CAPITULO 4

No he desistido de buscar aquella persona que sospechosamente huyó de mí, sin embargo, por más que he intentado localizarlo no lo he encontrado, tampoco a nadie que lo conociera. Por más que me han sucedido cosas malas, he logrado hacer un nuevo vínculo con Auguste, es buen compañero, es grato tener cerca a alguien que no sea Charlotte y sentirme segura. Compartimos lo que restaba del trabajo, yo hice mi parte correspondiente para nuestro siguiente encuentro que sería en la cafetería.

Allí estaba él, solitario en una mesa al fondo del lugar, me senté con la bebida que compré hace un rato, hablamos de varios temas que desconocía. Es divertido y por el momento pasaba un momento de alegría, hasta que a lo lejos divise a alguien.

El chico de hace unos días, sentado a unos 10 metros de distancia, aún no se percataba de que lo estaba viendo ¿Qué hace aquí? ¿Por qué actúa como si no hiciera nada?

— ¿Estás bien? te pusiste pálida de repente — preguntó Auguste confuso.

— Si, disculpa, es que vi algo inquietante.

Él giró su cuerpo y miro disimuladamente a donde mi mirada se dirigía.

— ¿Qué ves? dímelo, puedes confiar en mí. — dudé por un pequeño momento.

— Es el chico de la gorra.

— ¿Te hace algo?

— No estoy segura — dudé.

Él se levantó de su asiento y fue directamente donde aquel sujeto, no lo impedí, pero sentí miedo, se acercó a ese chico, pero desde esta distancia no escuchaba lo que ambos hablaban, Auguste se veía muy natural al hablar, mientras que el joven solo me miraba extraño, en seguida ambos se acercaron a mi mesa. Quería huir.

— ¿Tienes algún problema conmigo preciosa? — dijo cuándo se acercó a mi mesa, evitaba el hecho de que hace días lo perseguí y terminó huyendo de mí.

— Bájate el pantalón — le ordené y ambos me miraron sorprendidos, al ver que no hizo nada le ordené nuevamente lo mismo, esta vez mi tono de voz era más fuerte.

— Haz lo que te dice — dijo Auguste y sin dudarlo, aquel chico le hizo caso, todas las personas presentes quedaron asombradas ante el hecho de que un hombre empezara a hacer aquello, le gritaron palabras como "pervertido" y "acosador" pero él no se inmutaba, había obedecido, y ese fue el problema. Cuando sus pantalones quedaron abajo, quede más fría que antes, mire su pierna izquierda, nada en ella, miré su pierna derecha, en ninguna de las dos piernas ni en ningún lado tenía aquel toro grabado en su piel, examiné que no lo haya cubierto con alguna base de maquillaje, aunque el tocarlo me provocaba repugnancia, aun así, lo hice y su piel estaba intacta, el único tatuaje visible era aquel del cuello.

Quedé como una imbécil e hice que aquel joven hiciera quizás, lo más vergonzoso de su vida, sin poner resistencia. Ahora la acosadora soy yo. Pensé que estaba haciendo lo correcto, pero en ningún momento eso estaría bien, me sentía avergonzada de mí misma.

                                                       06 de la tarde

— Gracias por acompañarme hasta casa, hay muchos peligros en el camino — le dije a Auguste.

— No hay de que, nos veremos otro día.

— ¿No quieres pasar? te presentaré a Charlotte, mi mejor amiga.

— ¿Es una de las chicas de la entrevista? —Afirmé—Se ve agradable, quizás la conozca luego, ahora tengo cosas por hacer —se despidió gentilmente y se marchó.

Al entrar a la casa revise mis mensajes, hace dos horas me escribió un número desconocido, nuevamente él.

"Grandioso lo que hiciste hoy, muy valiente canelita"

"No sé de qué hablas" — y agregué aquel número a la lista negra.

En una hora aproximadamente volví a recibir un mensaje, esta vez, de otro remitente.

"Hablo de esto"— y en seguida envió una foto donde me encontraba en la biblioteca, cuando presenciaba aquel suceso, mi acosador se encontraba en el mismo sitio que yo y no me di cuenta. Se veía que la foto fue tomada desde ángulo. No me percaté que alguien estuviera filmando la escena.

No respondí su mensaje y volví a dormir, apague mi celular, mañana conseguiría otro número nuevamente y me dirigiría a denunciar a ese tipo ante las autoridades, esto tiene que parar.

~ ~

Ha pasado poco más de una semana desde que he estado tranquila sin tener que sospechar de nadie, quiero pensar que desistió y no volverá a acercarse y hacerme daño, pero no creo que esa posibilidad exista. Hoy haré mi siguiente paso, lo denunciaré nuevamente, tengo un punto a favor, alguien me ayudará. Luke, el amigo y pretendiente de Charlotte; él conoce a alguien, más que eso, es su padre, es detective. Me reuniré con él y pediré su ayuda, valientemente llegué donde alguna vez también me sentí acosada por hombres que se supone, deben protegerme.

Conocí al padre de Luke y él amablemente prometió que se encargaría de todo, fue cortés, diferente a los demás, el proceso fue rápido, le di la mayoría de los números por donde aquel tipo me escribía, pudimos recuperar conversaciones borradas. No hable del estudiante de la universidad, quizás solo lo estaba imaginando y lo culparían por algo que no hizo.

Más tarde, en la universidad, durante la clase que compartía con Auguste, me inquietó un mensaje recién recibido, provocó que se helara toda mi piel.

—"Mircella... ¿A qué se debe aquella denuncia? No estoy cometiendo un delito".

No puede ser...

Guardé mi celular, salí del aula corriendo, quería llorar, me sentía impotente, él lo sabe absolutamente todo, en menos de 24 horas sabía de la denuncia, esto no podía ser posible, llamé inmediatamente a la policía, no contestó el padre de Luke, de hecho, el que atiende la llamada es un joven, lo noté por su voz.

—"Si no la ha agredido no hay nada de qué preocuparse, déjenos hacer nuestro trabajo" y colgó.

No podía creer que las personas que debían protegerme me daban la espalda en un momento así, estaba asustada en el baño de chicas, no había nadie, necesitaba a alguien, permanecí así hasta que me llamó Auguste, preocupado de ver que no volví a clase, no le comenté nada, pero le pedí que me llevara a casa, Charlotte saldría tarde hoy.

Cuando llegué a casa tomé las fuerzas necesarias y respondí los mensajes pendientes, pero me di cuenta que tenía unos nuevos.

"En la policía no podrán ayudarte, es inútil"

"¿Qué quieres conmigo? No quiero que me hagas daño"

"Jamás lo haría, porque te amo Mircella, cada día más que el anterior, olvídate de la denuncia"

"Dime cómo te llamas, qué quieres de mí y puede que considere la propuesta" — Era algo estúpido pensar que el pudiera dar su información y sus intenciones.

"Mi nombre es Raphael Duval, pero por nada del mundo debes revelar mi nombre a nadie".

"¿Por qué?".

"Querida Mircella, nadie puede saber que estoy vivo".

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