionista, psicología. 

Candy no entendía porque tenía que ver a tantos doctores, pero no se quejó, ella haría todo lo que Amir quisiera y así podría quedarse con su hija, además le divertía como la llevaban en silla de ruedas, ya que Amir no quería que caminara en absoluto por las heridas de sus pies.

Cuando llegaron a la mansión él le dijo que fuera a recostarse así descansaría los pies un rato, aunque desde que se levantó ella no había tocado el piso, en la casa Amir la llevaba en brazos, se sentía extraña, pero le gustaba.

Candy era sumamente obediente y silenciosa, solo hablaba cuando se le preguntaba algo, Amor no podía dejar de pensar en ello, desde que la conoció fue así.

El hombre se encerró en su despacho para analizar todo lo que los especialistas le informaron.

El estado de Candy era preocupante, estaba anémica, sus niveles de calcio era muy bajos, todo eso se debía a una mala alimentación adoptada desde la niñez, pero lo que más le preocupaba era lo que ponía en riesgo el bienestar de su hijo, el estrés, la ansiedad y depresión que sufría Candy, era algo que no se podría curar de un día para otro, y era lo que más comprometía la salud de su hijo.

Por más que no quisiera debería cuidar de ella en todo sentido, la joven era como un castillo de naipes, un movimiento, un empujón, una brisa y todo caería.

Maldecía por lo bajo, él pensaba que casándose con ella, Matt estaría conforme, y cuando ella se fuera con algún otro hombre como según él era común en las mujeres, no tendría nada que recriminarle, pero ahora con el aviso del psicólogo, todo volvía a cambiar, complicando aún más la situación.

El especialista le dio a entender que debería cuidarla como si de una burbuja de jabón se tratara, Amir no sabía cómo ser suave, o así sea amable, él estaba acostumbrado a ordenar, gritar y amedrentar, así todos lo obedecían, así todo marchaba bien.

*****************************

Charly se sumió en la pura nostalgia, su casa se sentía vacía sin Candy, decidió llamar a su madre, en busca de algún consejo. 

— Dime algo por favor mamá.

Dijo en un lamento, si, Charly sufría sin Candy.

— ¿Qué quieres que te diga Charly? Le mentiste, mejor dicho nos mentiste. Yo también estoy furiosa, ¿porque no me contaste que Amir era el padre del bebé? Entiende que ella ha pasado por mucho, confiaba en ti, eras el primer hombre que no le mentía, ¿pero ahora?

— Necesito verla, saber que está bien. Solo con verla me conformó, pero Amir no me lo permitirá, ¡necesito a Candy mamá!

— Tranquilízate, Amir la cuidará, él no es malo, solo está herido, nunca superó el abandono de su madre, Candy le hará bien, ya lo verás.

— Él no la ama, solo la lastimó, no entiendo porque ella se fue con él. 

— No, seguro que no la ama, pero tampoco la odia, y eso es bueno para ella, quizás...

— Que mamá, y ya te lo dije, ella está asustada, le mentiste, obvio que no se iba a quedar contigo, además quizás...

— ¿Que?

— Nada, déjame ver qué puedo hacer, iré a verla y a llevarle su ropa, le diré que no quisiste mentirle, pero si la quieres tendrás que buscar la manera de recuperar su confianza. 

Charly necesitaba ver a Candy, él realmente estaba enamorado de ella, pero luego de hablar con su madre entendió que debería esperar, después de todo ella prefirió irse con Amir antes de quedarse en casa con él, no quería que lo ponga en el mismo lugar que Ben, pero a pesar que el jamás la lastimaría, era verdad que le había mentido, solo le quedaba esperar.

*****************************

Amir dejo de pensar en todo lo que los doctores le informaron, abandono su oficina y fue a la habitación para que Candy fuera a cenar, debía asegurarse que su alimentación sea la adecuada, por lo que le dio la lista de los alimentos que ella debía consumir a las empleadas, ricos en hierro, calcio y demás vitaminas y minerales además de ordenarles que no importa la hora, siempre que Candy quisiera comer algo ellas lo debían preparar. Por su parte se aseguraría que tomara las pastillas de vitaminas todos los días y al horario exacto. 

— Lo— ci— on, loción. 

El empresario se detuvo a observar a Candy que estaba sumamente concentrada con un pomo en la mano, cerca de su cara.

