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FIN

Nueve meses después de contraer matrimonio, Candy dio a luz a su hija, igual que como sucedió con Eros, esa noche de pasión en aquel hotel tuvo sus consecuencias, Zafiro solo obtuvo su nombre luego de una semana de nacida, los padres de la pequeña no llegaban a un acuerdo con su nombre, Candy quería llamarla Esmeralda y Amir Perla, pero ambos cambiaron de parecer cuando los ojos de su pequeña se dejaron ver con claridad, eran aún más azules que los de su padre y su rostro era el vivo retrato de sus madre.

Durante unos años vivieron en calma y tranquilidad, hasta que los pequeños niños comenzaron el colegio, no solo Amir cuidaba de mantener la identidad de sus hijos lejos del foco de los paparazzi, también lo hacía Matt, quien al igual que su hermana tenía una pareja de niños, Hades y Dulce, los empresarios sabían muy bien cuantas personas querían verlos sufrir, y que mejor manera de conseguirlo que a través de sus hijos, pero todo se salió de control cuando los niños comenzaron el colegio, en algún momento una foto de los cuatro se filtró a la prensa y solo vasto con que pasara un día de su publicación para que toda las paz y calma terminara.

Candy subió  al automóvil junto con sus sobrinos y sus hijos, como lo había hecho la última semana, tomaron el mismo camino con rumbo al colegio, cuando a mitad de camino se vieron rodeados por varios autos, Miguel, el chofer trato de hacer todo lo posible para salir de aquella situación pero era inútil, mientras Candy llamaba a Amir.

— Hola cariño. — saludo alegre el hombre sin saber lo que sucedía.

— ¡Nos están siguiendo Amir, nos están encerrando! – la voz desesperada de la mujer que amaba le helo la sangre, podía escuchar como sus hijos y sobrinos gritaban y  él estaba en la oficina, lejos de ellos lo más importante que tenía.

— ¿Dónde están?— pregunto con desespero.

Lo que Amir desconocía era que en ese momento el vehículo se había detenido, solo escucho la voz preocupada de sus chofer.

— Señora, deberá correr al bosque es la única esperanza, yo tratare de detenerlos.

— ¡Te mataran!

— Por usted señora, con gusto entrego mi vida. Ahora salgan.

Seguido de las palabras de su chofer, Amir escucho los disparos, grito tan fuerte en su mezcla de frustración y dolor que en segundos Matt estaba en la oficina, salieron de inmediato seguidos de Melody, los cuatro trabajaban en Diamnons, Candy llevaba a los niños al colegio y era la última en llegar, pero ese día no sería así, mientras Matt manejaba sin impórtale nada más que llegar a donde las personas que más amaba se encontraban, Amir llamaba a la policía y Melody a todos los guardias que estaban tanto en la empresa como en la casa, todos ellos solo tenían una misión ir al bosque y encontrar a Candy y los niños.

Mientras tanto Candy corría y obligaba a los niños a correr, los cinco tomados de las manos, no tenían esperanza alguna de escapar y ella lo sabía, de nada serviría correr, ya no podía escapar de la maldad del mundo, durante los últimos ocho años trato de convencerse que se podía seguir siendo bueno y dulce, que no era necesario devolver mal con mal, pero todo aquello que ella creía se perdió en el momento que Miguel había entregado su vida por ella, ese hombre que la había llevado a cada lugar que ella había querido ir, aquel joven que en viudo el día que su amada Rose murió a dar a luz a su pequeña Rosita, esa niña que apenas tenía dos años y ahora estaba sola, porque un grupo de personas decidió acabar con la vida de su padre, todo por llegar a ella, no, de nada serbia correr, solo tenía una opción, ser como ellos, tanto tiempo paso Melody y Matt enseñándole a defenderse, y ella solo los complació para que la dejaran tranquila, nunca creyó que llegaría el día que tendría que utilizar todo aquello, jamás pensó que sería capaz de arrebatarle la vida a alguien, pero eran sus hijos y sobrinos los que debía defender, y lo haría, nadie tocaría a sus niños.

Diviso un gran tronco hueco, y a su lado una pila de ramas secas, eso le serviría.

— Eros y Dulce quédense aquí y no hagan ruido, hijo cuida a tu prima, cierren los ojos. — dijo mientras los acomodaba en el interior del tronco.

— Hades, Zafiro, quédense aquí, Hades cuida a mi niña, por favor, solo… cierren sus ojos.

