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IX

Las millas pasaban antes sus ojos, pero aun así parecían no avanzar, la desesperación se estaba adueñando de Amir.

— Tu padre sabe que ella es mi mujer ¿verdad?  ¡¿Él sabe que la encontraste?!

— No, no lo sabe, como crees que me pondría en contacto con él después de todo lo que le hizo a Candy, para mí, mi padre está muerto.

— Maldición, llámalo, dile que si la maltrata, ¡si le toca un cabello oh así se le grita lo mataré!, ¡dile que ella ya no está sola!

— Ya intenté en llamarlo pero tiene la línea cortada, hace dos meses que le quité el apoyo financiero que le daba.

— ¿Y el de algún vecino? debes poder contactarte con alguien.

— No lo tengo Amir, hace años que me fui de aquel lugar, ¡apenas recuerdo el número de Aarón!

El silencio quedó flotando en el aire mientras Matt simplemente aceleraba el auto a todo lo que daba, estaba furioso, con él por no enseñarle a Candy que es mejor mantenerse alejada de las personas que la lastimaron, con Melody por no informarle de inmediato que su hermana quería ver a su padre, con su padre por ser tan despiadado con la pequeña Candy, en su mente ya se imaginaba como mataría a su padre si se le hubiera ocurrido lastimar a Candy.

(...)

Miguel miraba por el espejo a su jefa cada cierto tiempo, ya no tenía esa mirada lasciva hacia ella, ahora la miraba con respeto y admiración, se dio cuenta de lo frágil que parecía, y se reprochaba la conducta que había tenido con anterioridad, su jefa realmente parecía un hermoso Ángel que caminaba entre los mortales, con una mirada limpia y cristalina, la misma imagen de la bondad, que a algunos inquietaba y provocaba un odio sin razón al hacerlos sentir tan poco, como había sido el caso de Ben y a otros los hacía encontrar la paz que tanto buscaban, como lo hizo con Amir, Charly y los demás empleados de la mansión.

— Llegamos señora, ¿necesita que deje algún recado? No creo que deba bajar sola, este vecindario es peligroso.

La sonrisa de melancolía que se dibujó en el blanco rostro de la joven llamó la atención del chófer.

— Lo sé Miguel, se cómo es este lugar, esa fue mi casa por 18 años.

El hombre cada vez entendía menos, ¿cómo era posible que ella viviera allí? ¿Era la hermana de Matt Ángel o no?, ellos no tenía razón para mentir, pero la casa que se alzaba frente a ellos era peor que una pocilga, pero aun así solo descendió a abrir la puerta a Candy y se guardó las preguntas para él. 

— Ahora regreso. Metete en el auto, Si alguien golpea tu ventana no habrás, llama a la policía, no es bueno un auto tan costoso a esta hora en este lugar, trata de estar a salvo. 

— Señora, creo que él señor se enojara si baja usted sola, permítame acompañarla.

— Si ese fuera el caso tú no tienes nada que temer, yo te cuidaré, no dejaré que Amir te diga nada, no te preocupes Miguel, a veces necesitamos enfrentar a nuestros demonios, para continuar con nuestras vidas.

Miguel comenzó a ver a su jefa con otros ojos, cualquier mujer que tuviera el poder de ella, siendo hermana de un gran asesino y futura esposa del uno de los hombres más ricos del mundo, lo hubiera hecho desaparecer al primer insulto que le hicieran, sin embargo aquella mujer pálida de ojos brillantes, no solo pidió piedad por él, también lloró y se enojó cuando Matt dijo que su brazo valía más que la vida de él. Ahora lo tranquilizó diciendo que ella asumiría cualquier castigo por él, pero aparte le preocupaba que por esperarla le fuera a suceder algo.

“Tengo suerte de que ella sea mi jefa, y la protegeré con mi vida, incluso si algún día el señor intentara algo en su contra, yo protegeré a la señora Candy. “

La joven recorrió el camino de ladrillos que se abría paso entre la mala hierba que crecía al frente de la casa, que una vez fue blanca. Candy abrazaba el regalo para su padre, un poco más fuerte con cada paso que daba, como si eso fuera un salva vidas, y ella estuviera adentrándose en las profundidades del mar, hasta que estuvo frente a la puerta. Con la mano temblorosa Toco dos veces y con tuvo el aire.