— ¿Qué haces?

— Trato de leer, Charly dice que tengo que leer todo lo que pueda y si no entiendo algo que le diga y él me explicará, Charly es muy inteligente. 

Contesto con una sonrisa, y rastro de tristeza en su mirada, ella también extrañaba a su amigo, y le dolía que le haya mentido. Pero Amir pensaba otras cosas, para él, un hombre y una mujer no podían ser amigos.

— Contratare a profesionales que se ocupen de enseñarte, ya no dependes de Charly, y él no lo sabe todo.

— ¿No lo puedo volver a ver?

— ¿Lo quieres ver?

— Es mi amigo y su mamá María también.

— No eres una prisionera, le puedes decir al chófer que te lleve a ver a María cuando quieras o puedes llamarla y que venga aquí.

—  ¡¿En verdad?! Ese es fantástico ¿y Charly? ¿También puedo ver a Charly?

— ¿Acaso te gusta?

No pudo evitar escupir la pregunta con los dientes apretados y los niños cerrados. 

— Si

Esa respuesta no se la esperaba de pronto sintió como un fuego recorría cada parte de su cuerpo, trato de contener la irá que amenazaba con salir de él, pero le estaba costando demasiado. 

— Disculpa, creo que escuché mal.

Amir se acercó de una forma lenta, era igual que un León, caminando hacia se cena, un pequeño corderito de ojos verdes, la observaba con una mirada que la traspasaba, él estaba tratando de retener su enfado, recordando la frágil salud mental de la joven y como eso afectaba el embarazo, pero la cordura se le estaba yendo entre los dedos como arena mojada.

— Sí, me gusta Charly, él es mi mejor amigo y es muy inteligente, además siempre me dice cosas lindas, él y María nunca pero nunca me han gritado, aunque Charly me mintió.

Candy bajó su cabeza, triste al recordar el engaño de su amigo, Amir se tranquilizó un poco, solo un poco, al escucharla llamarlo "amigo", pero otras cosa que ella dijo lo puso con la guardia alta.

— Y como que cosas "lindas" te dice, tú amigo Charly

Estaba tan enojado que se perdía entre las palabras, su voz era ácida, llena de burla, pero para Candy, solo era entablar una conversación, no le vio nada de malo o con doble sentido. 

— Mmm, que mi madre me puso un nombre justo para mí, que junto con mi apellido, describen como soy a la perfección, que en castellano suena como... dulce Ángel, y también dice que soy muy inteligente y que mi bebé tendrá la mejor madre del mundo. ¿No crees que es muy lindo?

— ¡NO!

Amir explotó, no soportaba esa voz siendo tan dulce al hablar de otro hombre, como sus ojos brillaban, solo porque Charly le decía que era inteligente, Amir no entendía como funcionaba la mente de Candy, una mente torturada, alguien a la que todos la habían hecho sentir menos que nada. Lamentablemente Amir había explotado, no le fue suficiente el grito que salió de él, ni el brinco de miedo de Candy, no, eso no lo detuvo, él necesitaba sacar el coraje que tenía.

— Creo que cuando aprendas a leer, escribir y el tiempo pase creerás que tu vida y tu juventud es más importante, y no te importará ser madre, de igual forma te marchara sin mirar atrás, abandonaras a tú hijo y seguirás con tú vida saltando de cama en cama de hombre a hombre con tal de tener riquezas, ¡porque eso hacen las mujeres como tú, que no son más que unas...!

Amir dejó de hablar, cuando recordó que la persona que estaba en frente no era su madre, sino Candy. Una pobre joven que no decía nada, solo lo miraba en silencio, con sus ojos cristalizados, y manos temblorosas. 

— Esto es una mierda, mejor vamos a cenar, hay algo que tenemos que hablar, dejemos de perder el tiempo, hablando de Charly.

Candy lo siguió en silencio, como siempre, uno o dos pasos atrás, miraba su enorme espalda, él era muy alto, ella se sentía demasiado insignificante a su lado, mientras que Amir se maldecía a sí mismos por las cosas que había dicho, pero él era una persona que no solía pedir disculpas, o retractarse por algo dicho, y como Candy no dijo nada, él pensaba que no le tomo importancia a su pequeño arrebató. Una vez que sirvieron la cena, las empleadas se retiraron y Amir comenzó a hablar. 

