iv

Nunca me quedó del todo claro porque Leticia era así, no vi que tratara a nadie con desprecio, y siempre que podía era indulgente, pero disfrutaba de mas la vida fácil, y los placeres de la posición social, al conocerla bien me di cuenta que aun cuando ese día no la encontrara, por su carácter tarde o temprano nos conoceríamos, y ella sería mi mejor amiga por siempre. En cambio, mi mejor amigo Daniel, tuvo que aprender a ser primero amigo y después el mejor, desde el primer momento esa fría indiferencia que aplicaba por igual excepto a Leticia, casi me convenció de estar en presencia de un esnob como los miles que había en la escuela, si no fuera por la condescendencia afable con la que me trataba cuando estábamos solos, igualmente le hubiera desechado como lo hice finalmente con muchos, que mas adelante requirieron de mí. Así los conocí, y desde ese día, ninguno de ellos, siquiera insinuó un desprecio a mi persona.

Esa primera semana, fue por decir lo menos ríspida, donde varias veces ya Leticia o ya Daniel, tuvieron que intervenir para que no terminara en violencia mis continuos roses con Arturo y su sequito al que conocí el mismo día, que por una sensación visceral daba por hecho tenía un frente común contra mí, pero siendo justos, y a pesar de mi paranoia, la mayor parte de los alumnos lentamente simplemente me aceptaron, incluso con agrado, claro, a través de la empatía con Daniel o Leticia. Con el paso del tiempo me convertí en tan solo un alumno mas, que lo mismo tenía amigos que enemigos, sin embargo, algunos, muy pocos, pasaban con indiferencia de mí, incluso dentro del cercano muro de Arturo, por eso ese día fue tan especial. En realidad con apenas un par de semanas las caras me parecían todas iguales, o quizá debiera decir todas desconocidas, era lunes y había tenido un fin de semana realmente duro, a los cuales me tendría que acostumbrar, pues Leticia y Daniel no consideraron excluirme de ellos y, si bien respetaron mi abstinencia al alcohol, paradójicamente la excusa de hacer la tarea que usaban constantemente era cierta, y eso lo hacía válido, desde un principio desenfadados y sínicos llegaban con toda clase de bebidas, y mas de una vez tuve que ser “conductor designado”, y así cansado, con la tarea terminada, y con frio que quemaba, sentí esta mañana como algunas gotas rosaban gélidamente mis mejillas, preludio de una fastidiosa llovizna invernal, rematando el mal con, matutina, como siempre yo caminaba desde la parada de autobús, a pesar que prácticamente desde el primer día Daniel se había ofrecido a recogerme en mi domicilio, mientras presumía el auto nuevo, que como premio por estar en la universidad su madre por fin avía accedido comprarle, invitación que rechacé, apenas entre a las instalaciones para la primera clase una lluvia realmente fuerte se desató, pasivamente me cobijé por un par de minutos bajo el precario techo de la caseta de entrada, cuando me di cuenta que si quería llegar a clase tendría que mojarme, me desabroche la chamarra poniéndomela a manera de caperuza y corrí tan rápido como pude para mojarme lo menos, sin embargo había una gran explanada, sin mas protección que algunos escuálidos arboles dispersos, mientras avanzaba delante de mi noté una chica con una gran sombrilla gris caminando contra el viento, por un instante me distrajo su pelo largo al hombro brillante y liso, sobresaliendo una pequeña flor roja, supongo que me detuve un segundo, para mirar con detenimiento para definir que flor