7 Una buena acción inesperada ...

Cuando por fin nuestros pensamientos volvieron a funcionar con normalidad y recordamos que estábamos prácticamente a la intemperie, tumbados en el área poniendo a la recién embarazada y a mí, que aún no nos habíamos recuperado del todo, decidimos ingresar a la posada que, por suerte para nosotros , seguía con las puertas de entrada abiertas, pero el señor Matos, que también parecía ser el guardia de seguridad, nos miró de reojo, así que entramos silenciosamente y subimos a nuestras habitaciones correspondientes.

Como no teníamos sueño, nos duchamos y estuvimos unos minutos sentados en mi cama hablando de los nuevos planes de la futura mamá. Karen todavía parecía un poco confundida acerca de esto, pero me explicó que había comenzado a investigar la atención que necesitaría recibir y planeaba programar su primera atenció

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