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VII

Cuando bajaron a cenar, Candy vio a una mujer muy hermosa, al lado de su hermano, tenía la tez blanca, ojos negros, eran muy llamativos, jamás había visto tal mirada, era como una noche sin estrellas ni luna , una melena sumamente larga lacia y negra, pero lo que llamó la atención de ella no fue su belleza, fue la forma en la que Matt la miraba, el azul de los ojos de su hermano parecían un mar agitado, pero cuando la joven peli negra lo miraba, la mirada de Matt parecía un lago en calma.

“Sus ojos brillan mucho, ¿acaso yo me veo así cuando miró a Amir?”

Y ante su propia pregunta, ella miró al hombre que la llevaba de su mano.

— ¿Que sucede?

Amir sin darse cuenta había creado una conexión con Candy, él sabía cuándo ella quería preguntarte algo o cuando lo miraba solo por hacerlo, de más está decir que a él le encantaba como Candy siempre lo miraba.

— Mis ojos, ¿son como los de Matt?

— No, los tuyos son hermosos, parecen un par de jades o esmeraldas, brillando con luz propio, los de Matt son azules, carente de sentimientos. 

Candy se dio cuenta que la voz de Amir sonó muy suave cuando describió su mirada, sin embargo cuando habló de Matt su voz sonó monótona.

— Gracias, pero me refiero... ¿brillan como los de él, ahora?

— No lo sé Candy, no quiero mirar sus ojos, eso sería raro, solo los tuyos, me cautivan y atrapan.

Y acto seguido este hombre musculoso, alto y sumamente serio depósito un beso en los labios carnosos de ella, la boca de la joven se había convertido en su mejor alimento, la necesitaba, era la miel que endulzaba su existencia.

Matt aclaró su garganta, ante aquella imagen, no era por maldad, solo era vergüenza de ver una escena que trasmitía tanto amor, jamás en todos los años que conocía a Amir lo había visto actuar de esa manera, y eso lo preocupaba, dicen que mientras más se ama, más se odia. 

“Hermana no te enamores de él, Amir solo te hará sufrir, el odio que le tiene a las mujeres al final será tu perdición y no me quedará más remedio que matarlo.”

Matt no olvidaba la promesa que se había hecho, él mataría a todos los que lastimaron a su hermana o lo intentarán en el futuro. 

— Hermana, ven te presento, ella es Melody, mi asistente y amiga

— Hola Melody.

— Increíble, eres tan hermosa como Matt me dijo, es un placer conocerte al fin Candy. 

La risa de Candy sonó como el canto del ave más hermosa, y eso a Amir no dejaba de maravillarlo, si fuera por él grabaría aquel sonido y lo escucharía a cada momento, ya que era raro que ella riera de esa forma. 

Todos tomaron asiento y comenzaron a disfrutar de una cena que se veía deliciosa.

— Candy dime, ¿tienes amigos?

— Sí, tengo a María y Charly.

La cara de Amir cambió un poco ante la mención de su asistente, se estaba convirtiendo en un dolor de cabeza, tratar de ocultar sus celos.

— Entonces has ido a bailar y tomar unos tragos ¿verdad? Porque me gustaría que saliéramos a divertirnos un poco. 

Melody tenía toda la intención de llevarse bien con Candy, después de todo ella estaba enamorada de su jefe y la joven le parecía de lo más tierna.

— No, nunca salí a bailar, y jamás bebí alcohol.

— ¿Qué edad tienes? 

— 19 ¿y tú?

— 24, ahora entiendo eras muy pequeña para salir a bailar.

Mel como le decía Matt, no sabía la clase de vida que llevaba Candy, pero Matt se encargaría de ponerla al corriente, después de todo él le pidió que viniera para que lo ayudara a encontrar a Ben, Melody era su mano derecha después de todo, una asesina casi tan buena como él. 

— Pero ya no soy pequeña, soy una mujer que merece ser feliz.

— Claro que lo mereces hermana. 

— María me lo dice siempre, dice que debo empezar a disfrutar la vida que merezco ser feliz. 

Amir comenzó a pensar, todo lo que su futura esposa había sufrido, y de todo lo que se le había privado.

