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VIII

Cuando llegaron a la mansión Candy se apresuró a bajar de la limusina, Rose estaba atenta a su llegada y le abrió la gran puerta de madera antes que ella tocara.

— Señora, bienvenida. 

A la joven el saludo de la empleada la tomo de sorpresa, ella podía ver que era verdad lo que sus palabras reflejaban, la estaba esperando con verdadera alegría, aun así lo primero que hizo Candy fue escapar a la habitación, con la intención de acostarse y quizás así Amir se olvidara de lo que había pasado, ella temía a verlo dejado en ridículo, por querer ayudar a esa pelirroja y que el hombre la golpeará por ello. 

Mientras tanto, Amir se apresura por alcanzarla, no entendía porque ella se mantuvo en silencio en el transcurso del viaje, o porque bajo tan deprisa.

— Lo ves Amir, ella está huyendo de ti. 

La sonrisa de Matt, lo inquieto, pero aun así no le dijo nada, entro a su mansión donde encontró a Rose con cara de preocupación mirando a las escaleras.

— Rose ¿sucede algo?

— Bienvenido señor, no, solo... ¿paso algo con la señora? estaba un poco pálida.

— No te preocupes, iré a ver si se siente mal, cualquier cosa te hablaré para que llames a Rocha.

Obviamente en pocos segundos él alcanzó a Candy sin mayor esfuerzo. 

— Candy.

La joven se congeló en su lugar a mitad de la habitación, mientras Amir se quedó casi a la entrada de la misma, la miraba con curiosidad. 

— Candy, ven aquí. 

Amir la llamó mientras se quitaba su saco, se sentía mal por a verle gritado, no quería ir a la cama con ese malestar, quería disculparse, ella fue a su lado con paso lento y cabeza gacha, como un niño esperando ser regañado, o peor aún ser castigado, cubriendo su vientre con ambas manos, se preparó para lo peor. Él levantó su mano con intención de acariciarla, pero como acto reflejo ella levantó una mano a modo de protección sobre su cabeza, mientras cerró sus ojos.

— Dios, Candy  no hagas eso, no voy a golpearte.

Le susurró y con delicadeza tomo su mano y le besó los nudillos, para así tranquilizarla y hacerle ver que no corría riesgo alguno, no con él.

— Amir... perdón sé que estás enojado, pero... sé que merezco ser golpeada...

— No, ¡jamás! Mírame por favor, — pidió en un lamento— no importa cuán enojado esté, yo jamás te golpeare ¿lo entiendes? Eres muy importante para mí. 

La joven miraba los ojos de Amir, tan brillantes, tan cálidos, la miraba como jamás nadie la miró y eso hizo que su corazón se acelerara y sus lágrimas comenzaron a salir.

— Shhh, ¿porque lloras? ¿Acaso me temes?

— No. No es eso, lloro porque no quiero que dejes de mirarme así, nunca dejes de verme así... por favor.

Ella realmente le estaba suplicando.

— ¿Y cómo te miró?

Pregunto curioso, mientras la envolvía entre sus brazos y es que ni él sabía cómo la miraba, solo era consiente que su mundo era mucho mejor cuando veía los ojos de Candy, la luz que ella llevaba como si fuera el sol, y todas las demás personas fueran planetas que una vez que veían a la joven se volvía algo imposible no sentirse atraído hacia su gravedad, todo el mundo que Candy conocía, automáticamente se ponían a girar a su alrededor.

— Me miras... como si valiera algo, como si te importara, y algo más, ni siquiera Matt me ha mirado de esa forma, algo en el azul de tus ojos hace latir mi corazón, muy fuerte.

Amir la abrazó aún más fuerte mientras respiraba el aroma del cabello de Candy, cerezas y rosas, lentamente le respondió. Lleno de miedo eh inseguridad, pero lo hizo. Termino por derribar la última pared en la que había guardado su corazón. Se decidió a dejar al descubierto todo, a poner su vida y destino en las manos de la pequeña joven. 

— Te miro con amor, porque es eso lo que siento por ti, vales mucho para mí, tanto que tengo miedo.

— ¿Miedo? De que Amir.

Candy no podía concebir en su mente que Amir le temiera a algo, para ella era imposible. 

— De que un día... me despierte y no estés a mi lado.

— Eso jamás pasará, yo.... yo no podría irme.

