CAPITULO 9

                                                             Mircella Pierce

                                                              Recuérdame...

                                                             Nantes Francia

                                                                        ~

Habían pasado unos días desde que sucedió el incidente con Auguste y recordar todo nos hacía difícil la vida. Juntas íbamos al psicólogo y a mi terapia. Para nadie es un secreto que no recuerdo muy bien todo aquello que pasó hace años, cuando finalicé mi primer año en la universidad tuve un accidente donde casi acaba con mi vida, un golpe fuerte en la cabeza hizo que perdiera todos mis recuerdos, gracias a las terapias y a mis amigos pude recuperar ciertos momentos con mi familia y ellos, pero siempre he sentido que hace falta algo más.

Lo descubrí el día que secuestraron a Charlotte, una sensación extraña que tuve minutos después de ingresar al restaurante, estuve pensando de qué podría tratarse, pero, luego de darme cuenta que Charlotte no aparecía, toda mi concentración se mantuvo en ella completamente.

Estos días que he estado en el hospital con ella y mi hermano, he notado algo extraño, discuten mucho mientras no estoy y cuando me acerco a ellos insinúan que todo está bien.

Pero lo más extraño es que veo en repetidas ocasiones y casi todo el tiempo, a un chico, el mismo que acompaña a Luke, me mira sin disimulo y espera que yo le corresponda sus sonrisas, su nombre es Archibald. Es difícil acordarme de su nombre. No es un nombre común.

Hoy lo vi nuevamente cuando fui al mercado, decidí ir a uno que era económico y quedaba cerca al hospital. Buscando mi cereal favorito lo encontré distraído viendo su teléfono, no notaba que yo estaba cerca.

—Al parecer te veo en todas partes —dije mientras buscaba entre la comida frente a mí.

—Mircella...—Su verde iris se iluminó y de su boca no salió ninguna otra palabra.

— ¿Vas para el hospital? —pregunté, buscando una posible charla poco incomoda.

—Si... discúlpame.

— ¿Por qué? — pregunté confundida.

—Por no ser tan amable contigo, solo que para ustedes es difícil ver una cara nueva y pensar que no tiene buenas intenciones...

—Descuida, eres amigo de Charlotte y de Luke ¿No es así? —él solo afirma mi pregunta. —entonces también eres mi amigo.

Fui a pagar mis productos comprados y me di cuenta que Archie se había perdido de vista, no me pude despedir de él; pero no fue necesario ya que lo volví a ver cuando salí.

— ¿Te podría ayudar? — preguntó mientras trataba de ayudarme con las compras.

—Gracias —le dije y me entregó un pequeño frasco de mermelada de mora y unas galletas de miel con jengibre. Las traía para mí, no me gustaba esta combinación de sabores, jamás lo había probado.

—Es una combinación deliciosa, deberías probarlas. —dijo entusiasmado, pero no entendía la razón.

—Debe ser asqueroso —pronuncié sin pensar en las palabras que salían de mi boca, fue grosero de mi parte, Archibald puso una cara de disgusto y tristeza, pero cambié mi comentario. — Pero lo probaré, no debe saber tan mal— Descubrí que me había equivocado, su sabor era agradable.

De camino al hospital hablaba poco, siempre iba detrás de mí a paso lento.

— ¿Eres buen amigo de Charlotte? Oí que se conocieron el día del concierto.

—Fue antes, soy amigo de Luke y él siempre habla de ella, de hecho, lo hace todo el tiempo, la reconocí cuando compramos las boletas, ella estaba tan entusiasmada. Le hablé y al igual que Luke, ella siempre mencionaba a una persona. A ti, es maravillosa la manera en que habla de ti, te quiere bastante. Durante el concierto me había invitado a cenar, acepté. Quería conocer a la famosa Mircella en persona, pero por desgracia sucedió el secuestro y no pudimos hablar más.

—Lo recuerdo.

Llegamos juntos al hospital y estuvimos con Charlotte en una pequeña sala, las paredes tenían un color cálido y nos sentíamos bien mientras descansamos. Archibald como siempre estaba muy tímido, siempre era muy respetuoso y educado, y no actuaba, así era naturalmente. La única que hablaba era Charlotte, buscando que yo también me involucra en la conversación. Descubrí que él y mi mejor amiga tenían mucho en común, escuchaban la misma música, su estilo de vestir era igual, y se lograban conectar muy bien, si no fuera por Luke desearía que ellos fueran la pareja perfecta.

