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XVI

Seis horas pasaron del momento en el que Candy ingreso en el hospital, seis horas en la que Amir creyó que se volvería loco, a pesar de que la joven rubia mantenía la calma, él sabía cuánto estaba sufriendo, pero Candy era obstinada, ella no permitiría el uso de ningún analgésico, ni droga alguna que pudiera privarla de saber lo que era dar a luz, en su mente ella quería sentir lo mismo que sintió su madre para traerla al mundo, y así por fin poder entender cuanto la había amado, porque solo una mujer que ama a su hijo es capaz de soportar tanto dolor.

El momento tan esperado llego, los gritos de Candy cesaron para dar paso a  un llanto fuerte y claro, Eros Zabet Ángel abrió sus ojos celestes como topacios al mundo, y Candy no podía estar más encantada con aquella imagen, un niño tan blanco como ella de cabello castaño claro como el de Amir, tan parecido al hombre que amaba, luego de sostenerlo y hablarle por un momento le informaron que debían llevarlo, para limpiarlo y cambiarlo.

—Ve con Eros Amir, ve con nuestro hijo. — pidió con el cansancio reflejado en la voz.

—Él estará bien Candy, me quedare sosteniendo tu mano, hasta que te lleven a la habitación.

—Amir, antes que tú o yo, esta él, eso es ser un buen padre, nunca dejes solo a tu hijo, ni ahora ni nunca.

Amir coloco un beso en la frente sudada de su bella futura esposo, salió siguiendo los pasos de la enfermera que llevaba la prueba de que Amir Zabet podía amar y ser amado en este mundo, pero su corazón se inquietó, las palabras de su pequeña Candy sonaban tan profundas, tan verdaderas, como una despedida camuflada. Borro de su mente aquella idea, ella no podría dejarlo, ella estaba bien así se lo aseguro el doctor Rocha.

Una vez que tuvo a su pequeño en brazos, preparo lo que se le había ocurrido para sorprender a la pequeña rubia, coloco a Eros en la cuna y saco con cuidado los calcetines, se maravilló por un momento viendo sus pequeños pies. Ese pequeño que fue producto de una locura, que le quito el sueño por muchas noches y que sin embargo Candy lo había ayudado a enmendar y lo mejor de todo, ella lo amaba tanto como para perdonarlo por lo que le hizo.

—Eres tan pequeño, tan frágil, eres igual a tu madre Eros, lo sé al ver brillar tus ojos, tu tendrás su bondad y es por eso que ayudaras a papá, debemos asegurarnos que mamá nunca nos deje.

— ¿Hijo?— Emir estaba en la puerta de la habitación, mirando con una gran sonrisa a su hijo, viéndolo convertirse en padre.

—Mira, mi hermoso Eros ya está aquí. — unas lágrimas cayeron por los rostros de ambos hombres, esos que eran dueños de un imperio de joyas, quienes tenían poder y fortuna, esos que darían todo incluso su alma por ese pequeño, que solo buscaba chupar su mano ignorando todo a su alrededor, tan inocente y tranquilo como Candy.

—Felicidades Amir, mi nieto es muy hermoso, pero debo decir que por más que se parece a ti en lo físico, se nota que tiene un aura… pura, noble y buena.

— Como su madre, y ahora me ayudara a retenerla.— su padre lo miro con la culpa reflejada en el rostro, ese miedo que tenía su hijo de ser abandonado, era solo culpa de él, por alimentar el odio y rechazo hacia las mujeres, considerando a todas iguales por el error de una sola.

—Amir, lo que paso con tu madre… son nuestros errores hijo, tu eres diferente a mi o a ella, no todas las mujeres son iguales, ahí acepciones, como María, como Candy, debí decírtelo antes, tu historia no va a ser la misma que la mía, vive sin miedo a ser feliz, y en todo caso amala, demuéstrale que ella es lo más importante para ti, y si algún día aparece algún desgraciado y trata de arrebatártela, Candy sabrá que como tú no encontrara a otro.

Amir solo pudo abrazar a su padre, él tenía razón, el diablo sabe más por viejo que por diablo o por lo menos eso decían, Emir se retiró segundos antes que ingresaran a Candy, quien estaba a punto de caer dormida por el cansancio del parto.

— ¿Cómo te encuentras cariño?— le  pregunto mientras acariciaba su rostro.