La puerta se abrió, dejando ver a un hombre que aparentaba más edad de la que tenía, el alcohol había hecho estragos en su piel más que el tiempo transcurrido de vida, con ojos azules como los de Matt y al igual que él también era alto, por otro lado Candy había heredado todo a su madre, ojos, altura, alma.

— ¿Candy?

— Hola papá. 

El hombre abrió sus ojos a más no poder, hacía poco más de dos meses que Matt su hijo preferido había llegado preguntando por su hermana, y luego cuando supo todo lo que la había hecho sufrir llegó a ponerle un arma en la cabeza, el todavía recordaba aquel momento, que lo atormentaba día y noche. 

"Si no te mato, es porque sé que ella no me lo perdonaría, a pesar de todo lo que le has hecho, estoy seguro que ella no te odia, no solo la golpeaste, la obligarte a irse con un desconocido que ahora la está prostituyendo, a tú única hija, a quien tiene los ojos igual que mamá, y aun así, estoy seguro que ella te sigue queriendo."

— Hola papá, es— este regalo es para ti. 

Y en el momento que la joven extendió el paquete él vio su vientre abultado, no podía moverse. Solo podía pensar en lo que ocasiono, como había lastimado a su pequeña hija, y con todo lo que hizo lo único que consiguió fue que escapara con un maldito degenerado.

"Matt tenía razón, no importa todo lo que le hice ella Sigue preocupándose por mí, ¿qué fue lo que hice? ¡¿Melisa, podrás perdonarme algún día?! todo el daño que le hice a nuestra hija, no me alcanzará la vida para pagarlo"

Candy no sabía lo que pasaba por la cabeza de Aarón, solo veía que su padre no se movía, y pensó que la estaba rechazando como siempre, por lo que se agacho y dejó el regalo en el piso, resignada, a que ese hombre no la amaba y nunca lo haría.

— Adiós papá, te quiero.

Y en ese momento Aarón reaccionó, el te quiero que su hija había dicho se repitió un sin fin de veces en su mente en una fracción de segundo.

— ¡CANDY!

la joven pegó un brinco ante aquel grito y quedó quieta esperando lo peor, casi convertida en una estatua, mientras su padre caía sobre las rodilla y la abrazaba apoyando su cabeza en el vientre de ella, era la primera vez que su padre la abrazaba, no sabía cómo reaccionar, era algo nuevo para ella.

— ¡Hija!, mi niña con ojos color Esperanza, con ojos de Melisa, ¿podrás perdonarme? Cuánto daño te he hecho, mi dulce Candy.

La joven solo acariciaba el cabello blanco de su padre, era una sensación nueva, algo que hacía que su corazón se calentará un poco más, eran los mismos sentimientos que cuando estaba rodeada de gente que la quería, trato de contener las lágrimas mientras le respondía. 

— ¿Podrás perdonarme tú, por haber matado a mamá?, nunca fue mi intención apartarla de tu lado.

— ¡1No fue tú culpa! nunca lo fue, perdóname por herirte con mis palabras, con mis golpes, yo estaba mal, yo me equivoqué.

Y en ese momento su bebé patio. Y Candy supo que estaba haciendo lo correcto, su hijo pateaba a Amir, Matt y Melody, ahora Aarón se sumaba a la lista, su hijo quería a su abuelo cerca de él porque en ese momento Candy se imaginó a un niño de ojos azules, idéntico a Amir, jugando con una pelota y su abuelo corriendo detrás de él.

— Tu nieto también te quiere papá, no quiere que estés triste, ya no llores por favor, ya todo pasó.

El hombre se levantó limpiándose las lágrimas, el desconocía que Matt la había encontrado o así sea si ella estaba con alguien, si ese bebe tenía padre, él no sabía nada. Pero tampoco le importaba, solo quería a su hija de nuevo en casa, la necesitaba aunque tarde lo había descubierto.

— Entra, entra a tu casa hija, te prometo, No.... ¡te juro! , que nadie volverá a dañarte, ni siquiera yo.