Escuchar como él reía gracias a las bromas de Charlotte, producía una sensación muy familiar mientras las expresiones de su rostro lo acompañaban, me hacía tener múltiples pensamientos, pero empezó a oscurecer y él tenía que marcharse, pero una fuerza involuntaria me decía que no lo dejara ir, que debía hacerle muchas preguntas antes que eso, llegar hasta tal punto de saber cada detalle de él y cómo es que me recuerda tanto a alguien desde que lo conocí. Decidí acompañarlo a que tomara un taxi, al estar solos en la fría noche, hizo un gesto que me sorprendió, me tomo por el brazo y susurró.

—Mircella, por favor cuida de Charlotte de la misma forma en que te cuidas tú, no te conozco muy bien, pero ambas son importantes, siento que las conozco desde siempre. Es absurdo ¿verdad? — No me sorprendió tanto que dijera eso.

Tal vez porque yo sentía lo mismo.

Antes de despedirse y marcharse en un taxi, pronunció unas palabras que hicieron que mi cabeza doliera de nuevo, no entendí a qué se refería, o al menos no lo entendería ahora.

                                                               ~

—No permitiré que lo hagas, Mircella, tienes que reaccionar, es muy peligroso.

—Tengo que hacerlo, no hay alternativa.

Sentí que me tomaron del brazo, impidiendo que realizara mi acción, sin embargo, no podía ver el rostro de aquella persona, era de noche y la visión no era muy buena. De repente subí a un auto color azul platinado, a pesar de las insistencias de aquella persona; al manejar acomodé uno de los espejos laterales del auto...

Me desperté exaltada, mi garganta estaba seca y necesitaba tomar agua ahora mismo. Tenía una palpitación en el lado izquierdo de mi frente, el dolor empezó a aumentar y una fuerte migraña invadía toda mi cabeza. Me levanté a tomar algún medicamento de los que antes hacían mucho efecto. Otra vez después de bastante tiempo seguía teniendo el mismo sueño, cada vez se hacía más largo y me tardaba más en despertar de él. No lo aceptaba. Nunca supe de qué se trataba y ahora menos. Mi hermano suponía que podría tratarse de algún evento que sucedió antes de mi accidente y mi subconsciente lo recuerda, él no podría afirmar que esa posibilidad sea cierta.

Eran las 4 de la mañana del 5 de agosto, el día empezaba muy frío. Volví a acostarme aun temiendo volver a soñar lo mismo, siempre despertaba muy asustada e incluso, a veces sentía que era un sueño muy largo que se repetía una y otra vez hasta que pudiera despertar, una pesadilla sin fin, así mismo lo sentía. El dolor había disminuido un poco, tenía que estar quieta para que hiciera efecto. Pensaba en una persona, la de mi sueño, aquella que no permitía que yo me fuera de su lado, pero lo que más me llamaba la atención era ese auto, siempre el mismo modelo y color, en todos y cada uno de ellos era el mismo modelo. Nunca aprendí a conducir, pero en el sueño lo hacía perfectamente. De repente me imaginé unos ojos, de largas pestañas y de distinto color, uno café y el otro verde, un verde casi azul. Me gustaba esa sensación agradable que tenía al verlos. Pasaron las horas y yo aún no conciliaba el sueño, ya había amanecido y tuve que levantarme, tomé mi celular para ver qué noticias había hoy. Escuché dos personas charlar en la sala, era Charlotte y ¿Archibald?

Aparecí ante ellos de forma imprevista, me miraron ambos muy nerviosos, su tono de voz cambió.

—Buenos días, despertaste temprano hoy, ¿Cómo amaneces?

—Supongo que bien, tuve un sueño muy extraño.

— ¿El mismo de siempre? ¿Qué soñaste? ¿Qué recuerdas de ese sueño? —ambos me vieron asombrados y alegres, querían una respuesta mía lo más pronto posible.

—Solamente visiones, nada claro aún, pensé que podrías ayudarme.

—Claro, cuéntame —No me sentía cómoda que lo contara frente a él, quizás fui muy obvia, pero él captó la señal y se fue.

— ¿Qué hacía él tan temprano? ¿tienes mucha confianza en él? —Dije cuando el chico se marchó.