“No, no seguirás viviendo con miedo, me asegurare de que vivas mejor que nadie, yo te mostraré el mundo y te enseñaré a ponerlo a tus pies, lo juro.”

Matt se dio cuenta que su amigo estaba pensando en algo importante, y supuso que su hermana tenía algo que ver, ya que sus ojos brillaban mirándola.

— Con el embarazo no es conveniente que hagas esas cosas hermana.

— Pero podemos salir a cenar y escuchar buena música, que dices Candy?

— En verdad Amir, ¿saldría conmigo?

— Por supuesto, que todos vean lo hermosa que eres, que todos vean que tan importante eres.

— Melody, Matt ¿quieren salir con nosotros?

La cara de Candy era la misma que tiene un niño en la mañana de navidad, a Matt no le quedó otra cosa más que decirle que sí, él sabía que corría peligro saliendo de una manera así, sin planificación alguna, y es que cuando llevas una vida como la de Matt, tienes enemigos en todas partes, aunque también sabía que no debía preocuparse de más, Melody estaba a su lado, y cuando ella estaba él se sentía capaz de dominar el mundo.

— Sabes Melody, podrías venir mañana y enseñarle a maquillarse a Candy, mi hermana es hermosa, pero me gustaría ver que tanto cambia con el maquillaje.

Lo que en realidad quería Matt, era que Amir viera que tan hermosa podía ser Candy, y que él jamás debería dar por sentado que solo él vería su belleza.

— Claro Matt, ¿a qué hora estas libre Candy?

— Deberá ser a la tarde, mañana empieza con sus estudios. 

— Claro Amir, en la tarde vendré, pero la pregunta se la hice a Candy.

— No tiene nada de malo que el conteste por mí. 

— No, pero soy un poco feminista, no me gusta ver a los machos Alphas hablar por nosotras.

A Candy le causó gracia la cara de su hermano, y comenzó a reír, y de ese momento todo fue más fácil.

La cena pasó entre risas, contando anécdotas sencillas de lo que fue el colegio de estos hombres, ya que ninguno de los dos estaba dispuesto a hablar de lo que en verdad era bueno Matt, por lo menos no por ahora.

— ¿Donde esta Candy?

— Fue a recostarse, estaba cansada.

— En ese caso creo que lo mejor es que nos marchemos. 

Melody se despidió y salió rumbo al auto, mientras los hombres permanecieron un tiempo más en la sala.

— ¿Hasta cuándo estarás enojado?

— No lo sé Amir, supongo... que hasta que mi hermana tome una decisión.

— ¿A qué te refieres? Ella ya tomó una decisión.

— Ella solo decidió tener a su hijo, y no piensa apartarlo de ti y mucho menos dejarlo, pero eso no quiere decir que te eligiera a ti, no lo olvides, ella es una Ángel, nadie nos obliga a hacer nada.

— Que tarde te acordaste que ella es tu hermana...

Amir no termino de hablar cuando Matt lo tomó del saco.

— ¡Y tú que buen momento escogiste para violar a una mujer!

— Que...

— ¿Creíste que nunca lo sabría? Estoy investigando todo. Dime ¿qué pasó esa noche? ¿Acaso ella se arrepintió a último momento y ya no pudiste de tenerte? ¿Qué te llevo a lastimarla de esa forma? O mejor dime, cuando ella tenga confianza y su autoestima mejore, que pesara más, que yo la haya dejado 15 años, o que tú la hayas violado. ¿Crees que te perdonará?

Matt lo liberó y salió sin esperar respuesta, conocía a su amigo y sabía que lo había dejado mudo.

Amir fue al salón, y después de mucho tiempo bebió una copa, y luego otra, no se dio cuenta el tiempo que pasó, solo se perdió en el recuerdo de esa noche y como ella suplicaba que parase.

Cuando entro en la habitación Candy dormía, estaba destapada, y su camisolín se había subido a la mitad de su muslo, dejando al descubierto sus blancas y suaves piernas.

Él con la mano temblorosa recorrió aquella pierna, y ella despertó. 

