Introducción

La luz del sol se colaba por los cortinajes entreabiertos de la habitación del príncipe heredero, acariciando su rubio cabello haciéndolo ver aun más claro, recorría parte de su rostro iluminando sus ojos verdes, brillantes como esmeraldas y dejando ver su semblante de angustia. El príncipe se hallaba sentado en la cama después de una noche de sueño nada reparador, esto le supondría un problema por el día que le esperaba.

Era el día de su cumpleaños, su décimo octavo cumpleaños para ser precisos, era una fecha muy importante para cualquier persona y más para él como príncipe pues ya sería mayor de edad, podría sentarse a la mesa del consejo, participar en la toma de desiciones, poner en práctica lo que le habían enseñado todos esos años... Por esa parte estaba emocionado, además le aguardaba una gran fiesta que llevaban meses organizando... Pero también estaba angustiado, según las costumbres de Eternal él como príncipe heredero debía de buscar una prometida entre las nobles que asistirían al baile, como si de un cuento de hadas se tratase, está chica y él se conocerían, eventualmente anunciarían su compromiso, se casarían y le darían herederos al reino... Todo muy hermoso, todo muy sencillo, si a él tan solo le gustarán las mujeres.... pero Eien no se sentía para nada atraído de forma sensual hacia ellas, no le atraían sus pechos llenos, sus siluetas curvilíneas, sus cinturas finas, podía apreciar la belleza en una mujer, claro está pero no sentir deseo por ella.

Con un largo suspiro se levantó de la cama obligándose a entrar en el cuarto de baño, reviviendo la conversación que sostuvo con su padre la noche anterior sobre la importancia de mantener el linaje vivo, más por él, el primero de su familia en poseer poder mágico, tanto énfasis hizo sobre eso que Eien llegó a preguntarse si su padre sabía de su preferencia... Imposible, nadie lo sabía, ni siquiera su madre o hermana y ellas eran sus fieles confidentes... Aunque no se podía obviar el hecho de que a sus dieciocho años nunca había tenido novia... Nunca había mostrado interés en nadie. Tal vez pensaba que era asexual.

El príncipe decidió no darle más vueltas al asunto y por lo menos disfrutar de la mañana... Ya se volvería a preocupar cuando llegara la fiesta. Se relajó en su tinta de agua caliente, perfumada con flores frescas, que las doncellas habían preparado para él, le encantaba el olor a Jazmín que emanaba de la tina.

Después de un baño de treinta minutos y los cuarenta minutos adicionales que tomaron sus doncellas en vestirlo y peinarlo, Eien hizo su entrada al comedor real donde ya estaban su hermana la princesa Naoko y su madre la reina Midori, la reina al verle sonrió se levantó de su asiento, para darle un fuerte abrazo.

—¡Feliz cumpleaños mi amor! Mi bebé ya es todo un hombre— exclamó la reina llenándole las mejillas de besos.

Ambos tomaron asiento, su hermana le miró y sonrió.

—Felicidades hermanito, debes estar emocionado de cumplir dieciocho.

Naoko era mayor que él pero gracias a las leyes de Eternal los hombres heredaban el trono, solo si no había hombres descendientes una mujer sería la reina.

—Sí, aunque un poco nervioso.

—¡Hoy es un gran día!—exclamó el rey entrando al comedor. —Mi hijo por fin es un adulto y hoy conocerá a mi futura nuera, quién se sentará a su lado en el trono y con quién preservará el futuro de Eternal

El rey Ryu era un hombre imponente, alto y fornido, debía de medir un metro noventa, sus facciones eran duras, masculinas, tenía abundante barba negra y ojos obscuros, no se parecía en nada a su hijo Eien.

—Una gran responsabilidad que tienes sobre tus hombros, elegir alguien digno de ser reina entre tantas nobles hermosas.—comentó la princesa.

—Sí...—Musitó Eien.

El desayuno pasó rápido mientras hablaban de la fiesta, todo el reino acudiría con sus mejores galas, las hijas de los nobles serían presentadas, los mejores músicos de toda Meridia tocarían en la fiesta y al final habría un espectáculo de fuegos artificiales.

El palacio bullía de actividad arreglando todo para la que sería la más inolvidable celebración. Eien se escabulló entre el ir y venir de los sirvientes dirigiéndose a los establos, quería cabalgar un poco para calmarse, para pensar que haría.

