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VI

Amir tenía toda la intención de que Candy descansara, le preocupaba todo lo que había sucedido, ya que había tenido un día cargado de emociones, pero esa idea se esfumó en cuanto cerró la puerta de la habitación y vio a la joven comenzar a desabrochar su vestido, bajo la tenue luz de la habitación. 

— Espera.

Dijo con voz ronca y cargada de deseo, Candy levantó inmediatamente la vista y lo miró curiosa, la forma en la que ella ladeaba la cabeza cada vez que tenía curiosidad por algo, desarmada por completo a este hombre.

— Déjame ayudarte.

Amir se colocó frente a ella y comenzó a desabrochar el vestido, lento, cada movimiento de él causaba una corriente en ella, mientras la respiración se le aceleraba.

Uno a uno abrió ese camino de botones, que iban desde el cuello hasta el ruedo del vestido que quedaba dos dedos arriba de la rodilla, la línea de piel expuesta que quedó le permitió ver que no llevaba sostén y que en algún momento la dulce Candy había cambiado sus bragas de algodón por unas de encaje azul profundo, tan azul como los ojos que ahora la observaban con deseo. 

Amir colocó sus dedos índice y mayor en ese camino de piel desnuda y comenzó a descender lentamente deleitándose con ese contacto tan suave y disfrutando del hermoso color que el rostro de Candy adquiría, mientras los parpados se le cerraban un poco, ella estaba siendo víctima del deseo también, su intención era llegar hasta esas bragas que lo estaban enloqueciendo, pero cuando sus dedos pasaron sobre el pequeño bulto en el vientre de ella, no pudo evitarlo, se detuvo para cubrirlo con la Palma de su gran mano , la imagen de un niño con ojos color jade se mostraba en su mente, un niño tan parecido a Candy, dulce y bueno. Pero cuando sus ojos se encontraron, Amir pensó en algo, y ese pensamiento lo cambiaría todo.

— No quiero que pienses que debes estar conmigo, no quiero forzarte, aún no puedo olvidar el daño que te cause aquella noche, pero también debo reconocer que muero por... hacerte el amor.

Ni él podía creer lo que acababa de decir, él no hacia el amor, solo tenía sexo con mujeres frívolas y ambiciosas. Pero también sabía que Candy no era así y fue esto lo que provocó tal pensamiento, ella era tan buena como la belleza que poseía, un alma pura, que el mundo había tratado de manchar y arruinar, sin poder conseguirlo. Amir descubrió que amaba a esa mujer, ya era tarde para tratar de mantener una distancia segura, ella se le había metido bajo la piel llegando al mismo corazón de este hombre frío y duro.

Candy miraba fijamente la mano de Amir cubriendo su vientre mientras decía.

— Sé que hay una diferencia entre tener sexo y hacer el amor, María me habló de ello, pero no sé cuál es, solo sé lo que siento cuando me tocas, cuando me miras.

Amir levantó la otra mano y con suma dulzura recorrió el rostro de Candy, desde la sien hasta el mentón, y muy suavemente hizo que lo levantara, hasta que sus ojos hicieron contacto nuevamente, verde y azul, mezclándose formando un matiz de aguas claras y limpias, pero profundas y peligrosas.

— Y que es lo que sientes, cuando te miró... cuando te tocó.

La boca de Amir se secaba de momentos, produciendo que su tono de voz variará de un momento a otro.

— Mi corazón... late muy rápido cuando estas cerca, mi estómago parece que tuviera algo que lo hace sentir extraño cuando me tocas, cuando miró tus labios... me dan ganas de colocar los míos sobre ellos, y tus ojos... sueño con ellos desde aquella noche, me gustaría perderme en el azul de ellos.

Amir descubrió con agrado que Candy sentía lo mismo que él, porque por más que no quisiera reconocerlo, era exactamente así como él se sentía. Soñó cada noche con esos ojos verdes, hasta que por fin la encontró y pudo perderse en ellos, solo en este momento se sentía tranquilo, teniéndola a su lado y quería que eso durara para siempre.

Una de sus manos se deslizó por el costado dejando el vientre de ella para colocarla en la parte baja de la cadera y acercarla más a él, mientras que la otra la colocó entre el cabello y la nuca de la chica para poder besarla.

En algún momento del beso en el cual Amir no fue consiente, el vestido de Candy terminó en el piso, y él la tomó desde los glúteos y la levantó. Candy abrió sus piernas, como si estuvieran sincronizados y las envolvió en la cintura de él, Amir no perdió tiempo y ese beso tan dulce pronto aumentó de intensidad y dirección, descendiendo por el cuello de ella y llegando a sus hermosos pechos redondos y ahora un poco rosados con el roce de la barba de este.

Aún en esa bruma de deseo y algo más que Amir se negaba a reconocer abiertamente que era, él pudo notar que ella no estaba del todo relajada.

Por lo que llevo sus labios a los de la joven y comenzó a darle pequeños besos, mientras de vez en cuando pasaba su lengua antes de morder un poco los carnosos labios, Candy no podía evitar que pequeños gemidos salieran de su boca.

— Candy, dulce Candy, se tú misma, muéstrame lo que sientes por mí y yo haré lo mismo, seamos libres.

Candy en respuesta soltó un gemido, cargado de deseo y amor, mientras se aferraba al cabello sedoso de Amir para acercarlo más a ella, necesitaba sentir su piel, Amir era su tabla de salvación en un mar de dolor y sufrimiento, en ese mar profundo y peligroso que era la vida, y ella no estaba dispuesta a soltarlo, por primera vez en su vida, Candy era egoísta, ella quería a ese hombre solo para ella y su hija.

— AMIR.

Amir tenía a Candy entre sus brazos, su corazón aun no recuperaba el ritmo normal, ella por otro lado se había dormido casi de inmediato, estaba preocupado, parecía tan frágil, pero aun así se le hizo difícil contenerse, tendría que trabajar en su autocontrol, al momento de hacerle el amor, debía recordar que no podía exigirle tanto.

— ¿Qué es lo que estás haciendo conmigo pequeña? ¿Podré amarte siempre de esta manera? ¿Podrás cumplir tu promesa de no dejarme jamás?

Este hombre ya sufría con el solo hecho de pensar que la joven lo pudiera abandonar algún día, como su madre hizo con su padre y él. 

Deslizó su mano por el cuerpo de la joven, era como si inconscientemente tuviera que asegurarse que ella no era un sueño, que estaba a su lado, terminó su recorrido en el vientre, ese que era la morada provisoria de su hijo.

No podía dejar de observarla, como se veía tan indefensa, sin embargo hace un momento cuando él le pidió que se liberara y que le mostrara lo que sentía por él, ella había actuado de una forma que Amir jamás pensó que sería posible.

