Capítulo 4

 Ángel

Tras las noticias sobre la muerte de Álvaro Lauder, he descubierto algunas cosas, pero no puede saltar sobre ellos sin ayuda y sin que ello ponga en peligro la vida de Florencia. Por estos días me han hecho creer que estoy, pero siguen vigilándome. Estoy atado de manos y con la soga al cuello. Mi cara estará pronto en manos de la policía, pues no falta mucho para que Valeria me reconozca. Quizá eso es lo que quieren, mostrarme como el verdadero asesino y creer que con eso se libraran de las investigaciones al apartar a todos de su camino, desde el inicio he sido me han considerado la carnada. Más, veremos quien termina perdiendo al final de este juego.

Miro la hora en el reloj y salgo a caminar, un paseo habitual que ellos conocen perfectamente bien. Con suerte será la última vez que me tengan en su radar. Respiro y con una sonrisa, saludo a los idiotas que me observan desde el auto haciéndose pasar como un par de ebrios rompiendo las reglas a plena vista de los agentes.

Me pierdo en la calle que me lleva al bar de todas mis últimas noches, silbando y fumando a paso lento y seguro. Entro al local y ubicándome en el lugar de siempre pido una copa. Minutos después miro el reloj.

“Más te vale estar aquí Cristóbal” me digo dejando la copa en la barra y camino hasta el baño. Para entonces me doy cuenta de que hay algunos hombres vigilándome en una mesa a mis espaldas. entro sin levantar sospecha y mientras orino veo atreves del espejo, entrar a dos sujetos altos y con pinta de maleantes. Sí que son terribles para disimular, se colocan a mi lado y segundos después alguien más aparece por la puerta. Parece ser una chica con una gran bolsa en el hombro, grandes lentes negros, vestido rojo ceñido y chaqueta negra. Aunque podría decirse que es una de esas bailarinas exóticas con mucho brillo encima.

—No debería estar aquí. Este es el baño de hombres — Se apresura a decir uno de los sujetos mientras yo me levanto el cierre del pantalón.

Pone el seguro a la puerta, eso hace que los dos tipos caminen a ella y… ¡Pum! Sin decir más, deja caer el bolso y los golpea mientras me giro para observar el espectáculo. Jamás pensé ver a Cristóbal en tacones y seguir manejando su estilo de pelea tan peculiar ¡Qué paliza! Esos puños son de acero ¡Que curvas! Al final termino aplaudiendo.

— ¡Genial! Nunca pensé verte en falda corta, amigo.

—Una palabra más y te mato imbécil. —Se acerca Cristóbal desafiante tomándome por el cuello.

—¡Jamás permitiría que dañes esas delicadas manos! En verdad, te ves sexy. —Sonrío.

—¡Maldito idiota! ¿Por qué no me ayudaste?

—Tenías la situación controlada y sabes que disfruto tanto ver pelar a una chica de esa manera tan ruda.

—¡Idiota! Es lo único que pude hallar para poder entrar. —Me suelta — ¿Y por qué tienes a tanta gente vigilándote?

— Es largo de explicar. Primero sácame de aquí.

—¡Claro que saldremos de aquí! —Me sonríe levantando el bolso.

Lo abre y saca un vestido muy llamativo de lentejuela, me lo muestra y lo lanza a mis manos.

—¿Qué es esto?

—Tu pasaporte a la libertad.

—¡Oh, no! Estás loco, no puedo ponerme vestido.

—¡oh, sí! Te verás muy atractivo. Y con esto —saca una peluca larga rojiza —esto va muy vie con ese vestido.

—Estás loco si piensas que me meteré en esto.

—Tienes 5 minutos antes de que entren los de afuera. ¡Decide rápido! ¿Crees que seré el único que hará el ridículo al salir por esa puerta hasta la calle, vestido como bailarina?

—¡Maldición!

—Si no te metes en ese traje juro que no moveré un dedo más por ti. —Lanza una patada al sujeto que se mueve en el piso.