— Eres libre de hacerlo, Matt tiene razón, algún día te darás cuenta del daño que te hice, me dejarás y yo moriré por no tenerte, por ya no recuerdo como era mi mundo antes de tu llegada, porque mi vida cambió gracias ti, mis días tienen color.

El hombre hablaba con tanto miedo y dulzura a la vez que Candy se tensó bajo el abrazo de él, por lo que Amir la liberó, necesitaba ver su cara, leer en ella que era lo que pensaba, vio como sus pequeñas manos estaban hechas un puño y su cara completamente roja, pero lo que más le asombró fue un pequeño destello en sus ojos, un brillo que él conocía, era un brillo como el que Matt tenía cuando algo le molestaba de sobre manera.

— ¿Y ahora?  ¡¿Estas enojada?!

Lo dijo con asombro, No podía creer lo que veía, creyó que jamás conocería esa faceta de Candy, estaba sorprendido y confundido, aunque lo que más trataba de hacer era no reír.

“Se ve tan tierna, como un gatito imitando a un León. Aunque muy a mi pesar debo reconocer que tiene ese brillo siniestro de Matt cuando se enoja.”

Amir dejó de pensar cuando ella comenzó a hablar.

— Matt... ¿cómo se atrevió?  ¡Es un idiota!

Ahora sí Amir no creía lo que veía. Candy escupió cada palabra con una furia que él jamás había visto, ni siquiera cuando le reclamó a Matt su abandono, ella era la misma Diosa de la benevolencia, pero también podía enojarse y mucho. 

— hey, tranquila, no dañes tú voz.

“Ella sí que puede gritar, increíble y muy hermosa incluso cuando está enojada. Ella es hermosa siempre, sería tan maravilloso tener una pequeña Candy, una miniatura de mi diosa”

Por primera vez Amir se imaginó una niña, y se sorprendió de la velocidad que su corazón alcanzó. 

— ¿Me puedes pasar tú teléfono?

— Claro.

Candy marcó el número de Matt, ella apenas empezaba a leer pero tenía buena memoria y era buena con los números, Amir empezó a preguntarse qué pensaba hacer, mientras unas ganas locas de besarla lo estaban aturdiendo, tenía ganas de escucharla gritar, pero de placer, diciendo su nombre una y otra vez.

— Que sucede Amir.

Contesto con fastidio la llamada Matt, ya que Melody lo estaba regañando como a un crío por no serle franco a Candy, ella le reprochaba que no le dijera a Candy que ellos eran asesinos. Para Mel, toda relación afectiva se debía basar en decir la verdad, y que cada uno tome la decisión de aceptar al otro como es o no.

— Soy yo.

— ¡Candy! ¿Qué pasa, Amir te hizo algo?, te sucede algo...

— ¿Que te sucede a ti?

— ¿De qué hablas, hermanita?

El Ángel de la muerte, por primera vez sintió miedo, su pequeña hermana sonaba furiosa, y ante eso él no sabía cómo reaccionar, su dulce Candy, podía ser ácida cuando se enojaba.

— ¡¿Cómo pudiste decirle a Amir que lo dejaré algún día?!

— ¿Acaso estuvo lloriqueando en tu falda? Eso no es de hombres...

— Sabes lo que siento por él como te atreves! Si vuelves a querer lastimarlo... si te atreves solo a herir sus sentimientos... ¡tendrás que enfrente conmigo Matt!  ¡Y yo no te dejaré ir!

Ella cortó y tiró el teléfono al piso, estaba furiosa y su voz sonó tan pero tan intimidante como la de su hermano, era algo que Amir jamás había visto, y de pronto volvió a ser la dulce Candy, abrió sus ojos mirando el teléfono completamente roto en el piso, y automáticamente miró a Amir

— Yo, yo lo lamento Amir, no quise romperlo, yo no sé. 

Ella trataba de poner palabras a sus recientes acciones, mientras retrocedía ante la mirada atónita de él y de pronto Amir rompió a reír, eran carcajadas fuertes, río tanto que las lágrimas le caían y ella lo miraba confundida.

— Realmente me sorprendes, ¡eres única, y por eso me encantas!

Sin decir más la tomo en brazos y dio una vuelta entera que la hizo sentir vértigo.

Los labios de este hombre comenzaron a tomar los de Candy, un beso lleno de admiración y devoción, él se dio cuenta que ya no podía estar sin esta mujer, la quería a su lado para toda la vida.

— Te amo Candy.