— ya sabes que conozco a Matt, y si no lo escuchaste anoche te lo explicaré, él es mi único amigo, sé que no le agradará saber que page por estar contigo y mucho menos lo del embarazo, pero espero que se tranquilice cuando le diga que nos casaremos, él no es como tú, tiene un temperamento del diablo. Fue por Matt que acudió a mí para que te encuentre que supe que eras su hermana, ya que cuando le pregunto a tú padre...

Candy solo lo miraba, no había tocado su comida, gracias a lo que Amir le había dicho, su estómago se cerró por completo, solo había tomado la copa con agua en ese momento, pero cuando escucho que su padre sabía que Matt la estaba buscando, de la impresión la copa cayó de sus manos directo al plato.

— Lo— lo siento, no fue mi intención 

Aterrada comenzó a limpiar todo inmediatamente, ella creía que Amir en cualquier momento la golpearía.

— siéntate y deja eso. ... ¡Rose!

De más está decir el brinco que dio la pobre muchacha, sus nervios ya no aguantaban más, todavía en su cabeza se repetía que ella no sería una buena madre, porque eso fue lo que entendió, toda una vida escuchando a su padre, luego a Ben y a las amigas de este, diciendo que ella no servía para nada, que era una inútil y ahora Amir también se lo había informado, ella no sería una buena madre, ella no era nada. Luego saber que su hermano la buscaba, pero era solo eso, buscar, Matt jamás tuvo la intención de llevarla con él, y para terminar con su martirio su padre ahora también la comenzaría a buscar porque si Matt pregunto por ella, su padre trataría de consentirlo, porque a él si lo amaba. Candy se imaginaba lo que su padre le haría cuando la encuentre. 

La empleada no tardó en llegar.

— Limpia esto y traerle otro plato, ahora.

— Yo—yo no tengo hambre.

Susurró, con demasiado miedo, tratando de no mirar los azules ojos de Amir. 

— Comerás todo el plato, ¡no te estoy preguntando!

Amir contestó molesto, y es que como se atrevía ella, a no querer comer después de que el doctor le dijera que necesitaba hierro, calcio y vitaminas.

La empleada se sintió mal por la muchacha, se veía tan pequeña al lado de su jefe, con esa cara pálida llena de miedo y es que solo necesitaba ver a Candy para tenerle cariño.

— Enseguida le traeré su comida, le prometo que le encantará, es carne de ternera.

La empleada le llevo lo prometido y los volvió a dejar solos, aunque quisiera quedarse a hacerle compañía, sabía que su jefe no lo permitiría.

Amir no dijo más nada, solo se dedicó a verla comer, y Candy lo sabía, podía sentir sus ojos clavados en ella, exigentes, autoritarios, hasta que terminó todo el plato.

Pero comenzó a sentirse mal, su estómago se sentía pesado, una acidez que subía y bajaba por su garganta, trataba de respirar lento y pausado para evitar las náuseas, pero no servía de nada, comenzó a sudar frío, su frente se llenó de gotitas de sudor y su piel se aclaró un poco más, lo que provocaba que unas sombras plateadas aparecieran bajo sus ojos. 

— ¿Qué te pasa? ¿Porque estás así?

— No— no me siento bien. 

Una vez que lo dijo no hubo nada que hacer, tapó su boca con la mano y corrió hasta el baño.

Amir ni siquiera le había mostrado la mansión donde viviría, por unos meses, años o toda la vida, por lo que ella corrió hasta el único baño que conocía, el de la habitación. Él se levantó aún más molesto de lo que ya estaba, y fue tras ella. 

Esta niña, no sabía comportarse y mucho menos cuidar a su hijo, ¡¿correr por las escaleras?!  ¿Qué tipo de comportamiento era ese?

La encontró vomitando como lo supuso.

— ¡¿Cómo piensas tener los nutrientes que necesitas si vomitas lo que comes?!

Las palabras de él la hacían poner cada vez más nerviosa, tenía miedo que se enojara aún más y la golpeara, por lo que en lugar de mejorar empeoró, su cuerpo temblaba, de miedo y dolor. 

En el estómago de la joven ya no quedaba nada, pero aun así las arcadas no cesaban, para ese entonces él ya había mandado a buscar a su doctor de cabecera y ahora de ella también, pensaba que quizás la comida estaba en mal estado, pero lo dudaba él no sentía ningún malestar y los alimentos eran frescos, porque ella no dejaba de hacer arcadas, Amir caminaba nervioso en la habitación. 