—Maravillosa, pero muy cansada, ¿cómo esta Eros?— aun así de cansada y un poco hinchada Candy parecía un ángel.

—Tiene algo que decirte. — Candy lo miro sin entender, hasta que Amir acerco la cuna a su lado y ella pudo ver los pies descalzos del pequeño Eros, y en ellos, o mejor dicho en cada dedo pulgar de sus pequeños pies, estaban los añillos de bodas.

—Amir. — susurro sorprendida.

—  ¿Qué dices Candy? tenemos los anillos, tenemos nuestro hijo, y ya tenemos un hogar, solo falta que tú me digas sí.

Los ojos verdes de Candy se convirtieron en ríos, de tantas lagrimas que caían, casi no podía hablar, se sentía tan feliz.

— Si Amir, claro que sí.

Esa fue una noche muy larga para el empresario, ya que no permitió que nadie invadiera esas primeras horas de convivencia, ni siquiera las enfermeras, las cuales solo entraban a realizar los controles de rutina.

Amir se encargó de bañar a su pequeña rubia, quien no se permitió tener pena o vergüenza  porque él la viera de ese modo, ella sabía que este momento era tan íntimo y único incluso más que cuando hacían el amor, y a pesar de que ella se encontraba bien y podía caminar ya que fue un parto natural, Amir insistió en que se moviera lo mínimo posible y le ayudo en todo momento con su pequeño Eros.

Al día siguiente ya estaban en su mansión rodeada de su familia y seres queridos, no solo compartiendo la llegada de Eros, también informando que en tres meses se casarían, Matt no podía dejar de mirar a su sobrino, pero no lo quiso tomar en brazos por más que Candy se lo pidiera, cuando su padre llego él salió con disimulo al jardín, todavía le costaba mirar a la cara a ese hombre que tanto daño le hizo a Candy, a su propia sangre y no comprendía como ella lo pudo haber perdonado por todo.

—Es raro verte huir, hasta hace poco lo creí imposible, pero me sorprendo día a día. — el reproche en la voz de la peli negra era palpable.

—No comiences Melody, sabes que no tolero a ese hombre. — contesto con enfado.

—Lo sé, pero dime ¿Por qué no quieres tomar a tu sobrino en brazos?— Melody se colocó a su lado y lo miro a los ojos para ver la verdad en ellos.

— ¿En verdad lo preguntas Mel?— le contesto con sarcasmo.

—Lo hice, ¿no?— a la mujer se le estaba agotando la paciencia con el rubio, odiaba cuando se comportaba de esa manera.

—  ¿Sabes cuantas personas he matado con estas manos? y tú ¿me pides que cargue al hijo de Candy? ¡Lo viste!, no solo es hermoso, es puro, sin maldad, ¡¿cómo crees que podría ensuciar su ser tocándolo?!

—  ¡¿Cómo puedes creer eso, o así sea pensarlo?! ¡¿Acaso piensas que nuestro hijo nacerá con un alma negra y condenada por el solo hecho de ser nuestro?!— Mel estaba a punto de matar a su novio, sus mano tembló por un momento, descubriendo de esta forma que el amor que tenía por su bebe no nacido era aún mayor que el que le tenía a Matt.

— Si Melody, lo creo, pagamos nuestras culpas con ellos y eso me aterra, saber que pronto nuestro hijo será condenado por nuestros pecados, ¿cómo lo cuidaremos? ¿Cómo seremos capaces de mirarlo cuando sepa que somos asesinos?

—Fácil, dejando de serlos Matt, ¿en verdad crees que nuestra vida podrá continuar de esta forma? ¿Crees que el miedo que nace en ti  ya no hecho raíces en mí? Soy yo la que carga a nuestro hijo, soy yo la que siente una vida crecer en mi interior, ¿crees que no temo al castigo de Dios?, no sé cómo reaccionara mi hijo, si algún día sabe la verdad de lo que su madre hacía para ganarse la vida, pero si se lo que le diré, y es que desde que supe de su existencia… su madre decidió dejar atrás esa vida de asesina, para convertirse en alguien mejor, solo por él y para él, yo dejaría todo por mi hijo y eso te incluye Matt.— el fuego bailaba en los ojos negros de la joven.

