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XIII

Mientras Candy daba saltos de alegría, porque su amiga estaba embarazada, Melody se sentía caer en un agujero negro, donde la esperaban los miedos y reproches que alguien con un pasado como el suyo podría tener.

Ella estaba en el mismo infierno. 

— Es maravilloso, nuestros hijos se llevarán ¡un año de diferencia!, sabes lo que eso significa, crecerán juntos serán mejores amigos como nosotras y sus padre....

— Candy, basta, tranquila, eso no va a suceder.

— ¿A qué te refieres?, no tienes por qué preocuparte, si es una niña, Eros la cuidará. 

Los ojos de la joven brillaban de felicidad, se sentía extasiada, y su bebé también, y que no dejaba de dar patadas.

— No Candy, no es eso,...no tendré a este bebé. 

La cara de Candy se puso más pálida de lo que ya era, las palabras de su amiga hacían eco en su mente, no lo entendía, no quería entender.

— ¿De qué hablas Mel?

El susurro fue apenas audible, pero Melody la escuchó y como no hacerlo, si esta joven era su conciencia en carne y huesos. 

— No tendré a este bebé, voy a abortar Candy, es lo mejor.

— ¿¡Para ti!?

— Para Matt, y para mí, ¿eso querías escuchar? ¡Bien, ya lo dije!.

— ¿Porque? ¿Acaso no lo quieres?

— No lo entendería Candy.

— No soy tonta Melody, explícame. 

— !No tengo porque hacerlo, no eres quien para juzgarme!, estás acostumbrada a que siempre sedemos en todo lo que pides o quieres, ya no eres una niña, y si, tu pasado fue horrendo, golpeada y violada, pero eso no te da derecho a que pongas esa cara de santa y mártir para manipularlos a todos...

Melody no quería lastimar a su única amiga, pero no soportaba que la mirara de esa forma, Candy era luz, amor, ella jamás la miró más que con cariño, pero ahora la miraba de la misma forma que lo hacían todos, la miraba como la asesina que era.

Candy no supo en qué momento su furia salió a flote, esa misma que llevaba en la sangre, esa que hacía a su hermano perder el control, o sacar lo peor de él. 

Pero lo hizo, la joven rubia con cara de Ángel, mostró que ya no se dejaría humillar por nadie, ni siquiera su mejor amiga, estando aún dentro del vehículo y con el chófer como testigo, Candy le dio una bofetada a Melody.

La pelinegra quedó en shock, y el chófer respiró aliviado, ya que estaba perdiendo la cordura al ver como su jefa estaba siendo agredida verbalmente, a este joven no le importaba que Melody sea una asesina o que estuviera embarazada, su lealtad era con Candy, él le debía la vida a ella y la entregaría con gusto para defenderla.

— Candy...

— Que seas mi amiga no te da derecho a lastimarme con tus palabras, no sabía que pensabas eso de mí, y tampoco pensé que los manipulaba, si alguna vez te sentiste así, te pido disculpas, es tu cuerpo, tú sabrás si puedes vivir con el hecho de matar a tú hijo, tu sangre una parte tuya y de quien amas. Después de todo no es como matar a un desconocido que ya vivió su vida, estarás matando a alguien aún antes que abra sus ojos a este mundo.

La joven rubia, a pesar de que su vientre estaba muy grande, salió del vehículo apenas este se detuvo, ella estaba furiosa, y eso era algo a lo que nadie estaba acostumbrado a ver.

— Hola amor.

Amir quedó parado en la puerta, cuando su bella novia entró y ni siquiera volteó a verlo, la furia que sentía era algo nuevo para ella, no sabía cómo canalizar la, por lo que todos pagarían su mal humor.

El hombre la siguió tratando de entender que sucedía.

— Candy, ¿Sucede algo?

— Dime Amir, ¡¿Te manipuló?!

— ....

Al hombre le encantaba los gritos de su futura esposa, pero en la habitación y cuando eran de placer, no en la sala delante de los empleados. Quedo estático en mitad de camino a la sala, sin saber qué hacer.

—Hermana, ¿qué sucede?

— Para ti va lo mismo, soy una ¡¿manipuladora?! Cuantas veces los obligue a hacer algo que no querían, ¿¡solo porque me tienen lástima!?