— Amir, ¿Que sucede?

— Me odias ¿verdad?

— ¿Que?

La joven se restregó los ojos y se sentó en la cama, para tratar de entender de qué hablaba.

— Debes odiarme por lo que te hice, tú solo estás aceptando lo que sucede, como has hecho siempre, aceptar la vida que tienes, por miedo.

— No fue tú culpa lo que pasó esa noche... Ben me lo advirtió, me dijo que debía salir apenas te fueras a bañar y yo...olvide mi ropa en el baño, no quería molestarte, luego me quedé dormida, cuando no debía, fue mi culpa que te enojara.

— No Candy, no fue eso... yo... quería lastimarte, pensé que tu inocencia era fingida... no merezco tu perdón, ni el de mi hijo.

Candy no entendía bien, a que se debía todo aquello, ella no sabía de la discusión de Matt y Amir, como tampoco sabía que a este hombre le aterraba perderla, porque ya se le había metido debajo de la piel, Amir ya había dejado su corazón al descubierto y Candy se había adueñado completamente de él.

— Tranquilo Amir, eso ya no importa.

— Importa para mí, te busque antes de saber que podrías estar embarazada... necesitaba pedirte perdón.

— Yo no soy nadie para condenar, yo no soy Dios. No tengo nada que perdonarte.

Candy guardó silencio cuando sintió el olor del hombre, se había acercado con la intención de abrazarlo, pero no pudo.

— ¿Qué sucede?

— Estabas bebiendo.

No fue una pregunta, ella lo dijo con un lamento.

— Si, necesitaba sacar este sentimiento de culpa.

— Las esperanzas que me das, no me las dio más nadie, deja que se yo quien te alivie, como tú lo haces conmigo. Pero... por favor no bebas más, ese olor me trae recuerdos que duelen demasiado. 

Ella comenzó a acariciarlo y lo recostó a su lado, él apoyó la cabeza entre los pechos de la joven y dejó que ella lo reconfortara, como si de un niño se tratara. De pronto la voz de Candy lleno la habitación, ella cantaba una nana, y su voz era muy tierna.

— ¿Qué haces?

— Los hago dormir.

— ¿A quiénes?

— A ti y nuestro bebé. 

Él pasó la mano sobre el vientre de su futura esposa, y sintió cuando su hijo se movía. 

— Candy...

— ¿Lo sientes Amir? Se despertó, estoy segura que escucho tú voz. Sabe quién eres y sabe que siempre lo cuidarás y amaras.

Él hombre ya no sentía miedo ni ansiedad, él solo sentía un calor que se esparcía por todo su ser, por primera vez en muchos años, Amir sentía lo que era ser feliz.

“ ¡Mi hijo!, me pregunto si tendrá un carácter fuerte como el mío o dócil como su madre. 

Y así, aferrado a la cintura de su futura esposa Amir calló en un sueño, llenos de esperanzas.

(...)

No le gustó irse en la mañana y dejarla sola, pero debía trabajar, Candy lo llamó un par de veces para decirle cómo estaba todo con sus estudios y eso le gustó, ella era considerada, si bien no le preguntaba cómo estaban los negocios, porque no entendía, si le preguntaba cómo se sentía, si había desayunado y le pedía que no bebiera, eso le gustaba, saber que alguien se preocupaba realmente por él.

Charly ingresó a su oficina y lo encontró sonriendo le a la nada.

— Amir, tienes que firmar esto.

— Sabes desde el día que dijiste mi nombre en tu casa, no has vuelto a llamarme señor.

— ¿Eso te molesta?

— No, raro ¿verdad? Pero me gustaría saber el porqué.

— Candy, es por ella, no quiero que piense que te temo o que eres mi dueño, quiero estar a la altura de lo que se merece.

— ¿Y eso como para qué?

— Para cuando la dejes libre, sé que tú no la amas...

— No sabes nada Charly, mejor... nada solo sigue con tu trabajo. 

(...)