era, y sin mas aviso que un ligero movimiento vi como la sombrilla era jalada con fuerza por una ráfaga de aire, ella asustada gritó mientras giraba tratando de contener el movimiento de la sombrilla, pero el pavimento mojado y la sucesión rápida de los eventos fueron mas que ella, y terminó en el suelo bajo la pertinaz lluvia con la sombrilla retorcida, entonces la reconocí, no sabía su nombre pero era un rumor popular que ella era novia de Arturo, mi némesis, y claro que al verla indefensa, y mojándose, una sonrisa se me escapó mientras me acercaba, y decidí dejarla así, humillada y sola, era inevitable pasar junto a ella, esto me dije aumentaría mi placer al burlarme mas de cerca, pero ella ni siquiera volteo a verme, mientras pasaba a un costado, en ese momento vi la pequeña diadema, sencilla de color café, con una pequeña rosa, no sé porque me detuve, pero al hacerlo la oí, sollozaba pasivamente mientras intentaba levantarse, yo miré a nuestro alrededor pero no vi a nadie estábamos de alguna manera solos, me di cuenta que nadie acudiría en su ayuda, apreté los dientes mientras levantaba la diadema, y me hacía con la maltrecha sombrilla, ella me miró y por un segundo dudo, pero me permitió taparla con la chamarra, y al intentar caminar me di cuenta que se dolía de un tobillo, fue la primera vez que me fijé en sus ojos, se irguió altiva, y planto los pies sobre el suelo, me rodeo con el brazo en el cuello, y procuró cubrirse con mi chamarra, con pasos largos y solidos que era evidente le dolían llegamos al edificio donde teníamos clase, apenas cruzamos el umbral de la puerta me soltó, me dio la chamarra, y me miró, no sabría describirlo, en una mescla de altives y gratitud, me quitó la sombrilla y la diadema, y fugazmente casi sin quererlo sonrió, inflexible no me dobló la vista, tan solo se dio la vuelta y con pasos pequeños y tambaleantes se dirigió al aula de nuestra primera asignación, yo sacudí la chamarra que estaba empapada, me sacudí el pelo y tomándome un poco mi tiempo vi llover y me di cuenta que estábamos equivocados, nadie llegaría, la clase se retrasaría, porque como nosotros tendrían que cruzar la explanada, y seguramente esperarían a que amainara, realmente no sé cuánto tiempo pasó, supongo que no mucho tan solo el suficiente para que ella llegara al aula, cuando la alcancé ya sin suéter trataba de secarse el pelo sacudiéndolo ligeramente mientras mascullaba maldiciones, su blusa delgada también mojada me permitía ver su corpiño, y bajo él los pezones endurecidos de frio, al notar la mirada lasciva cruzó los brazos para cubrirse, y se sentó indignada, yo un poco avergonzado me senté donde por costumbre era mi lugar mientras escuchaba la lluvia, en ese momento oí lejanamente como sacudía el suéter, recordé a Leticia y su desinhibición, pensaba como ella varias veces avía notado el morbo en mis ojos, pero no hacía nada para evitarlo, antes al contrario, lo fomentaba, pero absurda mantenía una línea que nos impedía cruzar a mí o a Daniel, fue la primera vez que me lo pregunté, ¿porque ellos no eran pareja?, quizá, pensé en ese momento, ellos fueron pareja y terminaron como buenos amigos, y me perdí en estos pensamientos, no note que la lluvia lentamente se iba, pero ella no, en algún momento se acercó con los brazos cruzados y se paró casi frente a mí, pero yo no la note hasta que un leve resoplido me distrajo, la miré desconcertado, pero sin dar importancia, ella me miraba adusta con una leve sonrisa mas que forzada.