Su corazón dolía, podría ser la última vez que vea a sus pequeños, pero lo peor era ¿qué pasaría si la mataban y aun así daban con ellos? Candy corrió al lado contrario gritando, llamando la atención de aquellos hombres que le pisaban los talones, y lo consiguió, ellos la seguían, alejándose cada vez más del lugar donde los cuatro pequeños estaban escondidos, mientras los pequeños hombrecitos que apenas tenían 7 años, cubrían con sus cuerpos a las pequeñas niñas que lloraban en silencio.

La rubia vio su oportunidad cuando tomo una gran rama y se posiciono detrás de un tronco, cuando uno de los hombre paso a su lado, ese que iba a la cabeza de los demás por varios metros, con todas sus fuerzas lo golpeo en la cabeza, fue tal el impacto que su rostro se vio salpicado de sangre, mientras aquel individuo caía inconsciente, ella tomo su arma, para encontrarse cara a cara con dos hombres más, que lo único que hacían era preguntar por Matt y los hijos de este.

— Mira lindura, estas a tiempo de librarte de todo esto, solo  queremos a Matt o a sus hijos.

— No... No sé dónde está Matt, y no les daré a los niños.

— Entonces morirás y luego torturaremos hasta la muerte a los…

Candy no dejo que terminara de hablar, aprovecho la distracción del hombre y que los otros dos habían bajado la guardia y disparo, rápida, certera y letal como lo era su hermano y cuñada, hizo como ellos le enseñaron, disparo a la cabeza, sin error, sin segundas oportunidades, en su mente se repetían eses palabras.

— Algún día, en algún momento, serás tú o él, debes disparar a la cabeza, no le des la opción a que apague tu vida.

Bien el día había llegado, pero no fue uno, eran más y no era su vida, era la de sus pequeños, esos niños inocentes de los errores de los adultos.

—  ¡MAMA!

El grito de su hijo la a travesó como si fuese una lanza, enterrándose en su corazón, corrió, como jamás lo había hecho, solo para ver como un grupo de tres hombres estaba con ellos. Uno golpeaba a Eros y Hades, mientras los otros dos tenían en brazos a cada una de las niñas.

— Por última vez mocosos, ¿quién de ustedes es el hijo de Matt?

A pesar de los golpes, ninguno de los niños dijo nada, aunque eran solo niños sabían que decir una palabra significaba que algo malo le pasaría a Hades, algo peor que los golpes que estaba recibiendo, Candy se desconectó de cualquier sentimiento, en ese momento al ver la sangre salir de la cara de su hijo y sobrino, dejo de sentir culpa o empatía, dejo de ser Candy.

Dos disparos fueron suficiente, los hombres estaban de espalda a ella, quien golpeaba a los niños ni siquiera supo lo que sucedió, el que tenía a Dulce solo alcanzo a girar para ver la muerte ir por él, pero el que tenía a Zafiro fue más rápido y astuto, colocando a la niña en la línea de fuego, era su escudo, aquella mujer hermosa que ahora parecía algún alma en pena salpicada de rojo no sería capaz de disparar estando la niña de por medio o eso creyó, se encararon sin decir palabra alguna, solo sus miradas y armas apuntándose, el hombre alto de cabello castaño reflejaba nerviosismo pero también diversión en sus ojos cafés, mientras que los de Candy no reflejaban nada, estaban vacíos, carente de cualquier sentimiento, ella disparo al único lugar visible que no dañaría a su pequeña princesa, la pierna del hombre y aquel desconocido impactaría el pecho de la joven, quien cayó de inmediato.

Los grito y llanto de los niños por fin se dejaban oír, mientras Eros y Hades corrían a tomar cada uno a su hermana, ya que el hombre dejo caer a Zafiro luego de dispararle a Candy.

— Maldición, que desperdicio de belleza.

Se quejó el asesino mientras giraba para ir por su verdadero objetivo, el hijo de Matt, pero antes de dar un paso, se detuvo al escuchar.

— Siempre dispara a la cabeza.