—No todas las personas poseen un corazón negro, y eso tienes que aprender a diferenciarlo. Ahora solo quiero que me cuentes de ese sueño, solo importas tú.

—Bueno, veras… Es el mismo sueño, a veces esa voz suena mucho en mi cabeza, pero no logro recordar dónde la escuché, es como un Deja Vu, quizás son sucesos que pasaron antes de mi accidente ¿Lo crees posible? están atrapados en mi cabeza, no lo sé Charlotte, quiero saberlo, es claro que no recuerdo mucho de mi niñez y adolescencia, quisiera hacerlo, sería maravilloso poder recordar todo.

—Quisiera ayudarte, pero tú misma tienes que aceptar...

— ¿Aceptar que? —pregunté curiosa.

—Eh… bueno... No lo sé, lo que te sucede.

— ¿Tienes tiempo hoy?

—Lo siento, mi hermano regresará hoy a Paris y quiero ir a despedirlo.

Es la primera vez que la escuchaba mentir tan mal, sobre todo cuando este tema le ha preocupado siempre. A parte, recuerdo haber escuchado que Jim se quedaría un par de días más. La conozco tanto que sé cuándo lo hace, no me mira directamente a los ojos y su voz se escucha cortada y muy nerviosa. Ella me cuenta todo, tendría que averiguar por qué lo está haciendo, sé que, si algo malo le pasa, yo tengo que ayudarla.

Charlotte estuvo vestida en un tiempo relativamente rápido y salió de la casa, le dije que me quedaría, pero la verdad es otra, si me oculta algo quiero saberlo.

Esperé hasta que Charlotte subiera a su auto y salí detrás de ella, tomé un taxi y la seguimos. Se detuvo frente a una cafetería, estacionó y entró, noté desde lejos que tenía una cara muy triste y diferente a como la había visto antes de salir de casa.

Entré sin previo aviso, vi que se había reunido con Archibald en un fuerte abrazo, me pareció curiosa esa cercanía que tenían. En ese instante Charlotte empezó a llorar, era un llanto desconsolado. ¿Cómo confiaba más en un extraño que en mí? soy su amiga no cualquier persona, pero más que eso realmente me preocupa la situación de por qué cuando está conmigo, Charlotte oculta su dolor.

Esperé un rato desde cierta distancia, pero no podía escuchar nada de lo que hablaban, me intrigaba como él la miraba. Era distinto de cómo la veía Luke, él la ve con ojos de amor mientras que Archibald la ve como una hermana pequeña que debe ser protegida de todo lo malo. Al cabo de unos minutos vi que alguien bajaba de un Mercedes, lo reconocía, era Luke, ¿Será casualidad que él esté acá? Y si no es así, ¿Él sabe algo? Esperé atenta que sucedía. Se sentó al lado de Charlotte y la abrazó, brindándole consuelo. ¿Ahora confía más en otras personas que en mí? ¿Qué significa todo esto?

Mis pensamientos se nublaron en ese instante, no comprendía lo que mis ojos veían, salí del local igual o quizás peor de confundida por la escena. No encontraba otra razón para quedarme, no esperaba ver más sorpresas; lo más seguro que pueda explicar todo es que Charlotte desconfía de mí, después de todo, no la culpo. También me odiaría por tantas cosas que he ocasionado en su vida, no la culpo, yo también estoy odiando a la persona en que me he convertido.

Necesitaba tomar un poco de aire, meditar mientras camino y recibir los rayos del sol del verano, solo desearía entender lo que realmente está pasando, aunque tal vez no sea el momento oportuno de hacerlo. No puedo obligar a alguien a que confíe en mí si así no lo desea.

Era la primera vez que me sentía sola, totalmente sola ¿A quién debo acudir en una situación así? Me siento agotada, vacía... y la mayor pregunta ¿Quién es Archibald? Y ¿Por qué apareció de repente y sin prisa en nuestras vidas?

Caminé sin rumbo hasta llegar a un barrio que no suelo ir muy seguido, es más, creo que nunca he estado en un barrio así. Vi estacionado lejos de mí un auto color azul plata, pero no es el mismo que aparece en mis sueños, y respecto de ese sueño puede que en estos rincones de Nantes encuentren algún lugar donde me den una respuesta, o al menos que se acerque a una respuesta.

Centro espiritual, se practica el esoterismo...

