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XII

Amir llevo a Candy a su hogar, según el doctor Rocha todo estaba bien, siempre y cuando ella estuviera tranquila no sucedería nada. Eso era algo que Amir podía controlar, si la mujer que amaba necesitaba tranquilidad, él se la daría.

— Amir.

— Mmm.

Este hombre corpulento se comportaba como un cachorro alrededor de la pequeña rubia, desde que regresó del hospital, ella le pidió quedarse en el sofá de la sala, y obviamente él cumplió su pedido, la recostó allí, y luego se sentó en la alfombra, colocó su cabeza al lado del vientre de Candy, donde se dejó patear por su hijo y donde la mujer que amaba le acariciaba el cabello. Esto era su propio paraíso, cuando estaba cerca de Candy, no tenía ganas de ir a trabajar, solo disfrutar de su perfume, de sus caricias, de su amor tan puro.

— Deberías ir a descansar. 

— No te dejaré.

— Si no descansas me preocupare, además Mel y Matt, ya deben estar por venir, es más, me parece raro que no lleguen aún.

La joven estaba preocupada por Amir, pasó toda la noche a su lado, tanto él como su padre cuidaron de su descanso, Aarón se despidió solo cuando Candy le prometió que cuando se sintiera mejor iría a visitarlo.

Ante el recordatorio de Matt, Una sonrisa se dibujó en los labios del empresario al recordar que unas horas antes cuando llamó a Matt fue una somnolienta Mel quien lo atendió.

— Creo que vendrán más tarde, están recuperando fuerzas.

— ¿Que? ¿Porque? ¡¿Le sucedió algo?!

Amir no quería entrar en detalles, pero al ver preocupada a su pequeña rubia, no le quedo más que decirle sus suposiciones. 

— Nada de eso, solo que parece que ellos durmieron juntos, y conociendo a Matt, estoy seguro que tuvieron una noche de sexo salvaje. 

La cara de Candy era un poema, estaba completamente roja. Pero antes que pudiera decir nada, una de las empleadas los interrumpió. 

—Bienvenidos señores, disculpen por interrumpir, pero Charly está en el recibidor....

— ¡¿Charly?!  ¡¿Mi Charly?!

Así como la cara de Candy se iluminó de felicidad porque hacía tiempo no veía a su amigo, el rostro de Amir se endureció, la empleada sintió pena por su jefa, ella era buena y dulce, pero eso le podría traer problemas, la mujer conocía muy bien el carácter de su jefe.

— Dile que ahora voy.

— Si señor.

Se retiró lo más rápido posible, no quería escuchar nada que no le corresponda.

— Pero... dile que pase, hace mucho que no veo a....

— ¡¿TÚ CHARLY?!  ¡¿Desde cuándo mi empleado es tuyo?!

Amir estaba perdiendo el control, los celos lo estaban cegando.

— Es mi amigo Amir.

— NO, TÚ NO TIENES AMIGOS, SOLO ME TIENES A MÍ. 

Las lágrimas caían en silencio, ella se preguntaba que hizo mal, ¿porque no podía tener amigos? Tantos años pasó sola, y ahora, ¿debería seguir así?

— ¡¿Que mierda te pasa?! Como es que le gritas de esa manera en su estado.

— Charly.

— Tranquila Candy, aquí estoy, yo te cuidaré. 

Amir volvió en si ante el reproche de su asistente, quien no obedeció a Rose, y ahora estaba arrodillado al lado de Candy, limpiando sus lágrimas, mientras ella lo miraba... con miedo.

Él podía soportar cualquier cosa, menos que ella lo mirara de esa forma.

— Cuídala, iré a descansar. 

Dando una orden y sin siquiera mirar el rostro de la mujer que amaba se fue a la planta alta de la residencia, necesitaba calmarse, Candy debía estar tranquila, no podía explotar con ella, por lo que en lugar de ir a descansar, se dirigió a su gimnasio, donde descargó sus celos dándole golpe tras golpe a la bolsa de boxeo.

Sabía que ella veía a Charly como un amigo y nada más, el problema radicaba en que el temía perderla, en el fondo sentía que no la merecía a su lado.

— ¿Cómo estas pequeña?

— Ya estoy bien, no te preocupes. 

— Te extrañé mucho, mi casa ya no es la misma sin ti. 

— Yo también te extrañé, ¿porque no has venido a verme?

