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XIV

Amir comenzó el día muy emocionado, cuando llego a la empresa se encontró con la grata sorpresa, que al fin las alianzas que Candy había diseñado estaban listas, y el empresario ya las tenía en su bolsillo, solo que no sabía en qué momento dárselas, o que planear para que fuera una propuesta única eh inolvidable.

Estaba parado mirando por la gran ventana de su oficina, pensando en si sería más apropiado esperar a que su hijo naciera, para hacer su movimiento, cuando la puerta se abrió y dejo ver a Matt, entrar por ella.

El hombre se veía muy contento y Amir callo  en cuenta que desde el día anterior no sabía nada de él o Melody, ni si llegaron a algún acuerdo, ya que cuando quedo solo con Candy y le hizo el amor, su mente se olvidó de todo, ese es el efecto que la  pequeña rubia tenía sobre él, era tanta la felicidad que le brindaba que cualquier inquietud o preocupación, desaparecían de la mente del empresario, pero no solo por horas, el olvidaba todo lo malo por tiempo indefinido, y sus empleados no podían estar más feliz con lo que sea que su jefa le hiciera al gran Amir dueño del imperio Diamnons, si gracias a eso los despidos habían disminuido y el ambiente de trabajo era menos estresante.

—Matt— Amir camino para estrechar la mano de su amigo, quien lo encontró a mitad de camino.

—Amir, ¡VOY A SER PADRE!— la sonrisa que mostraba Matt por un momento lo dejo en blanco, jamás lo había visto tan feliz, tan humano

—FELICIDADES, supongo que pudiste tranquilizar a Melody.

—Ni me lo hagas recordar, ella tiene pánico, ya sabes, nuestro pasado...  Pero te juro, jamás dejare que nada le pase, ni a ella ni a mi hijo. — el fuego de un juramento ardía en la mirada d este hombre.

—Claro que no, no lo permitiremos, jamás les pasara nada a nuestra familia.

En ese momento Matt entendió, que no podía seguir enojado con su mejor amigo, era algo inútil, Candy lo amaba y Amir era una buena persona después de todo, ya había demostrado en este tiempo que él no dañaría as u hermana.

Matt comenzó a contarle como se retirarían del negocio, dejaría de ser el Ángel de la muerte, y se convertiría en un hombre de bien, todo para asegurar el bienestar de su familia.

—Familia, ¿lo puedes creer?, tendré una familia.

—Ni lo digas, que yo todavía no creo lo mío, te das cuenta que Candy nos cambió la vida a ambos, digo ella sabía que Mel sentía algo por ti eh hizo todo lo posible para mantenerla aún más cerca tuyo  y ayer, cuando supo que Mel no estaba segura de continuar con el embarazo.. Ella…

—Nos manipulo, sé que suena feo, pero es mi hermana Amir, tú te diste cuenta y yo también, conozco cada brillo de sus ojos verdes.

—Ella es realmente inteligente.

—Mi hermana piensa con su corazón, esa es la diferencia es por eso que no la comprendemos. O mejor dicho no la comprendía, no sé si es el hecho de que seré padre, o si es Candy que ya perdono a Aarón, pero… yo también  necesito a mi padre, creo que es hora de que hable con él y tratar de empezar de nuevo.

Antes de que Amir pudiera contestar Charly entro sin tocar a la oficina, lo que le llamo la atención al empresario, ya le había perdonado la osadía de querer quitarle a su hermoso Ángel rubio, por lo que volvían a tener esa química de empleado y empleador.

—Amir. — la cara del joven estaba pálida y Amir se levantó de su lugar con urgencia.

— ¿Qué sucede Charly? Matt imito los movimientos de su amigo.

—Emir, tu padre, acaba de llegar y está en  tu casa con Candy.

Amir salió de la empresa sin decir nada y Matt se dispuso a seguirlo, algo lo inquietaba, pero no estaba seguro de querer preguntar, hasta que recordó quien era el, y sobre todo que no le temía a nada.

— ¿Qué sucede Amir?

—Mi padre no sabe de Candy.

— ¿Y eso por qué?

—Matt, mi padre odia a las mujeres más que yo, él no entenderá lo que tengo con Candy, estoy seguro que pensara que ella esta tras mi fortuna.

—Amir, lo único que espero es que tu padre no se le ocurra hacer nada en contra de mi hermana. — la amenaza era clara y el empresario lo entendió.

—No te preocupes, no lo pienso permitir.

Mientras este hombre sufría en silencio, pensando mil y un escenarios posibles de lo que resultaría la presentación de Candy y Emir, la joven estaba disfrutando de un poco de aire fresco en el jardín de la gran mansión, cuando un lujoso auto negro ingreso en la propiedad y de el descendió un hombre ya con algunos años encima, de un porte elegante y un aura poderosa, pero ella solo reparo en los ojos azules, tan parecidos a los del hombre que amaba.