Vi cierto negocio que me llamó la atención. He escuchado muchas veces acerca del esoterismo, pero nunca me interesó, al menos hasta ahora, sé que manejan todo tipo de conocimientos y enseñanzas que solo conoce cierto tipo de personas.

Una anciana se acercó a mí, vio lo que estaba dispuesta a hacer, me advirtió que lo mejor sería irme, que no confiara en esos lugares, que una vez me decidía a entrar no volvería a ser la misma persona. No entró en detalles. Hice caso omiso a sus comentarios y entré. Era un lugar con aroma a hierbas perfumadas, hacía frío a pesar de que era verano y allí no había aire acondicionado. Todo el lugar lo adornaban diferentes objetos extraños y afiches en las paredes, en el piso había una gran alfombra color crema con manchas rojas casi negras, las cortinas llevaban el mismo color que aquellas manchas. Observé que el lugar no había una persona cerca, se encontraba vacío. Iba a salir de allí pero antes de marcharme, vi a alguien salir de un cuarto, un hombre que se aproximaba a los 50 años, tenía el cabello rubio con algunas canas, su vestuario era completamente blanco a excepción de sus zapatos, no llevaba calzado. Me miró intrigado y tomó mis manos sin mi consentimiento, yo no las aparté. Las miraba detenidamente, buscaba leerlas, produjo un escalofrío en mí. Sus manos estaban muy frías lo cual hizo que yo apartará las mías.

— ¿Quieres una consulta?

—No, solo tenía curiosidad del lugar, perdón por entrar así.

—Puedo ver qué buscas ayuda, si entraste no fue solo curiosidad, sabes que lo necesitas.

Se quitó los anteojos que tenía y me miró directamente a los ojos, no quería apartar mi vista de la suya. Su mirada era profunda y expresaba muchas sensaciones, era como si estuviera en una hipnosis que él mismo creaba, sus ojos eran un boleto a otra dimensión, fueron los segundos más extraños que había presenciado. Finalmente se detuvo y volví a mí realidad, aquello me asustó tanto, pero a la vez quería regresar a esa realidad alterna. No vi nada más que sus ojos, pero la calidez que sentí en mí era indescriptible, transmitía paz cuando lo miraba, por un momento olvidé lo que había pasado hoy. Quedé muda, no sabía qué palabras usar en este momento.

—Lo... lo siento... No traigo dinero.

— ¿Por qué te cobraría? El don no es algo que deba convertir en negocio, algunas personas vienen a mí para varios tipos de consultas, quieren averiguar una forma de ganar dinero, el amor, poder, cosas materiales, son almas corrompidas. Todas me ofrecen su dinero porque saben que deben pagarlo, porque les funciona, pero tú chica, has venido acá porque realmente hay algo que te agobia, te atormenta y no te deja dormir. Quizás yo estoy pasando lo mismo, algo me ha agobiado desde hace días y siento que hoy es mi oportunidad de calmar todas las tormentas. Tú buscas ayudar a tu prójimo, lo sé. ¿Crees en el destino?

— Creo que nosotros estamos donde debemos estar.

—En el momento justo. Así es pequeña, toma esto como un obsequio.

—Lo siento... No debí venir aquí. —me apresuré a decir.

Estaba dispuesta a salir de allí, fue un error haber entrado.

— ¿No deseas saber qué le pasa a tu amiga?

Me volteo lentamente, ¿Cómo sabe a qué he venido? Supuse que debe ser porque posee poderes que no son de este mundo, como lo que hizo hace un rato.

— ¿Cómo sabe a qué he venido?

—Pasa por aquí, no te haré daño. Debes dejar de desconfiar en las personas equivocadas.

Lo seguí a una habitación con aroma a hierbabuena y menta, la iluminaba una pequeña lámpara y el resto de luz provenía de unas cuantas velas. El lugar era más cálido que el anterior. Me senté en un pequeño sillón adornado con una tela suave color carmesí. Miré cada detalle de este lugar, las paredes blancas, el suelo estaba tan limpio que veía mi reflejo en él. Todo este lugar me producía curiosidad, nunca antes había estado en uno así. En seguida veo una mujer entrar, con una bella cabellera rubia, una figura perfecta, parecía una princesa. Sus labios mantenían un color rojo suave, y sus ojos negros, o tal vez era un color café demasiado oscuro. Era una joven muy bella con aquellas pecas en su cara que la hacían ver única. Se sentó frente mío de rodillas, sentía un aroma delicioso que provenía de ella, no usaba esencias ni perfume, era su aroma natural. Tomó mis manos, no hablaba, también usaba anteojos, me producía una sensación igual a la que sentí con aquel sujeto.