Bajo la atenta mirada de los pequeños, Candy termino con lo que se propuso, acabar con cualquier persona que quisiera lastimas a sus niños, no tardó mucho en desplomarse nuevamente, la adrenalina había abandonado su cuerpo, lo único que esperaba era que no hubiera más nadie tras de ellos, por un momento fue consciente de lo que había sucedido, sus hijos y sobrinos fueron testigos de cómo ella la viva imagen de la paz y comprensión, ella la que siempre interfería si los pequeños peleaban o si los querían castigar, la mejor mama del mundo, la tía más buena que ha existido jamás, como ellos la llamaban, ahora se había convertido en una asesina a sangre fría y todo en frente de sus inocentes ojos, creyó que le temerían, que ya no la iban a querer, pero estaba equivocada, de manera automática sus hijos y sobrinos corrieron a su lado, trataron de hablar con ella, entre llantos y pedidos desesperados de que abriera los ojos, Candy quería decirle que todo estaría bien, pero había un problema, ella ya no sentía nada, ni frio, ni calor, tampoco dolor, y poco a poco se dejó arrastrar por la oscuridad.

— ¡MAMITA, ABRE LOS OJOS MAMY!

Los gritos de Zafiro guiaron a los guardias que ya se encontraban rastrillando el bosque, llegaron junto con Amir, Matt y Melody, quienes detuvieron su caminar cuando Eros y Hades con sus rostros cubiertos de sangre por los golpes recibido,  los apuntaron con las armas que habían recogido del suelo frio, esas misma que aún estaban tibia por los disparos realizados.

— Mamá los mato a todos y él la mato a ella. – dijo Eros mientras dejaba caer el arma mirando como los ojos de su padre se nublaban por las lágrimas mientras corría hacia donde estaba su pequeño Ángel, tendido en el suelo boscoso.

— ¡Ella nos defendió y ahora está muerta!—  grito con impotencia su pequeña Zafiro.

— La mataron por tu culpa Matt y por mi culpa. — Hades no entendía bien lo que sucedía,  solo sabía que esos hombres buscaba a su padre y a él.

Dos días después de lo que paso en el bosque y que los periódicos llenaran la primera plana con la notica de EL ANGEL DE LA MUERTE TIENE NUEVO ROSTRO Y LA LLAMAN MAMÄ, Candy abrió sus ojos, en un principio no entendía lo que sucedía, hasta que poco a poco recordó todo.

— Debemos adoptar a Rosita, se lo debemos a Miguel.  – fue una de las primeras cosas que Amir dijo, luego de llorar y agradecer porque su hermoso ángel había superado la cirugía de más de seis horas para retirar la bala que se alojaba cerca de su corazón.

— Ese estúpido ¿cómo pudo poner mi vida sobre el futuro de su hija? ¿Acaso no sabía que quedaría sola?  

Candy estaba luchando con la ira, uno de los pasos del duelo, en un principio fue la negación, al no ver el cuerpo de su chofer, prefirió negar lo que en el fondo sabía que había pasado, pero pronto tuvo que admitir en vos alta delante de la policía, que Miguel había murto para darle una oportunidad de  escapar con los niños, claro que no dijo que buscaban a su hermano o a su sobrino, no lo categorizarían como un ajuste de cuentas, solo sería un intento de secuestro. Pero el bajo mundo sabía bien lo que había sucedido, y aunque ahora todos sabían que la joven de 25 años era tan letal como su hermano, Matt no dejaría las cosas así, él y Melody dejaron a sus hijos al cuidado de Amir y Candy y volvieron después de un retiro de 7 años a ser el Ángel  y el susurro de la muerte, debían asegurarse que no quedara nadie con ganas de buscar venganza, matarían a todos los que participaron en aquella hazaña, desde el que busco información hasta el que dio la orden, solo después de eso volverían a ser solo empresarios.

— Bien señora Zabet, todo está en orden, se encuentra  en perfectas condiciones, la cirugía fue un éxito y los calmantes que utilizamos no afecto en nada su embarazo, por lo que no tiene nada que temer.

En ese momento tanto Amir como Candy se miraron sin comprender lo  que el doctor decía.

— ¿Disculpe? ¿Qué embarazo? – pregunto con la confusión relejada en el rostro.

— El suyo, ¿acaso no lo sabía?

— Debe a ver un error, me coloco la inyección, nunca la he olvidado, no puede ser.— dijo de forma lógica y es que siempre quiso tener una gran familia, pero sus hijos se llevaban casi un año de diferencia y ahora solo quería disfrutarlos, no estaba en sus planes tener más niños.

— En ese caso saldremos de dudas, le realizare una ecografía, espérenme un segundo.