Cuando el desconocido poso sus ojos en ella, cambio el rumbo en el que se dirigía y en lugar de entrar en la mansión, se dirigió a  la mesa del jardín donde la joven embarazada se encontraba.

— ¿Tú quién eres y que haces aquí?— a pesar de que el hombre tenía una voz gruesa cargada de autoridad, Candy no sintió miedo alguno, y es que él tenía la misma mirada que Amir, algo que la hacía sentir protegida.

—Hola, mi nombre es Candy Ángel ¿y usted es?— por un segundo el hombre quedo embelesado por la sonrisa de Candy.

—Conque Candy Ángel, no me suena tu nombre, ¿eres alguna de las amigas de mi hijo? .— algo en el interior de la joven ardió ante aquel comentario. Y reacciono, ella ya no se quedaría callada con nadie.

—Se podría decir que soy prácticamente su esposa, ¿y usted? ¿Quién es? El hombre tomo en cuenta lo que escucho y luego dirigió su mirada al abultado vientre.

—Entonces eres la estúpida que cree que porque tendrá a mi nieto, Amir te pedirá matrimonio.— el hombre le dedico una sonrisa fría, pero lejos de causarle temor Candy solo le sonrió como respuesta, una sonrisa cargada de la promesa que pagaría por llamarla estúpida.

—Supongo que usted es Emir, tome asiento por favor. — Como toda una dama, mantuvo la calma y se acomodó en el sillón, Emir siguió con su consejo y también tomo asiento. En ese momento Rose llego a donde estaban ellos.

—Señora ¿se le ofrece algo?

—Señor Emir, ¿desearía beber algo mientras espera a su hijo?

—Un café turco.

—Rose por favor un café turco para el señor y un jugo de naranja para mí.

Una vez que la empleada se retiró Emir, quien no quitaba la vista de la joven se dispuso a averiguar quién era realmente esa mujer.

— Y dime, ¿cuándo nacerá mi nieto, o nieta?

— Eros, nacerá en dos semanas, aproximadamente. Contesto mientras pasaba sus manos por su vientre, dándole una tierna caricia.

— Eros, un nombre peculiar. — El hombre no podía despegar los ojos de cada movimiento que hacia aquella rubia joven y hermosa.

— Un nombre poderoso, un nombre justo para mi hijo. —Lo dijo llena de orgullo, como si supiera que su hijo estaba destinado a hacer grandes cosas.

— Un nombre justo para el hijo de Amir. — ahora era Emir quien mostraba orgullo al saber que su apellido seguiría existiendo, ya había descendencia.

— Disculpe señor Emir, pero este niño también es mío. — ella quería que supiera que fuera lo que el futuro le deparada a Eros ella también tendría participación en el.

— ¿Y te aferraras a él para que Amir no te deje?

— Qué raro. — Candy lo miro con sorpresa fingida.

— ¿Qué cosa?— Emir noto cierta burla en su voz.

— Que aún no sepa que los hijos no atan a las personas, se ama o no se ama, solo eso puede mantener a una pareja junta, solo así se puede tener todo. — le contesto mirándolo a los ojos de una forma desafiante.

— ¿Y que puede saber una niña como tú? ¿Qué puedes saber de la vida y lo que es el amor?— Emir la miraba como si de un insecto se tratara.

— Mucho más que usted seguro, vera señor Emir a usted, al igual que su hijo, jamás le ha faltado nada en la vida, dinero, lujos, protección, lo tuvieron todo, pero para alguien como yo, que no he tenido nada, se apreciar las cosas que realmente son importantes, mi hijo, Amir, mi familia.— Candy mantenía su rostro sereno, ella no caería en gritos ni berrinches, ella sería la señora de Amir Zabet, pero sobre todo, es la madre de Eros, debía estar a la altura.

— Lo que me faltaba, mi hijo se fijó en una don nadie. — a Emir lo único que le quedo fue el hecho de que ella reconociera que no poseía riquezas ni clase.

— Se equivoca nuevamente, su hijo no se fijó en una don nadie, él se fijó en una prostituta señor. — la sonrisa que la joven le dedico le hizo comprender que ella aun no terminaba con lo que le tenía por decir y que mucho menos se avergonzaba de su pasado.

— ¡Pero qué dices!, como así…

— Creo que si sabe lo que es una prostituta, en fin no se preocupe, amo a su hijo y no su dinero, y  pero lo más maravilloso es que  su hijo me ama, a pesar de todo él no es como usted. — Candy lo miraba de una forma tan condescendiente, que Emir empezó a perder la calma.

— ¡Cómo te atreves!

— Me atrevo porque María es mi amiga, ella si sabe lo que es el amar ¿pero usted? Solo sabe de clases sociales. — Candy escupió esas palabras con un desprecio tan grande como si fuera algo realmente atroz la forma de clasificar de este hombre.