El cuidador de los caballos un joven moreno lo saludó con una reverencia felicitándole por su cumpleaños. Eien llegó hasta su caballo un hermoso corcel blanco llamado Jiyū*, le acarició el lomo con afecto, luego le colocó la silla, estaba ajustando la silla cuando lo escuchó.

—¿Va a montar un rato príncipe?—el corazón de Eien comenzó a latir más deprisa, sintió el calor en sus mejillas, sus manos de pronto estaban sudorosas, se volvió hacia el dueño de la varonil voz.

Frente a él había un chico alto de un metro ochenta, tenía el pelo castaño rojizo amarrado tras la nuca en una coleta, su piel de un tono aceituna, sus ojos almendrados eran de color avellana, era un chico fornido de amplios hombros y el más apuesto que Eien había visto.

—¡Daisuke!—exclamó sintiendo de pronto las rodillas débiles.

—Espero no haberlo asustado su alteza.—dijo en un tono que denotaba preocupación.

—No, para nada—se apresuró a decir Eien—Y sí pretendía cabalgar un poco por los bosques cercanos al castillo.

Daisuke esbozó una sonrisa.

—Su madre le conoce muy bien, me pidió que le acompañara.

Eien se sonrojo más si eso era posible, había cabalgado con Daisuke antes, pero nunca solos, por lo menos no desde pequeños siempre los acompañaban la guardia personal del príncipe.

Daisuke era el guardia personal de su madre. El padre de Daisuke era el jefe de la guardia real y había entrenado a su hijo desde la adolescencia, desde que cumplió su mayoría de edad pasó a ser el guardia personal de su majestad la Reina Midori, actualmente tenía dos años en el puesto.

Los jóvenes montaron en sus caballos emprendiendo la marcha, Eien iba en silencio no sabía que decir o cómo actuar, él se había enamorado de Daisuke desde que eran niños y jugaban en los jardines del palacio, como su padre era el jefe de la guardia real vivían en el palacio. Eien pensó que estos sentimientos desaparecerían con el tiempo, sin embargo se intensificaron, al mayor de los jóvenes crecer como un hombre apuesto Eien se lo encontraba irresistible. Daisuke era tan amable con él, le obsequiaba jazmines, libros de poesía que al príncipe le encantaban, también curiosos artefactos tecnológicos que encontraba en sus viajes y por lo general parecía muy atento con él.

Eien se aclaró la garganta.

—No traes tú armadura—comentó el príncipe. "Bravo por el comentario obvio" dijo para sí mismo.

—No es necesaria, además traigo mi espada—dijo colocando la mano derecha en la empuñadura de plata labrada de esta.—Aunque no creo que tengamos problemas aquí.

Cabalgaron por un rato hablando mayormente de la fiesta y de cómo ahora Eien ayudaría a su padre en gobernar Eternal, hablaron de todo menos del asunto de la prometida, como si el tema le incomodara a ambos, como si de mutuo acuerdo prefirieran pensar que no sucedería.

Pararon en un arroyo, era un lugar de sobrecogedora belleza, era primavera, los árboles estaban llenos de flores, las aves revoloteaban entre ellos, las mariposas jugaban con las flores, una fresca brisa soplaba en el lugar.

Desmontaron sus caballos dejándolos pastar, ellos se sentaron a la orilla del arroyo. Daisuke no dejaba de mirar a Eien, como la brisa jugaba con su pelo, la forma en que el sol iluminaba sus ojos, su rostro hermoso, sus suaves labios naturalmente rosas, se imaginaba como sería besarlos, como se sentiría tocar su pálida piel. Se mantuvieron así un rato contemplado el hermoso paisaje frente a ellos, en completo silencio, solo se escuchaba el sonido del agua en el arroyo y el canto de las aves. Daisuke podía pasar todo el día contemplando la belleza de su príncipe.

—Su alteza...— dijo Daisuke

Eien lo miró hiriéndolo con tanta belleza, Daisuke sintió su corazón encogerse.

—No es necesario que me sigas llamando así, te lo he dicho muchas veces, nos conocemos desde niños.— dijo con una sonrisa.

—Pero es el protocolo príncipe.