— ¿A qué te refieres?— Matt sintió el miedo recorrerlo con solo pensar que la pelinegra fuera capaz de abandonarlo.

—No volveré a matar, no a no ser que sea para defender a mi hijo y si tú no estás seguro de dejar tu vida como el Ángel de la muerte… te pido que mantengas la distancia de mí y de él. — lo dijo con la frialdad que posee una asesina, y es que ella estaba dispuesta a matar el amor que sentía por Matt con el solo hecho de proteger a su hijo.

—Te amo con todo mí ser Mel, pero tengo miedo que mi hijo me repudie, que no me perdone por lo que he hecho. —  el ángel de la muerte se desmoronaba a la misma velocidad que su hijo crecía.

—Tu miedo radica en que nuestro hijo sea como tú, puedes ver que Eros tiene la esencia de tu hermana y temes enfrentarte a ti mismo en el futuro, eres tú el que no sabe perdonar, y temes que Hades nazca con tus defectos y cualidades, pero  si Candy pudo perdonar a Aarón, ella que fue la más afectada ¿cómo no puedes hacerlo tu Matt?, si quieres el perdón, primero debes darlo. Porque créeme algo, puedes temerle e inclusive tratar de huir de el, pero el destino siempre nos encuentra, depende de ti comenzar a perdonar si quieres aspirar a que te perdonen.

Sin decir más la pelinegra se marchó, dejando a Matt pensando cómo iba  a hacerle frente a la paternidad, y como dejaría de ser un asesino, para convertirse en alguien normal.

Los días transcurrían alegres llenos de amor y alegría, para todos y Candy se puso como reto, tratar de que su futuro suegro pudiera disfrutar del amor y lo logro, en menos de dos meses Emir anunciaba con bombos y platillos que María le había dado una nueva oportunidad, ahora solo debía conseguirle una pareja a Charly, a pesar de que su relación no era la misma que antes, ella le guardaba un gran aprecio a aquel muchacho que la había ayudado, y eso despertaba los celos de Amir.

— ¡¿Me quieres decir para que quieres saber si Charly está interesado en alguien de la empresa?!

— ¿Porque me gritas? — estaban en su recamara y su pequeña rubia estaba cruzada de brazos mirándolo con las cejas fruncidas  y su labio haciendo un mohín, hermosa pensó Amir.

—Pareces un gatito enojado. — se burló en voz alta el hombre.

—No contestaste, ¿porque me gritas? — el hombre descubrió que fue mala idea burlarse de la joven, ahora su rostro no parecía el de un gatito enojado, más bien parecía un león furioso.

—Mi esposa no debe de preguntar por ningún hombre que no sea yo. — contesto acercándose a la joven.

—Número uno, aun no soy tu esposa y  numero dos Charly es mi amigo.

— ¡UNO QUE ESTA ENAMORADO DE TI!

—Deja de gritarme o dormirás en el sofá. — Amir abrió los ojos con pánico, no creía que la rubia cumpliera su amenaza pero no estaba dispuesto a averiguarlo.

—Disculpa pero… ponte en mi lugar, que pasaría si te preguntara su Rose tiene pareja o si alguien de los que trabaja en la mansión le gusta.

—Te diría que si prestaras atención sabrías que  ella está enamorada de Miguel y ya estoy trabajando en ello, para que terminen juntos. —Amir se dio cuenta que su esposa estaba robándole el trabajo a cupido, ella quería que todo el mundo tuviera pareja.

—Candy no puedes ir por la vida de casamentera. — la reprendió con dulzura.

—  ¿Por qué? N o le hago daño a nadie, solo quiere que todos sean tan felices como yo. — respondió encogiéndose de hombros.

—Entonces… preguntas por Charly…

—Quiero que encuentre alguien que lo ame y lo cuide como tú haces conmigo y como yo hago contigo.

Ante aquellas palabras su futuro esposo estaba desarmado, no tenía ni podía refutar nada.