—está bien, pero de esto ni una palabra a nadie.

—no prometo nada.

Sí que disfruta de verme en pelotas y metiéndome en ese diminuto vestido. ¡En verdad quisiera que no hubiese un espejo tan grande es este baño! Me siento tan incómodo mirándome. Aunque la peluca no se me ve nada mal, supongo que, en la otra vida, he sido una atractiva chica. ¡Joder! Como le hacen las mujeres para caminar con tacones como estos. En eso una inesperada foto me desconcentra.

—para el recuerdo —se carcajea.

—No usaré estos tacones incomodos.

—¿¡No saldrás descalza belleza o si!?

—Pues imagina que saldré ebria de este lugar. Desmaquillada, descalza y mal arreglada. Porque así no se supone que viste una chica. ¿Por qué no elegiste algo más decente?

—¿Crees que fui de compras a una boutique? Lo tomé prestado del camerino del fondo. Un par de chicas estarán decepcionadas al no encontrar sus trajes de baile. Pero, tienes razón, es una buena idea el quitarse estas plataformas incomodas —Se agacha para sacarse los zapatos.

Toma su bolsa donde está mi ropa y se la pone en el hombro y salimos del baño abrazados, con la mirada al piso tambaleándonos. Escuchando algunos piropos. Felizmente la mayoría de los consumidores del local están ebrios y para ellos solo somos un par de travestis del montón. Al llegar a la puerta puedo ver el auto negro estacionado al frente cruzando la pista. Subimos rápidamente al auto deportivo de Cristóbal y nos alejamos de ellos. Solo ahí pude quitarme la peluca y sacar mi camisa de su bolsa para ponérmela.

—¿Por qué tan incómoda querida? —Se burla Cristóbal tirándome su peluca.

—Gracioso.

—Esto es un paseo en el parque comparado con los viejos tiempos.

—Así es. —Respondo colocándome la camisa.

— ¿Por qué tenías esa gran seguridad de que vendría por ti?

—Porque me debes una y porque ella está involucrada.

—Le dije que se mantuviera lejos de ti. ¿Cómo pasó?

—De alguna manera supieron todo de mí y la secuestraron para controlarme.

—Hace cuanto la tienen en su poder.

—Hace 3 años.

—¡Joder! ¿Tienes idea en lo que te has metido? Te repetí mil veces que te mataría si le pasaba algo ¿Por qué no me dijiste antes?

—Porque aún no era el momento de acabar con ellos.

—¡Mierda! ¿Cómo pudiste dejarla encerrada 3 años y ocultármelo? Y aun tener el valor de mirarme sabiendo que puedo pegarte un tiro en la cabeza. —Grita golpeando el timón.

—No está encerrada entre 4 paredes, amordazada y atada a una silla, comiendo del suelo si es lo que te preocupa. En cuanto llegue al país me encargue que eso cambie.

—Me garantizas que sigue con vida.

—Lo está, pero corre peligro ahora que sepan que escape. Por eso necesito que tus hombres se movilicen para poder liberarla.

—¿Mis hombres? ¿Tienes idea de que ahora estamos en bandos contarios?

—Lo sé. Por eso eres el indicado.

—Está bien, empecemos esta noche. Y por tu bien, más te vale que al amanecer Florencia, siga con vida.

Llega al estacionamiento central y cambiamos de auto, subimos a una camioneta con el logo de empresa de telecomunicaciones y nos perdemos en la carretera.

Mientras tanto —Valeria

Me siento frente al ordenador de su padre y reviso la información de mi atractivo ángel. Tiene curiosamente el nombre, esa mirada encantadora y esos labios cálidos que aún puedo sentirlos. Es un demonio vestido de ángel. Su trabajo fue entretenerme mientras los demás atacaban mi casa. Un hombre peligroso por su historial, que sabe perfectamente cómo manejar a las mujeres, que rabia saberse una más de las ilusas en caer en sus juegos. ¿Es acaso el verdadero culpable tras el disparo mortal que terminó con la vida de su padre o solo la distracción? Lo que más me molesta en este instante es saber que ese encuentro no fue casual.