— Amir no quiere.

— Recién se enojó, ¿pero porque? No entiendo.

— Candy, él es así, cuando vas a ver lo que es realmente, Amir no es bueno para ti o el bebé. 

Alguien hizo un sonido con la garganta para hacer notar su presencia y cuando ambos miraron se encontraron con Rose, la empleada, que miraba a Charly con reproche.

— La señora quisiera algo de beber para ella o su visita.

— ¿Podrías traerme un jugo Rose?

— Por supuesto señora, ¿algo más?

— Mmm ¿Charly?

— No Candy, yo solo me conformo con verte a eso vine.

Rose tenía ganas de sacar a patadas a ese joven mal agradecido, como se atrevía a coquetear con la señora, aprovechando que ella era tan inocente en su forma de pensar, acaso no se daba cuenta que solo traería problemas para ella.

— Te extrañé, ¿porque no has venido a visitarme? Creí que éramos amigos.

— Lo somos dulce Ángel, y créeme que intenté muchas veces de venir, pero Amir...

— ¿Que?

— Ya te dije no me lo permitió. 

— No entiendo que le pasa.

— Él sabe el daño que te causó, Candy, él te violó. 

— No, no fue así y lo sabes, él me salvó. 

— ¿Olvidaste que hable con el doctor que te atendió el día que Ben te golpeó? Tenías diferentes tipos de desgarros, Amir es un animal no puedes estar con él. 

— No te permito que hables así de Amir.

— Despierta Candy, no quieres que tu hija sufra ¿verdad?

— Eros jamás sufrirá al lado de Amir, él nos cuidará, Melody y Matt también, ¿porque eres así Charly? ¿Porque tratas de separarme de Amir?

Charly no esperaba que ella se diera cuenta, él tenía pensado enamorar a Candy, hacerle ver la diferencia entre el "bruto y salvaje " de Amir y lo dulce y bueno de él, pero ahora se daba cuenta que algo en la dulce Candy había cambiado.

Como tampoco era consiente que Rose estaba escuchando la plática, y temiendo que su jefa se estresara fue en búsqueda de Amir.

— ¿Señor?

— ¿Que sucede Rose?

Amir estaba sudado solo con un pantalón de algodón, dando golpe tras golpe a la bolsa de boxeo, su rostro dejaba ver lo furioso que estaba, y Rose no sabía ahora si había hecho bien en ir a buscarlo.

Amir se detuvo, ya que la empleada no hablaba.

— Rose.

— Charly... esta molestando a la señora.

El hombre no necesito escuchar nada más, nadie molestaría a su futura esposa.

A medida que descendía la escalera, escuchaba la discusión que sucedía en la sala.

— Te dije que te fueras.

— ¿Qué es lo que está haciendo Contigo? Te estás perdiendo Candy, tu dulzura, todo, Amir te está cambiando.

— No es verdad, sigo siendo la misma, ¡pero no dejaré que nadie hable mal del hombre que amo!

Escucharla hablar de esa forma calentaba el corazón de Amir, y se detuvo por un momento, pensó que sus celos no tenían fundamentos, ya había notado que Candy muchas veces se refería de esa forma a las personas que apreciaba, eran " suyas", Mi Mel, Mi Matt, Mi María, todos eran de ella. Y es que ella nunca había tenía nada ni a nadie.

— Yo te amo Candy.

— ¿Que?

— Yo te amo y también te puedo proteger. 

—... Ahora lo entiendo, eres igual a Ben.

— ¿Cómo puedes decirme eso?

— Me mentiste, dices que me amas pero estás dispuesto a lastimarme, hablar mal de Amir es lo mismo que lastimarme, ya no quiero ser tu amiga, ya no vuelvas Charly.

Amir decidió quedarse detrás de la columna a los pies de la escalera, su esposa estaba tomando una decisión y él no intervendrá, solo después de ver a Charly retirarse en silencio y con la cabeza gacha se acercó a Candy.

— ¿Estas bien? ¿Qué sucedió?

La joven estaba sentada, mirando sus manos, se veía un poco triste, pero solo un poco, levantó la vista y Amir pudo ver culpa en sus ojos.

— Lo siento Amir.

— ¿Qué es lo que sientes?

— El no saber expresarme adecuadamente, el ser tan tonta.

— No eres tonta, y tú no has hecho nada mal.

— Si, si lo hice, no me di cuenta que Charly...