Como Amir sabía que su asistente solo estaba prendado con su hermosa Candy, decidió dar un paso al costado y que la rubia usara sus artilugios para conseguirle pareja, o él terminaría despidiéndolo a pesar del pedido de su padre. Fue así que Candy llego por primera vez a la empresa, Amir le había ofrecido llevarla varias veces para mostrarle como producían los diseños de joyas que ella hacía, y mostrarle la empresa que pronto seria de ella también, pero ella no había mostrado interés alguno por aquel lugar, hasta ese día. Le pidió a Miguel que la llevara, desde el momento que ingreso,  varios fueron los que posaron su mirada en ella, estaba un poco ansiosa ya que era la primera vez que dejaba su hijo al cuidado de  Melody y María, pero en el fondo sabía que ellas lo cuidarían bien.

—Hola, buenas tardes ¿en qué puedo ayudarla?— la recepcionista la escaneo con la mirada, noto la ropa de diseñador que llevaba y supo que era alguien importante.

—Hola, necesito hablar con Amir.

— ¿El señor Amir Zabet?  ¿Tiene una cita?— pregunto con un poco de recelo la joven.

—No, quería darle una sorpresa. — al escuchar esas palabras la recepcionista se apresuró a sacar conclusiones.

—Pues sabe que no se va a poder, el señor Zabet está próximo a contraer matrimonio, él hace tiempo que dejo de recibir sorpresas de mujeres como usted.

— ¿Y podría decirme hace cuanto tiempo que ya no recibe sorpresas de mujeres?— Candy trataba de no reír, pero también estaba nerviosa por la respuesta.

—No lo recuerdo muy bien pero aproximadamente un año.

—Que maravillosa noticia me acabas de dar.

— ¿Disculpe?

—Permíteme presentarme, soy Candy Ángel – todos en la empresa sabían que su jefe había sido padre hacia unos meses, y que estaba próximo a casarse, sin embargo desconocían hasta el nombre de su futura jefa, esa a la que le debían tanto, ya que Amir había dejado de ser un ogro temible, para convertirse en uno muy atento y considerado con todos sus empleados.

— ¡¿Candy?!— antes que la rubia terminara de presentarse, la voz de Charly la hizo girar.

—Hola Charly. — saludo con un beso en la mejilla a su ex mejor amigo.

— ¿Qué haces aquí? ¿Dónde está Eros?

—En casa con tu madre y Melody, solo quería darle una sorpresa a Amir.

—Bien pasa, te llevare a su oficina.

— ¡Charly¡ cómo te atreves a dejar pasar a esta mujer, sabes que el jefe se casara.— Charly la miro confuso, pero rápidamente entendió, hace un año atrás Amir recibía muchas sorpresas en su despacho.

—Tamara, te presento a la futura señora Zabet, Candy Ángel. — la joven abrió sus ojos con horror, sabía que había hablado de más.

—Un gusto Tamara y no te preocupes por nada, me encanta como recibes a todos, le diré Amir lo maravillosa que me parece. — Tamara solo sonrió con picardía y Charly se perdió en esa sonrisa, y allí estaba el porque Candy había decidido ir a la empresa, ella podía ver el amor en los ojos de las personas, ya había conseguido una pareja para su amigo.

Candy fue guiada por su amigo hasta llegar a la oficina de su esposo y ser presentada a su secretaria, quien a pesar de ser joven y  bonita denotaba ser una persona correcta.

—Dime algo, ¿Amir tiene algo importante que hacer el resto de la mañana?— pregunto mientras sus mejillas se ponían rojas.

—No, ¿Por qué?

—Por nada Charly solo procura que nadie toque esa puerta. — ante el brillo en los ojos color esmeralda de la rubia, el joven se dio por entendido lo que sucedería.

—Me pregunto dónde quedo violeta. — dijo con pena y anhelo  el asistente.

—Violeta nunca existió Charly, y lo sabes, solo soy yo, Candy tu amiga, la mujer más feliz del mundo por tener a Amir a mi lado y tú debes dejar de mentirte, Tamara es muy bonita, ¿acaso dejaras que otro hombre descubra lo hermosa que es? Además se nota que es una buena persona, de esas la que los hombres buenos merecen querer.

Charly lo entendió de inmediato, Candy no pudo ver en sus ojos cuando él la quería, sin embargo le bastó un momento para darse cuenta que él sentía algo por Tamara.

— A veces creo que realmente eres un ángel en la tierra.

El joven se marchó, y Candy pensaba que el diablo también era un ángel, desterrado, sí, pero ángel al fin, y ahora después de estar dos meses en abstinencia por el parto, por fin ya tenía el permiso de su médico para estar nuevamente con Amir, y lo que menos quería era ser un ángel dulce y bueno, ella quería ser todo para su futuro esposo y eso incluía darle el  mejor placer del cielo en la tierra.

