CAPITULO 7

                                                           Mircella Pierce

                                                            01 de la tarde.

El día del concierto fue un momento agradable, uno en el cual pude llegar a pensar que sería el mejor, donde, en cuestión de segundos se derrumbó aquella torre de felicidad que había construido poco a poco.

La desesperación se adueñaba de cada parte de mí, cada segundo que pasaba era una tortura. Desde que salimos a cenar no he vuelto a ver a Charlotte, salió luego de responder una llamada y han pasado más de 24 horas y no hemos sabido nada de ella. Nadie la ha visto, todo sucedió tan rápido, preguntamos a los alrededores, era fácil de reconocer, llevaba mi chaqueta que era muy brillante y colorida, no pudo haberle pasado nada malo. No lo soportaría.

Me encontraba en la sala de mi casa, cerca al teléfono, esperando cualquier llamada. El frío recorría cada centímetro de piel, no podía pensar en nada ni nadie más. Envié un mensaje a Auguste, pidiendo su ayuda, necesitaba un amigo, y era ilógico ya que antes no lo consideraba así.

Al mismo tiempo le envié otro mensaje al último número que me había dejado Raphael.

"¿Tienes algo que ver con la desaparición de mi amiga? Dímelo por favor..." enviar.

"Perdóname, no soy la persona que crees" y bloqueó mi número, ¿Se invirtieron los papeles?

Estaba perdiendo la esperanza, no recibía ni una sola llamada, absolutamente nada. No teníamos sospechosos, nadie en absoluto. Charlotte no merece esto ¿Cómo iba a responderles después a sus padres? Me culparían si algo malo le pasa. Su hermano viajará mañana desde París y espera encontrar buenas noticias, lo único que podía hacer por ahora es esperar.

Escuché que tocaban la puerta, era Auguste, corrí a darle un abrazo. Estaba realmente mal, no pude evitar que cayeran lágrimas por mi cara, quería desahogarme con alguien y el único con quien podía era él.

—Tranquila pequeña, todo estará bien —frotaba mi espalda con delicadeza, fue un acto tan tierno de su parte; estar con él me aliviaba un poco y me transmitía paz, tranquilidad, al menos por un momento. No lo veía desde hace mucho y al sentirlo tan cerca me producía esperanza, aquella que necesitaba.

—Siento que todo es mi culpa, no sé qué hacer —Dije sollozando.

—Tú no provocas nada, la policía se encargará de todo.

La misma policía incapaz de brindarme ayuda cuando la necesitaba urgente al sentirme insegura de Raphael, las mismas cuyos deseos hacia mí, lo expresaban en sus ojos ¿cómo podía dejar que la policía se encargara de todo?

En ese instante tuvimos un momento que lo sentí especial, y al estar acá conmigo, brindando su compañía en este duro momento, lograba que despertara en mí un cariño inquebrantable. Miré sus ojos y expresaban algo que ciertamente me llamaba la atención, sentía en ese instante que no quería ver los ojos de nadie más. Me sonreía de cierta manera que me hacía desear no ver otra sonrisa que no fuera la suya, quizás lo único que anhelaba en este momento era una compañía, alguien con quien no sentirme sola, vacía. Solo por un instante, pero todo eso se detuvo enseguida cuando llegó Luke, lo acompañaba ese chico que conocí en el restaurante, Archibald. Era amigo de Charlotte, también preocupado por ella. La había conocido en el concierto y a las pocas horas descubrió su desaparición, su mirada me inquietaba, de buena forma, él me miraba tratando de buscar algo en mí, no sé qué era y no quería descubrirlo. Ambos venían buscando buenas noticias, se marcharon al saber que todo seguía igual, al irse pude notar un aura extraña, al parecer Luke no le caía bien Auguste, desde que entró lo miraba muy mal, incluso Archibald lo hacía.

Cuando quedamos solos nuevamente, Auguste tomó mis mejillas y plasmó un dulce beso en mi frente.

—Toma algo de mi mochila, es una ensalada de frutas que compré de camino hacia aquí — Siempre tan amable conmigo, un gran apoyo en estos momentos— necesitas comer algo para ganar fuerzas, al menos un poco. Charlotte aparecerá, estoy seguro.

—Te lo agradezco. —Dije tomando el recipiente.

—No hay de que, estaré aquí para lo que necesites. Eres mi amiga, quizás la única.

Se marchó al poco tiempo.

