CAPITULO 3

Estaba demasiado entretenida con este libro, me había leído toda la trilogía en menos de un mes, me enfocaba en tener mejores hábitos de lectura, así mismo, planeaba escribir un libro como tema principal en la biología; no me equivoqué al elegir esta carrera, es una vocación que he tenido desde siempre.

Salí de clase después del mediodía, mi estómago estaba vacío; la presión y el estrés de la universidad me impedía tener tiempo para llevar una alimentación adecuada, incluso pasaba todo el día solo con agua y galletas de miel. Cerré mi libro y me dirigí a buscar a Charlotte, caminaba lentamente y sin prisa, al final del pasillo me encontré con una figura masculina que se me hacía muy familiar, al verle el rostro supe que se trataba de Auguste, mi compañero que en pocas ocasiones me encuentro, no quise saludarlo, no tengo mucha comunicación con él, y la última vez fue un poco incómodo, pero esta vez él se atrevió a hacerlo.

— ¿Mircella verdad? — Afirmé con un gesto.

— ¿Tienes equipo de trabajo? me refiero al que te comenté del video que toca hacer para la clase de literatura.

— Aún no, mis compañeros son... difíciles de trabajar — respondí fríamente.

— Si quieres podemos trabajar juntos, tengo algunas ideas que te podría mostrar—Dijo un poco emocionado, tan solo un poco.

El chico callado, aquel que siempre es solitario y parece tener mal carácter, decide tener la voluntad de trabajar conmigo. Qué maravilla.

— ¿Por qué conmigo? Pensé que te gusta trabajar solo.

— A veces no encuentro la persona indicada para trabajar, siento que... no son aplicadas, además eres la primera de la universidad que me habla este año, pensé que sería algo bueno trabajar contigo. —acepté, porque a pesar de todo, él era buen estudiante, el docente nunca se quejaba de él, no participa en clase, pero cumplía con todos los deberes. También acepté por otro motivo.

Fuimos a la biblioteca para empezar lo antes posible aquel proyecto, cuando llegué me sentí mareada, no había comido lo suficiente y adentro hacía mucho frío, más que el clima de hoy.

Saqué unas galletas que guardaba en la mochila, comí sin que nadie se diera cuenta y buscamos un lugar libre donde nadie pudiera molestarnos.

— Y bien, primero que todo quiero que me cuentes de ti. — Fue lo primero que dijo recién llegamos.

— ¿De mí? pensé que vendríamos a trabajar.

— Es parte del trabajo — dijo dedicando una gran sonrisa.

— Bueno yo...— empecé a dudar que debía decirle sobre mi vida y lo que no — Tengo 21 años, nací en esta ciudad, tengo un hermano mayor, lo considero mucho más que eso, ha sido mi tutor, mi padre y madre a la vez, mi amigo, todo.... en fin, él ahora viaja constantemente a diferentes lugares, en ocasiones me visita. Vivo con mi mejor amiga. Acerca de los pasatiempos...— pensé un segundo — amo leer y hacer mucho deporte, me gusta la natación y todo lo relacionado, no suelo salir mucho, soy una persona de pocos amigos, considero que es mejor calidad que cantidad.

Anotaba algo en un cuaderno pequeño, ¿Por qué lo hacía? No es un interrogatorio ¿O sí?

— ¿Qué hay de tus padres? no los mencionas...

— Nunca tuve padres — lo pensé para confesarle esto a alguien que apenas sé su nombre — o bueno, en realidad si llegue a tenerlos algún día, pero no tengo ningún recuerdo donde ellos aparezcan, mi hermano dice que se fueron después de que yo nací, él no los recuerda bien, tenía dos años cuando pasó... ellos se fueron, para siempre; no sé si murieron siguen vivo, solo no están. Crecimos con nuestros abuelos, es lo que él siempre dice, tampoco recuerdo bien ese detalle. — por una vez en la vida me dolía hablar de ese tema, no puedo extrañar algo que nunca tuve, de hecho, nunca lo necesité, Henri, mi hermano, me dio todo lo que pudo a su alcance y para mí, eso es más que suficiente, tener su compañía es lo único que importa.

— Lo lamento, no quise hacerte recordar aquello — dijo avergonzado.

— No te preocupes, no me lastima; ¿Empezamos? — dije hablándole del trabajo.