En el instante que la penetro lento y suave tratando de borrar ese último encuentro, mientras la colocaba sobre él en la cama, Candy se liberó completamente y comenzó a mover sus caderas a un ritmo único, mientras él apretaba sus muslos para sentirla aún más y se deleitaba con el baile de sus hermosos pechos que iban y venían haciéndolo perder la cordura, pero cuando su ritmo comenzó a hacerse más rápido él no lo pudo resistir, la forma en que ella lo miraba, llena de sensualidad natural, y esos delicados gemidos mezclados con los de él, lo hicieron girar de forma rápida y con cuidado de no presionar su vientre se colocó sobre ella, para llenarla por completo, cuando le acaricio el rostro nunca pensó que ella, una pequeña con cara de Ángel, atraparía uno de sus dedos y lo ocuparía, eso lo hizo alcanzar el clímax máximo y se dejó ir, mientras que para Candy, el sentir el semen de Amir deslizarse en su interior la hizo convulsionar, él se deleitó al sentir las paredes vaginales apretar su pene, era la señal que ella había alcanzado el límite junto con él, si ellos realmente estaban sincronizados. 

Salió de sus recuerdos cuando la sintió moverse, ella trataba de salir del agarre de su abrazo de una forma muy lenta, no sé había dado cuenta que él estaba despierto.

— ¿Candy, que sucede, acaso piensas abandonarme?

Ni él entendía porque dijo eso, pero en ese momento el miedo de imaginarla huyendo de él lo aterrorizó. 

—No, nada, solo... iba a ir a la cocina.

Una sonrisa tonta se colocó en el rostro de Amir. 

“Que hermosa se ve, ella es la misma pureza personalizada y es toda mía.”

— ¿A la cocina? ¿Tienes hambre?

— Solo quería un poco de leche.

— Bien, yo iré por ella, tú descansa, no te preocupes. 

— Pero yo puedo ir Amir, no quiero molestarte.

— Candy, tu no me molestas, no importa que quieras o lo que necesites, ni la hora que sea o lo que yo esté haciendo, tú debes acudir a mí, eres lo más importante... ustedes dos son lo más importante para mí, desde ahora, hasta que deje de respirar.

Amir depósito un dulce beso en los labios hinchados de Candy, se levantó, tomó un pantalón de algodón y salió. 

Candy se levantó por un camisolín mientras pensaba.

“Él es muy bueno, y muy lindo, si, Amir es el hombre más lindo que eh visto jamás. “

“Él será el mejor padre del mundo y yo... me quedaré a su lado mientras me lo permita. Dijo que somos importantes para él, si le digo que lo amo, ¿se enojara?”

Amir podría demostrarle de mil formas lo que sentía por ella, pero para esta joven tan vulnerable, no significaría nada, a no ser que se lo diga claramente, solo si Amir le decía que la amaba ella lo creería, y confesaría lo que siente.

(..............)

El hombre que estaba perdido en su mente tratando de descifrar porque ella lo cautivaba de esa manera, si se había enamorado esa noche, o los días de búsqueda, o ahora mismo, ¡¿que es lo que lo ponía de ese modo?! .

Vio que la luz de la cocina estaba prendida mentira bajaba las grandes escaleras, y recordó que Matt se había auto invitado a quedarse, lo que lo llevó a cambiar el rumbo de sus pensamientos.

No puedo creer que él realmente me haya enterrado el abre cartas!, aunque pensándolo bien, todo lo que hice con su hermana, tengo suerte de estar vivo, conociendo a Matt tengo suerte de no tener una bala en mi cabeza.

Entró sin mirar a su amigo, que se encontraba mirando un punto fijo con una taza de café enfrente, si algo tenían en común los hermanos Ángel, era que pensaban de madrugada y comiendo o bebiendo algo, era como una costumbre que Matt adquirió de su madre y Candy de él. 

Como pude olvidarme de Candy, como puede ser que pasara tantas penurias y dolor, mientras yo gozó de tanta fortuna, esto no quedará así, cada uno de los que la haya lastimado sufrirán el doble, incluso Aarón y Amir, todos pagarán.

Matt cambio de foco cuando vio entrar al que fue su mejor amigo, los sentimientos de ambos habían cambiado, sin saber bien hasta qué punto, donde antes había una amistad sólida y una camaradería incondicional, ahora había desconfianza y rencor, no le quito los ojos de encima, Matt lo estaba atravesando con sus fríos ojos, observo como serbia un vaso de leche y lo ponía en una bandeja, después fue a la alacena y saco galletas.

“Amir jamás tomaría leche a esta hora, a lo sumo un vaso de Whisky, ¡pero leche y galletas jamás!...Esa maldita cara de felicidad que tiene, porque... él acaso... ¡hijo de puta!”

— ¡¿Acabas de tener sexo con mi hermana, hijo de puta?!

Matt tiraba espuma por la boca, era un perro rabioso a punto de atacar, si tan solo tuviera su arma con él, el dueño de Diamnons ya estaría muerto, pero la paciencia de Amir se había terminado, y él también era alguien a quien temer, cuando llegaba al límite y eso lo sabían todos, incluso Matt.

— ¡¿Cuál es tu puto problema Matt?! Cometí un error, lo reconozco y lo asumo, me cansare con ella, ¡superarlo!

— No supero una mierda, y ¡no te casaras con mi hermana!, una vez nazca ese bebé te lo entregaré y me la llevaré para que sea feliz, como siempre tuvo que ser.

— ¿Enserio? tuviste 15 años para buscarla, no lo hiciste, tu tiempo ya pasó, no pudiste cuidar de ella, ahora yo me encargaré. ¡Ni tú ni nadie volverán a lastimarla! Ella se quedará conmigo, los tres estaremos juntos y nadie lo podrá evitar, ¡ELLA ES MIA!

— ¡¿porque?! Tú no la quieres solo te preocupa ese bebé. 

— Ese bebé es tu sobrino, ¡no lo olvides!

— ¿Qué quieres decir?

— Se lo que ibas a hacer en el despacho y te juro Matt....algo le pasa a mi hijo cuando tú estés serca y te acabaré con mis propias manos, a ti, y al mundo que manejas, no dejaré rastro alguno de tu imperio, ahora son mi familia, y no me importa un carajo lo que tenga que hacer para protegerlos. Incluso matar al mismo Ángel de la muerte

Ese era el apodo que se había ganado Matt, nadie se atrevía a enfrentarlo, porque? Por qué el mataba a quien sea que se atreviera a desafiarlo, pero Amir era diferente, él se manejaba en los límites de la ley, pero llegado el caso no le importaba romper dichos límites y podía ser aún más despiadado que Matt, y eso lo sabía muy bien.

— Solo quiero cuidar a mi hermana, no me puedes culpar por ello.

— No, solo quieres calmar tú culpa, a mí no me puedes engañar, te conozco. Candy jamás se irá de mi lado, no lo permitiré aún después de que mi hijo nazca, ella es mía. 

Matt quedó en silencio, él había imaginado otras respuestas de su amigo, algo que le indicara que Candy no le importaba en lo más mínimo, pero no fue así, él ya no hablaba solo de su hijo, Amir incluía el hecho de cuidar de Candy, además la dedicación que ponía en la bandeja destinada a su hermana, le hacía pensar que sentía más que solo interés por el bebé o atracción hacia Candy.

Por lo pronto decidió cambiar de tema, se quedaría una temporada, vigilaría todo y después tomaría una decisión, pesara a quien le pesara.

— A Candy no le gustan las avellanas.

— ¿Que?

— Las galletitas de avellana no le gustan.

Amir miró la bandeja no sabía si creer o no lo que le decía Matt. La duda se reflejaba en su rostro, lo miro con desconfianza.

— No seas idiota, no soy un niño para mentirte.