Bastaron pocos minutos para volver a escuchar que tocaban mi puerta, pensé que sería Auguste, para mi mala suerte era alguien peor.

Raphael Duval sostenía una chaqueta de cuero en su mano izquierda y en su otra mano llevaba una cámara antigua, al verlo, mi corazón se aceleró del miedo, por un instante pensé que me secuestraria a mí también.

Se auto invitó a entrar, se fijó que no había nadie más que nosotros dos. Yo seguía de pie en la puerta, pretendía salir corriendo, pero no lo hice, aun no sé por qué está aquí.

— ¿Qué haces aquí? —Pregunté desafiante.

—Te dije que no confiaras en nadie. —Respondió.

— ¿Debo confiar en ti? —le respondí.

—Auguste, ese chico... es como una feroz víbora, su energía es mala al igual que su corazón —inquirió.

—No sabes nada de él, no es como tú. No ha intentado hacerme daño.

—Pero lo hará, justo ahora que estás sola.

—Estoy sola contigo, debería llamar a la policía. —Amenacé sacando mi teléfono del bolsillo.

— ¿Por qué no lo haces entonces? No hay nada que perder, vamos, inténtalo, te lo agradecería, sería bueno para ambos. —Cada palabra que decía era un centímetro que se acercaba.

— ¿Qué quieres? ¿Qué buscas en mí? Finges ser bueno, pero haces cosas malas y luego pretendes que no lo haces. No sabes lo aterrorizada que vivo gracias a ti.

—No pretendo ser bueno, la maldad es algo que me consume desde que supe de tu existencia, te dije que no soy la persona que tú crees, soy mucho peor por brindarme a ayudarlo.

— ¿Ayudar a quién? —lo sabía, no hay duda.

—Mircella, desconoces el mundo y vives en él, eres ingenua como una niña.

— ¡Por favor, déjame tranquila! Entras a mi casa como si fueras bienvenido, me has perseguido durante meses, ¡estoy cansada! —me alteré.

— ¿Por qué destruiste el corazón de Raphael? Gracias a eso tengo que pagar por lo que hiciste.

Sus oscuros ojos penetraban hasta el último rincón de mí ser. Al mismo tiempo pude ver el odio que ellos expresaban. Aún seguía cerca a la puerta, correría lejos de él, buscaría a la policía y esto se acabaría, merezco que esto se termine. Sin embargo, mi cuerpo no obedecía a mi mente.

—Espero que Raphael deje de amarte, lo hago por él, aunque no debo.

—Hasta hace poco te conocí, romper tu corazón es gracias a que ignoro tus mensajes porque simplemente me das miedo, ¿No es así? Si esa es la razón ya estarías muerto de todas las veces en que te he destruido.

—Has hecho más que eso—Afirmó.

—Estás loco, hablas de ti como si hablaras de alguien más, me culpas de algo que jamás he cometido y me tratas como si fuera la peor persona de este mundo.

—No mientas...

— ¡No lo hago! No lo repetiré de nuevo, lárgate de mi casa ¡Ahora!

Su expresión ahora era diferente al notar mi cambio de humor y la poca paciencia que tenía en ese momento, este tipo es un demente completo, no había nada bueno en él.

Estaba a punto de irse cuando dirigió su mirada hacia la puerta, había llegado mi salvador. Auguste estaba ahí con una mirada intimidante que generó en mí la fuerza necesaria para mantener la situación controlada.

Estuve a punto de creer que todo había mejorado, que él acabaría con ese monstruo. Fue algo apresurado pensar eso.

—Auguste, por favor sálvame, de nuevo es él. Gracias a Dios que estas aquí a tiempo —Sin embargo, ignoró mis palabras igual que mi mirada. Vio a Raphael, este se asombró de verlo y a la vez se preocupó, por fin lo había atrapado.

—Gracias por distraerla por mí, me sorprende eso de ti. ¿Cómo fuiste capaz de decirle que desconfiara de mí? ¿No te doy suficiente dinero?

—Raphael yo...

—Traicionaste mi lealtad. —Su voz ya no era suave y delicada, era rasposa, con signos de dolor.

—Solo hago lo que es correcto para librarme de ustedes dos, ambos son malos y me involucre en esto.

—Ya no hay vuelta atrás —Dijo burlón Auguste. Así que…

—Claro que no. Mircella no podía confiar en ti porque se podría enamorar, tal como...—Hizo una pausa lenta y desvió su mirada.

