Capítulo 3

—¡Hija!— me reprende mi madre —no seas así con la muchacha se nota que le preocupas— miro a mi inocente madre, pobre —además eso que has hecho no fue divertido— me reprende igual de molesta.

—¡Eres una jodia!— grita Mikeila.

—¿Qué, qué sucede?— Sebastián llega corriendo a mí —¿Por qué los gritos?— nos mira a todos confundido.

—Que a tu mujer se le ocurrió la brillante idea de ponernos a prueba de una manera que no esperábamos— gruñe Miriam.

—Pero tú has dado la idea, así son las pruebas ¿No? Tenía que ver quién era el que mejor llevara la situación y todos reprobaron— carcajeo, mi hombre se une a mí pero siquiera le miro estoy enojada —además de dolor tener 6 meses de embarazo... creo que veré otras opciones para escoger a los padrinos de mis hijos, estoy segura que los dos serán hombres lo presiento— les miro y ellos sonríen, todos saben el sexo de mis bebés menos yo, así lo he decidido.

—Es hora de tu merienda— me recuerda Sebastián —hoy toca ensalada de frutas con yogurt natural— le miro frunciendo el cejo, odio que haga esto —vamos yo mismo lo prepararé— solo para alimentarme a aprendido a cocinar, bueno a picar cosas aún no ha podido hervir una sola patata. Me ayuda a ponerme en pie y vamos a la cocina.

—Quiero algo dulce, quiero un postre de triple chocolate y fresas— le miro —y lo quiero ahora— resopla.

—No, el dulce le hace daño a mis hijos.

—Nuestros hijos y no es cierto lo que dices, Sebastián no consumo azúcares siempre, solo una vez a la semana ¿Recuerdas? Solo eso me permites— me siento atada de manos y de pie, esto me frustra —si quieres que te perdone déjame comer lo que pido— le sonrío, últimamente lo chantajeo mucho —una porción es lo único que pido— mi hombre se acerca a mí y me da un delicado beso en los labios —o...— le miro seductora —podemos ir a un club y divertirnos, me apetece jugar, sería una buena despedida de solteros para los dos— recorro su majestuoso cuerpo con mis manos.

—Solo porque quiero estar bien contigo voy a ceder— una enorme sonrisa se dibuja en mis labios pero al verlo caminar al refrigerador y sacar ese postre que es mi debilidad, se me borra de inmediato —¿Creíste que iba a acceder a ir a un club? Cielo estás embarazada no te voy a compartir con nadie ni mucho menos a arriesgarme que algo pase— me habla con seriedad se está conteniendo para no hablarme mal —Ahora vamos come— me ordena, no quiero discutir así que paso de esa conversación, él me lo dejó claro, nada de clubes en mi embarazo.

—Te amo ser odioso e irracional— sin esperar un poco más al tener la cuchara en mano inicio a deleitarme con aquel postre —nuestras madres no salen de su línea peleando por quién me cuide al dar a luz, les he dicho que tendré a nuestros hijos aquí en Brasil— le miro sonriendo, el rostro de mi odioso se ilumina —¿Te gustaría?— se acerca a mí y arrodillándose frente a mi asiente.

—Nada me haría más feliz que eso, solo los dos aquí con nuestros hijos Dios... Eso me encanta nena eres la mejor— beso sus labios al fin a dicho "nuestro hijos" mirándole a los ojos me dejo derretir por ese hombre que me vuelve loca.

—Solos... Solos no estaríamos, con tus guardas espaldas tendremos mucha compañía— tuerzo el gesto, cuando Sebastián me informo que tenía a más de 5 guarda espaldas casi me caigo de culo, mi hombre es muy discreto jamás los había visto hasta el día que me los presento, conocí a Daniel el guarda espalda que tenía en Seattle y el que tengo ahora mismo.

—No lo notarás gatita, antes no lo hacías ahora no tiene porqué ser diferente— resoplo, odio sentirme vigilada.

—No quiero que salgas con los chicos, no quiero que te vayas— hago un puchero —yo sé lo que ustedes son capaces de hacer y no quiero mortificarme pensando en lo que pueda o no pasar— mi desequilibrio emocional me acaricia la mejilla, levantándose del piso besa mis labios.

—Gatita cuánta desconfianza, te prometo que esta salida de tragos y juegos de machos alfas no pasara— escuchar eso me hace reír.

—Eres un tonto.

—Tú tonto, no lo olvides— beso su abdomen cuando se pone totalmente de pie, me apresuro a seguir deleitándome con mi postre.

Las horas pasan y los chicos se van de la casa incluido mi padre y mi suegro, estoy desanimada jamás creí que mi despedida de soltera sería en casa mirándonos a la cara unas a otras.

—Nosotras pondremos la música— se ofrece mi madre, las chicas se miran unas a otras incluyéndome —no se miren así prometo que les gustará— se levanta y buscando en su móvil se conecta al Bluetooth, los acordes de una balada romántica sale por las bocinas es en español, Mariela, mi abue y mi nani chillan y se ponen en pie frente a las más jóvenes, hasta Joseline que parece pendeja tiene una mueca graciosa en la cara.

—Es Emmanuel...— chilla emocionada mi suegra y se une a mi madre, esas dos nos dan el concierto de nuestras vidas —viejitas pero bonitas— carcajea mi suegra.

—Vaya... Pero es que ustedes si saben de música— susurra luna.

—Yo no entendí nada pero me gustó el ritmo y como se veía el sentimiento que le ponían— reconoce Mikeila.

