¡Sigo Siendo La Reina! (Dúologia Reina, Libro 2)
¡Sigo Siendo La Reina! (Dúologia Reina, Libro 2)
Author: Melanie Fraser
Capítulo 1

—Joder Sebastián es mi jodida boda y quiero estar al pendiente de todo lo que se haga, ya mañana nos casaremos y quiero que todo esté perfecto— mi hombre está igual de imposible, su posesividad y control lo llevó a un extremo que no creí que existiera.

—Esa puta boca, no quiero que estés en esos trotes, tus amigas y nuestras madres están con Silvia organizando todo, no tienes porqué ir— le miro furiosa. Silvia la organizadora de bodas es una mujer histérica que quiere la perfección pero nada es perfecto si yo no lo apruebo.

—Mira que nuestros hijos me están... Oh Dios... Oh Dios... Estoy creo que...— acaricio mi enorme vientre de 6 meses de embarazo y me doy aire con las manos, mi gesto es de aparente dolor.

—¿Qué tienes Catrina?— Sebastián desesperado se acerca a mí —¿Qué... Qué sucede?— al tenerlo frente a mí me enredo en su cuerpo. Sebas no ha dejado el miedo me cuida muchísimo y la hora del sexo es mimoso —odio que hagas eso— me gruñe molesto, beso sus labios, esa es la única manera de bajarle las defensas.

—Llevamos en Brasil un mes y no lo conozco, porque el señor "yo mando y tú obedeces" no me deja salir ni a la esquina y me lo prohíbe todo— acaricio su perfecta barba y sonrío —¿Qué tal si calmas a la bestia con una jornada de sexo?— beso su cuello y mi hombre enseguida reacciona a mí, el calor que desprende me pone los pezones como rocas y me contrae el bajo vientre —vamos quiero sexo ese del mimoso que últimamente me das, mis hijos necesitan abrazos— al ver su cara de confusión le guiño —¿No sabías que cada orgasmo es cómo un abrazo para los bebés en el vientre?—

Nuestros encuentros sexuales pasaron de lo salvaje a lo delicado y monótono, en ocasiones me harta pero lo amo y de una manera  u otra me satisface.

—Deberías descansar y no estarme pidiendo sexo— escuchar eso me cabrea y la excitación se me vuelve furia, lo aparto de mí.

—Bien... ¿Sabes una mierda?— intento levantarme de la cama pero no puedo, por lo que debo aceptar su ayuda —esta mujer que está aquí tendrá su despedida de soltera en un bar de Sãu Paulo esta noche con mis locas amigas y nuestras competitivas madres, tú no me lo vas a impedir porqué aunque me amarres a la puta cama no me quedaré aquí como siempre, no soy de vidrio joder— le grito frustrada, no se la pongo nada fácil a mi desequilibrio emocional pero él se pasa con sus cuidados. Me coloco unas sandalias de estar en casa y camino a la puerta de la lujosa habitación, mi odioso y desesperante prometido me toma por el brazo me hace retroceder y me pega a su fornido cuerpo, a ese cuerpo que me excita con solo mirarlos, su beso en el cuello me hacen jadear y provoca que mi sexo se lubrique de inmediato. Su mano recorre mi cuerpo y se mete bajo el vestido hasta llegar a mi sexo, eso me domina en el acto, me puede y me excita. Sin más me coloca en 4, jamás llevo bragas no las soporto.

—Esa puta boca— me da una leve nalgada que me enciende más —odio cuando no me obedeces— siento su enorme polla entrar en mi cavidad vaginal, inmediatamente la contraigo aprisionándolo dentro de mí, se mueve con cuidado un poco profundo pero no como yo lo deseo, muevo mis caderas en busca de más pero él me detiene —¿Cuándo vas a entender que debes cuidarte?— su voz ronca me lleva prácticamente al orgasmo, quizás no me lo haga salvaje como siempre pero se las arregla para darme más placer al hablar de esa manera tan sexy, ronca y sugerente con la que lo hace —no tendrás fiesta de despedida de soltera, no fuera, será aquí en casa con las chicas en algo tranquilo— voy a protestar pero el empellón medio fuerte que me da me sabe a gloria, hacía tanto que no sentía algo así. Mi cuerpo lo conoce, mi sexo le pertenece y mi ser lo disfruta.

—¡Oh siii mi amor! quiero más de esos vamos más...— le pido extasiada, mi hombre me lo vuelve a dar y enloquezco, tras de este vienen mucho más, me lo está haciendo como llevaba meses que no lo hacía.

—¿Quieres festejar fuera?— pregunta cerca de mi oído sin dejar de moverse, su voz aún más gruesa por la excitación me pone el vello de punta.