—Dime ¿Qué quieres saber?

— ¿Dónde está el señor de hace un rato?

—Pensé que te sentirías más cómoda si ves una figura femenina, ahora no estás del todo dispuesta en confiar en un hombre.

Se quitó sus anteojos haciendo lo mismo que el señor. Esta clase de brujería que hacen conmigo es extraña pero buena, debo dejar de ver los ojos de las personas.

— ¿Qué es lo que hacen con sus ojos? Esa sensación extraña pero cálida.

—Los ojos son espejos del alma. Mi padre lo llama don, y cada persona que los ve siente algo diferente a cómo respecta su alma, si lo que viste te gusta es lo que refleja tu ser, algo bueno. Solo que no puedes verlo con tus ojos sino con los nuestros. Algo te guio hasta aquí; la curiosidad y las ganas de saber lo que ocurre a tu alrededor, no pides algo material ni poder, quieres respuestas, quieres ayudar a alguien y así poder ayudarte a ti misma —Asentí sin decir una palabra, estaba asombrada. — Podrás hacer tres preguntas y te daré tres respuestas, ten en cuenta que el número tres significará mucho en tu vida, recuérdalo. Los acontecimientos importantes de tu vida tendrán que ver con el número 3.

—Quisiera saber qué pasa en mis sueños, tengo el mismo sueño una y otra vez, aunque nunca puedo ver más allá de algunas sombras y visiones.

—Los sueños reflejan algo más allá de tu subconsciente, si ves personas que no conoces no significa que no existan, si existen, y las has visto alguna vez, solo que no puedes recordar dónde las viste. Háblame un poco de ese sueño, tal vez pueda ver más de lo que tú no puedes.

—Solo recuerdo que estoy discutiendo con alguien, al parecer estoy haciendo algo que no debería y me tratan de detener, pero no puedo ver a esa persona, tampoco su voz me resulta familiar, pero en el fondo sé que la conozco o la conocí. De repente subo a un auto color azul plateado, aunque no sepa manejar; eso es lo único que recuerdo, estoy segura que hay algo más pero no sé de qué se trata, me gustaría averiguarlo.

—Veo que muchas personas saben lo que sucedió, no es un sueño, es un amargo recuerdo, uno no muy grato. No eres la única que vivió, por ejemplo, podrías preguntarle a esa persona que está junto a ti, el problema es que tienes que encontrarla. Estoy segura que en un futuro volverá a ti, pero si quieres preguntarle a alguien más no esperes que te respondan, es una tarea que tú misma debes averiguar.

— ¿Qué es lo que sucedió?... Perdón mi pregunta es otra; Quiero saber qué le pasa a Charlotte... es mi mejor amiga y sé que algo la está agobiando ¿Por qué no confía en mí?

—Lo podría saber perfectamente si ella estuviera aquí, pero estoy segura que se relaciona contigo, ella sabe de ese sueño, puedo ver el pasado a través de tus ojos, hay algo que todos esperan que recuerdes y, más que eso debes aceptarlo, no será fácil, pero vivir sin saberlo es aún peor, algún día podrás recordar todo, estoy segura que eso pasará. Tú cerebro desea que lo hagas, al igual que tú corazón y así podrás ayudarte y ayudar a tu amiga que vive en una angustia porque te quiere y sabe lo que puede pasar si lo recuerdas.

— ¿Por qué lo olvidé?

—Esa es la tercera pregunta. Lo olvidaste porque no fuiste capaz de aceptarlo y te diste una idea errónea sobre eso, en tus sueños solo aparece un pequeño fragmento de lo que sucedió ese día, ves lo único que deseas ver, hasta que puedas ver todo lo que sucedió aquel 03 de Julio podrás entender por qué lo olvidaste.