—Aquí no hay nadie para decirte que estás rompiendo el protocolo, estamos... solos—Eien enrojeció ante tales palabras que salieron de su boca... solos estaba solo con Daisuke, lejos del palacio, donde no podían molestarlos.

—Prin... Digo Eien, le he traído un regalo por su cumpleaños—dijo levantándose dirigiéndose a su caballo y de la montura sacó un objeto envuelto en seda. Lo puso en las manos de Eien que también se había puesto de pie, este último desenvolvió el regalo y encontró una hermosa daga con empuñadura de oro blanco, incrustaciones de piedras preciosas, esmeraldas para ser precisos, al sacarle de la funda que estaba decorada con el símbolo de Eternal, pudo ver que estaba bastante afilada y finamente labrada.

—Cómo persiste la que te regalaron en tu pasado cumpleaños, quise darte esta, las esmeraldas me recuerdan a tus ojos.

Eien volvió a guardarla. Sí el había perdido una daga que le había regalado el Duque de Highdell hacía unas semanas atrás, él la había dejado en el cajón de su cómoda, pero no había logrado encontrarla, a su padre le mintió diciendo que de seguro se le cayó en el bosque en una de sus excursiones buscando hierbas para pociones, le mintió porque aunque su padre era un Rey benévolo, los sirvientes eran castigados severamente si se sospechaba de su culpabilidad en un robo.

—No era necesario—dijo Eien aún admirando el fino trabajo— además debió de costarte una fortuna.

—Eso no importa, quería regalarte algo digno de ti—dijo tomando valor y acariciando el rostro de Eien con el dorso de su mano.Suave, como imagino que sería, como la seda.

El rostro de Eien se encendió, sus ojos perdidos en los ojos avellana del soldado, estaban inmóviles mirándose a los ojos, la brisa agitando sus cabelleras. Daisuke acarició los labios de Eien con su pulgar, debía de besarlo, era su última oportunidad, luego de ese día Eien se comprometía y lo perdería para siempre, dentro de su corazón sentía que el príncipe le correspondía sus sentimientos pero jamás había hecho nada por respeto a su posición, más hoy seguiría sus deseos, se fue inclinando lentamente sobre Eien este cerró los ojos esperando el que sería su primer beso...

Se escucharon cascos de caballos, alguien se acercaba Eien se retiró rápidamente, al volverse vio su propio guardia y en el mismo caballo a su criada personal

—Príncipe, su madre me dijo que iba a cabalgar por el bosque un rato... Pero hay mucho que hacer para la fiesta, debemos arreglar su pelo, sus manos. Hay que tener todo perfecto.

—¡Mela!—exclamó Eien en algo que sonó más a un quejido- la fiesta no empieza hasta las siete.

Ella le dio una severa mirada.

—No podemos dejar todo para el final, tiene que almorzar, no le vendría mal una siesta y luego arreglarlo. Vamos príncipe no se haga de rogar.

Eien se dirigió a su caballo y lo montó, Daisuke cabalgaba tras él, ambos con un semblante abatido pues su oportunidad se había esfumado. Eien suspiró resignado pensando que su primer beso sería con alguien quién no amaba.

***

En el pueblo un joven de ojos azules preparaba su equipo. Había llegado hacía unos días al reino de Eternal, no había llamado la atención pues mucha gente estaba entrando en el reino con motivo del cumpleaños del príncipe, pero él estaba allí para un trabajo que le representaría muchas monedas de oro. Contempló la daga que le había proporcionado su contacto en el reino, una hermosa pieza digna de un príncipe. Comprobó la hora en un reloj en la pared de la habitación en que se encontraba, aún podía tomarse unos tragos en la taberna antes de que empezara la fiesta. Tenía su traje e invitación listos.

Bajó las escaleras de la posada atestada de personas por el gran evento del día, esbozó una pequeña sonrisa, la gente estaba muy emocionada y eso que no se imaginaban la sorpresa que habría.

***

El resto del día pasó en una exhalación, cuando Eien vino a notarlo ya eran las siete y él estaba preparado para tomar asiento en el trono junto a su familia. Eien hizo su entrada al salón, elegantemente vestido en tonos verdes, al sentarse su padre hizo una señal, los sirvientes abrieron las puertas y el palacio comenzó a llenarse de personas.

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