—Si... Quiero salir y divertirme— mi contestación va con intenciones, sé que así perderá el control y lo hace, acelera pero sin dar más profundidad —aaahhh siii, siii Dios— a pesar de eso mi excitación es tal que estoy tocando la galaxia.

—¿Enserio quieres salir de casa?— aumenta más, esto es todo me voy a correr, estoy a punto de llegar al reino de los intensos y placenteros orgasmo, pero se separa de mí y al hacerlo siento su esencia regarse en mi culo, la ira llega a mí. Me levanto y me giro.

—Es mejor que huyas ahora mismo— digo furiosa, odio que haga eso aun cuando al llegar la hora de hacer algo que él no quiere me lo impide.

—Sabes que te prohibí salir y no me quisiste hacer caso— me recuerda.

—Esta vez siquiera me has dado tiempo de cambiar de puta opinión— encuentro el control del mando a distancia de la tv y sin pensarlo se lo lanzo, mi hombre lo esquiva y este choca contra la pared estropeándose, esto es así la mayoría del tiempo —eres un maldito desgraciado te odio— le lanzo la lámpara de noche esta vez un poco más y no la cuenta.

—Esa puta boca— grita acomodándose esa polla que tanto me gusta y me vuelve loca —lo lamento fue mi culpa— trata de disculparse mientras huye de mí y de todo lo que le tiro, desde las almohadas hasta los adornos que tenemos en la habitación.

—¡Por Dios! ¿Qué sucede aquí?— mi madre y suegra entrar a la habitación asustadas, me bajo el vestido de inmediato antes de que lleguen a nosotros, Sebas se coloca tras de su madre, mis lágrimas caen al piso —¿Otra vez?— mi madre recorre la habitación con su mirada de desespero.

—Por Dios minha menina no puedes estar tomando estos corajes— Mariela mira a su hijo con ojos acusadores.

—¡Lárgate!— le grito al ser odioso—no quiero verte— con el embarazo todo lo exagero y odio ser así pero no puedo evitarlo.

—Debes calmarte— pide él —no puedes estar así, piensa en mis hijos.

—Nuestros hijos— le recuerdo una vez más —y tú eres quien me pone de esta manera Sebastián, mientras tú estés aquí yo no me voy a calmar no quiero verte, no ahora— mi hombre tras recibir una mirada de mi madre y la suya se va —no puedo creerlo... Me mantiene encerrada, en cama y diciéndome que y no comer, me obliga a ir a esas malditas sesiones de masajes para embarazadas, a esas clases de ejercicios de respiración ¡maldita sea! que te enseñan a respirar... todo el mundo sabe cómo hacerlo— me siento en la cama, ahora no estoy furiosa me siento triste y frustrada —tengo hambre...— lloro como una niña —quiero un taquito al pastor— me seco las lágrimas mirándoles, debo verme ridícula.

—Vamos cotita, cálmate mi cielo— mi madre me abraza.

—Mi hijo solo quiere cuidarte, debes entenderlo— miro a Mariela.

—¿Cómo lo voy a entender si jamás me dice el por qué su irracional miedo a todo? acepté casarme con él y no me arrepiento, pero creí que él se abriría a mí, creí que me lo contaría todo y no me ha dicho nada— un sollozo me sacude.

—Dale tiempo cariño, dale tiempo, el miedo a una mala reacción de tu parte puede ser una razón importante por la cual él no te dice las cosas— trata de tranquilizarme Mariela, pero solo quiere proteger a su odioso hijo.

—Ella tiene razón cariño, dale tiempo ya sabes cómo es él, muy reservado y solo dice lo que cree prudente— mi madre me da un beso en la frente —venga vamos, las chicas están abajo acaban de llegar— nos levantamos y vamos a la cocina, no paro de lloriquear. Al ver ahí a Sebastián me joroba más. Mi nani me prepara unos tacos y como entre lágrimas.

—Joder... si es así yo no quiero salir embarazada jamás— se ríe Miriam.

—Esta lo que está es loca— carcajea el cabroncete, su risa me causa gracia, ahora lloro, como y rio.

—Definitivamente las hormonas no son nada bueno— gruñe Mikeila, todos los días es lo mismo conmigo tan pronto lloro como río, estoy feliz como enojada o triste.

—Vamos deben tenerle paciencia— el pastelito se acerca a mí y besa mi cabeza, Sebastián lo permite, para él es aún extraño que Mike se me acerque, pero por el pastelito fue que le di la oportunidad, no le queda más que aguantar.

—Tú si eres un ángel no como estos— los miro a todo y al final a mi hombre, ese que me tiene loca y perdidamente enamorada, ver aquel beso que me tira me dan ganas de sonreír pero las contengo, no voy a sonreír.

—¿Me estás incluyendo en la lista de los malos?— escuchar a Katherine me hace dar cuenta que los metí a todos en un solo saco.

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