Le dijo apenas la dejo sobre la cama, ella lo miraba con los ojos muy abiertos, no creía lo que había escuchado, era la segunda vez que lo decía, pero ahora lo sintió real, sin miedos, sin arrepentimientos.

— ¿Que?

— Te amo, no sé en qué momento comencé a amarte, pero sé que es así.

— Amir... nunca dejes de amarme, por favor, nunca lo hagas.

El susurro de Candy era un pedido desesperado de ser amada solo por él, ella le rogaba que siempre fuera así, y él quería jurar que así sería.

Sin decir más la joven lo beso, su lengua jugaba a dar pequeños toques y él le dio paso a su boca, se sentía cálida y suave.

— Me encanta cuando te liberas y me besas así, tan tú. 

— Entonces permíteme que te muestre... que yo también te amo Amir.

Ahora sí Amir se sentía el hombre más afortunado del mundo, ella parecía débil y en gran parte lo era, pero también mostró su carácter y solo para defenderlo a él.

Amir se sentó en la cama, Candy comenzó a desvestirlo, él recordó la primera vez que estuvieron juntos, pero esta vez las manos de la joven no temblaban, sin embargo sus ojos eran tan puros como aquel día, inocencia y amor que solo le entregaba a él.

Después que lo desnudo al completo y sin ayuda alguna, Amir estaba esperando que ella se quitara la ropa, pero nuevamente para su asombro no sucedió, en cambio Candy tomó sus labios, a él se le hizo imposible no tomarla entre sus grandes manos y la llevo sobre él al tiempo que se dejaba caer por completo en la cama, pero Candy se liberó de su agarré, coloco pequeños besos en el cuello para luego comenzar a descender, trazaba pequeñas líneas en el pecho de Amir con su lengua, humedeciendo todo a su paso.

— Candy...

Amir casi no podía hablar de la mezcla de sensaciones que tenía, su pecho subía y bajaba, mientras ella solo seguía descendiendo dejando besos por cada lugar que pasaba, hasta que llegó a su objetivo, Amir trato de silenciar el gruñido que salió de sus labios pero fue imposible, Candy tomo con sus manos el pene recto y duro mientras miraba con satisfacción el rostro de Amir, y con un brillo de picardía único en sus ojos lo miro, por última vez antes de colocar su boca en aquel lugar, que estaba a punto de explotar por la enorme sensualidad que la joven desprendía con cada movimiento.

— ¡DIOS, CANDY!

Inmediatamente ella levantó la cabeza y lo miró con su cara de confusión, ella creyó que lo estaba haciendo bien, después de todas las películas que vio, su imaginación daba para mucho.

— ¿No te gusta Amir?

— Me— me encanta... pero...

Ella volvió a succionar el miembro suave pero duró antes que él dijera cualquier otra cosa. Mientras el cerro los ojos y dejo su cabeza caer hacia atrás. 

“ ¡Maldición! Como puede ser que sepa hacerlo tan bien, ¿o es que siento tanto placer porque es ella?”

Amir se sumergió en ese mar de placer y amor que le resultaba nuevo a pesar de tener tanta experiencia, cada vez que la lengua de ella hacía presión en la punta o a lo largo del tronco, los gemidos salían de sus labios sin permiso, no iba a aguantar mucho más, Candy lo hacía tocar el cielo sin mucho esfuerzo. 

— Candy, si no te tomo ahora me volveré loco.

La risa que escucho Amir era única, juguetona y divertida, nueva, Candy estaba cambiando poco a poco, comenzaba a demostrar lo que sentía, comenzaba a ser libre. Ella se sentía deseada y amada, algo que la hacía sentir importante, única.

Volvió a subir sobre él, y se colocó a horcadas, mientras lentamente levantó su vestido, hasta quedar desnuda, el pene de Amir estaba tan erecto que ella no necesito ayuda alguna, solo se deja caer sobre él, las manos del hombre la tomaron por la cadera obligándola a permanecer allí, No estaba dispuesto a dejarla ir, si esa fuera la idea de ella, si quisiera jugar al gato y al ratón, no estaba dispuesto a averiguarlo, pero no tenía nada que temer, Candy no estaba jugado, ella solo quería hacerlo sentir único y lo consiguió. 

Esa noche hicieron el amor de una forma lenta, dulce y tierna, hicieron el amor al estilo de Candy.

