ii

Al día siguiente la noticia que incluso sorprendió a Daniel, de que David y Leticia terminaron, fue la comidilla por semanas, pues por varios años había sido la pareja mas estable, David por su parte nunca se pronunció al respecto, en cambio, para satisfacer el morbo, Leticia, a la pregunta, “¿Por qué terminaron?”, respondía una y otra vez, con indiferencia, “porque lo tiene muy chiquito”, las risas y el escarnio no afectaron a David, que lo tomaba con “filosofía”, pues además de continuar una superflua amistad con ella, tuvo varias entre amigas y novias, que dieron un testimonio opuesto, y desechaba los comentarios sin prestar atención, Leticia por su parte, con el distanciamiento de David sin apenas percibirlo su libido se liberó, y sin llegar a promiscuidad daba rienda suelta y cambiaba de pareja constantemente, esto terminó por crear un ambiente denso entre David y ella, y dejó de sentirse parte del círculo cercano de él, y por un par de semanas no se acopló a ningún otro círculo, sin embargo lentamente buscó compañía con la única persona que la aceptaba sin preguntas, Daniel, que en realidad después de la bacanal de ese viernes nadie noto la profunda resaca moral por la que atravesó, que si es cierto que le marcó, su inamovible indiferencia permaneció intacta, y por supuesto incluía a Leticia, ambos por acuerdo tácito continuaron su relación, en las mismas condiciones que tenía antes de lo que ella llamaba “el viernes loco”, a pesar de ser aceptada de agrado, sobre todo por Roberto, que de siempre sintió una atracción física por ella, Daniel simplemente se mantenía a raya, cosa que sorprendió a propios y extraños, pues era de sobra conocida la rapiña sexual de Daniel, que hasta entonces parecía no tener límites, algunos lo consideraron una acto de lealtad a David, pero ella consiente del carácter de él, y los “acontecimientos” entre ellos no estaba segura que debía hacer, y prefirió que él dirigiera su relación.

Como parte integral del círculo, Leticia, aceptaba el constante asedió de Roberto que con sus altibajos mantenían un cierto decoro y respetando límites que se podrían entender de amigos, agregando la chocante indiferencia de Daniel, que no se inmutaba ni defendía a nadie.

—Hay hombre, si lo único que tienes que hacer es abrir las piernas y dejarme divertir.

Exclamó Roberto sin dejar de mirar la entre pierna de Leticia.

—¡Dile algo Daniel!

Respondía Leticia mientras sacudía suavemente su hombro.

—¡Yo! —dijo con cinismo —¡tú! échale un balde de agua fría.

Contestó mientras Leticia abría los ojos sorprendida.

—¡Esta bien ya! —negó Roberto con la cabeza —¿vas a ir a la casa de campo?

Refiriéndose a la casa de sus padres, que habían comprado fuera de la ciudad, y que era utilizada clandestinamente por Roberto, su hijo, al menos una vez al mes para sus correrías y parrandas, y que a pesar de a ver sido invitada, incluso desde antes de terminar con David, ella simplemente no iba, y no por una falsa moral, pues era bien conocida su ligereza desde que dejó a David.

—¡No! ya sabes que no tengo como regresarme.

Declaró con tristeza.

—¡Yo!...

Exclamo Roberto señalándose a sí mismo.

—¡No papi! —interrumpió rápidamente Leticia —sola, contigo, ni loca.

—¡Pero!... —negaba con la cabeza mientras buscaba una alternativa —te vas con Daniel.

—¡Hey!... —reclamo Daniel —a mí no me metas, además no tengo coche.

—¡Sí! —insistió Roberto clavando la mirada —pídeselo a tu mamá.

Roberto, que sabía que a Daniel le restringían el coche hasta para emergencias, presionó con la mirada, mientras Leticia reía serena las gesticulaciones de sus interlocutores.

—Está bien.

Contestó desganado, Leticia que se moría por ir casi brinca de alegría, finalmente lograría conocer la célebre casa de campo de Roberto, y puesto que solo quedaba un mes de clases antes de terminar el nivel y entrar a la universidad no habría una siguiente oportunidad, y aunque pensó en pedírselo a Daniel varias beses no se daba el valor, por un lado confiaba en él a siegas, pero por el otro había una distancia entre ellos que no sabía cómo interpretar.

Así, emocionada preparó todo un ajuar para el fin de semana, que modeló al espejo prenda a prenda, y preparó cuidadosamente para que cupiera en una pequeña maleta, que incluía desde el barniz de uñas hasta un vestido con todos sus accesorios, y sabiendo que Daniel solía ser desesperado, estaba despierta y lista en la puerta casi una hora antes de su llegada, que fuera de su costumbre fue puntual, así al ras de las 9:15 AM ambos arrancaban tratando de ser los primeros en llegar.