Candy terminó sus clases, y el horario del almuerzo lo pasó con las empleadas, las cuales no podían creer que la joven las invitara a sentarse con ella en el comedor, y es que a Candy no le gustaba co.er sola, Rose llamo a su jefe, para evitar cualquier problema, pero Amir solo dijo, lo que la señora quiera, ustedes lo hacen, y así fue, luego se retiró a su habitación, donde pasó unas cuantas horas dibujando, algo que le encantaba.

— Señora, la señorita Melody está aquí. 

— Ella ¿puede venir aquí? A mi cuarto. 

— Señora, es usted la que da las órdenes, nosotros solo la obedecemos no debe preguntarnos. 

— No quiero causar problemas.

— Usted no causa problemas, es muy piadosa y buena, ayer salvo la vida de Miguel, aunque no lo mereciera, jamás creí ver algo semejante, cualquiera en su lugar hubiera dejado que el señor Amir o el señor Matt lo mate.

— No está bien lo que hizo Matt, ni Amir, es verdad que Miguel me hizo sentir mal, pero no está bien lastimar de esa forma a las personas.

— Señora, usted no se preocupe por esas cosas. Ahora le diré a la señorita Melody que venga.

La muchacha pasó horas hablando con Melody mientras le enseñaba a maquillarse.

— Te vez más hermosa si eso es posible.

— Gracias Mel, ellos ya están esperando ¿verdad?

— Si, están abajo, Matt me escribió hace 10 minutos.

— ¿Le dirías a Matt que venga?

— Claro.

Melody salió en busca de su amor prohibido, ella no sabía que su jefe también la amaba, para este par de asesinos, hablar de amor era casi un tabú. Per Candy pensaba como ayudarla, ella podría no saber leer bien, o sumar, pero se dio cuenta desde un principio que esa mujer amaba a su hermano y por como Matt la veía, sabía que no le era indiferente. 

— Que sucede Can——— dy...  ¡esta hermosa!

Ella reía ante la cara de asombro de Matt, le gustaba estar cerca de él, como antes, cuando eran niños.

— Falta algo y me preguntaba... ¿me peinarías Matt? Como cuando éramos niños.

Los ojos de este asesino se nublaron ante las lágrimas que amenazaban por salir, mientras un nudo ocupaba su garganta.

Ante él había una mujer embarazada de 4 meses, muy hermosa, pero por un momento no la vio así, por unos segundos frente a él vio a una niña de 5 años, vestida con su vestido rosa favorito y unos zapatos blancos gastados, pidiéndole que la peinara una vez más, antes de que él se fuera a Europa. 

— Mi dulce Ángel, te peinare las veces que quieras, todos los días si así lo decides.

Candy estaba tan feliz de ver como su hermano hacía esos dos rodetes en su cabeza, dejando el resto del pelo suelto. 

Cualquier persona que viera esto no lo creería, ¡el Ángel de la muerte peinando a su hermana! Si más que un asesino en este momento parecía un estilista.

Candy tenía a sus pies a dos hombres sumamente importantes.

Matt, un asesino despiadado cuando la situación lo requería y Amir un hombre con tanto poder como para hacer vivir en la miseria a cualquiera que lo molestara.

Claro que ella desconocía esto, para Candy era su hermano un hombre tierno y dulce, y Amir, el hombre que ella amaba y nunca mentía.

— Verdad que me parezco a sailor Moon.

— Candy aún sueñas con ser una sailor scout?

— Solo soñaba con que tú me peinaras una vez más y hoy cumplí ese sueño.

— Hey, porque lloras pequeña. 

Matt abrazo a su hermana y después de 15 años, sintió que su corazón latía de la misma forma que cuando era niño, estar de esta forma con ella, lo hacía sentir humano.

— Porque ya no me siento sola, porque por fin después de tanto pedir, te tengo a mi lado, porque te extrañé demasiado.

Matt dejó que la joven llorara en silencio, le falló tantas veces, que ahora no importaba que fuera, lo que Candy necesitara, él sería cualquier cosa para ella, su estilista, su pañuelo, todo. Luego que se tranquilizó, decidieron bajar, Matt por fin sentía que había hecho las paces con su hermana y sabía que eso en parte se lo debía a Melody.