La joven estaba a punto de sumergirse en un sueño profundo y reparador, después del ejercicio que había hecho, pero la mente de Amir no dejaba de llenarlo de preguntas, odiaba sentirse así, sabía que no tenía derecho a reclamar nada pero aun así lo hizo.

— Candy,... lo que hiciste recién, ¿ya lo habías hecho?

Y cuando la pregunta salió de sus labios se maldijo, como podía ser tan pendejo.

— Mmm ¿sexo oral?, no nunca.

— No sabes leer pero sabes que es el sexo oral.

Él trataba de no gritar, pero su temperamento era sumamente volátil, no sabía cuánto tiempo más podría seguir aparentando serenidad. No tenía derecho a reclamarle nada a esa joven que tanto había sufrido, pero los celos aparecían en él, y eso era algo a lo que jamás se había enfrentado, porque jamás había amado a nadie.

— Ben... me obligaba a mirar películas, decía que tenía que aprender, pensaba que era algo feo o desagradable hacer sexo oral, pero... cuando hiciste que te toque en la ducha me dio curiosidad, ¿está mal que me guste?

“Maldición, la entrenaba para después hacerla trabajar como acompañante sexual, eres un idiota Amir, tu puto ego lo único que pensaba era en si a alguien más se lo había hecho, eres despreciable2

Si, Amir descubrió con desagrado que tendría que aprender a manejar sus celos, antes de cometer algún error con la joven.

— No amor, no está mal que te guste, tú puede hacer lo que quieras siempre que te guste.

— Me gusta que me digas amor, nunca nadie me ha llamado así. Solo tú. 

— Eso está bien Candy, porque jamás le he dicho amor a nadie, solo a ti.

Desde ese día todo cambió, Amir se sentía un hombre diferente, vivía solo para ella, la llamaba a cada hora para saber de sus estudios, ella avanzaba a pasos gigantes, solo bastó un mes, para alcanzar el nivel de estudio de alguien que va a la secundaria, trataba de consentirla en todo, a veces Candy se sentía en otro mundo, como si arcoíris y unicornios la rodearán, era muy feliz. Amir estaba recuperando la relación con Matt, esa amistad también estaba volviendo a la normalidad, Amir estuvo de acuerdo con que él le dijera cuál era su negocio, como lo conocían a Matt y Melody, y por supuesto a Candy no le importaba, si su hermano y amiga eran asesinos, quien era ella para juzgarlos?, también llegaron a un acuerdo, nada de que Candy sedería los derechos maternos, Amir estaba seguro que jamás dejaría de amar a esa pequeña rubia de ojos exóticos, y en base a ello sabía que nunca perdería a su hija, porque si, ahora Amir soñaba con una niña que sea igual a su madre, el casamiento sería después de que el bebé naciera, Matt quería que todo fuera perfecto para su hermana, al igual que Amir.

A pesar de que en la empresa tenía problemas para encontrar un diseñador de joyas, que cumpliera con los estándares del empresario, y que esto le ocasione varios problemas, solo le bastaba con llegar a casa y ver a Candy para que todo su mundo mejore y se sorprendió un día cuando la encontró dibujando, su esposa tenía un talento único.

— ¿De dónde sacas estas imágenes? Son muy lindas.

Amir miraba los dibujos mientras estaba sentado en la alfombra, Candy acariciaba su cabello y él mantenía su cabeza apoyada en la panza de cinco meses de embarazo de su novia, disfrutando de las pequeñas patadas que su hija o hijo le daba cada vez que llegaba a casa, había llegado a la conclusión que era como Candy decía, su hija o hijo lo reconocía con solo escuchar su voz.

— De mi mente, ya sabes, mi papá no me dejaba salir ni hablar con nadie, solo podía dibujar lo que mi mente imaginaba. 

— Lamento no haberte encontrado antes amor, pero a mi lado conocerás el mundo.

Ella lo miró con dulzura, con ese brillo único en sus ojos.

— Pero me encontraste Amir, y me salvaste, gracias ti ahora soy feliz. 

Los besos de la joven era la mejor droga que el probó en la vida, cuando ella lo besaba, no sentía cansancio, y su mal humor desaparecía, solo había lugar para la felicidad. 

De pronto tuvo una idea pero no estaba seguro de decirla, era demasiada presión para Candy, pero si ella pudiera manejarlo...

— Tu imaginación da para mucho, dime si tuvieras que imaginar un anillo de compromiso, ¿cómo sería?

— Mmm, algo así.