Amir cambió las galletitas por unas con chispa de chocolate mientras sonreía. 

— ¿Que es tan divertido?

Pregunto Matt molesto, no estaba acostumbrado a esta versión de Amir, él conocía al hombre frío y reservado y eso los hacía llevarse de maravilla, ¿pero ahora? Amir parecía un quinceañero enamorado.

— Ella es como una niña, ¿verdad? Tiene una inocencia única, es tan dulce, y sus labios...

— ¿sabes? ¡Eso no ayuda a calmar las ganas de matarte que tengo!

Si, Matt lamentaba a ver dejado su arma en la habitación, se preguntaba cuánto tardaría en subir por ella.

— Bien en ese caso me voy, una hermosa embarazada espera su bocadillo de media noche, después de perder tanta energía.

— ¡AMIR!

El hombre no pudo evitar torturar a Matt, esa fue su venganza por herirlo en la pelea que tuvieron en el despacho.

Matt pasó el resto de la noche pensando, que era lo mejor para Candy, mientras la idea de tener un sobrino cada vez le gustaba más, sería una nueva oportunidad de cuidar a alguien de su sangre.

Después de todo él no podía llevar a Candy a Londres, si alguno de sus rivales supiera que tiene una hermana, no tardarían en atacarla, esa fue la razón por la que solo llamaba y de todas las veces que viajo a su país evitó ir a ver a su padre, si, estaba furioso con Amir, aunque cuando pasó todo él no sabía quién era Candy, pero aun así que quiera hacer con ella lo que quisiera lo irritaba.

Me casare con ella , eso fue lo que dijo, pero ... acaso le pregunto a mi hermana si ella quiere casarse, puedo asegurar el bienestar de Candy a la distancia y ni mis enemigos ni Amir la encontrarían jamás, estas jodido Amir, yo le enseñaré a mi hermana a decidir qué es lo mejor para ella y mi sobrino.

(.........)

Amir entró a la recámara y encontró a Candy acariciando su barriga, por lo que se preocupó, después de todo, él sabía que era un poco brusco a la hora de disfrutar de estar con una mujer, y más de Candy, que lo enloquecida de una manera única 

— ¿Que sucede? ¿Sientes alguna molestia?

— No, solo pensaba, ¿cómo será?

— Si se parece a ti será hermoso.

A Candy sus ojos le brillaron, ¿acaso él pensaba que ella era hermosa? No pudo evitar sonrojarse.

— Toma, esto es para ti, espero que te guste. 

— Gracias. ¿Quieres?

Él se dio cuenta que ella no era una persona egoísta, se recostó a su lado mientras respondía.

— No, gracias. ¿No estás cansada?

— No, ahora solo tengo ganas de tomar leche y estas galletas se ven deliciosas. 

— ¿Te gustan las almendras? 

—No, no me gustan, a decir verdad las odio ¿y a ti?

— Supongo que sí, nunca presto mucha a atención a lo que me prepara la empleada.

— Eso no está bien, debes saber qué es lo que comes y no solo comer lo que te sirvan.

— Creo que tienes razón, Dime ¿Hay otra cosa que no te guste?

— Las hamburguesas, pero ahora sí o por lo menos a ella le gustan.

— Así que te imaginas a una niña... de ojos azules.

— Si, ojos como los tuyos, así de hermosos.

Amir por primera vez en su vida se sonrojo, las mujeres siempre le coqueteaba, pero Candy, ella era honesta y dice lo que piensa, no lo hace por compromiso ni con segundas intenciones, y eso mismo es lo que provoca en este hombre que sus mejillas se pongan rojas.

—Gracias pero y ¿porque no verdes? como los tuyos. Son aún más hermosos que los míos. 

— No, eso no sería bueno.

— ¿Porque?

— Si algún día hago algo malo y tú no quisiera verme más, si me odiaras... ¿qué pasaría si ella tuviera mi misma mirada o si se pareciera a mí?

— Jamás podría odiar a mi hija, no importa que pase entre nosotros, jamás odiaría a mi sangre.

Candy miraba atentamente a Amir y cuando este termino de hablar ella levantó su mano y acaricio su rostro.

— Serás un buen padre. Y mi hija te lo dirá, ya verás.

— Puedo preguntarte algo... sobre Aarón.

— ¿Qué quieres saber de mi papá?

— Primero porque lo sigues llamando así.

— Porque es mi padre.

— ¿Después de todo el daño que te hizo?

— Es lo que merecía.

— ¿A qué te refieres?

— Yo mate a mi madre. Por mi culpa la perdió. 

— No, tú madre murió por una complicación en el parto tú no eres responsable de eso.

— Fui la causante de que perdiera lo que más amaba.

— El amor de un hijo o una hija es más importante, es un amor puro sin condiciones, un amor sincero, si Aarón no supo cuidarte y lidiar con su dolor es porque no merece ser llamado papá. 

Candy acababa de tener una revelación, Amir tenía razón, ella y él serían capaz de cualquier cosa por ese bebé que todavía no nacía, ¿como era posible que su padre le hiciera todo lo que le hizo?

— ¿No comes más?

— No, ya no tengo hambre. 

— Soy un idiota, no debí hablar de esto.

Le dijo mientras acariciaba dulcemente su mejilla.

— Estoy bien Amir, cuando tú estás cerca de mí... mi corazón ya no duele.

Amir quiso consolar a Candy y comenzó a darle pequeños besos, mientras ella acariciaba sus hombros, ese contacto encendió al hombre el cual tenía un hambre insaciable por ella, corrió la bandeja y volvió a besarla, esta vez más efusivamente, comenzó a acariciar su busto, pero sus ganas de saber no habían terminado, él quería saber todo, absolutamente todo lo que a ella le gustaba y que no, quería conocerla como ninguna otra persona la conocía. 

— ¿Esto te gusta?

Le pregunto con la voz ronca mientras apretaba el pezón de la joven.

— Sí, si me gusta.

Dijo entre gemidos, Y arqueando su espalda.

Entonces bajo su cabeza y empezó a succionar sus pechos, pero antes de poder preguntar si era de su agrado, Candy llevo su mano a la cabeza de Amir tomando su cabello y presionando aún más su rostro contra ella, si, él estaba seguro que a ella eso le gustaba y se propuso hacerla disfrutar de la mejor noche de su vida.

****************

Candy se levantó temprano, estaba hambrienta, pero antes de ir a bañarse se quedó un momento mirando a Amir, sus ojos brillaban como nunca.

Ella pensaba que él era hermoso y tenía muchas ganas de besarlo, pero no quería despertarlo.

Luego de ducharse eligió un vestido verde manzana, y mientras se miraba al espejo observaba diferencias en su rostro, ya no había ojeras o tristeza, en cambio sus ojos tenían un brillo nuevo y sus mejillas tenían como un rubor natural.

Decidió que era hora de salir, su intención era ir directamente a la cocina, pero cuando vio una vez más al padre de su hijo, ella no pudo contener las ganas de besarlo, se acercó y depósito un pequeño beso en los labios del hombre.

— Te vez muy lindo cuando duermes, me dan ganas de darte muchos besos.

