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II. DESPERTAR

No recordaba mucho de lo sucedido; en realidad, no sabía nada de lo que pudo haber pasado, solo sabía que estaba despertando en una cama, una cama de verdad, con sábanas genuinas. Ni siquiera podía recordar la sensación de eso, pero se sentía bastante bien.

Abrí los ojos revisando mi entorno, una habitación iluminada y limpia. ¡La puerta! De pronto la puerta se convirtió en una enorme preocupación, el solo hecho de pensar que estaría atrapada de nuevo me quitó el aliento.

Miré a todas partes para ubicarla y la encontré, sentí que respiré de nuevo, estaba allí y estaba abierta. No recuerdo haberme incorporado, pero una vez segura de que la puerta no interfería con mi libertad me dejé caer en esa almohada que en serio se sentía bien.

Extrañamente tranquila, respiraba serena y profundamente, como no lo había logrado hacer en mucho tiempo. Me quedé mirando al techo luminoso, que me daba la certeza de un millón de fronteras solo para mí.

No sabía dónde estaba, ni cómo había llegado allí, pero sí sabía por qué, porque iniciaría de nuevo. ¿De nuevo? No, este sí era el inicio, un inicio real. Ahora tenía fuerzas y esperanzas, tenía una rara confianza que, si bien no me hizo sonreír, probablemente porque había olvidado como hacerlo, me dio la ligera sensación de que una pequeña parte de mi volvía a vivir.

¡Vivir! Una vida iniciando, eso era realmente excitante y prometedor.

Mis sentidos se despertaron después de su largo letargo, a mis ojos ya no les molestaba la luz, podía respirar profundo, me sentía bien en esa cama, entre esas sábanas, escuché tantos sonidos que me di cuenta que afuera había una vida también, no recuerdo haber probado bocado, pero algo sabía bien, extraña y deliciosamente bien.

Escuchar voces, algo que tantas veces me lleno de horror, ahora me daba una extraña sensación de bienestar. Los sonidos, las voces, las risas.

«¿Hacía cuanto que no escuchaba una risa, una risa de auténtica felicidad, de paz y tranquilidad?, ¿podría hacerlo yo, sería capaz de reír?, ¿acaso había reído antes?» 

Más cuestionamientos que no sabía si tendrían respuesta.

¡Risas! Tantas risas había que cuando me di cuenta ya estaba pegada a la ventana, buscando el origen de ese hermoso sonido que me emocionaba hasta la médula.

Emocionada miré la más hermosa escena que jamás olvidaré, pase lo que pase y vea lo que vea. Era una pequeña niña que, brincoteando, seguía a un joven. Ambos brillaban con un ángel que me llenó el alma de paz.

Estaba tan absorta en la escena que el mundo me obsequiaba, que no me percaté de la persona que entró a la habitación en que me encontraba.

—¡Vaya! Estás viva —dijo una voz femenina sacándome de mi embeleso, estremeciéndome el alma. 

Era otra persona, otro ser humano, y estaba hablando, ¡hablando conmigo!

Me quedé helada, lo único que acerté a hacer fue asentir con la cabeza, sin pronunciar palabra alguna.

Quien llegó hasta la habitación en que yo estaba era una señora de mediana edad, con la expresión más dulce que jamás antes vi, estaba frente a mí con una enorme sonrisa que apenas le permitía mantener los ojos abiertos. 

Sentí envidia y paz, mucha paz.

» ¿Tienes nombre? —preguntó y solo le miré—. ¿No lo recuerdas? —Otra pregunta a la que mi cabeza respondió con una negativa—. ¿Sabes quién eres, sabes qué te pasó?

Más preguntas no era lo que quería, así que puse fin al interrogatorio negando saber lo que me preguntaba. 

Pero no es que no supiera nada, era que no quería dar dolorosas explicaciones. Aunque, en realidad, había muchas cosas que no sabía, así que mi respuesta no era mentira del todo.

Una nueva sonrisa, más de compasión que de alegría, apareció frente a mí. Pero no importaba del tipo que fuera, una sonrisa era una sonrisa, y eso era justo lo que estaba necesitando.