Abrió la puerta de la oficina y lo encontró concentrado con unos papeles, mordió su labio mientras lo contemplaba, él se veía tan sexy con un traje azul oscuro, la barba recortada a la perfección, Amir destilaba clase y poder y eso la excitaba, le atraía.

El hombre que en un primer momento no despego sus ojos de los documentos que estaba revisando, espero paciente a que su asistente hablara, Charly era el único que entraba sin tocar primero, pero como el silencio se extendió, el hombre finalmente hablo.

— ¿Qué sucede Charly?— pregunto aun mirando los papeles.

—No soy Charly.— los ojos azules de Amir se dirigieron a la puerta de inmediato, solo para ver a su pequeña rubia, parada en aquel lugar con un largo sobre todo negro, que lo único que dejaba a la vista eran unos zapatos de tacón altos y finos color rojo.

— CANDY. — su voz fue una mezcla exacta de preocupación y alegría, se levantó de su silla y fue a paso rápido a su lado.

— ¿Qué sucedió? ¿Dónde está Eros? ¿Paso algo?— ha medido que hablaba la depuración se abría camino.

—Tranquilo, solo quería darte una sorpresa. — el hombre se relajó de inmediato, mientras tomaba los labio de su esposa, y su mano bajaba para apretar su trasero, pero pronto se separó recordando algo.

— ¿Qué sucede Amir, no te alegras?— pregunto confundida por su alejamiento.

—Claro que me alegro cariño, solo dame un minuto, pasa y ponte cómoda. — le dijo mientras señalaba unos sillones blancos y el caminaba hacia el teléfono. Candy obedeció mientras observaba lo que hacía.

—Hola soy Amir, desconecta las cámaras de mi oficina. — Candy miro hacia todos lados sin poder encontrar nada raro y menos cámaras.

— ¿Amir…?

—Están ocultas cariño, lo recordé cuanto mi mano te toco, no me gustaría que mis empleados vean lo que hago con m i esposa.

—Futura esposa. — el hombre rio al comentario de la joven

— ¿Y qué es lo que pretendes hacer conmigo?— pregunto con cara tierna, de que no mataba ni una mosca.

—Nada cariño, no te preocupes hasta que Rocha no lo autorice no te hare nada. — la voz de Amir sonó triste y Candy estuvo a punto de partirse de risa.

— Pues Rocha ya me autorizo.— dijo con voz sexy mientras abría su sobretodo y dejaba ver que solo tenía ropa interior puesta, sostén y bragas de encaje negro, acompañadas de portaligas del mismo color, lo que hacía que su piel resaltara, Amir se quedó con la boca abierta mientras su erección comenzaba a crecer a niveles insospechable.

—CA—CA—CANDY. — pudo pronunciar al fin el nombre de esa mujer que tanto lo enloquecía.

— ¿Si, cariño?— respondió con voz suave, seductora, y coqueta. — en respuesta el hombre tomo nuevamente el teléfono y Candy lo  miro con sorpresa.

—Soy yo de nuevo, solo les quería advertir que ni se les ocurra prender las cámaras de mi oficina y que dejen de grabar en este momento.— la voz gruesa de Amir la hizo estremecer por un momento, la forma en que la miraba, devorándola con sus azules ojos, la estaban haciendo humedecer.

—Ahora si cariño. — Amir avanzo hasta ella para tomarla en un beso apasionado, pero pronto Candy lo aparto.

— ¿Pero?

—Shhh, siéntate. — pidió la rubia y el hombre podía sentir la punta de su pene húmedo gracias a la excitación que tenía, llevaba casi dos meses donde lo único que le ayudaba eran las duchas frías y su nueva mejor amiga, su mano, ya que a el le encantaba las mamadas que Candy le hacía, desde que su hijo nació no la quiso presionar en ningún sentido.

Acato la orden que la joven le dio, mientras la observaba como con pequeños movimientos, ella lo iba despojando de su ropa, hasta dejarlo solo con el bóxer, en ese momento Candy subió a horcadas sobre él, frotando sus sexos mientras lo besaba, en un juego previo para subir aún más la temperatura, algo que ya era imposible.