—Deja eso.

Reclama Daniel al tiempo que apagaba el estéreo.

—¿De malas?

Mascullo Leticia mientras encendía el radio de nuevo.

—Estoy cansado ¿sí?

Respondió con fastidio mientras tomaba una pequeña botella con agua.

—¡¿Agua?!

Gritó Leticia divertida y mientras avanzaba una carcajada.

—Claro es el coche de mamá, no se te ocurra meter algo mas.

Indicó serio sin perder de vista el camino.

—¿Y cómo le sacaste el coche a “mamá”?

Preguntó mientras volteaba a izquierda y derecha, como buscando algo.

—Se fue con Pia a la boda de su hija.

Manifestó des afanado.

—¿Pia?

Agregó Leticia mientras parpadeaba y sacudía la cabeza denunciando su ignorancia.

—Si Pia, ya sabes, amiga de infancia de mamá, hija superdotada, universidad EUNA, bla bla bla

Respondió despreciando las palabras.

—¡Ha! Si

Finalizó el tema mientras subía el volumen del estéreo, surgió un silencio incomodo, que Leticia trataba inútilmente de romper hablando prácticamente sola, pues Daniel eludía el cotilleo mas “interesante” cambiándolo por evasivas y monosílabos, ella un poco decepcionada por la natural indiferencia de Daniel, cambió el tema una y otra vez, en esta precaria conversación lentamente se perdieron los minutos, y de apoco las horas, mientras lentamente la ciudad y su civilización se convertían en campiña y animales hasta que una señal vial anunció que llegaban al pequeño poblado destino, sabiendo que el tiempo se acaba, calló por algunos segundos mientras él buscaba inútilmente música mas a su estilo, ella abrió su pequeña bolsa y saco una pulsera con cristales que brillaron aleatoriamente en colores pastel, por un segundo lo dudo mientras la sacudía distraída entre los dedos.

—¿Quieres saberlo?

Dijo Leticia con algo de tristeza, mientras regresaba la pulsera a la bolsa.

—Eso ya pasó… —respondió frio sin mirarle —David realmente no era mi amigo.

Agregó mientras apaga el radio.

—Incluso Roberto me ha preguntado… —dijo bajando la vista —¿Qué no quieres saberlo?

—¿Me lo vas a decir?...

Preguntó serio distraído mientras daba vueltas entre callejuelas.

—No lo sé… —replicó perdiendo la vista entre los arboles —tal vez a ti si pueda decírtelo…

Agregó mientras escuchaban las aves aletear.

—¿Qué paso el viernes loco?... —preguntó sin rodeos mientras detenía el coche, mirándola fijamente, ella sosteniendo la vista suspiró y quiso hablar, por un instante casi lo hizo, él sonrió alzó la mano pidiendo que se detuviera —todo mundo lo sabe, lo tiene muy chiquito.

Ella entrecerró los ojos y se sonrojó, mientras él salía del auto, por un par de segundos, avergonzada, reparó en la personalidad de Daniel, y se dio cuenta al fin que simplemente él era así, una mescla de arrogancia y bondad, y que si ella quería decirlo lo diría, y con todo, a pesar de todo, el seguiría ahí con ella, que no le abandonaría, así cavilando bajó del auto, miró el refugio escondido entre árboles y prados, Daniel que había estado hay varias veces bajó y caminó a la puerta que casi de inmediato se abrió, ahí Roberto sonriendo se hizo a un lado franqueando el paso a Daniel, y mirando malicioso a Leticia le invitó a pasar, e inmediatamente la trasladó a la terraza, bajo la cual el jardín con una gran alberca ya hospedaba un par de invitados que charlaban con Daniel que daba los primeros sorbos a una cerveza, y con una media sonrisa malévola murmuro para sí.

—Que empiece la fiesta.

Ese día lo recordaría como uno de los mas divertidos, hedónica simplemente se dejó llevar, estuvo en la población cercana banalmente probándose bisutería de fantasía y vestidos, que no compró pero que regateo hasta la desesperación, quizá fue un error pero hay quien la vio en la piscina jugueteando en guerras de agua, al mismo tiempo que danzaba contorsionándose estrepitosamente en la terraza, ciertamente no comió pero al mismo tiempo limitó el alcohol, así su mente despierta disfrutó, convivió y brincoteó hasta saciarse, poco a poco al tiempo que atardecía las parejas que se habían formado durante el día se fueron dispersando buscando intimidad, el calor húmedo y el licor que no dejó de fluir en el día, hizo caer en un sopor lento a los que se quedaron a disfrutar de la noche, paradójicamente en un rincón casi oculto tras las últimas parejas que bailaban abrazados al pobre ritmo de una música melancólica que casi parecía romántica, se podía ver platicando a Leticia con Lidia y Laura, dos conocidas lesbianas, que ahí sin miedo a la represión simplemente se dejaban ser, demostrando su amor sin vergüenza.

