Cara Bonita
Cara Bonita
Author: Ysaris
Prólogo

Prólogo.

   — ¿Ves a aquella rubia? —dijo Zeleo a Lucas, este último le dio un pequeño trago a su bebida antes de inclinarse para detallar a la chica a la que se refería Zeleo.

   —Apenas —se burló—, parece un sensual Oompa loompa, en cambio la castaña...

  —Ni hablar, yo vi a la castaña primero —lo interrumpió Zeleo—, necesito que las separes, invita a la rubia a bailar o algo.

   Lucas le dio otro trago a la botella que tenía en la mano y se cuadró de hombros dirigiéndose hacia la rubia.

   La música zumbaba por todo el lugar, el ambiente era puro alcohol, drogas, personas riendo y bailando por todos lados. Una pareja comenzó a correr escaleras arriba justo cuando Diara caminaba por ahí, casi se la llevan por el medio si Nicole no la hubiera agarrado por el hombro para contenerla.

   —Esos dos sí que están apurados —gritó Nicole al oído de Diara para hacerse escuchar sobre la música—. Mira ahí está Lucas, ¡oh por Dios!, ¡se dirige hacia acá!, ¡mírame y ríete conmigo!

   Diara reviró los ojos mientras observaba como Nicole fingía una carcajada, agarrando el brazo de ella aún más fuerte, como si alguien hubiera contado un gran chiste. Lucas se acercó a las dos chicas con una botella en su mano, su rostro estaba enrojecido dejando en evidencia que había estado bebiendo.

   —¿Me puedo unir al chiste? —Gritó Lucas acercándose los suficiente como para que Diara viera un pequeño lunar marrón que tenía en el parpado del ojo.

   Nicole cambió el peso de uno pie al otro soltándose del brazo de Diara para acomodar su cabello rubio hacia atrás coquetamente, Diara mordió su labio inferior para no soltar una carcajada, pensando en que Nicole ni siquiera disimulaba un poco su enamoramiento hacia Lucas.

    Desde primero de secundaria ella se había enamorado perdidamente de él, pero Lucas era tres años mayor, y su horario de clases hacia que apenas lo vieran únicamente los martes, y él ni siquiera sabía que ellas existían, por lo que Nicole estaba evidentemente emocionada de tener su primera conversación con su amor platónico, y estaba convencida de que no sería la última.

   —Por supuesto —gritó Nicole rozando sus labios al oído de Lucas para hacerse escuchar sobre la música.

   Los ojos verdes de Lucas la observaron detenidamente dejando que una sonrisa se estirara en su rostro al notar lo linda que era Nicole, en cierto modo se le hacía familiar, pero todos sus pensamientos estaban mezclados por el licor así que simplemente se enfocó en el buen cuerpo de Nicole que era lo único que parecía tener sentido en su cabeza.

   —Bailemos —expresó Lucas agarrando torpemente el brazo de Nicole, ella no se resistió.

   Diara abrió los ojos de par en par, observando como Nicole le ofrecía una sonrisa de disculpas, la única condición que le había hecho Diara para acompañarla a esa fiesta era que no la dejara sola, y fue lo primero que Nicole hizo. Diara soltó un suspiro de molestia mientras se dirigía al mostrador de la cocina donde había muchos vasos con un líquido amarillo que tal vez contenía alcohol, si Nicole se divertía, ¿por qué ella no podía divertirse también?

   Estiró su mano para tomar uno de los vasos rojos, pero enseguida se detuvo, ¡piensa con claridad Diara!, se reprimió a ella misma, no era propio de ella ser impulsiva, simplemente se prometió que podía hacer todo lo que un adolescente hacía, pero sin beber, o por lo menos no esa noche, ella era la que conducía y no podía estar borracha.

   Se sentó en un taburete mientras observaba su teléfono, solo tenía dos mensajes, unos de su madre que decía que no olvidara divertirse y otro del director de la academia de modelaje que le decía que tenía que estar el Lunes en la academia para una entrevista.

   De repente alguien pasó tan cerca que hizo que el teléfono de Diaria resbalara de sus manos hasta caer al suelo.

   —Oh Dios, disculpa —dijo el chico recogiendo rápidamente el celular del suelo–, lo siento, no te vi.

   Diara frunció el ceño arrebatándole su teléfono de las manos con brusquedad, ella estaba dispuesta a gritarle todos los insultos que se le cruzaron por la cabeza, pero al levantar la vista, ni siquiera recordó su propio nombre. El chico le sonrió mientras señalaba con su dedo el celular de Diara.