Quiso tocarla, pero ella  tomo sus manos y la dejo a su lado, mientras iba repartiendo besos y pequeños mordiscos por el torso del hombre, descendiendo por el abdomen hasta llegar a ese bulto que tanto extrañaba.

Tomo el elástico con sus pequeñas manos y él se levantó un poco para ayudarla con la labor de retirar la última prenda de ropa que le estorbaba, fue así como tomo el pene de Amir y paso su pulgar por la punta mientras sus ojos se encontraban, desparramo el presumen por toda la punta y luego bajo la mano girándola poco a poco, provocando que el hombre cerrara los ojos ante semejante placer, de pronto la lengua húmeda comenzó a jugar con el orificio del pene y Amir gruño.

— Pequeña…

Candy se encendió aún más e introdujo todo lo que su boca pudo recibir, succionando con fuerza, comenzando o un vaivén que provocaba que Amir gruñera  cada vez más alto  y comenzara a mover sus caderas en busca de más.

—Vas a matarme Candy.

Dijo el hombre mientras que con un rápido movimiento levantaba el pequeño cuerpo de su fututa esposa y lo colocaba debajo de él. Ella trato de quejarse, pero la callo con un beso, mientras la sujetaba de las muñecas con una sola mano y la inmovilizaba dejándolas arriba de la cabeza de la rubia, se deleitó lamiendo y succionando los pechos que estaban aún más grande que lo habitual por la lactancia, y encontró que el alimento de su hijo era lo más delicioso que había probado, ahora entendía porque Eros no quería probar la formula y solo se alimentaba de lo que su madre le daba.

—Delicioso. — esto la hizo sonrojar pero la humedeció aún más,´provocando que las caderas de la joven cobraran vida y comenzara a frotarse contra Amir.

—Sí que me deseas pequeña.

—Sí, Amir, te deseo, te necesito. – el calor que sentía en su centro dolía por la necesidad de sentir a su hombre dentro de ella.

— ¿Segura que estás bien?— pregunto con un poco de temor, no quería lastimarla, aun recordaba su cara de sufrimiento mientras traía a su hijo al mundo.

—Estoy bien Amir… solo... por favor.

Estaba a punto de llorar por la necesidad de sentir el miembro duro del hombre dentro de ella, Amir bajo su mano, rozando la tela de la braga y aun con una sola mano, ya que no había soltado las muñecas de Candy, las rompió, arrojándolas en algún sitio cercano, por fin libero las manos de la joven, y tomo sus piernas las cuales llevo sobre sus hombros.

—No sabes cuánto te deseo mi amor.

Y sin que ella pudiera responder la penetro lento, pero profundo, arrancando un gemido lleno de satisfacción y alivio de ambos. Comenzó a moverse suave y sin poder contenerse volvió a tomar los pecho de la rubia, lamia, chupaba, y mordía, estaba extasiado al igual que Candy quien sin ninguna vergüenza lo único tangible que salía de su boca era.

—Mas, Amir, mas, sí, ohm sí.

Amir estaba a punto de descargar en ella, pero no dejaría que su futura esposa quedara insatisfecha, por lo que de un movimiento la coloco de rodillas en aquel espacioso sofá, donde ella se afirmó tomando el apoya brazo  del mismo. Se introdujo desde atrás, y su mano busco el clítoris hinchado y caliente de ella, comenzó a embestirla, provocando que sus pechos danzaran casi bailaran en el aire, por lo que no perdió oportunidad y con su mano libre apretó uno de ello, Candy se sentía mareada de tanto placer, y llego el momento que el calor acumulado en su bajo vientre busco salir y así liberarse, entre un gritos y temblores se dejó ir, perdida en aquel orgasmo, lo que provoco que Amir se vaciara en ella.

—Dios Candy…— y sin poder evitarlo le dio una nalgada, disfrutando de ver como el trasero de su futura esposa estaba rojo, a él le encantaba como su pequeño cuerpo se sonrojaba con cada toque, cada choque entre sus cuerpos cuando hacían el amor, cada experiencia vivida entre ellos era, mejor que la anterior, el jamás se cansaría de amar a esa pequeña.

—Te amo  Amir — dijo aun agitada y muy cansada.

—No más que yo mi pequeño ángel, mi dulce ángel.

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