Susurro y salió de aquel lugar, claro que ella no sabía que Amir se despertó en el momento que ella entró a ducharse, en poco tiempo él se había acostumbrado a sentir su fragancia cerca suyo, por lo cual cuando ella salió del baño él se entretuvo viéndola ponerse aquel vestido que la hacía ver tan hermosa.

“Así que te dan ganas de besarme cuando me ves dormir, eso es interesante. Teniendo en cuenta que a mí me dan ganas de hacerte el amor cuando te veo dormir. No puede ser que recién despierto y ya esté duro de nuevo, Candy, Candy, tienes que estar fuerte no solo para nuestro hijo, sino que para aguantar todo lo que quiero hacer contigo.”

Amir suspiro con anhelo y decidió levantarse apenas la puerta se cerró, él no tenía ganas de estar lejos de ella.

Candy llegó a la cocina para encontrar a Matt sirviendo el desayuno. 

— Hola hermanita. Te hice el desayuno.

— Hola Matt, gracias. 

Cuando la joven vio la mesa, se dio cuenta que su hermano la había preparado como cuando eran niños, tostadas con corazones hechos con mermeladas, un gran vaso de chocolatada, galletitas con chispas de chocolate, huevos revueltos y tocino formando una cara sonriente, jugo recién exprimido. Todo eso provocó que a la joven se le llenaran los ojos de lágrimas. Hacía mucho que nadie tenía esos detalle con ella, si, la empleada cocinaba de maravilla, pero esto estaba hecho con amor, amor de hermanos.

— ¿Podrás perdonarme Candy?

Matt dijo en apenas un murmullo con la mirada clavada en el piso y ella simplemente corrió a los brazos de su hermano. Candy recordó todo lo que Matt había hecho por ella y lo mucho que lo quería. 

— Me hiciste mucha falta Matt, me sentía tan sola, estaba sola y perdida, porque no cumpliste con tú promesa. ¿Porque me dejaste olvidada?

— Lo siento, no sabes cómo lo lamento, yo... quise creer que estabas bien, le enviaba dinero a Aarón para ti, para que estés bien, debí volver, pero... el trabajo que tengo Candy.... a veces la gente que está cerca mío sale lastimada, solo quería protegerte.

— ¿Y quién te protege a ti Matt?

Pregunto con verdadera preocupación, mientras apretaba un poco más la cintura de su hermano.

— Amir..., él me ayuda cuando los problemas son muy grandes para manejarlos solo.

— Amir es muy bueno.

— Ay Candy, eres tan inocente.

— ¿Porque lo dices?

— Toma asiento y desayuna, debes alimentar a mi sobrina.

La cara de Candy brillaba de alegría, podía ver que su hermano ya no tenía ese brillo de maldad con el que lo vio el día anterior.

— ¿Tú también crees que será una niña?

— Estoy seguro que será una niña tan linda como tú y yo la cuidaré, esta vez no fallare. Pero Dime, ¿que sientes por Amir? Porque quieres seguir a su lado, si tienes miedo yo puedo protegerte, él no podrá quitarte al bebé, no tienes nada que temer.

— No Matt, él es la persona más buena que eh conocido jamás. El nunca miente, y me trata muy bien, jamás lo lastimaría de esa manera, jamás lo alejaría de nuestro bebé. 

Matt se dio cuenta que no solo Amir hablaba de un futuro como familia, su hermana también lo hacía.

— Hermana no eres tonta, eso no es lo que te pregunté. 

— A ti no puedo engañarte, ¿verdad? A pesar de que me dejaste hace tantos años aun sabes reconocer lo que pienso con solo verme. Yo... estoy en problemas Matt, uno mucho peor que los anteriores.

— ¿A que te refieres? ¿Amir te amenazó? ¿Te golpeo?  ¡¿Te obligo a hacer algo?!

Por un segundo Matt llevo su mano a la cintura, donde su arma aguardaba paciente ser requerida.

— No, claro que no, es... que siento que ya no puedo estar sin él, mi corazón se acelera con solo verlo, es raro, cuando nos separamos aunque sea por unos minutos mi pecho duele, y tengo miedo.

— ¿De qué?

— Que algo malo le pasé, mi hija es lo más importante para mí, pero Amir... yo ya no sabría que hacer sin él. 

— Si algo pasará, cosa que dudo, me tendrías a mí. 

— Lo siento Matt, pero no es lo mismo.

— ¿A caso no me quieres Candy? ¿Has olvidado que éramos el mejor dúo de hermanos?

— Te quiero, pero... cuando heriste a Amir... yo sentí ganas de matarte, y eso me asustó, por eso sé que Amir es muy importante para mí, si alguien me atacara o incluso si tú me matarás no me importaría, pero jamás dejaría que alguien lo lastimara a él.

— Sí, conozco esa sensación, te enamoraste y no sé si estar feliz o triste, es verdad Amir es un buen amigo, y puede protegerte de todos, pero no sé si puede protegerte de él mismo... cuando él se enoja y pierde el control, es mejor no estar seca.

— ¡Amir jamás lastimaría a nuestra hija!

— ¿y a ti?

— ¿Eso importa?

— ¿A qué te refieres? Claro que importa.

— No Matt, para alguien como yo, eso no importa, Amir puede hacer lo que quiera conmigo y aun así no me alejaría de él. 

— ¡¿Candy que cosas dices?!  ¡¿Acaso estás loca hermana?!

— Creo que sí, bueno no, no sé, el doctor mmm psiquiatra, eso el psiquiatra dice que no estoy loca, solo que mi mente tardará más en sanar.

— No sabía que estabas viendo a un psiquiatra. 

— Es que no puedo olvidar... cada vez que despierto, cada vez que estoy sola, recuerdo cada golpe, cada grito, cada insulto, solo al lado de Amir todo eso desaparece. Solo a su lado siento que puedo respirar sin miedo.

Lo que los jóvenes Ángel desconocían era que Amir escucho toda su conversación.

Amir no podía creer lo que acababa de escuchar, en ese instante Amir se juró que jamás, nunca lastimaría a Candy, él amaba a esa mujer.

Los hermanos Ángel quedaron en silencio cuando Amir apareció en la cocina, aunque Candy sonreía de una manera única al verlo.

— Amir, ven desayuna con nosotros, mira todo lo que Matt hizo.

— No sabía que supieras decorar la comida de esta forma.

Matt lo fulminó con la mirada y se levantó de su lugar.

— Yo iré al aeropuerto a recoger a Melody

— ¿Quién es Melody?

— Ya la conocerás Candy, es una empleada y una buena amiga.

— Para que la llamaste Matt, ¿que es lo que piensas hacer?

— ¿Acaso temes escuchar su voz?

La voz de Matt dejaba ver un poco de malicia, mezclada con diversión, que Candy no entendía, pero Amir sabía muy bien quien era Melody.

— No necesito darte explicaciones, pero no te preocupes no la traeré a tú casa, nos quedaremos en un hotel.

— No lo digo por eso amigo...

— ¿Amigo? 

— Demonios Matt, ya te lo dije, nos casaremos...

— ¡¿Acaso le preguntaste a mi hermana que es lo que ella quiere?!

Amir miró a Candy y está bajo la mirada.

— Yo debo salir ahora, pero volveré, vendré todos los días a verte, te lo prometo. 

— No lo digas, solo hazlo.