El doctor salió para volver en dos minutos con el artefacto en cuestión, por un momento a Amir le brillaron los ojos y Candy se dio cuenta que su amado esposo si quería tener más hijos, a sus 37 años Amir estaba igual que a los 30, deseoso por ver a sus pequeños de cabello dorado y ojos exóticos correr y llenar de gritos su mansión.

— Bien, la verdad es que no sé cómo decir esto – la cara del doctor era un poema.

— ¿Qué está equivocado? – pregunto ingenua Candy.

— No señora, que está esperando quintillizos.

Por un segundo Candy creyó que le estaba jugando una broma y se levantó de golpe para mirar la pantalla que el doctor había pausado donde se veía cinco porotitos muy bien definidos, no era una broma ni error alguno y lo siguiente fue el gran golpe que se escuchó a su lado, donde Amir cayo desmayado.

— Creo que sabe que ningún método anticonceptivo es cien por ciento seguro. – dijo el médico a Candy pero viendo a Amir que seguía desmayado.

— ¿Ninguno?— pregunto ella viendo a su esposo que comenzaba a reaccionar.

— Bueno, la ligaduras de trompas o la vasectomía.

— Cuando Amir termine de despertar asegúrese de darle toda la información necesaria para la vasectomía. — sentencio la rubia

Melody y Matt terminaron de limpiar todo su pasado justo para ver la llegada de sus nuevo sobrinos, Amir gustoso acepto la recomendación que le hizo el doctor y se sometió a la vasectomía, la vida de esta pareja estuvo llena de altos y bajos, como cualquier familia normal, si bien sus sobrinos y sus dos hijos mayores, jamás olvidaron lo que sucedió aquel día en el bosque lo superaron, aunque a Hades le llevaría años volver a llamar papa a Matt, para él el hecho que su encantadora tía casi pierde la vida aquel día lo lleno de rencor hacia Matt, pero al fin pudo perdonarlo, para cuando Eros y Hades marcharon a la universidad, a Candy y Amir aún les quedaba mucho trabajo por delante, Zafiro y Dulce aún les faltaba un año más para marchar junto a sus hermanos, y es que los hijos de Melody jamás se fueron de la mansión de su tía Candy y Mel lo entendió, Candy tenía una conexión con los niños única, Rosita creció como una hija más del matrimonio y ante los ojos de todos ella era una Zabet, los quintillizos recién tenían 11 años y lo que tenían de parecido físicamente lo tenían de diferente en sus personalidades.

— Stefano  ¿cuantas veces te debo decir que la violencia no es buena? Hijo las cosas no se solucionan golpeando a los demás.

— Lo se mama y te pido disculpas por eso, pero ese chico estaba molestando a mi hermana y eso jamás lo voy a permitir. –el temperamento del que nació primero siempre fue explosivo.

— Victoria, ¿es verdad lo que dice tu hermano?

— Si mamita, ese chico siempre me molesta.

— ¿y porque no me lo habías dicho?

— No me gusta acusar a las personas, además él está siempre solo, me da pena. — el corazón de la que nació segunda era tan blando como el de su madre.

— ¡FELIPE! – Amir ingreso a la sala cubierto de pintura y sabía quién era el responsable, el tercero en nacer era el encargado de las   bromas.

— Oh por Dios. — dijo Candy cuando lo vio.

— Papá, ¿podrías dejar de gritar?  Esto hablando por teléfono con mi novio. — se quejó la joven rubia asomándose por la escalera.

— ¿Qué NOVIO? ¡AMBAR TE ESTOY HABLANDO VEN AQUÍ.— el empresario salió corriendo tras su hija, esa  pequeña que nació ante ultima y que era sumamente coqueta a su corta edad.

— Mama, ¿qué posibilidades hay de que me marche a Europa con Eros?

— ¿Porque te quieres ir Mateo?— Candy veía al último en nacer y al más inteligente de todos.

— Creo que si vivo en otro continente podre generar mi propia empresa y  reputación y no ser el hijo de… ¿me entiendes? quiero conquistar el mundo por mí mismo. — respondió con la seriedad que solo él tenía.

— Ya veo, y que te parece si esperas unos años mientras me ayudas a convencer a Felipe que deje de gastarle bromas a todo el mundo o se meterá en problemas un día de estos.

— Bien mama, pero debes hacerte a la idea que algún día abriremos nuestras alas al mundo.

— Lo se mi pequeño, y ese día sabrás que aquí siempre tendrás un lugar al que volver por si necesitas cargar energías para seguir tu vuelo.