Cuando ella lo llamó se alteró, él ya se había dado cuenta que Candy solo contestaba cuando alguien le hablaba, si no mantenía el silencio. 

— Amir.

No tuvo necesidad de gritar, ya que él estaba al pendiente de cada sonido que saliera del baño.

— ¿Qué? ¿Qué sucede?

— Me duele, aquí. 

Solo bastó con que Candy tocara su bajo vientre para que él la levantara en brazos y la llevara a la cama, ahora sí Amir estaba nervioso e inquieto.

— Tranquila, por favor respira lento, el médico ya debe estar por llegar, respira conmigo Candy, debes tranquilizarte. 

Amir decía esto y acariciaba el lugar donde estaba su hijo, rogando de que no fuera nada grave, este hombre amaba a su hijo, incluso antes, cuando solo era una suposición su existencia. 

Candy cerró sus ojos, el contacto de la mano de Amir en su vientre era como un analgésico, como colocar un paño frío sobre una quemadura. 

De alguna manera se sentía segura estando entre sus brazos.

Al fin el doctor llegó, la reviso y le inyectó un calmante, inmediatamente las arcadas y los dolores cesaron, y a los minutos ella se durmió. Amir se perdió unos segundos en esa imagen, parecía una perla que brillaba en medio de su cama, entre las sabanas negras, su blancura y belleza eran únicas.

— ¿Qué demonios le pasó? ¡¿Acaso es normal que vomite tanto y esos dolores?! 

— Baja la voz Amir, ella tiene que descansar, vamos a hablar a otro lugar.

El doctor parecía molesto, Amir se dio cuenta, por lo que lo siguió. Bajaron la escalera hasta el despacho, el empresario estaba completamente ansioso por la salud de su hijo, por lo que apenas ingresaron, él hablo. 

— Bien doctor dígame ¿qué paso?

— Esos dolores eran contracciones, es por eso que le coloque un calmante. 

— ¡Contracciones! Recién tiene 4 meses de embarazo, ¡¿cómo es eso posible?!...

— Mira Amir, te conozco desde que eras un niño, sé muy bien cómo eres cuando quieres algo, seré honesto contigo, ella tuvo un ataque de pánico, eso ocasionó los vómitos y a la vez por la fuerza que hace el abdomen para esa acción fue lo que provocó las contracciones. Te lleve con el mejor psicólogo hoy, se lo que le sucede a esa muchacha. DIOS, ¡no sé cómo ese cuerpo ha soportado tanto sufrimiento! Si no eres capaz de cuidarla, deja que se marche, o terminarás perdiéndolo todo.

— ¿A qué te refieres? 

— Ese plato de comida en la habitación, ¡¿acaso pensabas obligarla a comer cuándo terminará de vomitar?!  ¡¿Qué es lo que pasa por tu cabeza!?

— Ella necesita nutrientes para que mi hijo nazca ¡sano!

— Entonces es eso,... ¡solo te importa tú hijo!

— ¡Por supuesto! Solo me interesa él. 

— Sabes que si ella muere antes de dar a luz el bebé también se irá, ¿verdad?

— Solo vómito, no es como...

— El suicidio se puede volver la mejor opción para las personas que se sienten como ella, solas y no queridas. Ahora me retiro, si sucede algo llámame. Y piensa bien que es lo que quieres, porque si tú no la cuidas, será mejor que le dejes esa tarea a otra persona, estoy seguro que a más de un hombre le gustaría cuidar de ella.

El médico salió, jamás se había mostrado así de furioso y Amir comienza a tomar realmente noción de lo que sucedía, no solo de la charla que tuvieron mientras cenaron, sino también que él la había tratado mal, y cuando ella dijo que no tenía apetito él le dijo que comiera, sabiendo que lo obedecería, porque esa pequeña haría cualquier cosa que le asegurara estar con su hijo luego que naciera.

Ahora sí, se sentía como la mierda, él había puesto en riesgo la vida de su hijo, este hombre nunca había tenido la necesidad de ser cariñoso o amable, esto sería todo un reto.

Subió a la alcoba y se acostó al lado de Candy, depósito su mano sobre el vientre de ella y lo acarició.