Candy entró a su hogar y lo notó diferente, estaba como vacío, carente de alegría o vida, la esencia de hogar no se encontraba en ningún lado.

— ¿Qué es lo que falta aquí papá? Es... como si faltara algo.

Pregunto curiosa, y mientras lo hacía ella se dio cuenta que su voz no temblaba como antes, como cuando vivía en aquella casa, con asombro se dio cuenta que ya no tenía miedo de hablar con su padre.

— Tú hija, desde el día que te fuiste, está casa quedo vacía, tú la llenaba de luz y esperanza, con tu sola presencia, solo fui yo que no supe apreciarte, todo quedó gris desde el día que te marchaste, pero todo estará bien ahora, siéntate, deja que cocine para ti.

— Pero papá, tú no sabes cocinar.

Ella no se olvidaba que su padre no era hábil con la cocina, y su ofrecimiento le causó un poco de risa.

— Deja que te haga un emparedado aunque sea, debes alimentarte, mi nieto quizás tenga hambre, yo te cuidaré. A ti y a mi nieto.

Candy pellizcaba su mano por debajo de la mesa, quería saber que no estaba soñando, porque esto se parecía mucho a lo que ella soñaba cada noche que vivió bajo ese techo. 

— Se lo que haces pequeña, y no es un sueño, deja de pellizcar tu mano, terminarás lastimándote.

— ¿Cómo lo supiste lo que estaba haciendo?

— Tu madre hacía eso cuando pasaba algo raro o casi imposible, eres igual que ella, no solo en lo físico, tú eres como Melisa, pequeña, amable, con un corazón puro.

Era la primera vez que su padre le contaba algo de su madre, y más aún que le dijera que ella se parecía, no lo podía creer, su corazón latía a un ritmo anormal, incluso más que cuando Amir la besaba. 

Aarón le entregó el emparedado y ella lo comió como si fuera el platillo más costoso raro y rico del mundo, Saborío cada bocado, grabando lo en su memoria, para comenzar a recolectar momentos dulces vividos con su padre, como el primer abrazo.

— Te pareces a tú madre, cuando estaba esperando a Matt, era si de joven, como tú, su cabello no era tan largo, pero aun así tienen el mismo color, me parece estar mirándola a ella en este momento. 

Y sin decir más el hombre camino hasta donde ella estaba y se arrodilló apoyando la cabeza en las piernas de su hija, ella sabía lo que eso significa, él busca Consuelo, protección, cariño, era igual a lo que Amir hacía cuando tenía un día pesado en la empresa, o cuando hablaban de su madre, esa mujer sin corazón que un día lo abandonó sin más.

Comenzó a acariciarlo, y su corazón ya no dolía, se sentía extraño, había cargado durante tantos años con ese vacío de no ser querida, que ahora su corazón se sentía raro mientras latía, al igual que su respiración, ya no era trabajosa, era ligera y fácil.

“¿Esto se siente ser feliz?”

Ahora sí Candy podía decir que estaba feliz, que por fin sabía lo que era la felicidad absoluta.

(...)

Amir y Matt, bajaron del vehículo y se dirigieron a la casa, mientras Melody, interrogaba al chófer.

— ¿Hace cuando que Candy está dentro de la casa?

— Una hora aproximadamente, ¿qué sucede señorita Melody?

— Espero que nada grave pase, pero debes tener en cuenta que Candy nunca debe estar sola cuando salga contigo, tú serás responsable de ella.

— Lo entiendo.

El chófer descendió del automóvil y miro en dirección a la pequeña casa, estaba preocupado que su jefa estuviera en problemas más que por si él pudiera recibir algún castigo por dejarla sola.

Miguel había entendido que le debía su vida a Candy, y eso jamás lo olvidaría. 

Mientras los dos hombres ingresaron en la casa, de forma sigilosa ya que no sabían que podía estar pasando. La sala estaba vacía, pero escucharon voces que provenían de la cocina y se dirigieron allí.

— Si pudiera volver el tiempo atrás, mi pequeña niña,... no sabes cuánto me arrepiento de todo el daño que te cause, soy el peor de los padres.

— El pasado es eso, pasado, solo somos dueños de nuestro presente y solo un poco, yo... te quiero en mi presente papá, hoy recordé... tú me pedías perdón todas las noches, cuando creías que dormía.

