Capítulo IV Transformación

Esa chica si que tenía una buena imaginación, pero se equivocaba en todo. Nadie lo esperaba, ¿Como le haría para saber el nombre de ella? Hasta ahora no lo había dicho y era frustrante. El lobo volvió a posar el osico sobre sus pies, tenerla así era maravilloso pensó Arquímedes. Su olor lo embriagaba por completo.

De pronto comenzó a sentirse extraño, se puso en cuatro patas y corrió hasta la ventana. La noche estaba por caer y con ella la luna aparecería, se convertiría en un humano esa noche ¡Mierda!

—Oye lobito ¿Que pasa? Chantel se puso en pie y rasco su oreja. —Voy a darme un baño, no hagas travesuras.

Este la vio encerrarse en el baño y el se preocupo, quizás solo tuviera unos minutos ¿Que iba hacer? Salió a la pequeña sala en eso sintió lo mismo que siempre. Un pequeño dolor desgarrador se instaló en su estómago que lo paralizaba por completo. 

Aferró las patas al suelo de madera enterrando las uñas en este. Gruñia mostrando los colmillos por aquel agobiante dolor, siempre era así. Pasar por eso una y otra vez era peor que el mismo hechizo. El dolor era intenso, todo su pelaje comenzó a caerse y el animal se acostó en posición de sumisión.

Arquímedes gruñia con más fuerza al sentir como su cuerpo pasaba de animal a humano, la transformación era más dolorosa que volverse un lobo de tamaño grande. Entonces el dolor empezaba a bajar, y su cuerpo empezó aparecer completamente desnudo sobre el suelo. Con las manos en puño sobre el piso y los ojos cerrados Arquímedes respiraba agitadamente después del proceso.

El lobo llevaba el cabello largo, por la orilla de sus ojos… era de color negro azabache. Este caía deliberante sobre su rostro cubriendo la mitad de su cara.

—¿Pero queeee carajos acaba de pasar? ¡Aaahhhhh! Grita Chantel fuera de control sosteniendo la toalla con fuerza sobre su pecho. —¿Que? Pero… ¿Que? ¡Dios! 

Arquímedes levanta la mirada y la ve con sus potentes ojos azules. Se intenta incorporar pero eso la asusta aún más. Lo que lleva a la joven retroceder chocando con la mesa.

—¿Que eres tú? ¡Dios! ¿Que eres tú? Grita.

—No tengas miedo, no te lastimare.

—¡Mierda! Puedes hablar, joder. ¿Que coño es esto? Dijo ofuscada. 

—Soy un hombre lobo, pero no te lastimare.

—Hombre… ¿Que? ¡Dios mío! Esto no está pasando. Responde con una mano en la cara.

El levanto las manos en acción de paz… se puso en pie olvidando su desnudez. 

—Joder. Ella observa aquel monumento completamente desnudo que la descolocó —Joder, joder… estás desnudo ¡Aahhhh! Grita dándose la vuelta.

—¡Lo siento! Este busca algo con cubrirse, para el era normal la desnudes. —No quiero lastimarte, yo… no pretendo hacerte nada malo. Me llamo Arquímedes Braw. 

—No. No. No… esto es un sueño, si es eso… yo me estoy volviendo loca. Un hombre lobo. Se reía. — Es absurdo. 

—Escuchame, ¿puedes voltear a verme?

—Estas de coña, pero si estás jodidamente desnudo. 

—Ya me cubrí. ¿Como te llamas?

La chica volteo lentamente, estaba roja como un tómate. Por su aroma supo que era por vergüenza, también olió en ella miedo… y mucho. Y eso no era bueno, no quería que le temiera.

—Me llamo Chantel… Chantel  Donawall. Lo mira frunciendo el ceño.

—¡Al fin! Este sonríe. —Quiero que sepas que no quiero lastimarte Chantel.

—¿Que eres? Ella lo vio acercarse e hizo un gesto con la mano. —¡No te acerques! Le dice, tenía miedo, era normal.

—Te agradezco lo que has hecho por mí, me salvaste la vida y no sé cómo agradecerte por todo...

Chantel hace rato que lo había dejado de escuchar… no podía dejar de mirar ese magestuoso cuerpo, tan formidable, tan grande… ¡Joder! ¿Esos eran troncos o músculos? De repente sentía calor ¿Que le estaba pasando?

Un aroma en particular llegó a las fosas nasales de Arquímedes y estás provenían de Chantel. Ella olía muy rico, ese aroma de hembra expedía de todo su cuerpo. 

—Chantel, ¿Estás bien? 

—¿Que? ¿Eh?... Está pestañea como despertando de un trance. —Creo que deberías ponerte algo de ropa. Frunció el ceño mirando hacia otro lado.

—Esta bien. Pero ¿Que me voy a poner?

—Es verdad, no tienes nada. Yo voy… ella miro ese abdomen cubierto por vellos que se perdían debajo de la almohada del sillón que escogió para cubrirse. —Voy a buscar algo.

Corrió hasta el cuarto, primero se puso algo de ropa y luego intento encontrar algo que le sirviera a ese hombre.  Salió con una sudadera gris y un mono negro.

—No sé si te sirva, pero al menos te cubrirá.

—¡Gracias! 

Soltó el cojín volviendo a quedar completamente desnudo delante de sus ojos. Ella solo enfoco aquel miembro fuera de contexto. <No existían de ese tamaño> claro que no se dijo. 

El hombre se vistió con un mono bastante ajustado, no dejaba mucho a la imaginacion con ese bulto bastante marcado entre sus piernas. 

—¡Uh! ¡Uh! Hizo un sonido con la garganta. —Entonces tú eres… un… ¿Hombre lobo?

—Si. Se que es difícil de creer pero si. Por las noches cuando la luna sale yo… bueno yo me convierto en humano.

—¿Pasas todo el día siendo un perro? Digo, lobo…

—Si… no… bueno es complicado.

—¿Eh? Arquea una ceja. —Creo que tengo tiempo para una explicación de porque hay un hombre desnudo en mi casa.

—Veras… básicamente yo siempre estoy en forma de humano, cuando quiero me convierto en lobo. Pero no el que conociste, soy mucho más grande. Vengo de una familia de hombros lobos Chantel, soy un alfa. 

—Espera. Espera… ¿Eres mas grande? ¿De qué estas hablando? Está niega.

—Te contaré. Ven siéntate.

Ambos se sentaron en el sofá, desde luego que Chantel lejos de Arquímedes. No se fiaba de él, y con todas las razones del mundo.

—Primero, tengo más de 500 años. Los hombres lobos podemos vivir muchos años, así que no envejecemos tan fácilmente como un humano.

—Tienes… tienes… tartamudeaba. —¿Tienes más de 500 años? Pregunta atónita y con burla a la vez.

—Si, pero ese no es el punto. Hace muchos años una bruja me lanzo un hechizo, ahora puedo volverme humano solo cuando la luna salga.

Ella lo miraba como si estuviera contándole un cuento de hadas. Bueno si lo miraba por ese lado, bien que se parecía a un cuento de hadas. 

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