Cuando Amir vio a su prometida no lo podía creer, el vestido gris claro cortó de tiras que llevaba dejaba ver cuánto habían crecido sus pechos, y de una forma muy delicada también marcaba como crecía su hijo, el peinado raro que Lucía, no la hacía parecer una niña, sino una reina y su maquillaje suave y nada vulgar resaltaba tanto sus labios como los ojos color esmeralda.

Él simplemente no se pudo contener y caminó la distancia que lo alejaba de sus labios, y de forma efusiva la besó, a ella le comenzaron a temblar las piernas y sus brazos buscaron el agarre del cuello de Amir.

— Estas ... radiante.

La tenía tan pegada a su cuerpo que sintió la patada que su hijo dio.

La cara de Candy se iluminó.

— Te lo dije, sabe quién eres.

— ¿Qué sucede?

— Que mi hijo ya patea cada vez, que me escucha, Candy dice que es porque sabe que soy su padre.

Sin decir nada Matt aparto de una forma nada gentil a Amir, se arrodilló y apoyo sus manos en el vientre de ella y le habló. 

— Pequeño soy tu único tío, y quien más te va a consentir. 

— Creo que tú sobrino quiere saber si también tendrá una tía. 

Matt se levantó y miró a su hermana con curiosidad, los ojos de esta delataban su picardía.

“ ¿En qué piensas, Candy?, ese brillo pícaro lo conozco, sigues siendo una traviesa.”

— No Candy, no creo poder conseguir una tía para Mateo 

— ¡¿Que?! Sueñas Matt, mi hijo se llamará Kerim.

— Disculpen pero les diré dos cosa

1) estoy segura por la cara de Candy que ninguno de los dos le ha preguntado si ella pensó algún nombre y 

2) ¿ya saben que es un niño? Estoy segura que será una niña y será hermosa como su mamá. Ven Candy, yo seré tu maestra en tu asignatura más importante 

— ¿Cual Melody?

— Te enseñaré cómo manejar a los hombres.

Amir y Matt miraban sorprendidos a Melody, quien se llevó a Candy a la limusina. 

— Tu asistente ya no me agrada en lo más mínimo.

— Lastima, quizás sea la tía que quiere Mateo.

— ¡Que no se llamara Mateo!

— Eso lo decidirá mi hermana.

Matt tenía un nuevo hobby, molestar a Amir y se le daba de maravilla. 

Cuando llegaron al restaurante Candy no podía creer lo que veía, como podía haber tanto lujo en un lugar tan pequeño, claro que ella no sabía que era asidero chico el ligar porque solo se aceptaba la entrada de personas ricas, influyentes y con poder, y es que en aquel pequeño restaurante estaba la gente más importante de la ciudad, pero sobre todo le llamo la atención como todos se acercaban a saludar a Amir y a su hermano. 

— ¿Qué quieres cenar Candy?

— ¿Pasta? 

— Bien pasta será.

Cuando ellos llegaron todo el lugar explotó y mucha gente trató de llegar una vez que fueron avisados de que Amir Zabet y Matt Ángel estaban en aquel sitio. Pero pronto los hombres perdieron el interés de negociar con ellos y comenzaron a mirar a las mujeres que los acompañaban, ambas pálidas con rostros angelicales, sus cabelleras contrastaban entre ellas una tan amarilla como el sol y la otra tan oscura como la noche, mientras que los ojos de la joven rubia parecían esmeraldas, los de la cabellera negra eran iguales al ónix, los hombres no podían despegar los ojos de esas mujeres.

No parecían mujeres de este mundo.

La cena transcurría de maravilla, el tiempo del postre llegó y la joven embarazada dio riendas sueltas a su antojo y pidió una gran copa de helado, sus ojos brillaban cuando vio semejante manjar decorado con crema y una cereza, Amir se perdía en esa imagen.

“¿Tan feliz te pone algo tan simple? Me gustaría poder estar seguro que nunca me dejaras y así poder confiar en ti y en lo que siento.”

Los pensamientos de Amir se debían pura y exclusivamente a los celos, más de uno de los hombres presentes, codiciaban su empresa, pero lo que más le molestaba es que miraban aún con más intensidad a su prometida, si, Candy era como un diamante único para estos hombres, la deseaba y eso se notaba en como la miraban.