—¡No! —argumentaba Leticia.

Los hombres tienen “algo” que simplemente no puedo dejar.

—Eso es discriminación —replicó Laura —¿Cómo lo sabes si no lo pruebas?

Leticia sonrió apenada y negó con la cabeza mientras veía a la pareja.

—Además —Agrego Lidia —un hombre nunca va a comprenderte como una mujer.

Decía mientras fijaba la vista en Laura, su novia, que con una mirada de lascivia la atrapó, y lentamente se acercó hasta besarla con súbita pasión, Leticia se ruborizó abriendo los ojos de asombro ante la libertad de expresión, volteando la vista pretendiendo discreción, al hacerlo sesgado a su posición le pareció ver a Daniel, sentado en una silla plástica al pie de la alberca, al regresar la vista donde las amantes, noto que su presencia ya era mucho menos que innecesaria, así que sigilosamente se levantó y caminó donde Daniel.

—Hola —murmuró casi al llegar —porque tan solo.

Pero un gemido acompañado de una voz entrecortada que dictó algunas incoherencias, la asustó, ahí notó un escuálido cuerpo de lo que parecía una mujer, tapada con la chamarra de Daniel y el pelo enmarañado cubriéndole la cara.

—¿Que hay?

Contesto Daniel cortante mientras se estiraba y la veía acercarse.

—¿Pensé que estarías con, “alguien”? —dando un rodeo y atrayendo una silla mientras reitera mordaz —o, ¿con algo?.

—La intente emborracharla para… —se detuvo y busco una palabra ”decente” —aprovecharme de ella…

Terminó mientras movía la cabeza y la miraba decepcionado, Leticia sonrió y negaba con la cabeza, se mordió el labio inferior y soltaba una risita malévola.

—¡Sí! —afirmó Leticia con fuerza —se de lo que hablas, Roberto intento lo mismo con migo.

Al hacerlo ambos voltearon, y a lo lejos se veía a Roberto tambaleante, despeinado y desfajado, parado junto a su equipo de sonido apretando botones al azar.

—¿Y porque no escogiste a otro?, hay muchos —agregó Daniel mientras se recargaba en la silla.

—Porque —contestó Leticia mientras se inclinaba para acercarse a Daniel —yo no me acuesto con borrachos, a menos… —pausó seria mientras miraba a Roberto —que yo esté borracha.

Ambos rieron al unisonó, y por un par de segundos se miraron condescendientes, y surgió así espontáneamente una plática sencilla, ligera, sin ángulos, y minuto a minuto, la noche se cernió sobre ellos, pero no se sentían cansados ni dolidos, ambos se revelaron sin escusas ni indulgencia. Sin darse cuenta sin pensarlo, se conocieron, hablaron cado uno de su vida, de su pasado, sus miedos y sueños, así finalmente ambos sin querer encontraron la afinidad que los mantendría unidos, el calor húmedo complaciente les reconfortaba, pero el agotamiento de las sillas, y la misma postura, terminó por romper las sincronía de la plática, Leticia que en todo momento era la mas incómoda se levantó, se arqueó hacía atrás buscando consuelo al cansancio, soltándose el pelo se incorpora, exhaló lentamente, sin querer o proponérselo, la actitud sensual despertó el libido de Daniel que miró atentamente la pequeña escena, al darse cuenta Leticia encontró la mirada obscena, que se escurría de sus pechos a las caderas, pero no hizo nada por cubrirse, al sentirse asediada, apenas y dio un suspiro, que terminó con una sonrisa frívola, Daniel se incorporó quedando casi a la altura de su mirada, una respiración pausada y profunda los unía, entonces ella caviló, y mientras sentía como su pezón era ligeramente comprimido entre los dedos de Daniel, se dio cuenta, y sonrió triste, mirándolo fijamente le acarició la mejilla, y en un susurro lo dijo.

—Tu no.

Dijo decidida y abrumada, Daniel incomprensivo arremetió besándola en los labios, pero sin ser correspondido, la miró disgustado y sorprendido, mientras ella lo abrazaba y se refugiaba en su pecho.

—Si me vuelvo a hacer pedazos —respondió con un murmullo —¿quién me va recoger?

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