Candy había llevado a los límites a su futuro suegro que era aún más orgulloso que su hijo, y de pronto ella se vio de pie levantada casi en el aire, Emir la sujetaba del brazo y estaba a punto de darle una bofetada, por el atrevimiento de hablarle de esa forma,  cuando sintió el frio del metal de un arma en su sien.

—Le voy a pedir que deje a la señora tranquila. — la voz grave del chofer lo hizo girar levemente.

— ¿Miguel? – Emir no podía creer que el muchacho que el trato tantas veces al venir a esta casa lo estuviera apuntando, él sabía perfectamente quien era.

— ¿Qué rayos haces?  ¡Quieres que mi hijo te mate! — Emir sabia el lugar tan importante que tenía en el corazón de Amir. Lo que no sabía era cuanto cambio el corazón de su hijo en este último tiempo.

—Señor, créame si el señor Amir viera lo que le hizo a la señora ya estaría muerto. — el frio recorrió la columna vertebral del hombre, Miguel sería incapaz de mentirle, y él lo sabía.

—Miguel, gracias por tu ayuda, pero retírate, estoy a mitad de una conversación con el señor. — Candy seguía con su cara de Ángel, sin demostrar temor alguno.

—Pero señora...— el chofer no quería que nada le pasara a su jefa, no lo podría soportar, él le era leal y quizás seguía un poco enamorado de la señora, pero eso jamás lo diría en voz alta, ni se atrevería a hacer algo indebido.

—Está bien Miguel, no te preocupes, retírate. — En ese momento Emir se dio cuenta de algo, el brillo en los ojos de esta joven cambio le hizo recordar a un asesino muy talentoso y en ese momento recordó el apellido con el que Candy se había presentado.

— ¿Candy Ángel? ¿Eres hermana de Matt?— Emir soltó lentamente  el brazo de la joven, mientras Miguel se retiraba, ella volvió a su lugar, espero a Rose que llegaba con las bebidas, y una vez que quedaron solos hablo.

—Así es, soy la hermana de Matt, pero eso no cambia nada, no se sienta cohibido de decir lo que piensa de mí, como vera  yo no me contengo de decir lo que pienso… ya no. — el hombre volvió a notar ese dolor en su mirada y no pudo contenerse en preguntar.

— ¿Antes si lo hacías?

—Antes. — La risa de Candy era una mueca en parte de dolor y en parte de melancolía. — ante la cara de confusión de Emir, ella continuo con su explicación.

—Se podría decir que antes no respiraba si no me daban permiso, pero eso se terminó, cuando me entere que Eros nacería y que Amir me amaba, me propuse estar a la altura de lo que ellos merecían, por lo tanto ya no dejo que nadie me lastime, ni siquiera con una mirada.

 Emir se dio cuenta que tan parecida era esta joven a Matt, estos hermanos eran hermosos, físicamente, ella tenía cierta calidez que invitaba a mirarla, mientras que el aura de  Matt  te impedía mirarlo fijamente sin sentirte incomodo, pero si tenían algo más en común, sus amenazas tenían el mismo peso  dichas en un susurro, una risa o un grito, ellos te advertían que estabas en la cuerda floja y uno se daba por enterado de inmediato.

—No importa de quien seas hermana, mi hijo no te puede amar.— Emir quería seguir negando lo que estaba a la vista de todos y de lo que él era el único que no estaba enterado y es que Amir estaba enamorado de Candy.

— ¿Porque?— no pudo evitar preguntar con cierta burla.

— El odia a las mujeres. — explicó como si de lo más lógico se tratara.

— Ese es usted señor, y creo que tampoco es así, creo que prefiere pensar eso para que el rechazo de María no le duela tanto. — Candy se cansó de jugar  y ataco donde sabía que le dolería.

— Ella no me rechazo, yo le di a elegir su hijo o yo  — dijo con un deje de amargura, y es que hasta el día de hoy se arrepentía de aquello.

— Tiene razón, fue usted quien la alejo. — la sentencia de Candy lo dejo con la boca abierta.

— ¿Disculpa?

— Una buena mujer, jamás dejaría a su hijo por un hombre y María es eso, una buena mujer. Si me disculpa por el embarazo debo ir más seguido al tocador.

Candy ingreso a la casa, y Emir aun no podía creer que esta joven que no tendría más de 20 año le había dado lecciones de vida, pero lo que más lo cautivo y maravillo es que a pesar de todo lo que le dijo podía ver que ella al igual que María eran mujeres excepcionales, jamás dejarían a sus hijos. Este hombre hubiera entregado su fortuna e incluso su alma si su ex esposa se hubiera llevado a Amir con ella, no porque no lo quisiera, sino porque eso le demostraría que él le había entregado su corazón a una buena mujer, pero los hechos le demostraron que la madre de Amir era cualquier cosa, menos una buena mujer.

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