En ese momento una mujer bastante voluptuosa se acercó, Candy la miraba hipnotizada, su cabello rojo le llamaba mucho la atención, lo que nunca espero fue que ella pusiera sus manos sobre los hombros de Amir. Eso la hizo sentir incómoda, triste y molesta.

— Hola cariño.

La mesa quedó sumida en silencio mortecino, mientras Matt miraba cada gesto de Candy. 

— Claudia, yo no soy tú "cariño".

— Huy que humor, no me presentas a tus amigos.

— Melody, Candy, Matt ella es Claudia la diseñadora de Diamnons.

A Matt le molesto que su amigo no haya presentado a Candy como su prometida, pero Amir no lo creyó necesario, ya que para él Claudia no era una persona importante, aunque fuera la diseñadora de joyas de su imperio, otro pequeño detalle, es que esta mujer estaba acostumbrada a dormir con su jefe de vez en cuando, por lo tanto para Amir ella no era más que carne disponible al mejor postor, y de la cual ya no le interesaba saber nada. 

Candy no le dio mayor importancia, su bebé le estaba reclamando esa cereza, por lo que en un momento la tomo con sus dedos y la comió, con tantas ganas que chupo sus dedos.

Claudia comenzó a reír con burla, es que esta mujer creía que esa joven rubia era una de las tantas acompañantes de turno de Amir, y al conocer los modales riguroso de este hombre, supuso que la despacharía de inmediato y así se iría con ella a algún hotel cinco estrellas. 

— ¿Que te resulta gracioso?

La mujer estaba tan concentrada en dejar en ridículo a la joven rubia que no reparó en el tono de voz de Amir, si lo hubiera hecho su suerte hubiera sido otra.

— La muchacha que te acompaña, ¿de dónde la sacaste? Niña, acaso no sabes que hay cubiertos para comer o ¿eres una cerda?

La diseñadora de joyas no tuvo tiempo de decir nada más, Melody se levantó de inmediato, la tomó del brazo y de un movimiento la puso de rodillas ante Candy. Todo el restaurante se sumió en un silencio sepulcral. 

— Discúlpate y lárgate.

— Que rayos es esto, Amir no dirás nada?

— Sí, claro, estas despedida y me asegurare que no consigas trabajo nunca más en esta ciudad. 

— ¡¿Que?! No puedes tratarme así  ¡por una puta!

La mano de Matt fue más rápida que Melody, y del bofetón que le dio la dejo tirada en el piso, con el labio ensangrentado, mientras toda la gente dejaba de respirar, el Ángel de la muerte era bien conocido por su temperamento. 

Candy se levantó de inmediato y quiso ayudar a la joven pelirroja pero Melody la detuvo.

— no lo hagas, ella te falto el respeto.

— pero está llorando.

La voz de Candy era dulce, y todos lo notaron, ella tenía un buen corazón, era como una estrella fugaz en medio de la oscuridad, lo que no entendían era que hacía con los otros tres.

— Pero ¡¿cómo te atreves a abofetearme?! Sabes quién soy.

— ¿Y tú? Acaso sabes a quien acabas de insultar. 

Mientras Claudia estaba lloriqueando y gritando en el suelo, la voz de Melody era baja y fría, en algún lugar del salón se escuchó un hombre que la reconoció con asombro y temor y rápidamente fue seguido por otros.

— ¡Es la voz de la muerte!

— ¿Que?! ¡¿Ella es la voz?! ¡¿La mano derecha del Ángel de la muerte?!

— Dicen que el hecho de escuchar su voz marca el fin de tu vida.

Claudia miraba aterrorizada a esta pelinegra que la miraba sin el menor rastro de empatía, es más ahora en la negrura de esos ojos, se dejaba ver un destello de sadismo y maldad.

— Tú... tú no me matarás, ¿verdad? No te he dicho nada a ti. 