La pequeña Candy abrazó a su hermano y este la envolvió con sus brazos, dejando un beso en su frente.

— Lo haré, no te dejaré nunca más. 

Amir se enderezo ante esa promesa.

“Pues te jodes Matt, porque yo no la pienso dejar ir.”

Matt salió rumbo al aeropuerto, y Amir aprovechó el quedar solo con la madre de su hijo.

— Siéntate te serviré café.

— No Candy, tú sigue desayunando, puedo hacerlo yo.

Él se acercó y colocó un beso sobre los labios de la joven, y de pronto eso no era suficiente, paso sus manos por la cintura de ella y la presiono contra su cuerpo, la empleada se sonrojo al verlos de esa manera.

— Disculpe señor, no quise interrumpir, Charly llamó, dice que lo necesitan en la empresa. 

— Maldición, ¿acaso no pueden hacer nada sin mí? Candy, deberás quedarte sola...

— ¿Puedo ir a la casa de María? Hace mucho que no voy a su casa.

— No debes preguntarme, solo dile al chófer que te lleve.

— Gracias. 

Ella se puso en puntas de pie y le dio un pequeño beso, Amir se congeló ante la muestra de cariño de la joven pero sonrió.

El hombre que hasta ese momento fue duró y frío, sintió como su corazón se calentaba cada vez que pensaba en Candy.

Ya en su empresa llamo a María. 

— Amir, ¿cómo estas hijo?

— Hola Ma, Candy irá a tu casa, y estaba pensando si la puedes acompañar a comprar, ya sabes cosas para el bebé.

— Mmm, mira como tu voz cambia cuando dices su nombre.

— Ma, no pienses de más, solo me importa mi hijo, nada más. 

Amir aún no le decía a Candy que la amaba, menos podía confesarle a otra persona lo que sentía por la joven rubia.

— Sí, claro, bien dejaré que te engañes un poco más, pero ten cuidado Amir.

— ¿De qué?

— Yo me entiendo, adiós. 

María cortó, y el empresario se removió inquieto en su sillón, pensando que era lo que ella le quería insinuar. 

Acaso me está advirtiendo que no me enamore de ella?, es ridículo, María sabe que Candy es capaz de enamorar a cualquiera, yo o.... Charly 

Y justo cuando terminó de pensar eso, Charly entró. 

— Esta son las cosas que debes firmar Amir.

— Sigues con esa actitud, ¿qué te pasa? Tú no eres así. 

— Necesito ver a Candy, necesito saber de su boca que está bien.

— Charlie, ella será la señora Zabet, no olvides que eres un empleado. Lo que tú necesitas no me interesa. 

— Tú no olvides que ella es mi amiga, y si el que yo trabaje aquí es el impedimento para verla, con gusto renunció, no sé cuál es tu problema, no la amas, solo quieres al bebé, ¿verdad?

Amir se quedó en silencio, en otro caso hubiera respondido que así era, que solo quería al bebé, pero, él no estaba dispuesto a decir tal mentira.

— Ve a trabajar Charly, debo firmar esto así regreso a mi casa, con la madre de mi hijo.

Fue lo único que dijo con su mejor cara de advertencia. 

— Bien, pero no podrás impedir que vea a mi amiga.

— ¡Tú y yo sabemos que no la ves como amiga!

— No te incumbe, tu solo quieres a tú hijo.

Charly salió sin decirle más nada.

Mientras Candy estaba saliendo de casa.

— Rose, yo voy a ir a la casa de María, Amir me dijo que podía salir.

— Por supuesto señora, no tiene por qué mencionarlo, le diré a Miguel que la espere adelante con el auto así no se cansa. 

— Gracias Rose y dime Candy, solo Candy.

Dijo la joven con una dulce voz.

Rose deseaba con todo su ser que esta pequeña mujer se convierta en su jefa, se nota lo buena que es, ella transmite paz, eso es lo que Rose pensaba.

— Miguel, debes llevar a la señora a la casa de María. 

— Por fin mi suerte mejora.

— ¿A qué te refieres?

— Que no viste lo que es esa mujer, jamás vi tal belleza, es un monumento a todo lo sagrado.

— El señor Amir te arrancara la cabeza si te escucha. No olvides tu lugar, y no confundas su bondad con otra cosa, se nota que es una joven buena, no es como las amigas del señor, esas a las que estás acostumbrado a ligar te, cuando las llevas del hotel a sus casas, a ella la trajo a la mansión y ya dio el anuncio será la señora.

— No sé cómo alguien como ella se pudo fijar en él, ella es luz y él la más negra oscuridad. Si a esa joven le falta fuego, no hielo.

— Tú quieres morir joven.

El chófer era un joven de 25 años, que obviamente había mirado a Candy desde el momento que llegó. Claro que no tenía tanta información como la que Rose obtuvo. Mientras que para la mayoría de los empleados su jefa estaba solo de paso por su embarazo, Rose veía como su jefe cambiaba día a día, y también el parentesco que ella tenía con el señor Matt.

— Señora buenos días.

— Hola, gracias Miguel, ¿verdad?

— Si señora.

— Dime Candy.

La joven extendió su mano a modo de saludo y el hombre no dudó en tomarla, teniendo el atrevimiento de besarla, ella se sintió incómoda con tal gesto, retiro su mano y con disimulo se limpió el dorso con su vestido, subió al auto y guardó silencio. Miguel en cambio quería escuchar esa dulce voz. Este joven tenía de costumbre probar las mujeres que su jefe llevaba a los hoteles más costosos de la ciudad, buscaba la forma de convencerlas, desde decirles que él le hablaría a su jefe bien de ellas, hasta amenazarla con decirle a Amir que ellas se le habían ofrecido, cualquier cosa, porque Miguel sabía que su jefe nunca estaba más de una o como mucho dos veces con una misma mujer, por lo tanto ninguna se atrevía a acusarlo.

— ¿Cuántos años tienes Candy?

— 19. 

— ¿Y de que trabajas?

— No, yo no trabajo.

— A entiendo, ¿cómo conociste al señor Zabet?

— Yo... ya no lo recuerdo. 

El chófer vio que ella estaba incómoda, Candy tenía la cara carmesí, de la vergüenza y bajo su rostro apenada, recordando cómo se conoció con Amir. Miguel llevaba a su jefe cada vez que tenía sexo con alguna mujer al hotel Luxes , como también sabía que Amir jamás tuvo novia, por lo que pensó rápido y llego a la conclusión que su nueva jefa, debió de ser alguna de esas mujeres, y que como quedo embarazada él la llevo a su casa. Todo el mundo sabía que Amir odiaba a las mujeres y solo las usaba, nada más, por lo que el chófer estaba seguro que nada malo le pasaría si intentaba ligar con Candy.

— ¿Acaso el señor te compró?

— ¿Comprarme?

— Si, a decir verdad ustedes son demasiado diferentes, no entiendo que haces con él. 

— Estoy esperando a su hijo o hija.

— Entiendo, por un momento me engañaste, creí que eras una dulce chica, pero veo que fuiste lo suficientemente inteligente para atrapar al señor.

— ¿A qué te refieres?