— Esto es muy raro para mí, pero lo intentaré de nuevo mañana, solo por ti pequeño... y quizás por ella.

Y de esta forma ambos padres durmieron. 

(...)

Amir, sintió la Palma de su mano fría y se despertó con un salto en cuanto recordó que era lo que estaba tocando, aún un poco desorientado prendió la luz y al no encontrar a Candy allí, ni en el baño, bajo a toda prisa, creyendo que había escapado o algo peor, las palabras del doctor se repetían en su mente.

“A veces el suicidio es la mejor salida para quienes se sienten como ella"

No, eso no podía ser, ¡ella no podría terminar con su vida!, ella juro que cuidaría a su hijo.

Bajo a toda prisa, pero cuando llego a la planta baja, sintió el olor de carne de ternera en la cocina y hasta ese lugar se dirigió. 

Candy pensaba en algo, estaba tan concentrada que no se dio cuenta que no estaba sola.

Amir la veía comer pequeños bocados y mirar a la nada, se veía como un verdadero Ángel. 

— ¿En qué piensas?

Candy giró su rostro y clavó sus ojos verdes en él. 

— En ti. 

El corazón de Amir se aceleró de repente, no entendía ¿porque?, el saber que ella pensaba en él lo hacía sentir... raro, por lo que tardó un poco en contestar.

— Y... ¿qué es lo que piensas?

— ¿si tú también me golpearas?

Amir, estaba acostumbrado al dolor, desde que su madre lo dejó, el dolor se convirtió en su amigo, a tal punto que nada le afectaba, pero lo que estaba sintiendo en este momento iba más allá del dolor que él conocía, en este momento le podrían cortar un brazo y él no sentiría nada. 

— Jamás, nunca jamás haría algo así.

— Gracias. 

No sabía que contestar a eso, ella le estaba dando las gracias, ¿por el solo hecho de decir que no la golpearía? optó por sentarse a su lado.

— Si tienes hambre puedes llamar a alguna empleada para que cocine, no tienes por qué hacerlo tú.

— No, no me gusta molestar a los demás, y yo sé cocinar, además no tengo hambre. 

— ¿Y porque comes entonces?

— Por el bebé, debe tener hambre.

Amir sonreía ante su respuesta y Candy lo vio, se veía distinto, relajado, más bonito que siempre, pensó, por lo que también como acto reflejo sus labios imitaron los de él. 

— Eso está bien, pero... creo que no deberías cargar tú estómago, si comes de más podrías sentir mal de nuevo. 

Ella notaba como la voz de ese hombre estaba cargada de preocupación. Y sintió algo en su corazón, como un calor extendiéndose. Era raro, porque ella siempre tenía frío, un frío que le calaba hasta el alma.

— Tienes razón, creo que ya comí lo que el bebé necesita.

Candy comenzó a juntar las cosas, pero Amir la detuvo. 

— No, no limpies nada, tengo gente que se ocupa de eso.

— Pero yo lo ensucie, yo debo limpiarlo.... ¡ah!

Un pequeño grito salió de sus labios, y de pronto estaba en los brazos de Amir, sentía un poco de vértigo cuando ese hombre de más de 1.80 la levantaba como si de una niña pequeña se tratara.

— Iremos a descansar, debes recuperar fuerzas, pequeña... en verdad eres muy pequeña.

A este hombre se le estaba convirtiendo una costumbre llevar a Candy en brazos por toda la casa.

— Si.

Fue todo lo que dijo.

Cuando subían las escaleras él se dio cuenta que las cosas no podían seguir así, necesitaba escucharla hablar por sí misma, que dijera lo que pensaba, necesitaba que no le tuviera miedo, él quería conocer a Candy.

— Candy, necesito que hables, di lo que piensas, no quiero que me contestes con sílabas o lo que crees que yo quiero escuchar, entiende que mi personalidad es muy complicada, no estoy acostumbrado a hablar.... como Charly, eso no quiere decir que te haré daño, o por lo menos no apropósito, tengo fantasmas que me atormentan y a veces no los puedo manejar. 

— Hay dos clases de Mirada: una que degrada y mutila, otra que enaltece y reconforta.

Mientras lo decía Candy no pudo evitar levantar su mano y acariciar su rostro, esta era la primera vez que ella lo tocaba, nunca se había atrevido a hacerlo, ni siquiera esa noche, ella se aferró a las sabanas y nada más. Esto era otra cosa, poder tocar el rostro de Amir, la hacía sentir... muy bien.