— ¿Tal como lo hiciste tú? ¿Crees que no lo he notado? te conmoviste por la falsa historia que Mircella habría roto mi corazón, te enamoraste de mí y trataste de alejarme de ella para que yo pudiera estar contigo, Will, eres peor que nosotros dos.

— ¿Qué está pasando aquí? Auguste. —Esta vez hablé yo.

Ignorando mi pregunta, ambos personajes, siguieron su conversación como si yo no estuviera. El ahora llamado Will, demostrando en su rostro y en sus acciones una furia incontrolable se lanzó sobre Auguste antes de que este pudiera notarlo, yo no podía creer lo que estaba viendo. Un grito espeluznante escuché por parte de alguno de ellos, no supe de quién.

— ¡Déjalo! Ya basta —vi que lo golpeó fuertemente en la nariz. — ¡Raphael!

El tipo que desconozco completamente tomó la pierna izquierda de Auguste, agarró su pantalón y con una fuerza impresionante tiró de este, aun en el suelo, rasgó el pantalón hasta la rodilla con la intención de que pudiera ver su pierna desnuda.

El resultado de su acción fue impresionante.

—Aquí está tu amigo, al que tanto defiendes. —Se levantó el que se hace llamar Will, esperando una reacción por parte mía.

No entendí lo que decía hasta que bajé mi mirada hacia su pierna. Auguste aún seguía en el suelo, ahora no hizo ningún gesto, quedó inmóvil, al igual que yo. No tuve control de mi cuerpo y caí sentada.

Ahora entendía todo. Estaba más segura que antes.

Vi un tatuaje de un toro en ella.

                                                                   ~

                                                 Raphael Duval - "Auguste"

                              

                             05 horas después de la desaparición de Charlotte.

— ¿Dónde me tienen? ¿Qué quieren hacer conmigo? no tengo dinero, están perdiendo su tiempo. —La chica bonita no dejaba de preguntar lo mismo. Una y otra vez, siempre me ha fastidiado su comportamiento.

—No te haremos nada malo cariño, te aseguro que nada te pasará si cooperas, te doy mi palabra. —Me apresuré a hablar.

—La palabra de un secuestrador, posible violador y asesino. Buscas que coopere con algo que no tengo idea.

Estaba asustada y lloraba demasiado, no se podía calmar, hasta pude compadecerme de ella por un segundo. No íbamos a hacerle nada malo, no soy un psicópata. El dinero es lo que menos me importaba, quería a su amiga, Mircella Pierce.

Teníamos escondida a la chica al norte de Nantes, estaba realmente destrozada, ella misma se hacía daño tratando de desatarse las manos, pero aún si tuviera éxito, no sería capaz de escapar de 4 hombres más.

— ¿Sabes por qué estás aquí? —hablaba detrás suyo, no podía verme.

—Reconozco esa voz, es tan... familiar.

—Solo responde —le exigí.

—Muy bien… Estaba con Mircella cenando, no había pasado ni media hora cuando me llamaron, salí ya que adentro no había cobertura. Era media noche por lo tanto no había muchas personas en la calle, sentí una fuerza en mi espalda. No me durmieron ni golpearon, fue fácil subirme a un auto, me cubrieron la cabeza y la boca, y llegue aquí —tomó un respiro y siguió— Y bien, ¿Qué quieren conmigo?

—Quiero que me ayudes con Mircella.

— ¿Qué quieres con ella? Espera... No me digas —empezó a reír— Ni loca, primero morir antes que ayudarte, ¿Sigues molestando? No he vuelto a escuchar que la acoses últimamente.

— ¿Mircella no te ha dicho? Creo que tenía razón, no confía en ella mucho menos en su mejor amiga. Le conté de mí, hasta mi nombre. Tú también lo sabes, Raphael Duval...

Quedó en silencio unos minutos, quieta en su silla.

—Eso no es posible, es absurdo, completamente. ¿cómo sabes de él? Estas mintiendo —Reaccionó al escuchar mi nombre.

Me aparté de mi sitio, ahora estaba frente a ella, viéndola fijamente. Nuestros ojos azules se encontraron cuando hace mucho tiempo no lo hacían, Charlotte quitó toda expresión que adornaba su cara, finalmente solo hizo un gesto de intriga y luego uno de miedo.

—No puede ser… Raphael ¿Por qué tú? Pensé que habías muerto, todos lo creímos así — Temblaba al hablar, como si hablara con algún fantasma.

—Al final el mundo es muy pequeño ¿O no prima?

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