—Bien ahora que estamos todas aquí— nos mira mi nani —¿Que nombres les pondrás a los bebés mi niña?— me pregunta, mirándole me encojo de hombros.

—La verdad no lo sé, no he hablado eso con Sebastián, ya sabe ha estado trabajando mucho últimamente— resoplo —todas aquí sabemos que ese tema lo debo tocar con él, todo lo que tenga que ver con nuestros hijos tiene que estar él presente— tuerzo la boca, en ocasiones Sebastián me da la sensación que solo le importa los bebés y eso está bien pero ¿Yo dónde quedo?

—Eso es verdad— afirma Miriam —¿No creen que Sebastián se sobre pasa? Digo... Está bien, son sus primeros hijos, pero joder se pasa, ruego por todos los cielos que mi demonio no sea así— muerdo mi labio, esa mirada que se dan mi suegra y Joseline no me pasa desapercibida, pero no digo nada, al fin y al cabo estamos hablando de su hijo.

Tras hablar de lo irracional que está siendo Sebastián y poner los pro y los contras de su forma de comportarse pasamos a beber y comer algunos bocadillos.

—Jamás creí que mi despedida de soltera fuera así— digo desanimada —amo pasar tiempo con ustedes pero jamás pensé que mi día antes de la boda fuera un debate sobre lo irracional que es mi marido— les miro —Sebastián no debió prohibirme salir— susurro.

—Vamos cotita cálmate— mi madre acaricia mi brazo —estás de 6 meses de embarazo, es peligroso que estés por ahí— le miro con el cejo fruncido.

—¡Ay por dios mamá...! Si está bien que mi embarazo por ser gemelar está mucho más grande que uno normal, pero no estoy enferma aún caminando como pingüino puedo salir, bailar, disfrutar de un lugar que no sea está estúpida casa— me altero por un segundo, me siento frustrada.

—Vamos cariño— interviene Mariela —mi hijo solo te cuida y aunque en ocasiones si se pasa un poquito con eso de no dejarte caminar mucho y con todos los cuidados pero lo hace por tu bien, no te alteres eso le hace daño a los bebés— cuando voy a explotar Mikeila quién había salido minutos antes irrumpe en la sala.

—Bien señoras aquí se nos acaba la fiesta— entra con un oficial de seguridad.

—A caray ¿Y este?— pregunta mi abue levantándose —¿No que ya teníamos seguridad como si fuéramos unas prisioneras?— se va poniendo de mal humor, mi abue fue la primera en no estar de acuerdo en que Sebastián me pusiera guarda espaldas —aquí no pasa nada puede volver por dónde llego— da unos paso y Mikeila se interpone pero el policía la aparta.

—Señora tendré que pedirle que se siente— dice este en un tono serio, su sola voz acojona y ni hablar del porte y los músculos que se gasta. Intento levantarme para parar eso, mi abue se pone loca cuando le dicen que hacer pero Joseline me detiene no me deja levantarme cuando estoy por mandarla al cuerno por no soltarme el tío ya tiene a mi abue arrecochinada.

—¡Pero bueno!— grita mi madre a la par que Mariela suelta una carcajada, Mikeila pone la música y el hombre le baila sensual a mi abuela quien le da de nalgadas, no puedo creer lo que veo, las chicas en general inician a aplaudir y yo no salgo de mi estado y quedo aún más descolocada cuando el tío inicia a caminar hacia mí y se empieza a quitar la ropa de policía, miro a las chicas escandalizada, están locas Daniel está afuera Sebastián se entera y me mata.

—Vamos Cat disfrútalo— me grita Luna divertida, miro al chico que es un brasileño de muerte, está bueno el jodio y su color moreno de piel me encanta.

—Madre de Dios que tentación— digo con morbo olvidándome de mi hombre, ya hablaré con Dani para que se calle la boca. El tío queda en un tanguita de elefante donde su pito baila al ritmo de sus caderas, todas nos divertimos y manoseamos al morenazo que nos está haciendo la noche.

—¿Te gusto mi regalo?— pregunta Mikeila una vez deja al chico en la puerta, divertida le miro.

—Me encantó— carcajeo.

—Aaiiss Dios mío... Si mi marido se entera me mata— chilla mi madre.

—No tiene por qué enterarse— aclara mi abue.

—Ay Lupe eres de temer— niega mi nani con la cabeza.

—Fue divertido— agrega Joseline —jamás me había divertido así— nos mira a todas y mi sonrisa se borra, la odio —La verdad aparte de Mariela y otra amiga más no había compartido con ninguna otra mujer— esta está de coña, mi madre con su corazón de pollo se sienta a su lado y le abraza al igual que Mariela.

—Tranquila muchacha, ahora también nos tienes a nosotras— sonríe mi nani, les doy una mirada a mis amigas y Miriam como siempre hace puchero, ellas saben todo lo que esa mujer me hizo ¿Por qué la quieren en nuestro círculo?

—Hay que perdonar Catrina— me susurra Miriam, tuerzo el gesto eso jamás pasará, miro la hora son pasadas las 00.

—Yo les agradezco está fantástica noche que me han brindado— les sonrío —a pesar de todo la pasé bien, ahora me voy a la cama porque mis hijos me están matando y estoy cansada— Joseline me ayuda a levantarme pero me suelto enseguida de ella, odio que sea tan hipócrita —iré sola, puedo caminar aún— todas me dan las buenas noches y yo subo a mi habitación, no sé cómo voy a dormir sin Sebastián, no puedo dormir si él no está a mi lado.

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