   —No se hizo daño —continuó—, cayó sobre mi zapato, él amortiguó el golpe.

   —Que zapato tan oportuno.

   Bromeó Diara inclinándose un poco hacia tras para poder verlo mucho mejor. El chico no borró su sonrisa mientras se sentaba en el taburete al lado de Diara, ella notó como sus grandes ojos azules sobresaltaban de manera tentadora.

   —Disculpa, no escuché tu nombre —dijo el chico colocando su codo sobre el mostrador a su costado, de un modo que hacía que su camisa negra ajustada marcara sus grandes bíceps.

   Diara sintió de repente su garganta reseca mientras imitaba el indiscreto coqueteo que había hecho Nicole con el cabello, arrimándolo hacia atrás con elegancia.

   —Yo tampoco escuché el tuyo —replicó Diara alzando una de sus delgadas cejas marrones.

   Ella había acostumbrado a que cualquier chico que se le acercara lo tenía que ahuyentar, pero no quería alejar a ese chico, había algo en él que le agradó más allá del físico, ¿qué daño podía hacer hablar con él un poco?, era una fiesta, solo lo vería esa noche.

   —Soy Zeleo —el muchacho extendió su mano hacia Diara quien se apresuró a estrecharla con la suya.

   —Diara.

   Zeleo no soltó su mano, era suave y delicada, se preguntó si así se sentiría toda su piel, tal vez lo averiguaría cuando la convenciera de subir a una habitación o  algún motel…

   — ¿Me devuelves mi mano? —dijo Diara con una leve sonrisa.

   Zeleo le sonrió inclinándose un poco más hacia ella para hacerse escuchar sobre la música que había cambiado a un género de rock que atosigaba los oídos.

   — ¿Por qué? —Replicó alzando una de sus cejas—, ¿te pongo nerviosa?

   Diara soltó una ligera carcajada inclinándose un poco hacia Zeleo del mismo modo coqueto que él.

   —Tu mano está pegajosa —medio gritó al oído de él.

   Zeleo abrió la boca y seguidamente la cerró, esa respuesta no se la había esperado. Diara alzó ambas cejas observando que él fruncía el ceño, por un momento se arrepintió de haberle dicho eso, ¿pero qué culpa ella tenía que él tuviera las manos sudadas?, si él se iba a molestar por ese comentario Diara simplemente se abstendría de seguir conociéndolo y se iría a bailar con otra persona.

   —Es que tú me pones nervioso —dijo Zeleo guiñándole un ojo, seguidamente soltó sus manos y hábilmente se restregó la palma en su blue Jean.

   — ¿Te pongo nervioso? —Repitió Diara en tono burlón—, no pareces de esos chicos que se pongan nerviosos por alguna chica.

   —¿Entonces qué clase de chico parezco?

   Diara dio con su dedo índice leves golpecitos a su barbilla mirando a Zeleo detenidamente, eso por alguna razón hizo que Zeleo ladeara la cabeza con curiosidad de lo que le diría esa chica, le agradaba, no era como las otras, ella parecía pensar de una forma diferente y lo que decía era impredecible, eso le gustaba.

   Ella se inclinó al oído de él, diciendo finalmente:

   —Uno que conquista a todas las chicas que se propone —ladeó la cabeza—, también pareces algo rebelde, de seguro no aceptas un no por respuesta.

   Zeleo no pudo evitar soltar una pequeña carcajada, apenas tenía unos segundos hablando con aquella muchacha y ya parecía conocer su actitud.

   —Apuesto a que yo también puedo decir cómo eres con tan solo mirarte.

   Diara alzó ambas cejas encogiéndose de hombros, esperando por la respuesta de él.

   —Eres una chica que no le gusta bailar —continuó Zeleo—, porque no sabe cómo hacerlo, ¿acerté?

   Él observó cómo Diara alzaba una ceja, inclinándose más cerca para hablar a su oído.

   —El que esté sentada no quiere decir que no sepa bailar —dijo—, tal vez estaba esperando que un chico se acercara a hablarme.

   Zeleo no disminuyó su sonrisa mientras se inclinaba hacia ella diciendo:

   —Por suerte para ti, llegó el chico. Y ya que dices que sabes bailar, ¿bailas conmigo?