Es verdad que Aarón nunca superó la pérdida de su esposa Melisa, y que descargaba su dolor en Candy, pero también era verdad que cada noche, cuando la razón volvía a él, se dirigía al cuarto de su hija, y mientras las lágrimas caían en silencio él suplicaba su perdón, sin saber cómo superar todo, sin saber cómo pedir ayuda.

— ¿Lo sabías Candy?

— Lo esperaba.... Cada noche, espera el beso que depositabas en mi frente, y cada noche te perdonaba, porque eres mi padre, ¿quién soy yo para juzgarte? Después de todo el daño que te cause....

— No, tu no hiciste nada y tarde lo comprendí, pero ahora todo será diferente, te cuidaré y al bebé 

— ¡CANDY!

La joven se giró al reconocer la voz de Amir, y lo miró sorprendida de que estuviera en su casa, a su lado Matt los veía con ojos rojos. 

— ¡¿Hijo?!

— No me llames así Aarón, yo no tengo padres, Candy vamos.

— ¿Tú sabías dónde estaba? ¿Y quién es ese hombre que te acompaña?

— Candy, vamos a casa.

— Pero Amir...

— ¡Vamos!

— ¡No le grité!

— ¿Tú me dices eso a mí? Tú que fuiste capaz de romper más de 10 veces los huesos de tu hija, ¡lo único que mereces es la muerte!

Candy miraba como el rostro de su padre se cubría con un manto de dolor y arrepentimiento, y su corazón dolía ante aquella imagen. También veía como los ojos de Amir se convertían en hielo cuando miraba a su padre.

No quiero recordar eso, papá está arrepentido.

— Amir, por favor detente. Lo estás lastimando.

Dijo con la voz cargada de preocupación. Y la vista un poco borrosa.

— ¡Pero qué es lo que está mal en tú cabeza! ¡¿Cómo puedes defender a esta basura?!

— Es papá, Matt, ¡es nuestro papá!

Amir ya tenía su paciencia agotada, en su mente el hecho de que Candy defendiera a ese hombre era una completa idiotez, lo que ninguno de los dos reparó era el vocabulario que estaban usando, y el tono de voz, ellos que estaban acostumbrados a tratar con personas de mente terca y fuertes, no midieron sus palabras y ante la insistencia de Candy en defender lo que creían indefendible, poco a poco fueron perdiendo el control.

— Esa basura no es mi padre.

— Tienes razón, ¡yo no podría ser el padre de un asesino como tú!

— Papá no puedes decirle eso, ¡dejen de pelear!

Candy suplicaba en vano, el coraje y el rencor se hacían presentes en las mentes de estos hombres. Y su cabeza dolía como nunca. 

— Estas pidiendo imposibles, ¿qué es lo que no entiende tu estúpida cabeza? ¡¿Acaso tantos golpes te volvieron una persona estúpida?!

— ¡Deja de hablarle así! Que seas su hermano no te da derecho a maltratarla.

— ¿Acaso el amor te cegó? No vez que se pone en peligro al estar con esta basura, ¡es una estúpida!

Amir perdió la cordura que por cierto era casi nula y se fue sobre Matt dándole una serie de golpes, ya había escuchado demasiados insultos hacia la mujer que amaba y por más que fuera su hermano y esto un problema familiar él no dejaría que nadie la humillara, jamás dejaría que alguien la volviera a maltratar.

Matt tendría que a ver sido consciente de ello, el hecho que Amir amara a Candy lo convirtió en una persona sumamente protectora con su amada.

Aarón no tardo en involucrarse, después de todo era su hijo el que estaba dándose golpes en la cocina de su hogar y la sangre tira sin importar rencores algunos.

La joven veía esa escena, con terror, su cabeza mezclaba lo que veía con recuerdos, golpes, insultos, todos quienes la rodeaban eran así, su cabeza comenzó a doler cada vez más, su vista a ver borroso, algo estaba mal. El bebé se movía demasiado. 

— Amir, Matt, papá...

Los llamo a los tres pero estaban demasiado ocupados golpeándose y sus gritos no dieron paso a que se escuchara la suave voz de Candy.