— ¿Por qué un hombre como él terminó cayendo tan bajo?

—Quizás porque su única debilidad, sigue siendo su esposa Florencia.

— ¿Está casado?

—Según los informes, fue solo un matrimonio falso para una de sus misiones, pero parece que siguen muy unidos, tanto que en los últimos 3 años han sido vistos en la misma casa.

— ¿Crees que ella está involucrada?

—Más bien es utilizada para qué él haga el trabajo sucio. No es un hombre común que se esconde tras las sombras, también es peligroso para ellos, por eso la tienen.

—¿La secuestraron?

—Sí, todos tenemos un punto débil y no puede esconderse para siempre.

—Ya veo ¿Y la policía se ha pronunciado respecto al caso?

—De los sospechosos que tienen detenidos, no se puede obtener más, parece que les han pagado muy bien para culparse entre ellos. Nada del mundo los hará cambiar de opinión. Por ese lado el caso está cerrado. Tengo entendido que mañana el jefe de detectives dará una conferencia de prensa anunciando el cierre del caso.

—Será mejor que lo hagan, nosotros tomaremos al toro por los cuernos. La muerte de mi padre no quedará impune, si es preciso nos entraremos a ese mundo oscuro para sacar a las alimañas dentro y exterminarlas. Vigila a ese chico, si es preciso encuéntralo, cuando el haga su jugada, estaremos ahí para capturar a esos miserables.

—no será una tarea fácil, pero lo intentaré, aunque es mejor que se mantenga al margen de esto.

Dejo el escritorio y camino hasta la ventana, la abro y me asoma al balcón sin escucharlo. El aire fresco me hace cerrar los ojos, sintiendo esa suave brisa acariciarme las mejillas. Tengo tantas cosas en la cabeza, y sobre todo mucho miedo. Recuerdo esa noche y se siente tan culpable, le he dado miles de vueltas a esa posibilidad de qué hubiese pasado si no le impedía a William ir con su padre, si hubiese estado a su lado en el ataque, ¿Qué hubiese pasado si no hubiese entrado al baño?

Respiro hondo y escucho los pasos de William. Abro los ojos y lo veo a mi costado con los ojos cerrados, al parecer disfrutando de ese refrescante viento. Se ve tan tierno y tan… lindo cuando sus cabellos se alborotan al viento.

—Es una noche tranquila. —Pronuncia abriendo los ojos. —El señor solía disfrutar de estos días, al igual que usted.

—¿Puedo preguntarte algo y tener la certeza de que me responderás con la verdad?

—Depende de la pregunta. —Sonríe.

— ¿Quién eres en realidad?

Deja un largo suspiro y me mira sonriendo.

—Soy un simple abogado que tuvo que prepararse mucho para llegar al lugar donde me encuentro. No soy experto en artes marciales, ni un tirador profesional. Aunque te dejé la impresión de lo contrario ¿Verdad?

—Sinceramente, así es. Fue grandioso conocer ese lado de ti. Parecías ser otro. Me sentí protegida.

—Mi lado oculto. —sonríe una vez más. —Te confieso que fue la segunda vez que llegué a ese extremo.

—¿Qué hubiese pasado si no te detenía en la escalera?

—El destino no puede cambiarse, de alguna u otra manera estaba escrito lo que tenía que suceder.

—¿Lo dices solo para quitarme la culpa? —expreso con pesar mientras miro al cielo.

—No fue tu culpa que muriera.

—¡vaya! Al fin vas a romper el hielo de la formalidad. —Sonrío mirándolo.

—No volverá a pasar, señorita. —Dice en tono serio, bajando la mirada como avergonzado.

—¿Y por qué no?

—Le prometí a su padre… —Arrastra una ligera pausa, como pensando que decir. — Cuidarla.

— ¿Crees que no puedes hacerlo si somos amigos?