— Esta enamorado de ti. 

— Yo no hice nada.

— Claro que no, es solo que... eres muy hermosa, y tu forma de ser es única, tu inocencia los atrae, a todos. Y... tengo miedo que algún día me dejes.

Candy no daba crédito a lo que oía, Amir le estaba confesando cuanto la amaba.

— Jamás, nunca te dejaría. 

Amir miraba el verde de sus ojos, esos que parecían esmeraldas, en los cuales se podría perder por el resto de su vida.

— Candy... ¿quieres ser mi esposa?

La joven solo le mostró su más grande sonrisa, levantó su mano y acarició la barba de Amir.

— Claro que quiero ser tú esposa. Solo, dame tiempo.

— Tiempo ¿para qué?

— Para mostrarte que puedo estar a tu altura Amir.

— Mi dulce Candy, tu eres más de lo que merezco, pero esperaré el tiempo que quieras.

Así fue como Candy se esforzó día a día, en estudiar, y trabajar, porque ella comenzó a diseñar las joyas para el imperio de su futuro marido, claro que lo hacía desde la comodidad de su hogar, y bajo la atenta mirada y cuidado de Matt y Melody que últimamente estaban muy cariñosos, tanto que a veces costaba creer que ese par eran asesinos.

La joven rubia trataba de mantenerse al margen pero no podía, incitaba a su hermano a proponerle matrimonio a Melody y a ella a tratar de cambiar de trabajo, algo que últimamente rondaba la cabeza de la pelinegra y es que ella guardaba un secreto, pero Candy la descubrió. 

— Melody, irás conmigo a mi cita médica.

— Woouu Candy, has cambiado mucho o solo das órdenes con nosotros.

— ¿Porque dices eso?

— ¡Matt deja de molestarme estoy trabajando, ve mejor a ver qué hace Amir en la empresa!, Amir cuando regreses a casa compra helado de cereza, Melody irás conmigo.....

A medida que Mel hablaba Candy se dio cuenta que era verdad, ella ya no tenía miedo de decir lo que sentía, su embarazo estaba bien, y los meses transcurridos le sirvieron tanto para estudiar como para fortalecer su autoestima, cada día era más fuerte, ya no era una mujer temerosa, seguía con esa dulzura típica de ella, pero no con la debilidad.

— ¿Que puedo decir? tengo a la mejor maestra, mírame, soy tu mejor alumna.

Ambas rieron, Candy era una excelente alumna no solo de Melody, sino también en todo en general, en estos pocos meses ya estaba a la altura de cualquier estudiante a punto de terminar el secundario, y para que hablar con lo referente al sexo, a pesar de tener que pasar una gran vergüenza con el doctor Rocha cuando lo hizo ir a la casa para que le aclara a Amir que no le pasaría nada a ella o a Eros si tenían sexo, lo había conseguido, ella era una diosa sexual con cara de Ángel, dispuesta a cumplir todas las fantasías del hombre que amaba y de crear muchas otras nuevas.

Si, Candy aprendía rápido y fue por eso que se dio cuenta del secreto de su amiga.

— No te preocupes Candy, yo te acompaño, pero creo que tu cita fue hace dos días, ¿acaso te sientes mal?

— No, y la cita no es para mí es para ti.

— ¿Y eso? Yo no estoy enferma.

— No, estás embarazada. 

La palidez en el rostro de Mel le confirmó lo que sospechaba.

— Como... maldición Candy, no puedes decir nada....

— ¿Mi hermano no es bueno para ti Mel? ¿Crees que será un mal padre?

— No, pero Matt... él no quiere niños, siempre lo escuché decir que jamás tendría hijos, ya sabes por todo el asunto de tus padres.

— Melody, ¿acaso no me has contado cuantas veces Amir decía que jamás se casaría? ¿Que nunca tendría una familia? ¿Que odiaba a las mujeres?

— ....

— ¿Lo ves? Si Amir pudo cambiar por amor...

— ¿Y si Matt no me ama?

— Melody, ¿acaso tus ojos no ven cómo te mira mi hermano? Me di cuenta que te adora el día que te presento como su asistente y amiga, ¿acaso tú no lo ves?

La mente de Melody comenzó a recordar todos los detalles que Matt siempre tuvo con ella, solo con ella.

No podían negar que esta joven rubia cambiaba la vida de todo aquel que conocía.

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