   Diara se encogió de hombros escuchando que la música que comenzaba a sonar, era una especie de reggaetón, normalmente a Diara no le gustaba el reggaetón porque no le agradaba la letra vulgar de las canciones, pero estaba en una fiesta y por ahora simplemente se quería dejar llevar.

Comenzó la canción mientras Zeleo la sostenía por la cintura, Diara tomó una profunda respiración mientras comenzaba a moverse al ritmo de la contagiosa canción, de un momento a otro se comenzó a divertir, las personas a su alrededor gritaban y bailaban descontroladamente, divirtiéndose, disfrutando de ser jóvenes y Diara quería eso, ser joven por un momento olvidándose de todo. Ella no sabía cuántas canciones ya había bailado, pero sabía que todas las había bailado con Zeleo, algunos chicos habían querido acercarse a ella, pero simplemente Zeleo los apartaba, ella ahora estaba con él y nadie más.

   Diara se volteó sin dejar de bailar, cuando visualizó a Nicole con Lucas, ambos estaban riéndose de una forma exagerada, Lucas tenía sus manos más debajo de las caderas de Nicole y ella simplemente no le importaba, mientras bebía del pico de una botella, la sonrisa de Diara se fue de su rostro mientras corría hacia Nicole, ¿Cómo le explicaría eso a los Ritmen?, ya se imaginaba diciendo:

¡Hola señor y señora Ritmen!, aquí les dejo a su hija totalmente borracha, por cierto, espero que no la castiguen porque fuimos a una fiesta sin preguntarles, pero mi mamá me dio permiso y Nicole le mintió a mi mamá diciéndoles que ustedes también les habían dado permiso, bueno, adiós.”

   Una mano agarró el codo de Diara mientras ella intentaba esquivar a las personas, volteó encontrándose con los ojos azules de Zeleo totalmente confundidos. Diara iba a decirle que ya se iba, pero la música era demasiado fuerte como para entender algo, así que se limitó a señalar a Nicole. Zeleo afirmó comprendiendo lo que Diara se refería.

   — ¡Nena! —Gritó Nicole a Diara, seguidamente se comenzó a mover al ritmo de la música sin dejar de dar largos tragos a la botella que le había quitado a Lucas—, ¿Qué haces? ¡No!

Diara le había arrebatado la botella y se la había devuelto a Lucas quien no perdió tiempo y terminó de ingerir su contenido, antes de que Nicole dijera algo más, Diara la tomó por el brazo y comenzó a arrastrarla hacia la puerta.

   — ¡No!, ¡Suéltame Nena!, ¡Lucas!, ¡no permitas que me aparten de ti! —gritó Nicole con dramatismo, Lucas corrió tambaleándose hacia Nicole hasta agarrarla por la cintura.

   —No la apartarás de mi —gritó Lucas a Diara—, nos casaremos al amanecer y tendremos tres hijos aunque tú te impongas.

    Diara alzó amabas cejas volteando a mirar a Zeleo en busca de ayuda, él estaba carcajeándose por las locuras que había dicho su amigo, sin duda estaba exageradamente borracho. Seguidamente él observó a Diara y se acercó a ella.

   —No te interpongas ante su matrimonio —bromeó—, ellos se aman, tendrán tres hijos.

   El ceño de Diara se despejó abriéndole paso a una carcajada que se apagó rápidamente al darse cuenta de que su amiga estaba exageradamente borracha.

   —Ayúdame a llevarla al carro —replicó Diara—, tendré que decirle a sus padres que pasará la noche en mi casa.

   Zeleo no escuchó lo último que dijo porque en ese momento un robusto hombre se agarró del candelabro de la sala balanceándose hasta que se cayó y rompió una mesa de madera con su cuerpo.

   En un momento Lucas se distrajo bailando (o haciendo el intento) de un modo exagerado, y ahí Diara aprovechó para llevarse a Nicole con ayuda de Zeleo. A pesar de que estaban ya a unos metros fuera de la casa, Diara podía escuchar el zumbido de las canciones, se preguntó si a los vecinos no les molestaría el exagerado volumen, las casas a los alrededores tenían las luces apagadas, por lo que parecía que ya estaban acostumbrados a que hicieran fiestas hasta altas horas de la noche.

   —Agacha la cabeza Niki —dijo Diara luchando para meter a Nicole dentro del auto, pero ella se rehusaba a entrar.

   —Quiero seguir en la fiesta —gritó con cierto tono enérgico que parecía el intento de una canción—, ¡Vamos Nena! Bailemos.