» Saliste de la nada —dijo la mujer caminando hasta mí, tomando mi mano para guiarme a la cocina, donde me invitó a tomar asiento y comer lo que me ofrecía—, ni siquiera sentí los arbustos moverse, cuando volteé estabas en el piso, casi muerta.

«Casi muerta. Era así como había vivido por mucho tiempo, casi muerta» 

Fue lo que pensé sin dejar de comer, estaba realmente hambrienta.

» Mi esposo te subió al carro y te trajimos a casa, es una lástima que no recuerdes nada, así no podremos encontrar a tu familia.

Mi familia ¿acaso yo tenía familia?

Había pasado tanto tiempo en ese sitio que no sabía si mis recuerdos eran reales o una fantasía.

» Sé que no eres de aquí —señaló—, no tienes aires campiranos. Mi esposo es comerciante y visita varios pueblos, así que investigará si alguien con tus señas ha desaparecido recientemente —Sonrió—. Por lo pronto te quedarás con nosotros, termina de comer para que te des un baño, que buena falta de hace.

Ciertamente me hacía falta bañarme, ni siquiera era capaz de recordar la última vez lo había hecho. Y entonces caí en cuenta de que no mentí cuando dije que no recordaba nada, yo no podía recordar las últimas veces en que había hecho muchas cosas.

"El agua es vida" recordaba eso de algún lugar. Tal vez lo había soñado, aunque parecía algo elaborado para ser parte del sueño de alguien que realmente no recordaba su propio nombre. Me había llamado tantas veces "princesita" que en algún punto me apropié del seudónimo, pero dudaba que ese fuera mi nombre.

"El agua es vida" y pude sentir la vida correr de cabeza a pies por mí. Era tan fresca y tan tibia que me costó trabajo salir del cuarto de baño, pero no podía quedarme en la tina por siempre, lo recordé cuando la señora de la casa entró con una toalla y algunas prendas.

La señora Nina, ese era el nombre de ella, me dio un vestido que se ajustó perfecto a mí, y me ayudó a peinar mi cabello mientras ambas mirábamos en el espejo que estaba frente mío una cara completamente nueva, para ambas.

Cada segundo que pasaba me daba más cuenta que no había mentido al decir que no sabía nada, ahora, frente al espejo, me daba cuenta de que ni siquiera sabía cómo lucía.

» Eres hermosa —dijo y me sonrió, yo me miré en el espejo sin cambiar de expresión.

Fue extraño pero, por un segundo, desconfié de esa imagen que frente a mí veía así que, temerosa de que esta desapareciera a mi toque, acerqué la mano al reflector sintiendo la frialdad de una superficie lisa que no se fue de donde estaba. Esa chica era yo, conociéndome al fin.

Nina salió de la habitación, yo me quedé sentada en la cama, observando a la atónita chica del espejo. No me cansaba de mirarla y, no es presunción, pero podía ver en el espejo que era verdad lo que Nina decía, yo era hermosa.

No podía apartar los ojos del reflector, no terminaba de creerme que era así como lucía: cabello negro, casi tan negro como mis oscuros ojos, la piel de color arena, los labios rosa pálido, y esos brazos y piernas que emparejaban perfecto con mi torso delgado, demasiado delgado voy a agregar.

Me veía decadente y desvalida, y tal vez era así como estaba, decadente y desvalida. Pero tenía las fuerzas y las ganas de seguir. ¿A dónde? No importaba ahora que estaba bien, y de verdad que estaba bien. 

Aunque algo en mi interior decía que no debería ponerme demasiado cómoda si no quería salir lastimada.

Por un segundo me cuestioné la idea de permanecer en la casa de una desconocida familia, pero esa familia le había abierto la puerta a una chica desconocida y, entre ambas, la más sospechosa era yo. Quizá por eso decidí no irme de ese lugar. Pensé que reiniciar sería bueno, y eso decidí hacer: iniciar donde ni yo me conocía. 

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