— Pero... ¿qué rayos te pasa?

Matt no salía de su asombro, mientras Melody entraba a la sala, este se giró para preguntar si sabía que le sucedía a su hermana, pero su atención cambió, al ver la mejilla de la pelinegra, en la cual estaba marcada una mano.

— ¡¿QUIEN MIERDA TE GOLPEÓ?!

Amir volteó en dirección a Melody, saliendo del estado de letargo en el que se encontraba, mientras Matt sacaba su arma, dispuesto a ir en búsqueda de cualquiera que haya osado a tocar a su pelinegra, ninguno de los dos estaba preparado para lo que hizo Miguel, el chófer, él había entrado en la sala, y en ese momento se colocó cubriendo a Candy y sacando el arma que cada empleado llevaba por seguridad de la futura señora, listo para usarla, si ese fuera el caso.

— ¿Qué carajo haces Miguel?

Amir lo miraba sin entender, pero lo que sí entendía, era que su futura esposa ya no era un conejito asustadizo, ya que Candy se mantuvo con la cabeza en alto, mirando de una forma desafiante a su hermano. 

— Protejo a la señora.

Fue la respuesta de Miguel, como si de un robot se tratara, sin despegar la vista de Matt.

— ¡¿Candy?!... !¿Tú golpeaste a Mel?!

— Fue un accidente Matt.

— No necesito que mientas por mi Melody, no te sientas "manipulada" y mucho menos obligada a hacer algo que no quieras, ¡no por mí! Sí, yo la golpeé, ¡que harás!

Y esa era una buena pregunta, que haría el asesino más famoso y letal del mundo. Candy lo miraba sin un ápice de arrepentimiento ante lo que había hecho, todo lo contrario lo miraba desafiante.

Ahora todos lo podían ver, Candy era un Ángel, cariñoso y lleno de luz, pero cuando se enojaba, era capaz de enfrentarse a todos, ya no era débil.

Matt guardó su arma, mientras miraba sin entender a Melody.

— No haré nada Candy, jamás podría lastimar a mi sangre, eres mi hermana y a pesar de que no estuvo bien lo que hiciste, solo podría enojarme contigo o discutir como mucho, pero jamás te lastimaría.

— Bien aún un gran asesino como tú puede albergar humanidad y amor en su corazón. Hasta un asesino respeta los lazos de sangre. 

Y sin decir más, subió las escaleras, dejando a Melody sola, con mucho que explicar, porque de algo estaban seguros, esta joven hizo algo que provocó la furia de Candy.

Cuando Candy desapareció en la planta alta y Miguel se retiró, Amir fue el primero en hablar. 

— ¿Dirás que le hiciste?

— ¿¡En verdad Amir?! Creo que a mi hermana por fin se le termino de zafar el tornillo que tenía flojo, ¿¡que no ves que ella golpeó a Mel?!

— Eres más idiota de lo que creía Matt, Melody ¿dirás lo que pasó? Porque debe ser algo realmente grande para que Candy este así.

— Discutimos, ¿de acuerdo? Me fui de boca y dije cosas que no son ciertas, en todo caso no tienen por qué involucrarse, es algo entre ella y yo.

— Lo que sea, no me importa, sabes que ella tiene que estar tranquila, MI HIJO Y ELLA SON LOS UNICOS QUE ME IMPORTAN.

— Basta Amir, está diciendo que solo discutieron. 

— Te recuerdo Matt que tu novia es una asesina, pero Candy es tu hermana y la última vez que tú y yo discutimos, ¡me apuñalaron con un abre cartas!

— ¡¿Ahora crees que mi hermana atacará a Melody?!

— Sea lo que sea que hizo, la enfado y no pienso esperar a ver qué más puede hacer aparte de dar una bofetada.

— ¡Por favor Amir es Candy! Es inofensiva. 

— Ya no.

Ambos hombres giraron para ver a la pelinegra que se rebaja caer en el sofá, con una expresión de cansancio absoluto.

— ¿A qué te refieres?

— No creo que me haga nada... por ahora.

— Melody...

— No es nada, solo.... le dije que era una manipuladora.

— ¡¿Pero qué mierda tienes en la cabeza?!