   Nicole comenzó a bailar y de repente se fue en vomito hacia donde estaba Zeleo, pero este último por suerte se arrimó hacia un lado con reflejos rápidos mientras no ocultaba una mueca de disgusto.

   —Genial, nuestra primera fiesta universitaria y me toca hacer de niñera contigo Niki —la reprendió Diara mientras con un pañuelo que sacó de su bolso le limpiaba la boca—, No esperes que te acompañe otra vez a otra fiesta.

   —Pero si la pasamos genial —replicó Nicole teniendo una arcada, pero no vomitó—, además, conseguiste a un chico sexy, míralo, es mucho más lindo que Erick, su cabello tiene estilo no como el de Erick que parecía un afro…

   —Cállate Niki —dijo Diara algo enfada mientras la intentaba meter a la parte trasera del auto—. Increíble, solo necesitas estar borracha para hablar como un canario. Recuérdame no confiarte algo relevante.

   Zeleo ayudó a colocarle el cinturón de seguridad a Nicole quien se había quedado totalmente dormida y luego cerró la puerta del auto para voltear a mirar a Diara con una pequeña sonrisa.

   —Apenas son las dos de la mañana de un sábado —dijo él—, podrías llevar a tu amiga y luego volver aquí.

   Por alguna razón él no quería que Diara se fuera, era agradable su compañía, y quería estar con ella el resto de la noche. Diara relamió sus labios negando lentamente con la cabeza.

   —Tengo que decirle a sus padres que Niki se quedará en mi casa, ella les dijo que se quedaría hasta tarde en mi casa, pero que volvería, no que vendríamos a una fiesta, y también tengo que hacerle un té para que su resaca no sea tan fuerte mañana.

   —Mataré a Lucas, no debió darle de beber.

   —Ella es grande, sabía lo que hacía —dijo ella—, solo tenemos que irnos antes de que se despierte o vomite mi carro.

   Zeleo afirmó con la cabeza, aunque solo pensaba en golpear a Lucas, había arruinado su posibilidad de una noche con esa chica, y ahora tendría que conformarse con cualquier otra.

   —Bien, ¿quieres anotar mi número? —Dijo Zeleo, Diara alzó ambas cejas quedándose sin saber qué decir—, en caso de que necesites ayuda con tu amiga o algo…

   —Tranquilo, le diré al portero que me ayude a subirla.

   Entonces dame tu número. Quería decir Zeleo, ¿pero qué le ocurría?, normalmente las chicas siempre tenían la iniciativa para pedir su número telefónico y él prácticamente rogaba para seguir en contacto con esa chica, porque probablemente no la volvería a ver y eso no le agradaba.

   —Está bien —dijo él finalmente, tal vez la chica no estaba interesada en él, ¿pero por qué?, todas las chicas morían por él,  literalmente, recordó cuando una chica intentó subir a su habitación escalando por el balcón, pero se resbaló, simplemente era muy cotizado y no entendía por qué esa chica parecía haber creado una especie de distancia.

   —Adiós Zeleo, no hablamos por ahí…

   Con una última mirada se subió al puesto del conductor y arrancó el auto, dejando a Zeleo anonadado en medio de la carretera, seguidamente metió sus manos dentro de sus bolsillos delanteros en un intento de conservar el calor.

   — ¿Leo? —dijo una voz suave a sus espaldas, Zeleo miró sobre su hombro  embozando una gran sonrisa mientras la pequeña pelirroja se acerca más a él.

   —Hola —dijo Zeleo observando como Sara le colocaba una mano sobre su pecho mientras agitaba sus pesadas pestañas hacia él.

   — ¿Quieres divertirte en mi casa? —Ella se alzó de puntillas con la esperanza de besar sus labios, pero solo consiguió rozar su barbilla—, mis padres están de viaje.

   Zeleo bajó la mirada hacia sus ojos negros que parecían dos cuencas vacías a la luz de la luna, por primera vez pensó en su novia Anaís y recordó que Sara era la mejor amiga de ella, pero arrimó ese pensamiento hacia un rincón de su cabeza, quería divertirse esa noche y más que todo olvidar a la hermosa castaña de ojos grises que por alguna razón no podía sacar de su cabeza.

   — ¿Qué estamos esperando? —Respondió Zeleo inclinándose para darle un largo beso a la pelirroja hasta que se quedó sin aire—, vamos.

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