Melody le sonreía con una maldad que congelaba la sangre. Pero Amir habló para aclarar la situación 

— No. hiciste más que eso, pero debo reconocer mi error, no lo creí necesario hace un momento porque tú eres insignificante, pero ya que todos están mirando te presento a mi prometida Candy Ángel, la hermana menor de Matt Ángel.

Los murmullos comenzaron a oírse cada vez más altos, asombro e incredulidad era lo que más resonaba.

— ¡El Ángel de la muerte tiene una hermana!

— Amir Zabet tiene prometida.

— Esa mujer está muerta.

— Levántate y acompáñame, te di la oportunidad de escapar y no la tomaste.

Candy miraba con horror a Melody, su voz estaba desprovista de cualquier sentimiento, era mecánica y fría, le hacía recordar cuando Ben la llamaba para golpearla, su cabeza comenzó a doler, y su vista se puso un poco borrosa. 

— No, no.

Candy se zafo del agarre de Melody y se agacho a ayudar a Claudia.

— Candy, ¡déjala!

El grito de Amir la congeló, ella no podía hacer nada cuando alguien le gritaba y más si esa persona era Amir.

Amir se dio cuenta del pánico en sus ojos y trató de suavizar su voz.

— Cariño, le puede hacer mal al bebé.

Aun así Candy no se movió, y su mirada no cambió.

Otra ola de susurros de asombro se levantó en el lugar, a esta altura toda persona importante sabía que Amir Zabet tendría un heredero, una esposa y que era nada más y nada menos la hermana del Ángel de la muerte, si como amigos eran inseparables, ahora la alianza entre ellos sería indestructible, o eso creían ellos.

— Hermano, déjala ir, por favor. 

— Mi dulce Candy, ella debe pagar por lo que dijo. Pero no te preocupes, tu inmensa bondad le ha salvado la vida. Tú siempre serás un Ángel de vida esa luz que ilumina mi oscuro corazón.

— Ven Candy, vamos a casa, ya fue demasiado por un día.

Aunque la voz de Amir era suave Candy lo miraba con temor, Melody al ver que no se movía también cambio su voz y le habló.

— Candy, ¿vamos? estoy segura que ya quieres descansar de tanto ruido.

Ella asintió con la cabeza y tomó el brazo de su nueva amiga, que aunque vio que tan atemorizante puede ser, ella confiaba en Melody. Amir tarde comprendió que no importaba cuantas veces le hable bien a Candy, solo bastaría un grito, para que ella le volviera a temer.

Una vez que las mujeres estaban en la limusina, Matt se levantó y se dirigió a la mujer que ya se había levantado por su propio pie.

— Ya que mi hermana a pedido piedad en tu nombre, hoy no morirás, te daré dos opciones y tu harás tú elección, puedo escribir en tu frente la palabra zorra, con unos simples movimientos de mi cuchillo o te desnudas y subes a internet un video, explicando que tan puta eres y no quieras negociar conmigo o te mueres.

Claudia comenzó a sacarse el vestido, esto era algo que nadie debía olvidar, todos debían respetar a Candy Ángel.

— Espero que los presentes nunca olviden el bello rostro de mi hermana, digo, para evitar malos entendidos en el futuro.

Mientras Candy no deja de temblar en la limusina, pero Melody se vio en la responsabilidad de hablarle con la verdad.

— Escúchame Candy, lo que pasó esta noche, debía pasar, no puedes sentirte mal por esa mujer, nunca pero nunca permitas que alguien te humille, no solo por tí o tu hermano ni siquiera por Amir, debes hacerlo por tu hijo, si permites esa clase de humillaciones, que crees que esas personas harán con tu hijo.?

— No, no, Amir jamás lo permitiría.

— Pero Amir no es eterno y Matt tampoco, debes aprender a defenderte en la vida y hacerte valer.

Esto hizo que Candy pensara, durante todo el camino a la mansión, ella debía aprender a cuidarse y cuidar a su hijo. 

“Melody tiene razón, ya no puedo ser débil, pero jamás lastimaría a alguien como hacen ellos, no podría, pero si alguien quiere hacerle algo a mi hija, ¿sería capaz de ... matar?”

La joven permaneció en silencio mirando los rostros de las personas que quería y amaba, pero que también les temía.

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