— El embarazo, con eso te aseguraste de que él cargara contigo, ¿verdad? De todas formas no te culpo, hoy en día no eres nada si no tienes dinero, pero si te aburres de que te folle, me avisas hermosa, yo te puedo mostrar las estrellas, estoy seguro que un hombre tan frío como Amir no sabe tratarte con cariño. Además cuánto tardará en salir a buscar otras mujeres, él nunca está solo con una, así que si te sientes sola me avisas.

Candy estaba en silencio, Miguel le hacía dar dolor de estómago, él hablaba como Ben, y eso no le agradaba, los nervios aumentaban y su cabeza dolía.

Apenas se detuvieron en la casa de María ella bajo, sin esperar que él abriera la puerta, pero Miguel era rápido y la tomo del brazo con demasiada fuerza para su blanca piel.

— ¡Oye!, lo que hablamos no se lo digas a nadie, después de todo es tu culpa que te hablara así.

— ¿Mi culpa?

— Sí, con esa cara de pobrecita, ¿crees que no me doy cuenta que buscas seducirme? Solo eres otra puta más en la cama de Amir, otra caza fortuna. 

La soltó con la misma fuerza con la que la había tomado, provocando que se tambalea un poco, Candy bajo la cabeza y entró en la casa de María, donde pasó casi todo el día. 

— Mmm no sé qué te sucede has estado triste todo el día, ¿acaso Amir se porta mal contigo? Ayer se veían bien.

— Ya te lo dije María, no me sucede nada. Amir es muy bueno conmigo. 

— Entonces dime porque no quieres ir de compras. 

— No, hoy no, quizás la próxima vez. Ahora volveré con Amir, ya es tardé. 

— Bien pero vuelve a visitarme pronto.

— Si María, mándale saludos a Charly, dile que ya no estoy enojada.

Candy subió al auto, pretendía guardar silencio, pero mientras ella estuvo con María, Miguel se dedicó a hablar con los vecinos y descubrió que Candy había sido pareja de un tal Ben, quien era un conocido proxeneta. El joven creía que tenía muchas posibilidades de hundirse en Candy.

Sus ojos viajaban a las piernas de la joven, y Candy no sabía cómo acomodarse ante los ojos penetrantes de él, no tenía nada para cubrirse, además que él hacía movimiento bruscos con el auto, para desestabilizar a la joven, el movimiento de sus pechos lo estaban llevando por unas muy buenas fantasías. 

— Tienes unas piernas muy hermosas.

Candy no contestó. Solo quería hacerse pequeñita hasta el punto de desaparecer.

— Eres sumamente blanca, me pregunto si tus nalgas se enrojece cuando te follan por atrás. 

— Deja de hablarme así.

Su susurró apenas se escuchó sobre el ronroneo del motor, sus ojos estaban cristalinos, esas palabras la hacían sentir sucia.

— Vamos linda, ya sé que eres una prostituta, no quieras fingir, estoy seguro que antes que Amir te follara varios han de a ver pasado por tu cama. Porque no me muestras tus tetas, se ven tan grandes que mi pene endurece de solo verlos. Será nuestro secreto, dulzura.

Las cosas que Miguel le decía la hacían sentir mal, comenzó a marearse y las náuseas eran cada vez más fuertes, su cabeza le dolía como nunca. 

Cuando el auto se detuvo ella bajó corriendo, tanto era su apuro que chocó con Matt.

— ¡¿Candy que te pasa?!

— Nada, yo...yo no me siento bien.

Alcanzo a decir antes de comenzar a vomitar. Matt la sostuvo y recogió su cabello para que no se ensucie.

Esa imagen fue con la que se encontró Amir, apenas bajo de su Ferrari.

— ¡¿Candy, Que paso?!

— Nada, nada.

Y fue la primera vez que Amir vio rastros de mentiras en sus ojos. Eso lo desestabilizó, él apostaba todo a que Candy no le mentiría jamás, la tomo de la mano y la dirigió a su habitación. 

— ¡Ven conmigo!

— ¡Hey!  ¡Ten cuidado idiota!

— Lo tengo Matt, mejor ocúpate de tus cosas.

— ¡Mi hermana es de lo único que tengo que ocuparme!

— ¡Tú hermana ahora es mi mujer! ¡Entiéndelo de una puta vez!

— ¡Me importa un carajo, si la lastimas te mataré sin dudarlo!

Miguel quien se encontraba aún ahí, no entendía que era lo que pasaba, ¡¿como que ella era hermana de Matt Ángel?!, el chófer hacía 5 años que trabajaba en aquel lugar, y sabía muy bien quién era él, un sudor frío le corrió por la espalda. ¿Acaso la gente de ese edificio le mintió? ¿Se abrían confundido? No, quizás era algún tipo de código que usaban estos tipos cuando compartían a una mujer, trato de convencerse el mismo, pero aun así estaba muy nervioso. 

“¡¿Que mierda hice?! Por favor que sea solo un juego de palabras de ellos.”

Candy estaba nerviosa, ella no tenía idea de que tan en serio hablaba su hermano, pero si podía ver oscuridad en sus ojos cuando lo decía. 

— Matt, no pasa nada, yo quiero ir con Amir.

— Él no te puede hablas así Candy.

— Todo está bien Matt.

Él hombre miró a su hermana y notó que sus ojos estaban cristalinos, ella estaba punto de llorar, recordó lo que el doctor dijo, Candy debía estar tranquila.

— Está bien Candy, te dije que sería como tú quieras y así será.

Amir no espero que él terminara de hablar y subieron a la habitación. 

Cuando ella entró el portazo que dio Amir la hizo pegar un saltó. 

— ¡Dime que pasó!

— Nada solo me sentí mal...

— ¡Mírame a los ojos!

Ella levantó la cabeza y lo miró con tristeza. 

Amir respiro hondo para calmarse. Se juró que jamás la lastimaría y pensaba cumplir esa promesa.

— Candy, no estoy enojado, solo... quiero que me digas que pasa no me gusta que me mientan. Menos tú. No lo hagas, mi madre mentía siempre, odio las mentiras.

— ¿Soy una prostituta?

— ¡¿Que?!

Amir no se esperaba esa pregunta, y lo tomó desprevenido. 

— Me compraste, pagaste por mi esa noche... soy una prostituta, ¿verdad?

Amir no sabía que responderle, verla de esa forma, con lágrimas cayendo en silencio por su rostro, no lo soportaba, por lo que fue y la abrazó, mientras acariciaba su espalda.

— No, no lo eres, page por tú libertad, eres libre.... de irte o quedarte. Solo eso.

— No quiero irme Amir, yo... quiero estar con mi hija... y contigo. 

“Ella quiere estar contigo, no solo por el bebé. ¡Deja de ser tan inseguro!”

Desde que Candy está con Amir, este hombre a experimentado una serie de sentimientos, que lo llevan a comportarse de una forma muy diferente a lo que es... o era. No solo la frialdad fue sustituida por amor, sino que la seguridad que tenía en todo, ahora tambaleaba y lo hacía sentir inseguro, tenía miedo de perder a Candy, que ella aceptara irse de su vida, que Matt la convenciera.

— Entonces dime... ¿te quieres casar conmigo?

Candy retrocedió dos pasos y lo miró sorprendida.

— ¿Era cierto lo que le decías a Matt? Tú. .. ¿Te quieres casar conmigo?