Las manos de la joven garabateaban sin problema alguno y en menos de 15 minutos ella había dibujado un anillo único, con una piedra en el centro, y pequeñas rosas al rededor

— Este anillo, se podría realizar con un diamante en el centro, oro blanco el cuerpo y rosas de oro amarillo a su alrededor.

— Mmm no se de eso, supongo que el oro es caro, ¿verdad?

— Adoro tu ingenuidad, ¿podrías dibujar un collar?

— Sí, claro que puedo.

— Solo si puedes, no quiero que te presiones o te estreses ni nada.

— No lo haré, me encanta dibujar, lo único que me tiene nerviosa es saber que veremos a nuestro bebé y sabremos si es niña o niño. 

— ¿Eso importa Candy?

— Tú quieres un niño.

— Solo quiero que este bien, lo amaré sin importar que es.

— Yo también, ¿pero como compraremos su ropa si no sabemos si es niña o niño?

— Tienes razón, siempre la tienes cariño.

Amir no espero más y tomo los labios de su novia, si, a él le encantaba hablarle a todo el mundo de su Novia, a todos menos a Charly, quien seguía pidiendo verla, algo que el hombre no le decía a Candy.

— ¿Que hace la pareja de tortolitos?

— Hola Matt, Candy está diseñando unas joyas para nuestra compañía.

— ¿Y cómo es eso?

— Acaso no sabes lo bien que dibuja tu hermana.

Mientras Matt veía los dibujos de Candy, Melody molestaba a su mejor amiga.

— ¿Sabes que sería rico probar hoy?

— No lo digas, por favor Melody, sabes que si nombras algo delicioso querré comerlo.

Claro que Melody lo sabía, y por eso lo hacía, buscaba la excusa perfecta para no privarse de nada.

— Mmm, tienes razón, pero creí que te gustaría una malteada de fresa.

— ¡Si!

— ¿Qué sucede?

Los hombre se alteraban cada vez que Candy gritaba, ella era lo más importante para ambos.

— Nada, ustedes sigan hablando de trabajo, nosotras iremos por una malteada.

Los hombres no podían creer como la pequeña Candy devoraba todo lo que le ponían enfrente, y no engordaba ni un gramo, solo su panza crecía. 

El chófer las llevó gustoso al centro comercial, Miguel le debía la vida a su jefa y la trataba como si de su diosa personal se tratara, la cuidaba y la respetaba.

Candy poco se daba por enterada del agradecimiento de su chófer, ella se sentía feliz con su amiga, y Melody la adoraba, le daba consejos de seducción y a cambio Candy le daba recetas de cocina y le contaba cómo era Matt antes de ser el Ángel de la muerte o por lo menos lo que ella recordaba, ambas ganaban.

Tomaron sus malteadas y fueron a dar una vuelta, hasta que llegaron a un centro comercial en una vidriera Candy vio un conjunto color verde muy clarito, sus ojos no podían dejar de verlo, le gustó mucho.

— Melody, ¡mira ese gorrito, ve que pequeño son los pantaloncitos y la remerita!

— Cómpralo.

— No sé cómo se usa la tarjeta que Amir me dio.

— Entremos y te explicó. 

La compra que empezó con un conjunto se extendió a decenas y Candy comenzó a sentirse ansiosa.

— No creo que deba seguir gastando, quizás Amir se enoje.

— Tú no te preocupes Amir tiene dinero de sobra, no se enojara el vendería hasta su alma para complacerte y si dice algo Matt responderá por ti, realmente no eres consciente de lo rico que son, ¿verdad?

La mente de Candy no trabajaba al ritmo de alguien normal, o mejor dicho a ella le faltaba el gen de la maldad, por lo que cuando siguieron con su día de compras y vio un suéter blanco de cuello recordó a su papá, Aarón tenía uno igual y le encantaba usarlo.

Algo en su interior le decía que no debía pensar en él, el hombre que debía cuidarla, darle educación y cariño, pero que sin embargo hizo todo lo contrario, la maltrato en todos los sentidos, pero después de todo era su papá. 

— Comprar algo aquí, pero... déjame intentarlo sola.

— Claro, tú puedes.

Ahora sí Candy estaba casi feliz, solo faltaba algo más, entregarlo.

Aparte del suéter para su padre, compro un abrigo para Matt y otro para Amir.

— ¿Crees que les gusten?

— Por supuesto, y si no les gusta los golpeare hasta que lloren de la emoción. 

