iii

Me sentía muy nervioso, una y otra vez repasaba meticulosamente los eventos, y siempre era la misma conclusión, por algún error yo tenía la beca vorazmente deseada por todo mi plantel, no solo, se me había nombrado el alumno mas destacado, y se me dieron diplomas y honores, que parecían falsos, pero hoy finalmente era tangible, entraría a la universidad mas cara y prestigiada del país por la puerta de alumnos, con mi propia credencial de identificación, viendo mi entorno, en una mescla de orgullo y miedo, me encontré tiritando de frio esperando el humilde transporte que me llevaría a mi primer día de clase, miré una vez mas los zapatos gastados pero precariamente entintados para cubrir lo mejor posible las raspaduras, mi pantalón desteñido remendado ya varias veces, estaba, sin embargo planchado y lavado, era por mucho la prenda mas decorosa que usaba, mi camisa que era un recuerdo de la infancia apenas y era de mi talla, cubierta por un suéter raído por las mangas y numerosamente recosida para evitar se deshilachara, al subirme lentamente al trasporte un pálido reflejo me mostro lo único valioso que poseía, la entereza, que nunca me abandonó, que me permitía seguir adelante y no cambiar el rumbo, quizá no lograría graduarme pero ciertamente aquel que quisiera detenerme tendría que enfrentarme.

A esta hora la tenue luz del sol no daba calor, en medio del frio el avance lento de aquel transporte me permitió recapitular y revisar el horario, me regañaba pensando que debí darme el valor de recorrer las instalaciones antes de este primer día para no tantear a siegas la localización de las aulas, pero no tenía remedio llegaría a preguntar, algunos de los nombres de las materias parecían comunes, incluso inocentes, pues ya en varias de estas habría llevado cursos, sin embargo mas de una tenían nombres estridentes que parecían estar muy fuera de mi capacidad, aun así otras muchas veces me enfrenté con displicencia el mismo dilema, por ello de mis preocupaciones era la menor, miraba alternativamente este papel azulado con letras pixeladas y las calles, que se movían lentamente a mi entorno, en una efímera distracción noté que una niña me miraba afanosamente, quizá, pensé, me quería preguntar algo pero yo no di pie, y ella no se daba valor, con la mirada de nuevo en la papeleta de las asignaciones la veía sin leer, mientras a mis adentros me ufanaba burlonamente, pensando que aquellos que me vieran supondrían por descalificación, que era tan solo un fracasado que empezaba joven su vida laboral, y me decía con desdén, ”pobres” no saben que quizá en algunos años, yo, seré su jefe, o de algunos de sus hijos”, al voltear de nuevo noté que la chiquilla se había ido, quizá habría llegado a su destino y se bajó, fue este razonamiento lo que me despertó, y advertí que estaba justo en tiempo para acercarme a la puerta para bajarme, y al hacerlo noté con desgano que a diferencia del alumno promedio que normalmente andaba en coche, yo estaba muy lejos de la entrada, tendría que andar un trecho largo, al cual sin duda me acostumbraría, sin prisa pero en paso solido me aproximé a la puerta principal, observé sorprendido que algunos alumnos sobre todo mujeres se acercaban a la reja de entrada como yo, a pie, por un par de segundos analice la situación y cavilé, me di cuenta que estos alumnos bajaban de autos lujosos y se despedían de sus padres, y claro como era de esperarse la mayoría de los alumnos llegaban en sus propios autos, haciendo una interminable fila en la reja contigua, donde un hombre de uniforme militarizado revisaba con un scanner de mano cada credencial, tomando las placas contando el número de pasajeros y cotejando con las credenciales, operación que repetía eficiente a cada automóvil, finalmente, si se pudiera, mas nervioso me acerqué al acceso peatonal, mostré mi credencial, el hombre también de uniforme, mal encarado, escaneo mi credencial, vio la foto y me comparó, ciñó las cejas, con amabilidad me hizo a un lado liberando el paso para los alumnos que venían detrás de mí, con una mirada fría repitió la operación comparando la foto contra mi rostro, yo en realidad me mostraba indiferente, finalmente al parecer enfadado tomo mi credencial y con un suave toque al hombro llamó la atención de su compañero juntó a él.

—Mira.

Comentó casi en un susurro mientras él entregaba mí credencial, este la tomo indicándole que cubriera su puesto recibiendo a los alumnos que pasaban junto a mí, miró la credencial serio, mientras arqueaba las cejas, de repente relajó la expresión y levemente se dejó ver una sonrisa.

—Cesar Alonso —me miró complaciente mientras se erguía y me entregaba la credencial —Es un honor, por favor, pasa.

Me escoltó al través de la puerta, pasando la pequeña caseta de vigilancia y control, por un segundo pensé que el error finalmente se abría descubierto, y que todos los honores eran parte de un sueño, sentí tristeza mas que miedo, pensando que diría la verdad y que todo había sido una broma de mal gusto, se detuvo por un par de segundos, miró la reja de entrada, y movió la cabeza negando suavemente, y serio se dirigió a mí, pausando las palabras.