Algo está mal, Miguel debe estar afuera, esperándome, mi bebé no está bien. 

Como pudo camino el trayecto de la cocina hasta la entrada dejando atrás todo el caos y apenas abrió la puerta Miguel y Melody se acercaron. 

— ¿Candy?

— Mi cabeza... duele... mucho.

Y dicho esto se desvaneció, Melody la miró horrorizada, la joven que ella ya quería como una hermana yacía en el piso inconsciente, el afecto que le tomó a Candy la congelo, ella era una mujer astuta de reflejos rápidos y sabía qué hacer en cada situación, para lo que no estaba preparada era para ver a alguien que quería en un peligro inminente, nunca se había sentido tan inútil, por suerte el chófer reaccionó de inmediato y la cargó para llevarla al auto.

— ¡Enciéndelo, voy por Amir!

Cuando entró se dio una idea de el porque del malestar de su amiga, sin pensarlo saco su arma y disparó hacia arriba, gracias al estruendo los hombres detuvieron su pelea.

— Melody?!

Matt, miro a su mano derecha, no entendía porque había disparado. 

Mientras Amir barrió con la mirada el lugar en busca de su futura esposa, y su desespero creció al no verla.

— Es Candy, se desmayó y cayó afuera antes de que pudiera siquiera reaccionar.

No tuvo que decir nada más, los hombres salieron corriendo, Amir ingresó en el asiento de atrás y tomó a Candy entre sus brazos, Matt en el asiento del copiloto mientras que Miguel salió disparado conduciendo en dirección al hospital. 

— Espere señorita, por favor déjeme ir con usted.

Mel vio reflejado un inmenso dolor en la cara de ese hombre y no pudo decirle que no, después de todo eso ojos se parecían demasiado a los de Matt, el hombre al que amaba en silencio.

Subieron al otro automóvil con el que habían llegado a la casa y fueron rumbo al hospital. 

— ¿Usted es amiga de mi hija?

— Si

— ¿Y de Matt?

— Soy su empleada.

— ¿Quién es el hombre con el que llegó?

— El prometido de Candy

— ¿Padre de su bebé?

— Si, y su Salvador,.... no tiene nada de qué preocuparse, Amir la ama y cuida de ella.

— ¿Como usted cuida de Matt?

Aarón era más astuto que su hijo, y es que a alguien tenía que salir Matt, tanto el carácter como en lo físico, no tardó mucho para descubrir que esos ojos negros amaban en silencio a su hijo.

— Como usted debió de cuidarla señor Aarón, creó que ya se dio una idea que no todos tenemos el corazón bondadoso y amable de Candy, somos de amar a nuestra manera, somos capaces de todo cuando amamos, y si usted está vivo, solo es por Candy. 

— ¿También te opones a que mantenga contacto con mi hija?

— Es verdad que no entiendo a Candy, solo sé que mi mundo dejó de ser tan oscuro el día que la conocí, ella es como un sol... y no permitiré que nadie lo eclipse, ni su padre, ni su hermano ni Amir, si Candy es feliz teniéndolo en su vida, yo no diré nada, pero el día que la lastime... no esperaré la orden de Matt o si quiera su aprobación, mi voz será lo último que escuchara en este mundo. 

— ¿Eres una asesina también?

— Soy la mejor señor Aarón, no lo olvide.

La aclaración de Mel, estaba de más, Aarón se dio cuenta en el instante que la vio que clase de persona era y más cuando su voz se convirtió en un susurro, sabía que aquella peli negra era la misma representación de la muerte en persona, pero aun así, no estaba dispuesto a dejar a su hija.

Si a esta joven mujer le bastó solo unos meses para darse cuenta de la gran persona que era Candy y toda la luz que desprendía, su padre fue consiente el mismo día que salió rumbo al hospital y jamás volvió, sintió ese vacío en su casa, esa oscuridad aun cuando las luces estuvieran encendidas, esa soledad que lo hizo reaccionar y darse cuenta que desde el día que su amada esposa murió no era Matt quien le impidió suicidarse, era ver los verdes ojos de su pequeña Candy, esa que tanto lastimo y la que tanto extraño.

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