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Reviviendo el amor
Reviviendo el amor
Author: Mariposa

Capítulo 1

California 7:10 Am

Andrea Rivas

Hoy como siempre me despierto temprano, estiro mi cuerpo en la enorme cama. Estoy estropeada por todo lo que hice la noche anterior. Quisiera quedarme un rato más, pero debo trabajar.   Arrastro mis pies hasta  la bañera y dejo que el agua caliente recorra mi cuerpo,  el tiempo es corto para un baño de espuma. Mientras lavo mi cabello mi mente viaja a un mundo de pensamientos tristes que marcaron mi corazón.

No puedo dejar de pensar en el idiota de Pedro, jamás creí  que me haría eso después de 7 años de relación,  aunque cuando se está enamorado, también se está ciego, pero gracias a Dios que no me casé con ese patán.  Él y Lorena me la pagarán muy caro, sabrán que con Andrea Flores nadie se mete.

Mi vida siempre se basa en monólogos, ando monologando en todo momento parezco loca.

Retiro todos los residuos de jabón de mi cuerpo y tomo una toalla limpia y suave. 

Salgo del cuarto de baño, me arreglo como toda mujer elegante, finos trajes, joyas, zapatos, un delicado maquillaje, y mi cabello ondulado. Hoy es otro día para ir a mi empresa.  Sentarme, firmar papeles y cheques, asegurarme de que los envíos se hayan hecho perfectamente, caminar de un lugar a otro para ver que tal va el negocio, como están trabajando mis empleados y que hace falta. Ya odio esto.

Quiero viajar a ese momento en que pedía a gritos tener mi propio negocio y pegarme fuerte en la cabeza hasta quedar inconsciente. No es nada fácil manejar una empresa tan grande y también tratar de tener una vida social.

¡Rayos!

Jamás pensé que el amor doliera tanto, jamás supuse que después de estar tan enamorada ahora sólo siento rencor y odio por aquél imbécil y prácticamente por todos los hombres.  Sólo siento amor por mis queridos padres, mis amigas Gabriela y Fabianna y mi prima Nicole,  ya quiero viajar a mi hermoso México para verlos e intentar descansar un poco. Aunque allá tengo una empresa  el cual debo supervisar durante mi estadía.

No encuentro las llaves de mi coche, a noche llegué tan estropeada del gimnasio que lance las cosas por todas partes,  tendré que pedir taxi, si no llegaré tarde a la empresa.

—Buenos días señorita —Saluda el taxista.

—Buenos días señor —contesto con altanería y odiosidad.

Odio ser simpática con los demás y más si se trata de hombres, y no, no soy lesbiana y ni lo seré, no por ahora.

Jajajajaj sólo bromeo.

Pero bueno, los hombres son tan estúpidos que te coquetean hasta con el respirar y muy pocos saben respetar.

Fernando Zuñiga

Es doloroso el tener que despertarte y no ver a tu lado a tu querida amada.

Ya hacen 3 años que la vida me arrancó a mi novia y nuestro  hijo que llevaba en su vientre.  Siento como si todo sucedió ayer. No olvido cuando teníamos 15 años que nos conocimos y no las pasábamos peleando, pero aún así la llegué amar como jamás pensé amar y amaré.

Su partida ha causado un dolor indeleble, que cada día crece, hay días que despierto y no quiero levantarme.

En algún momento de nuestras vidas, nos hemos despertado y nos quedamos mirando a la nada, repasando todo lo que pasa en nuestras vidas, buscando algún sentido para levantarnos, trabajar y/o estudiar y en algunos de los casos no encontramos el motivo, pero nos levantamos porque es obligatorio y nadie vendrá a traernos un plato de comida o pagar la renta por nuestro bello rostro.

Suspiro de frustración.

—Es hora de ir a trabajar campeón —me digo a mí mismo y salgo de la cama de un salto.

Me ducho lo más rápido que puedo y voy al bar, allí es donde he trabajado durante 5 años.  Debo limpiar antes de abrir y ordenar todo para cuando empiecen a llegar los clientes poder ocupar mi segundo puesto; detrás de la barra.

—Buenos días guapo —dice la vecina Ana.

Es una molestia, siempre me vive acosando.  Ha llegado al punto de agarrar mi trasero. Vivo en un pequeño edificio y nuestro balcón queda muy cerca. A veces me limito de salir y tomar aire fresco para no verla

—Buenos días Ana, ¿que tal amaneció? —pregunto dándole una sonrisa fingida.

—Con ganas de comérmelo —dice mordiendo su labio inferior.

—¿Que dice Ana? Usted puede ser mi madre.

—Tu mamasita.

—Mejor me voy, tengo que ir a trabajar —solo levanto mis manos y vuelvo a la habitación para ducharme e irme.

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