— Claro que sí, no solo por Matt, también por mi hijo.

Amir no estaba listo para abrir su corazón, y no se daba cuenta que esas palabras lastiman a Candy. Ella seguía pensando que todo lo que Amir hacía era por su hijo y no porque sintiera algo por ella.

— Lo entiendo.

— Oye y ahora ¿qué sucede?

Cuando ella bajó su cabeza Amir le tomó la mano para jalar de ella, pero quedó con la intención solamente, y es que cuando el brazo de Candy quedó extendiendo él vio un pequeño moretón, entonces con cuidado agarro su codo y observo con detenimiento todo el contorno del Delgado brazo, para darse cuenta que del otro lado habían cuatro pequeños moretones más. 

— ¿Qué es esto Candy?

— Yo.. No hice nada, lo juro Amir, solo conteste sus preguntas y él dijo que yo lo estaba seduciendo...

— ¿Quien?

— Miguel.

Amir guardó silencio, y trató de sonar calmado al ver que ella cubría con su otra mano su barriga.

“Cálmate, respira, ella tiene miedo, piensa en tú hijo, piensa en ella.”

— Ven, siéntate, dime que paso, no importa que sea, solo... no me mientas nunca.

— No quiero que te enfades conmigo, no saldré más, lo prometo, me quedaré en el cuarto...

— Candy, solo me enfado cuando me mienten.

Ella se quedó unos segundo en silencio, y él trataba de sacar calma de donde no la tenía. 

— Me pregunto mi edad, y si trabajaba, yo le contesté que 19 y que no. Luego me pregunto dónde nos conocimos y no supe que decir, así que mentí, dije que no recordaba, me daba vergüenza decir... tú ya sabes.

A medida que Candy hablaba sus manos se cerraban en puños y sus cejas se juntaban con enfado, el hombre empezó atar cabos.

— ¿Él te preguntó si te compré?

— ... Sí, yo le dije que no, que estábamos juntos porque estoy esperando tu hijo y él...dijo que se equivocó conmigo, que pensó que era buena, pero que en realidad había sabido atraparte y que si tú eras muy frío que lo podía buscar a él... o cuando te vayas con las otras mujeres.

A la pobre muchacha se le comenzó a dificultar hablar entre el sollozo que comenzaba a salir de sus labio entre cada palabra, mientras la sangre de Amir hervía a fuego lento, estaba a punto de explotar.

— Yo ya no quería hablar con él y cuando frenó baje rápido pero me agarró y dijo que no podía decir nada, que era mi culpa por seducirlo, pero te juro, te juro por mi mamá Amir que yo solo contesté a sus preguntas, nada más. 

La mente de Amir comenzó a pensar en todo, él sabía muy bien que pasaba con Candy.

“Eres demasiado inocente, y eso es lo que vuelve locos a los hombre, ay Candy, acaso tendré que encerrarte para que nadie te vea?”

— Tranquila, no llores te hace mal y le harás daño al bebé. 

— Es que... me hizo dar ganas de vomitar después. 

— ¿Después?

Ahora sí Amir estaba sorprendido, quería saber que más había dicho el chófer.

— Cuando regresamos, las cosas que dijo...

— ¿Que más dijo? dime, quiero saber todo.

Amir estaba a punto de explotar, no solo por la osadía de su empleado, sino que él no soportaba ver a Candy así, le dolía incluso más que a ella.

— Cuando veníamos de regreso dijo que ya sabía que era una prostituta, que.... Era muy blanca y se preguntaba se mi piel se ponía roja cuando... me fallaban por atrás y... que le mostrara mis tetas que... su pene se ponía duro de solo ver———

Candy no terminó de hablar, salió disparada al baño a vomitar, eso era todo Amir no pudo aguantar más su máscara, aunque una parte de él estaba feliz de que ella reaccionara con asco cuando otro hombre la miraba, no iba a dejar pasar tal insulto y salió de la habitación, en busca de Matt, aunque se moría por ir a ver como estaba Candy. 

— Ven conmigo.

— ¿Que sucede?

— Reúne a todos los empleados, los quiero en el patio.

— ¿Me viste cara de sirviente, o crees que soy tan sumiso como mi hermana?

— Aprenderán a respetar a Candy. 

Amir no dijo nada más y Matt empezó a hacer lo que le pidió, algo pasó con su hermana y quería saber qué.

Amir respiro tres bocanadas de aire y aun así no se podía controlar, hasta que escuchó la voz de Candy.

— Amir.

Corrió de inmediato a su lado.

— Qué sucede, Te sientes mal?

— ¿Estás enojado conmigo?

— No, contigo no, creo que nunca me podría enojar contigo belleza, hazme un favor prepara la tina.

Candy lo miro y asintió, aún con cara de tristeza.

Él salió al patio donde los 20 empleados estaban reunidos, absolutamente todos tanto el jardinero, seguridad, limpieza, cocinera y obviamente el chófer se preguntaban qué pasaba.

— Creo que no quedó claro lo que les dije hace unos días, por lo que lo repetiré una vez más, la mujer que está en esta casa se llama Candy Ángel, es la hermana menor de Matt, yo sé que saben quién es él y a que se dedica.

Los empleados de Amir tenían firmados contratos de confidencialidad, eran personas bien preparadas y cobraban fortunas por su trabajo, pero también estaban sujetos a lo que al señor Zabet se le diera la gana hacer, bueno o malo, ellos sabían muchas cosas, como también sabían que si algún día abrían la boca, estarían muertos, al igual que sus familias. 

— Ella será mi esposa, lleva mi hijo en su vientre, ¡¿lo entienden?!

— ¡Si señor!

— Bien ahora... Miguel, ven aquí. 

Al hombre no solo le temblaban las piernas, a él le temblaba el alma, mientras Amir lo miraba como una mosca a punto de ser aplastada.

— ¿Se—señor?

— Dime que te hace pensar que mi futura esposa es una prostituta.

Los ojos de Matt se posaron sobre él, y el océano azul que tiene por ojos se transformó en glaciales. 

Mientras los demás empleados murmuraban que clase de blasfemia había dicho el chófer.

— Yo... no... Fue un mal entendido... la señora no me entendió bien.

— ¿Ahora la tratas de tonta? Verás, mi hermana es una persona dulce, y muy sensible, y tu ¡¿osas a llamarla de ese modo?!

Matt avanzó pero Amir lo detuvo, y es que vio que Candy había salido al patio, ella al verlos todos reunidos se acercó. 

Miro a Matt y supo de inmediato que algo pasaba.

— Hermano, ¿qué sucede?

— Candy, ve adentro.

Ella vio que todos los empleados estaban en una fila, y que enfrente estaba Amir y su hermano pero también observó que el chófer esta en medio.

— ¿Amir?

— Dime Candy, con qué mano te sujetó este animal.

— ¡¿Tocaste a mi hermanita?!

La sonrisa que se dibujó en la cara de Matt era tan sádica que no solo Miguel se asustó. Los demás empleados se preguntaban que sería capaz de hacer aquel hombre, si ya una vez tuvieron que limpiar la sangre que esparció por la mansión porque un hombre se había burlado de su apodo.

— No solo la tocó, el perro dejó su hermosa piel marcada.

Matt sacó su arma y apuntó la cabeza del hombre.