— Lo sabemos mama, todos sabemos que en este hogar lo que sobra es el amor. ¡FELIPE, MIRA ENCONTRE UNA  FOTO DE VALENTINA CONSTANTINI!

— ¿Crees que saldrá de su escondite?

— Claro mama, no sé qué le ve de lindo a esta niña, pero lo trae loco.

— ¿Y de dónde la conocen?

— Fue con su abuelo Marco Costantini, a pedir un  modelo exclusivo, creo que eligió una pulsera.

— ¿Donde? ¿Dónde está mi futura esposa? — Candy miro con asombro a su hijo.

— Felipe Zabet, ¿sabes en los problemas que estas metido? –pregunto Candy cuando lo vio llegar con rastros de pintura.

— No tantos como en los que esta Ámbar, su  novio tiene 14 años. — dijo mientras tomaba el teléfono de su hermano y veía una vez más la imagen de Valentina Costantini.

— No sé qué problema tienen ustedes, creo que tardaron demasiado en sacarlos cuando nacimos y la falta de oxígeno les afecto en algo.

— ¡Mateo!

— Es la verdad mama, Ámbar está saliendo con alguien tres años mayor y Felipe está soñando con una niña, eso es aún peor esa niña apenas tiene seis años.

— Felipe, es una niña. – el tono de preocupación se hizo presente en Candy

— Si pero cuando yo tenga 25 ella tendrá 20, y por como se ve su mama puedo decir que será una belleza, además tiene un carácter. — el joven dejo salir un suspiro y Candy comenzó a reír a carcajadas, si aún le quedaban muchas cosas por vivir, pero lo mejor  era que era feliz con su gran familia.

Para cuando por fin los niños se fueron a dormir, Candy se dirigió a su habitación, al entrar vio a su esposo sentado en un lado de la cama, aun se estaba secando el cabello, luego de batallar dos horas para quitarse toda la pintura que su hijo había dejado caer sobre el  con un globo.

Camino hasta el mini bar y se sirvió una copa de Wiski, ese olor al que antes le temía, ahora lo bebía sin ningún problema en algunas ocasiones especiales, camino con el vaso en la mano, hasta quedar en frente de Amir, quien al ver sus pequeños pies descalzos levanto la vista, para clavarla en esos ojos verdes como gemas que adornaban el blanco rostro.

— Desvísteme. — ordeno con el deseo bailando en su rostro, y Amir más que deseoso obedeció.

Desabrocho botón por botón mientras acariciaba cada trozo de piel que quedaba al descubierto, cuando su labor estuvo cumplida, Candy lo empujo sobre la cama y se montó sobre él que todavía tenía el bóxer puesto y ella el vaso con wiski en su mano.

— ¿Qué pretendes hacer mi dulce Ángel?  — la voz rasposa de Amir despertaba el lado más oscuro de la rubia.

— Comerte entero.

Y así lo hizo, una vez termino su trago Candy devoro cada parte del cuerpo de Amir y como lo hacían cada vez que su esposa tenia arranques de lujuria se devoraron durante toda la noche, Amir sentía tanta satisfacción cuando su esposa estaba en modo de seducción y ella adoraba que su esposo le cumpliera cada fantasía y que su libido no decayera con el pasar de los años, como cada noche antes de dormir Amir acaricio la cicatriz que la joven tenía en el pecho, el recuerdo del día que casi la perdió.

— Amir, te he dicho que no me gusta que la toques, es fea.

— No, no lo es, esta cicatriz, en ti es hermosa, además me hacer recordar que ni la muerte te pudo alejar de mi lado, mi dulce Ángel, han pasado 11 años y aún no encuentro palabras para describir lo que sentí ese día, me odiaba por no poder protegerte, sin embargo como cada vez que la vida a tratado de destruirte te pusiste de pie y no solo eso, tu cuerpo fue tan fuerte como para llevar en el a esos cinco monstruos.— la risa de Candy siempre le pareció el sonido más bello y en esta ocasión no fue la excepción.

— No fue solo mi cuerpo Amir, en el embarazo de Eros mi cuerpo no fue el que sufría era mi mente, lo confirme  comparando el embarazo de Zafiro, tú me hiciste fuerte, con tu amor, tus carisias, solo tú.                           

— Es que solo tu pudiste entrar en mi vida y mi corazón, solo tú.

FIN

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