— Melody, no todo se resuelve con violencia — Candy reía ante las ocurrencias de su amiga

— Quisiera ir a un lugar.

— Vamos a donde tú digas.

— A casa de mi papá.

Mel quedó en shock al oírla, Matt aún le costaba dormir en las noches, sabiendo que su padre estaba vivo, él se había ocupado de destruir el negocio de Dominic, y a Ben ella misma lo había enviado a mejor vida, su cuerpo debía estar siendo comido por los insectos en ese momento. 

— No, eso sí que no Candy, ¡no debes ver a ese hombre nunca!

— Pero... es mi papá.

— .... En verdad... no sé cómo funciona tú corazón, pero... yo no puedo, no debo llevarte con él mejor pídeselo a Matt.

— Si.... tienes razón. 

La peli negra, fue presa de un estado de ansiedad muy grande, todo el camino habló con Candy de diferentes cosas, todo para hacerla olvidar el hecho de que quisiera ir a ver a su padre, se podía imaginar el humor de Matt, y lo que menos quería era que su jefe y amor platónico discutiera con su amiga, porque muy a su pesar ella terminaría defendiendo a Candy. Volvieron a casa, los hombres todavía estaban arreglando temas de la empresa, Amir quería a Candy como diseñadora y Matt Temía que eso estresara a su hermana.

— Amir esto puede ser una responsabilidad muy grande para mí hermanita.

— No, yo sé que es fuerte, solo son tus miedos, pero mi Candy puede, lo sé.

Melody los observo por un minuto, y río por lo bajo, fue con las bolsas a la habitación de Candy, y esta última tuvo una idea, no sabía si era buena o mala, pero de pronto ella quería ver a su papá, lo necesitaba, sin importar todo lo que Aarón le había hecho, era su padre y ella su hija. Quizás todo este tiempo que estuvo alejada de él lo hizo recapacitar y darse cuenta que la quería. 

Amir amaba a su hijo, y no lo conocía, como podría ser que su padre no la echara de menos, ella había escuchado muchas veces decir que uno no se da cuenta de lo que tiene, hasta que lo pierde, quizás esa regla también aplicaba para su padre. Aún tenía el paquete en sus manos y se dirigió con el chófer, ese que haría cualquier cosa por su jefa.

— Hola señora Candy, ¿qué puedo hacer por usted?

Miguel había aprendido muy bien la lección y no pensaba cometer dos veces el mismo error.

— Necesito que me lleves a un lugar ahora y rápido, ¿puede ser?

La voz de Candy seguía siendo suave, pero se notaba la autoridad con la que le hablaba, en un mes al lado de Amir ella había adquirido la voz de mando se su prometido. 

— Por supuesto señora, permítame.

Ella subió al auto y dio la dirección, con la esperanza de ir y volver sin que nadie se diera cuenta, no tenía noción de las distancias realmente, y Miguel la obedeció sin decir nada, después de todo le debía su vida, salió tan rápido ante el pedido de la señora de la casa que no tomó su celular.

Media hora después, Amir preguntó por Candy, le parecía raro no verla con Melody en el salón

— ¿Dónde está mi pequeña? ¿Acaso salir de compras la cansó?

— Melody, ¿dónde está mi hermana?

Un sudor frío corrió por la espalda de Mel, ella realmente creyó que su amiga se había olvidado de la locura de ir a ver a su padre.

— ¿como? No estaba con ustedes en el despacho?

— ¡¿Que dices?!

— Llegamos hace media hora, lleve las bolsas arriba y ella.... ¡MIERDA MALDICION!

— ¡¿Que?!

— ¡Quería ver a tú padre!, le dije que yo no podía llevarla, que te lo pidiera a ti o Amir... no creí que fuera.

— No, no, ella no haría eso, después de lo que ese hombre le hizo, ella no lo iría a ver y menos sola ¡CANDY!

— Si, si lo haría Amir, mi hermana es así,.. Ella cree que todos son buenos. . Maldición, vamos, porque si ese maldito le pone una mano encima lo mataré quiera o no Candy.

Los hombres llamaban al chófer pero lo único que sabían era que dejó su teléfono en casa.

Matt manejaba como si solo ellos estuvieran en la carretera y ninguno de sus dos acompañantes dijo nada, a ambos le parecía que iban demasiado lento, pero era la desesperación de pensar que Aarón pudiera hacerle daño nuevamente a la pequeña Candy.

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