—¿Qué?

Pregunté impaciente y con disgusto, ella parpadeo lentamente, y me miró con arrogancia.

—Gracias.

Apenas lo pronunció se oyeron algunas voces en los pasillos y nos dimos cuenta que los alumnos no tardarían en llegar, se dio la vuelta y se sentó, y pocos minutos después, el primero en entrar fue Arturo que la saludó con naturalidad.

Para ser real, fuera de alguna efímera mirada no recordé el evento, y el ciclo escolar siguió avanzando, y a pesar de parecerme increíble tanto Leticia como Daniel en verdad lo tomaban con seriedad, y no era raro hacer los deberes juntos, al principió el libertinaje me hizo suponer que intentarían de aprovechar a algún alumno incauto (como yo) para hacer trampa, por el contrario, ambos eran capaces de desenvolverse sin necesidad de nadie, y cursar sin novedad hasta la materia mas complicada, así que hacia el fin del ciclo no era raro que nos encontráramos en la biblioteca haciendo y repartiendo proyectos y deberes, con cada vez menos tiempo para flirtear y mucho menos de fiestas y parrandas.

—¡No mi vida!, a ti te tocaba de la cinco hacia adelante.

Le reclamaba Leticia a Daniel enfadada.

—Solo es una.

Respondió despreocupado, mientras indiferente sacudía algunas hojas.

Leticia enfadada, se levantó pasando detrás de mí silla, mientras aventaba los papeles sobre la mesa, Daniel mortificado sacudió la cabeza mientras reclamaba con la mirada la actitud de Leticia.

—¿A dónde vas?

Reclamó Daniel, mientras aventaba la lapicera sobre la mesa de trabajo.

Ella simplemente se alejó notoriamente enojada, Daniel en un gesto de fastidio se para rápidamente, siguiendo a Leticia, yo, que de por sí, estaba cansado no hice el intento de levantarme, miré a la salida para verles, pero solo vi la puerta de la biblioteca cerrándose tras Daniel, y fue cuando la noté, mirándome irónica, supuse que eso sería todo, pero me aventuré con cierto eufemismo.

—¿Tienes la pregunta cinco de diferenciales?

Me miró vagamente, tomo algunos papeles, mientras reía ligeramente, puso su mochila al hombro, para mí era evidente que se retiraba burlándose de mí, así que bajé la vista y releía la famosa pregunta cinco, pero apenas tomaba las hojas la silla junto a mí se movió, y la diadema plástica con la rosa se acomodó junto a mi cuaderno.

—¿Esta?

Dijo mirándome con una sonrisa amable mientras me acerca un par de hojas.

Yo las tomé extrañado, y en un complejo ciclo retorico aparecían términos matemáticos, metódicamente organizados, que no me costó trabajo examinar, y con desenfado levanté la vista, y le regrese las hojas.

—No me sirven.

Ella levantó las cejas y abrió los ojos.

—¿No es esta la pregunta que querías?

Reclamó viendo las hojas.

—¿La resolvió Arturo?, ¿no?

Dije viéndola a los ojos retándola a contestar.

—¿Y que con eso?

Respondió enojada, y altiva.

—Está mal.

Me miró con odio, buscando rebatirme, así que tomé las hojas y con un lapicero encerré en un círculo un número, ella se sentó junto a mí, revisando y recorriendo con la vista punto a punto cada término, me dirigió una mirada indiferente, y regresando la vista a el problema, manteniendo algo de suspenso suspiro con desgano, de improviso tomó una hoja de la libreta de Daniel, saco su calculadora, y empezó a garabatear símbolos, digitando instrucciones en la calculadora, noté que trataba de resolver la ecuación, sonreí y señale un número mientras ella desesperadamente limpiaba y retomaba números del display, de cuando en cuando ella me veía pidiendo aprobación, lentamente y metódica una trama se desarrollaba, símbolos y conceptos se entremezclaban con miradas cómplices, yo la dejaba hacer, le interrumpía esporádicamente señalando un símbolo, o un número, su mirada se iluminaba mientras se detenía a mirar críticamente, y regresaba al ataque con derrame de símbolos, de pronto se detuvo casi aterrada, me miro y con un gesto duro me interrogo con la mirada.

—Ya hiciste lo difícil, si te doy la respuesta no me vas a perdonar.

Miró las hojas, miró el libro, miró el lapicero, y comprendí que estaba pérdida, alce la mano y quise señalar un pequeño renglón, pero ella me apartó con una mirada de soberbia, de repente una sonrisa de complacencia me indicó que tenía la respuesta.

—Sabes que hago equipo con Arturo.

Dijo mientras terminaba de escribir.

—¿Y?

Agregué indiferente.

—Le voy a dar la respuesta correcta.

Dijo fría mientras me daba la hoja de Daniel.

—¿Y?

Insistí con la misma indiferencia.

—¿No te molesta ayudarlo?

Sonrió con tristeza.

—No lo estoy ayudando a él.

Afirmé con energía, mientras ella se levantaba, me miró por unos instantes, se puso la diadema y la mochila al hombro, y sonrió levemente dando un paso atrás, pero al hacerlo tropezó con Leticia que estaba parada tras de ella, la miró de frente, y con desprecio se hizo a un lado y se fue, Leticia se quedó parada con los ojos desorbitados echando chispas de furia.

—¿Esa era Diana?

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