Ya había hecho mis tres preguntas y obtuve mis tres respuestas, pero aún no tenía nada claro. Sabía que Charlotte estaba mal por mi culpa, otra vez, por algo que no podía recordar pero que ella no podía decirlo, algo me decía que es algo difícil de aceptar y que no podré superar jamás. Sentí un fuerte dolor de cabeza de nuevo, el mismo que siento cada vez que tengo el mismo sueño, vi a la mujer y se notaba que se esforzaba mucho y terminaba muy agotada. Miré la hora y el tiempo había pasado cada vez más rápido, sin darme cuenta. Le agradecí, para finalmente marcharme, era lo mínimo que podía decir en ese momento, al llegar a casa pensaría lo que ocurrió el día de hoy. En un instante la mujer evitó que saliera de allí tomándome del brazo, me miró de una forma extraña, con tristeza y asombro, me dijo que me sentará que había visto algo a través de mí, algo acerca de mi futuro.

No creo en predicciones ni visiones del futuro, pero ella aseguraba que era algo importante que no podía dejar pasar y que tuviera mucho cuidado.

—No puedo dejar que te vayas sin saber esto, hace mucho tiempo aprendí algunas enseñanzas de cómo predecir el futuro de diferentes formas, pero pocas veces lo he empleado. No es una tarea fácil dependiendo de la persona, pero cuando me contaste tu sueño pude ver cosas que tu no viste o que no recuerdas al despertar, vi el auto azul, la persona que estaba junto a ti, no pude ver bien su rostro, pero es alguien muy importante en tu pasado y futuro, por desgracia también es alguien que traerá desgracias, aunque no sean provocadas directamente.

— ¿De quién estás hablando? — Pregunté con curiosidad.

—No puedo decirte exactamente quién es, tu memoria no logra procesar muy bien su rostro, pero puedo ver más allá del espacio y tiempo y su esencia es la misma de alguien que se hará presente en tu futuro. Todas las almas son distintas, la esencia de una persona es única, por eso pude darme cuenta.

Me senté a su lado, esperando que pudiera continuar.

—Por favor continua.

—Las palabras están llenas de expresiones y significados, cuando me contaste tu sueño expresaste muchas cosas que me conectaron a una dimensión y pude ver por unos segundos lo que te sucederá, no te puedo decir exactamente qué, porque no lo sé, pero si unas pistas que encontré.

— ¿A qué te refieres?

—Pasarán tres acontecimientos importantes: vida, gozo y sufrimiento. Todos tendrán que ver con la misma persona, la misma que ves en tus sueños.

Estaba sin palabras, por extraño que sea, le creía a la mujer. Su aura es increíble, produce tranquilidad cuando habla, aun cuando de lo que está hablando es algo malo. Necesitaba más respuestas, aunque estuviera agotada se veía dispuesta a continuar. Ella me abrazó como si me conociera de toda la vida. Escalofríos y una fuerte corriente se adueñaron de mí.

—Espero que pronto puedas encontrar aquellas respuestas. —Dijo antes de que yo me despidiera y lograra salir del lugar.

Ella solo sonrió. Salí como una bala disparada de ese lugar, tomé un taxi directo a mi casa. Observaba las tranquilas calles. No quería ir al hospital, solo esperaba llegar a mi casa a descansar. Faltaban dos cuadras para llegar, pero le dije al taxi que se detuviera antes. Había visto a alguien.

Era Archibald. Al bajarme lo saludé. Como en varias ocasiones él estaba muy sorprendido.

— ¿Archibald? ¿Qué estás haciendo por aquí? ¿Vives cerca? —Le pregunté cuando se encontraba de espaldas.

—Mircella... Por favor dime Archie, me siento mal cuando me llamas por mi nombre completo.

—Lo siento.

—Descuida. Por cierto, pasaba por acá, pensaba invitarlas a salir, despejar nuestras mentes. Esperé por un largo rato hasta ahora.

—Charlotte creo que sigue en el hospital, le han gustado sus citas con el psicólogo, le han servido bastante.

— ¿Y tú por qué no vas?

—Si lo hago, pero no constantemente, quiero que mis citas sean con una mujer, me aterran los hombres desconocidos.

Hombres desconocidos.

—Y yo... ¿No te doy miedo?

Esperaba una pronta respuesta, una que no sabía darle.

—Eso pensé… — dijo decepcionado, pero yo no podía darle otra respuesta, estaría mintiéndole, y no quiero mentir. Se despidió dando una palmada en mi hombro, su tacto hizo que sintiera un escalofrío, no tan exagerado, era más bien tranquilo. ¿Por qué él provoca esto?

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