—¿En qué te puedo ayudar? —admirado lo miré desconfiado, mientras el serio se irguió un poco mas y agregó —señor.

Sonreí y supongo me sonrojé, lo miré de frente por un par de segundos, incrédulo comprendí, el a su manera, discreta pero evidente, se ponía mis órdenes, dispuesto a tratarme como a cualquier alumno, omitiendo mi procedencia.

—De hecho si —respondí con algo de miedo —¿dónde quede el aula A302?

El asintió con una sonrisa, y brevemente me ilustró acerca de la distribución del plantel, junto con algunos detalles imprecisos sobre el reglamento y orden interno, yo que lo escuchaba con atención y a pesar de entender claramente sus explicaciones, no dejaba de mirar distraído el entorno, tras las breves indicaciones caminé diligente, ahora ya sin duda hacia lo que yo tenía como una certeza, era mi primera aula de la universidad, con la atención completamente centrada en el camino, no me di cuenta del momento en que las miradas se concentraron en mí, fue de improviso que entendí que aquellos no solo se hacían a un lado, lo hacían con cierta repulsión, en el autobús, cuando estuve con mis iguales, no me interpelaron, incluso me ignoraron, pero aquí era un paria, no sé por qué, pero eso siempre me enorgulleció, pues sabía que ellos sentían con claridad mi intención, arrebatarles en buena lid lo que pensaron que era suyo, un poco con mala intención, y un poco porque en verdad no lo sabía me acerqué a una chica, debo agregar, la que me pareció mas bella.

—¿Me podrías decir dónde está la biblioteca?

Ella abrió los ojos y aspiro aire en un gesto claro de indignación.

—Está por ahí.

Señaló con indiferencia sacudiendo la mano malhumorada.

—Si claro… —contesté mientras volteaba a ver un conjunto de edificios dibujados a lo lejos —y… ¿podrías ser mas específica?

Añadí con cinismo mientras la miraba lo mas obsceno que podía.

—¡Es el edificio con el vitral azul!

Acometió un chico que estaba junto a ella, parándose entre ella y yo.

—¡Ho! —exclamé tranquilamente, mientras sonreía y agradecía inclinando la cabeza con respeto —ya la veo gracias.

Entonces di un paso atrás continuando mi camino, sintiendo a cada momento el peso de las miradas esquivas, que reclamaban la invasión de su estatus, yo casi con cinismo pasé por el centro de la explanada, anunciando mi desdén, sosteniendo la cabeza en alto, así, entré al edificio donde sabía que estaba el aula de mi primera clase, dentro la mayor parte de los alumnos, nerviosos y felices casi no me prestaron atención, acaso algunos en un gesto de aversión me soslayaron, mientras subía escaleras y caminaba por pasillos amplios e iluminados, llegué, vi una placa de madera con letras doradas que ostentaba la asignación de mi aula, me asomé por el marco de la puerta en medio del lejano murmullo de las pláticas triviales de los nuevos compañeros, al salir un chico descuidado he indiferente, que distraído tiro una diadema café de plástico con una rosa, me acerqué la levanté y vi una chica de espaldas a mí, con un toque al hombro la hice voltear.

—¿Es tuya?

Ella me miró con sus ojos café claro y sonrió con desprecio, mientras la tomaba.

—Sí.

En ese momento y a pesar de que se volteó ignorándome, un chico se paró junto a ella impidiéndome acercarme, yo mas bien aturdido por las emociones, no preste atención, y con indiferencia miré mi entorno, busqué un lugar, que para no molestar, y dejarme de problemas para el primer día, estuviera aislado, pero todos o casi todos estaban ocupados, los pocos libres misteriosamente eran “apartados” a penas me acercaba un poco, decidí no amedrentarme y tomar la iniciativa, buscando lugar al frente quitando alguna mochila si fuera necesario, pero en ese momento sentí un leve toque en la espalda.

—¡Llegas tarde!

Me dijo una voz de mujer alegre y entonada, al voltear a verle me encontré a una chica, de ojos estridentemente verdes, repleta de bisutería, que revolvía lo mismo finos metales y piedras en fantasía de plástico.

—A esta hora ya todo está ocupado —dijo melosa mientras sonreía —pero no te apures te aparté un lugar.

Por un momento pensé que era broma, pero ella sin esperar mi reacción se dio la vuelta y con una seña me pidió que le siguiera, mientras parloteaba sin cesar, como si la conociera.

—… Y que querían que hiciera si esa era la última noche de mis vacaciones —yo no estaba seguro que pensar, menos aún que decir, pero la naturalidad y desenfado con que me trataba me hicieron creer que le conocía, y que simplemente no lo recordaba —…¿o no crees? —la miré por un instante esperando que ella me diera la respuesta para poder seguirle la corriente —¡hay ustedes los hombres!, son desesperantes —agregó para finalizar y con una sonrisa levantó la cabeza ladeándola un poco —me llamo Leticia, y esta cosa mal educada —señalando a un chico que dibujaba rayones en su cuaderno —es Daniel.

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