— Ya está finalizado.

— ¿A qué te refieres? — dije confundida.

— Quise hacer de tarea un proyecto donde se vea lo que sienten las personas según su forma de hablar, no tienen que demostrar cómo se sienten para saberlo, por el tono de voz, cuando evita mirar directamente a los ojos de quien le preguntó, los gestos, etc. Son varios detalles que se pueden ver, leemos a las otras personas de una forma divertida, la analizamos y brevemente concluimos lo que esa persona piensa al hablar de sí misma.

— Y según tú, ¿cómo soy?

— De lo poco que me has contado, sé que, en ocasiones, cuando estás sola, te hace falta una figura paterna, al igual que una materna, es algo que nunca has tenido pero que en el fondo anhelas tener, una madre con quien pelear, un padre que te proteja, un hogar, una familia, eso lo necesitamos todos, tal vez me equivoque, pero hasta cierta parte tengo razón.

Quedé en silencio unos minutos, mirándolo intrigada.

— También — Continuó — que a veces no sueles decirles a las personas cómo te sientes, o simplemente no confías en ti misma para hacerlo o puede que te gustar llevar siempre todo el peso de los problemas, a veces, es necesario confiar en otros para que te sujeten, es sano dejar todo el peso y permitir que otra persona también lo sostenga. — hizo una pausa esperando una respuesta por parte mía a lo que acaba de decir, pero yo permanecí en silencio. —si te parece podríamos intentar otra idea para el video.

De hecho, no tenía ninguna ahora, la suya me pareció tan impresionante, algo que yo jamás habría pensado.

— Esa idea que acabas de mencionar está bien, es perfecta, pero para eso tendríamos que estudiar más personas.

— Ese será tu deber, ¿Podrías entrevistar a unas tres personas por mí? las filmas en lo posible, yo me encargaré del resto, no suelo hablar con otras personas tan hábilmente.

—¿Por qué hablaste tan libremente conmigo si no te gusta hacerlo con ciertas personas?

— Tú misma lo has dicho, "ciertas personas", eres diferente, nos vemos acá el lunes a la misma ahora ¿De acuerdo? — se puso de pie y salió.

Me quedé en la biblioteca unos minutos más, concentrada en otros trabajos y talleres pendientes, de repente escucho el teléfono vibrar en mi mochila, era mi hermano, me dejó un mensaje.

"Mircella, llámame pronto, te tengo una sorpresa"

Luego de salir de la biblioteca, intenté llamarlo, pero no atendió el teléfono, volví a insistir, pero algo lo impidió, y no solo se detuvo el hecho de que iba a llamarlo, también mi corazón, al menos por un microsegundo, al ver alguien, un hombre, quien salía de uno de los pasillos de la biblioteca. Al verme, quedó estático, como si aquel que estaba viendo era un fantasma, llevaba puesta la misma gorra que aquella persona que esperaba fuera de mi vivienda, incluso podría decir que su cuerpo era muy similar al de aquel tipo; enseguida miré directamente hacia su pierna en busca de algún tatuaje, fue inútil, hoy llevaba pantalón largo.

Antes de que se perdiera de vista, traté de ir tras él, no estaba segura de lo que hacía, o si sería peligroso, me acerque poco a poco hasta estar frente a él, sentí su aroma, era diferente, olía a una fragancia masculina muy fuerte y el tallaje de sus zapatos tampoco cuadraba con la descripción que conocía.

— ¿Quién eres? — le pregunté.

— ¿Por qué preguntas eso? — respondió temeroso, por mi parte, no dije nada más al respecto y él se marchó extraño por mi comportamiento.

—Empezó a caminar a paso rápido hasta finalmente llegar a correr lejos de mí, repetí su acción para poder alcanzarlo, cuando estuve muy cerca, tiré de su mochila fuertemente haciéndolo caer, pero pensó rápido y volvió a levantarse.

Desapareció de mi vista nuevamente, solo que esta vez no fue precavido, logré ver bien su rostro, ojos oscuros, tenía una mirada fría, la nariz era larga y gruesa, y lo más importante, tenía otro tatuaje, esta vez en su cuello, una cruz invertida, algo que no había visto antes, pero su altura… no encajaba. Huyó como si ocultara algo dejando pistas tras él.

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