Amir sintió una corriente y su corazón comenzó a galopar a toda velocidad. ¿Porque reaccionaba así a ella? Él no lo entendía.

— Tú siempre me has mirado de la segunda manera Amir, no me siento chiquita cuando me miras. Tú me haces sentir... que existo, que soy alguien. Me haces sentir... cosas.

— ¿Y qué es lo que es eso que si sientes cuando te miró?

De pronto la cara de Candy se pone roja, pero no contesta, Amir quiere insistir, pero le acaba de decir que sea ella la que decida cuando hablar y cuando no, por lo que opta por quedarse en silencio.

Abre la puerta del cuarto y la sienta en la cama, de forma suave.

— Quédate ahí, iré por los pijamas

Ella por la medicación y él por el cansancio, ambos habían dormido un par de horas con sus ropas de calle puesta, cuando Amir regresó a la habitación, ella estaba desnuda doblando su ropa, el deseo le recorrió el cuerpo entero, y es que verla de esa forma, con sus pechos más grandes al igual que sus caderas y esa pequeña panza, la convertía en el ser más apetecible del planeta, un platillo que solo los dioses podían degustar.

Candy camino hacia él, ya que se había quedado inmóvil a mitad de camino, se perdió en el bamboleo de los pechos de la joven, tomo su camisolín y se lo puso.

— ¿Pasa algo?

Le pregunto mirándolo con esas esmeraldas verdes que tenía por ojos.

— No, nada.

Amir se tuvo que aclarar la voz varias veces para pronunciar esas dos palabras.

La voz áspera y ronca de Amir le hizo sentir calor, todo su cuerpo ardía. Pero cuando él comenzó a desvestirse ella apartó la mirada. 

— ¿Porque te apena verme desnudo y no mostrarme tú desnudez?

Pregunto con mucha curiosidad el hombre.

— No lo sé, me siento cómoda... estando desnuda frente a ti, y me da vergüenza verte desnudo, me da mucha calor, no sé porque., y eso me pone nerviosa, recuerdo.... esa noche

Hablaba muy bajo, Y mientras lo decía levantó los hombros como si fuera lo más lógico. 

Amir terminó de vestirse y salió de la habitación, estaba extasiado, a ella le gustaba que él la viera desnuda y si no lo lo miraba, no era porque no quería, era porque sentía deseos de él al hacerlo, ella no recordaba aquella noche con pesar, sino todo lo contrario.

— Doctor disculpe la hora.

— ¿Que sucede Amir? acaso Candy...

— No, no, ella está bien, le quería preguntar, corre algún riesgo el bebe o ella por tener relaciones sexuales. 

La línea quedó en silencio unos segundos que para Amir fueron eternos.

—... Estos jóvenes de hoy en día, si serán... muchacho, mientras la trates con amor y dulzura tú novia estará bien al igual que tu hijo, ahora déjame dormir que ya no tengo edad para trasnochar.

Amir no podía hablar de amor, él no conocía esa palabra, pero dulzura, él podía ser dulce con Candy, muy dulce.

Cuando entró a la habitación Candy estaba dormida.

Él solo podía mirar a esa joven, no entendía que le estaba pasando, nunca había sentido esas ganas locas de dormir con alguien, esa necesidad de sentir su piel y escuchar sus gemidos, él sentía deseo por Candy, hervía a fuego lento, quería probar sus pechos, sus labios...

Decidió detener su mente, ya bastante estaba sufriendo con su miembro erecto como para seguir recordando, pero de pronto el hecho de no querer pensar en eso, lo llevo a recordar todo, y es que esa noche él se deleitó memorizando cada gesto de la cara de Candy, cada reacción y movimiento de su cuerpo, como gimió su nombre.

“Maldición, ¡que es lo que me está haciendo esta mujer! Me volveré loco, pero no la puedo despertar... ¿o si?, no ¡claro que no!”

Su mente gritaba de enfado, mientras caminaba hacia el baño, abrió la ducha de agua fría, pero ni así se tranquilizó y termino descargando de forma manual en aquel lugar, lo que deseaba descargar en ella.

Una vez que su cuerpo se enfrió, fue a su cama para tener un sueño reparador, mañana sería un día difícil, Matt vendría en la tarde.

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