— ¡MATT!

Candy avanzó hasta donde él se encontraba y le sujetó el brazo.

— Vuelve a dentro, no debes ver esto, no es bueno para tus bellos ojos.

— ¡¿Qué vas a hacer?!

— Voy a matar a esta basura.

Lo dijo del mismo modo que alguien habla del clima. 

— ¡¿Matt, que dices?! Baja eso.

— ¿Me pides misericordia para esta basura? Mira tú brazo, ¿cómo podría permitir tal cosa?

— Por favor Matt, no es nada, ¡¿aso mi brazo vale más que una vida?!

— ¿Cómo puedes decir eso? Él no solo te apretó el brazo, ¿quieres que le diga a Matt las cosas que te dijo?

— Amir, ¡no!

— ¡¿Que dijo?!

— Perdóneme señor, yo estuve mal, no volverá a pasar, ¡perdóneme!

El chófer se arrodilló mientras lloraba y suplicaba. Y cometió otro error, levanto su mano en dirección a su jefe, pidiendo protección, pero Amir le tomó la mano y se la rompió de un solo movimiento.

El grito de Miguel le erizo la piel a más de una persona. 

— ¡Basta! Amir ¡detente!

— ¿Porque lo defiendes? Él te faltó el respeto, y debe pagar, así todos aprenderán a respetarte.

— ¡Porque se lo que es vivir con miedo! sin saber que te sucederá si te equivocas o cuanto dolerá tu castigo, yo no quiero que me tengan miedo. ¡Yo no soy así!

Y fue en ese momento en el que Candy los miro con miedo, vio como sus miradas estaban oscurecidas por la furia, su único hermano, y el hombre que ella amaba, cambiaron tanto en segundos que le costaba reconocerlos.

Dio media vuelta y fue corriendo al interior de la casa. Ya no soportaba verlos así.

— ¿Ven lo que les digo?, mi hermana es una mujer dulce y sensible, un dulce Ángel, todo lo opuesto a mí, ella es la luz de mis ojos, no lo olviden nunca. Y tú, deberías besar el suelo que ella pisa, te acaba de salvar la Vida.

— No hables por mi Matt, yo aún no estoy seguro de permitirle seguir respirando, después de todo, hizo llorar a mi prometida.

— Amir, Candy se enfadara si lo matas, y eso no es bueno, no para mi sobrino, recuerda tiene que estar tranquila. 

Amir notó como Matt cambiaba su voz cuando pronunció a SU SOBRINO, y se dio cuenta que ese ser que aún no nacía, ya había domado al Ángel de la muerte.

— Ustedes vuelvan a su trabajo y tú considera el hecho que le debes la vida a Candy, pero un comentario más fuera de lugar, una mirada que la haga sentir incómoda y eres hombre muerto. 

Amir decidió que era hora de hablar con Candy, fue a su recámara y la encontró acostada hecha un bollo.

— ¿Te duele algo?

— Si.

El hombre se apresuró a ir a su lado, le retiro el cabello que tenía sobre el rostro y observo que estaba llorando.

— Que, ¿qué te duele? Llamare al médico....

— Me duele el corazón, cómo pudiste...

— ¿Que? ¡¿Defenderte?!

— Romper sus huesos... y quedarte como si nada.

— Él merecía más que eso. Te hizo sentir mal, ahora ven, vamos necesitas un baño para relajarte. 

Candy lo siguió obediente.

Amir se encargó de desvestirla, ella permanecía con la cabeza gacha y eso a él no le gustaba. 

Cuando ambos entraron en la tina, y mientras él le pasaba la esponja por la espalda, le preguntó. 

— ¿Que te sucede?

— No... no quiero tenerte miedo, no me gusta sentirme así. 

— Tú no tienes que temerme, jamás te lastimaría.

— No lo sabes, Matt juró que jamás me dejaría y tardó 15 años en acordarse de mí, y ¿si un día te enfadas conmigo?

— No Candy, yo jamás te lastimaría de ese modo, siento haberte asustado. 

Y para reconfortarla él le dio un beso en el cuello, y ella rio. 

— ¿Tienes cosquillas? Pero anoche no te reías cuando te besaba.

Las orejas de la joven se tornaron color carmesí ante el recuerdo.

— Y tú, ¿tienes cosquillas?

— No, claro que no.

— No te creó.

— Prueba y verás. 

Ella se dio vuelta para quedar en frente de él por lo que Amir se corrió un poco para permitirle que pase sus piernas y así quedar atrapado en esa especie de candado que las piernas de Candy formaron, ella comenzó dándole besos en el cuello, pero Amir no reía, en cambio sus ojos comenzaban a oscurecerse y su pene a reclamar atención. 

“ ¡Ella realmente no sabe lo que hace! dulce Candy, tú inocencia es tu mejor poder de seducción, creo que no debería dejarte salir sola de nuevo, o terminare matando a cualquier hombre que se atreva a mirarte.”

Ella al ver que Amir se mantenía inmóvil, optó por usar sus manos y comenzó a darle pequeños toques, pero todo lo que encontraba era un pecho duro al igual que sus costillas, los músculos de Amir no le permitían encontrar ningún lugar donde ella pudiera hacer presión, se le ocurrió que podría intentar con su oreja, por lo que se le fue encima y paso su lengua por ella provocando que Amir enloqueciera.

Tomo las muñecas de la joven y esta lo miro con los ojos muy abiertos, creyendo que se había enojado.

Amir miró esos ojos verdes como esmeraldas, mientras dirigía las manos de la joven a su pene, ella no opuso resistencia alguna, y a medida que sus manos bajaban tocando el cuerpo de él, sus ojos se iban cerrando de puro deseo.

— Prueba aquí, quizás tenga cosquillas.

Le dijo con voz ronca. Mientras las mejillas de ella se tenían de rojo.

— No creo que tengas cosquillas, es muy duro como para que sientas algo.

Dijo mientras se sonrojaba aún más. 

— Créeme, es un lugar sumamente sensible. 

Candy se entretuvo tocando, jalando y apretando, a ella esto le divertía y le producía placer pero no entendía porque, ella miraba cada gesto que Amir hacía, y sentía calor cada vez que el dejaba escapar un gemido, él la detuvo de pronto.

— Tus ojos brillan, ¿dime porque?

— Me gusta tocarte, me hace sentir rara ver tu rostro así. 

— ¿Rara? Como (pregunto él mientras sonreía)

— Me da calor, y siento cosquillas aquí. 

Ella con una cara Angélica y sumamente inocente, tomó la mano de Amir y la dirigió a su vagina. 

“Esta mujer me matará de deseo.”

Amir no perdió tiempo, e introdujo un dedo el cual comenzó a girar apenas ella gimió.

Cuando noto que ella estaba por dejarse ir lo sacó y eso produjo que Candy lo mirara enojada. Él comenzó a reír ante ese rostro.

— ¿Porque te ríes?

— Porque no puedes esperar por mí. 

Ella estaba confundida pero de pronto y antes que pudiera decir cualquier cosa él la penetró, la sensación de su vagina apretando su pene lo extasiaba.

— Eres mi Candy, nunca te dejaré ir, ¿lo entiendes?

— Soy tuya Amir, solo tuya, nunca me apartes de tu lado.

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