¡Quizás no! lo veo desviar la mirada con incomodidad. ¿Por qué le cuesta tanto hacerlo?

—No debo cruzar la línea con usted. —Se aleja del balcón.

—Lo dices como si fuera algo terrible hacerlo. —Lo sigo.

—Hay muchas cosas que aún no conoce de este nuevo mundo al que accedió entrar, señorita Valeria. No será fácil protegerla si la delgada línea del respeto se rompe.

— Eso no significa que se pierda el respeto, el ser amigos no derrumbara nada, el conocer a tu personal no es un delito. Quiero conocerte a ti, llevamos tres años bajo este techo y ni siquiera sé si tuviste una mascota en tu vida, lejos de esta familia.

—No tuve una familia, una casa, una mascota, ni siquiera una planta que me hiciera compañía. Afronté la vida desde temprana edad, solo conocí dolor y desolación, miseria y solo fue en golpe de suerte, el que tu padre apareciera en mi camino para darme la oportunidad de tener un hogar. Quizás fue solo la necesidad de tener la presencia de su hija en su vida lo que hizo tomarme entre brazos aquella noche lluviosa y llevarme al hospital, cuidarme y luego llevarme bajo el calor de su chimenea.

—¿Mi padre te crio? —me sorprendo a escuchar esa gran revelación.

—Fue mi tutor, mi instructor, mi maestro y con los años me convertí en su guardián, su abogado, su amigo, su hijo y su confidente.

—Guao ¿Por qué no lo mencionaste antes?

—No debo hablar de mi vida pasada.

—¿Mi padre te prohibió hacerlo?

—No, fue decisión propia.

—¿Entonces, nunca seremos amigos?

—Creo que es mejor que sigamos siendo jefe – empleado. En esta clase de trabajos las amistades y amigos solo peligran. —Camina hasta la puerta.

—¿Te has enamorado alguna vez? —Sigo tras él.

—Quizás. —Dice saliendo del despacho.

—¿Pusiste en peligro su vida?

—¿Por qué estamos hablando de mí? —se detiene.

—Porque tú sabes todo de mí, te considero mi amigo y quiero saber más de ti.

Levanta la mirada y apenas dibuja una mueca en sus labios. Como diciéndome “Que chica tan impertinente”.

—Si quieres que te pregunte de otra manera. —Insisto. — Diré que creo que es parte importante conocer el pasado de la persona que está bajo mis órdenes.

—¿La vida sentimental también forma parte del curriculum, señorita Lauder?

—En tu curriculum sí. ¿Quieres que te ordene contármelo? —Sonrío. —¿existe una persona especial en tu vida?

Se ríe con gracia, menea ligeramente la cabeza y me mira de una manera extraña, es la primera vez que fija sus ojos en mí poniéndome tan nerviosa, se acerca sin miedo mientras con sus palabras acelera mi corazón.

—Ella es encantadora, fuerte, inteligente, dulce y al mismo tiempo una fiera. Sus ojos deslumbran como el mismo sol, su sonrisa es la mejor medicina en mis días grises. —Está a unos centímetros de mi cara mirándome con esa ternura que acalambra mis piernas.

—Debe ser especial. —Susurro, tratando de no mostrar esa agitación que me provoca su cercanía.

—La mejor mujer que he podido conocer, daría mi vida por ella sin pensarlo dos veces.

—¿La amas?

—Desde el primer día que la conocí. —Traga saliva — Pero no puedo ser egoísta y arrástrala a nuestro mundo. — Se aleja lentamente. —Este lugar no es para ella. Sin embrago es inevitable no involucrarla y me siento culpable por no poder hacer nada para cambiar su destino.

Camina lejos de mí, luego se detiene y gira ligeramente la cabeza.

—Ahora me iré a descansar y usted debería hacer lo mismo. Recuerde que mañana será un día agitado. Espero que le sea de utilidad la información brindada, señorita Lauder.

Se aleja sin volver a mirarme, dejándome con esa sensación extraña de ser a mí a quien describía ¿O me equivoco?

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