— ¡No insultes a mi mujer Amir!

Y fue en ese momento donde Melody se dio cuenta que Matt, realmente la tomaba en serio, ante sus ojos ella era su mujer, su pareja, ¿a qué le temía, entonces?

— Basta, iré a disculparme con ella, ustedes dejen de pelear, y Amir tiene razón, es mi culpa, así que tranquilo Matt.

Melody subió escalón por escalón, y cada paso que la acercaba a Candy la hacía sentir más culpable, ella era un monstruo. 

No se detuvo a tocar la puerta, solo entró, con la confianza de quien sabe que será bien recibido.

Y así fue, sentada en la orilla de la cama estaba su amiga, la única que no la juzgaba, hasta hoy. 

— Candy.

La rubia giró, la miró de una forma extraña, sus ojos verdes la acusaban y la hacían sentir peor que un animal.

— No quise decirte manipuladora.

— No te golpee por eso, te voy a pedir que dejes a mi hermano, aléjate de él, terminen su sociedad, y te quiero fuera de mi casa, no vuelvas nunca más. 

Cada palabra la dijo mirándola a los ojos, con una frialdad jamás mostrada, ni siquiera cuando hablaba de su pasado, el corazón de Melody se contraía, estaba a punto de romperse. 

— ¡Candy! Te estoy pidiendo disculpas....

— Mataras a mi sobrino Melody, si tú no tienes un poco de amor por él, yo sí, es mi sangre también y pagará por algo que ustedes hicieron. Tú al igual que todos creen que soy tonta, que no entiendo, pero se equivocan, sé que Amir pagó por mi virginidad, sé que cuando yo le dije que se detuviera y él no lo hizo me violó, quedé embarazada porque no sabía que debía tomar una píldora, era ignorante, no tenía ni para alimentarme, si María no me hubiera ayudado, los probable es que estaría siendo prostituida, pero a pesar de todo, jamás pensé en matar a mi hijo, tú decidiste estar con Matt, y sabías muy bien que podías quedar embarazada ¿y ahora? Tienes un mes, ¡UN MES!

— NO ENTIENDES, SOY UNA ASESINA, ¿sabes cuántos quieren verme muerta? ¿Cuantos están atrás de Matt? ¡¿Quieres que tenga a mi hijo para que lo atrapen, lo torturen y quien sabe cuántas cosas más?! ¡¿Piensas que es fácil para mí?! ME ESTOY MURIENDO DESDE QUE ESCUCHE SU LATIDO.

Melody corrió a buscar refugio, se arrodilló en frente de su amiga y unido su cabeza en las piernas de ella, mientras Candy acariciaba su cabeza, a modo de Consuelo, lo que está asesina desconocía, es que Candy aprendió a usar muy bien su cabeza, ella sabía que Melody iría por su perdón, como también sabía que Amir y Matt la seguirían para saber qué era lo que sucedía.

Candy se había convertido en una estratega y a pesar que sabía que estaba traicionando a su mejor amiga, más valía la vida de su sobrino y decidió tomar el riesgo.

La puerta se abrió lentamente, dejando ver a dos hombres, uno estaba ansioso e inclusive nervioso, mirando el verde de la mirada de Candy, y es que Amir no quería que toda esta situación alterara a Candy, nada de estrés dijo el doctor y vaya que esto causaba estrés.

Mientras que Matt miraba a Melody, quien parecía una niña asustada, buscando protección en las piernas de su madre.

— Jamás dejaría que algo te suceda a ti o a nuestro hijo.

Y en ese momento la pelinegra sintió que su corazón se saldría del pecho, volteo al tiempo que vio a Matt caminar hacia ella y le extendió la mano para ayudarla a levantar.

— Tú y yo tenemos mucho que hablar.

Melody solo asintió con la cabeza y ambos desaparecieron del cuarto, dejando a Candy con una enorme sonrisa y a un Amir sorprendido.

— Pequeño demonio, tú lo planteaste todo.

Los ojos de Candy se abrieron con sorpresa y una risa de nervios y euforia comenzó a salir de ella.

— ¡¿Cómo lo sabes?!

— Porque puedo ver tu alma, mi dulce Candy.

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