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Su enojo no era para menos, casi desde el primer día las dos abrían tenido una larga lista de altercados, que empezaban en miradas de mutuo odio y terminaban en disputas verbales, con respecto de mí, su mayor pecado era ser la novia de Arturo, y en cuanto a Daniel, nada, era una víctima de su indiferencia, sin embargo Leticia que en verdad se sintió dolida por hacer migas, con semejante monstruo, se le fue la tarde recriminando a Daniel por aquella pregunta cinco y a mí por la indecencia de mis amigos, pero ambos acostumbrados a su femenino estado de ánimo, nos limitamos a hacernos la una, contentándola haciendo su tarea, y concediéndole la razón en todo.

Sin embargo, a partir de ese día Diana me saluda pasando desde una simple sonrisa hasta acercarse y platicar con nuestro grupo, a pesar de las pequeñas batallas entre Leticia y ella, y por supuesto, de la celosa mirada de Arturo, que manteniendo la distancia también soportaba silencioso.

—¿Así que te vas a quedar en casa?

Preguntó Diana a Daniel, con algo de desprecio.

—Si.

Contestó Daniel con tristeza, la tengo que hacer de buen hijo.

—No te quejes al fin vas a salir con... —Pausó pensativa Leticia tratando de recordar —a cómo se llame.

—Yo tampoco me acuerdo es algo con “B”.. —pauso como rastreando en la memoria Beatriz, o Viviana, o Vilma, no se.

Replico Daniel, mientras se recargaba en su asiento.

—¿De quién hablan?

Preguntó Diana algo confundida, tratando de regresar al hilo de la plática.

—De la hija de Pía —repliqué rápidamente, frente a la mirada interrogante de Diana —Es una amiga de su mamá —añadí señalando a Daniel —que, según dicen, es una especie de cerebrito.

Las vacaciones ya estaban en puerta, y generalmente Daniel las dedicaba a la frívola tarea de permanecer ebrio, en algún lejano destino, pero en este final de cursos, la hija de Pía venia de EUNA, recién casada su esposo consiguió una gran plaza en el país, y ella se adelantaba para hacer los preparativos, consiguiendo casa y ultimar detalles de la mudanza, Daniel aria de chofer y guía, que si no fuera por la fidelidad que sentía por Pía, simplemente se aria humo con todo y las protestas de su madre.

—Así que vas a ser un bonito anfitrión —dijo con una coqueta media sonrisa lamentándose —¿y tú?, ¿si vas a irte lejos de esta locura?

Dijo inocente mientras me veía, Leticia que casi no hablaba en presencia de Diana se paró rápidamente, y se abalanzó sobre Diana, y mirándola de frente, replicó enérgicamente.

—¡Yo lo invité! —dijo mientras bajaba la cabeza tratando de contener su furia —él va venir con nosotros.

Diana entonces comprendió, mi capacidad económica apenas era para sobrevivir, en mi mundo no existían las vacaciones, conocer y visitar algún lugar distante era un sueño que en ese momento era tan solo eso, un sueño, para Leticia esto era real, desde el primer día que nos conocimos, pero Diana nunca lo contempló ni lejanamente.

—Ya ... si... —Contestó Diana apenada, mientras me veía, dando un pequeño paso a tras —tengo que irme... yo...

Agregó mientras bajaba la vista y se retiraba.

—¿Pero que le viste a esta?

Rumeaba Leticia mientras me miraba con desprecio, y tomaba su asiento, yo la vi con indignación y tomé mi mochila, mientras guardaba mis cuadernos, entonces ella se dio cuenta, alzó la cabeza y me miró con algo de súplica.

—Te iba a invitar —dijo implorando —por favor en verdad te iba a invitar.

Reiteró con algo de enfado mientras sacudía a Daniel.

—Es verdad —dijo Daniel —serio viéndome a los ojos —me dijo que no quería ofenderte, y no sabía cómo pedírtelo.

Yo nunca les creí, a pesar de la rara y solemne forma de Daniel, lo pensé por un segundo, dudando si debía ir o no, forzando a Leticia a llevarme, sabiendo que no lo quería hacer.

—De verdad iríamos solo los cuates, mis papis no tienen tiempo.

Rogó con dulzura.

—Pero, yo…

Cavilé por un segundo mientras buscaba un pretexto.

—¿Crees que tú serás un gasto? —dijo Leticia señalándose el pecho con ambas manos con un toque de indignación —¡¿para mí?!.

Era cierto lo que yo podría gastar no representaría ni lejanamente una molestia, para cualquiera de ellos, moví la cabeza con desaliento, mientras ella me abrazaba y empezaba, como siempre a dar órdenes, organizando maletas sin tener ni el destino. Como era costumbre casi todos buscaban algún lugar turístico que mas bien carecía de relevancia, siempre que tuviera un lugar para bailar, y zonas comerciales, pese a que fui invitado a tomar la decisión, simplemente no opiné, a pesar de la insistencia de Leticia, y aunque al final hubo un par de caras tristes decidieron ir a una pequeña población, famosa por ser elitista, siendo el lugar de recreo de aquellos que podían pagarla.

Tanto Leticia como yo dependíamos del auto de Daniel, básicamente porque sus padres consideraban, con justa razón, podría ser peligroso para ella dejarle un volante en las manos, así que el día de la partida se decidió que era mas fácil que yo llegara a su casa temprano y de ahí nos fuéramos, y sabiamente se decidió, también, que yo tomara el control de la documentación, salimos temprano el primer día de vacaciones, para estar, así, el máximo tiempo de vacaciones; no pensé que fuera posible, pero Leticia estaba lista y esperándome ya desde temprano, incluso se dio el lujo de molestarse por mi tardanza, era esta la primera vez que subiría aun avión, y naturalmente me encontraba nervioso, ella en cambio se movía en forma natural, y cosa rara se portó paciente mientras me indicaba cómo funcionaba el aeropuerto, pasando de la admiración a la incredulidad, fascinado por la ostentación y lujo, que se entrelazaba con la sensación caótica cada que se oía el sonido atronador de las turbinas mesclado con el murmullo lejano de los pasajeros, el cúmulo de emociones tubo un minuto de reposo cuando abordamos, y sentados en la primera clase dentro del avión esperábamos el despegue, Leticia introvertida ojeaba con desgano una revista mientras yo veía un hormiguero de trabajadores moviéndose frenéticamente alrededor del avión, a través de la pequeña ventanilla, casi imperceptible lentamente uno a uno los trabajadores parecían desaparecer moviendo la actividad a otro avión, un pequeño sonido como un suspiro me llamó la atención.

—Presurizaron el avión.

Sonrió Leticia con algo de ternura, mientras se abrochaba el cinturón.

Asentí con la cabeza y sonreí, tratando de ser empático, mientras sigilosamente se escuchaba como las turbinas aumentaban la velocidad, no estuve entonces dispuesto a aceptarlo, como no lo estoy ahora, pero Leticia, me miró con algo de malicia mientras se recogía el pelo de la frente.

—No te asustes.

Aquellas palabras y el movimiento taciturno del avión me indignaron, pero no contesté, me limité a escuchar con atención las instrucciones de emergencia, que en una especie de coreografía las azafatas meticulosamente ilustraban, al finalizar simplemente se desaparecieron, y es cuando noté que el avión estaba totalmente inmóvil, entonces por primera vez sentí físicamente la protección de Leticia, su mano suavemente se afianzó a la mía mientras su mirada adusta me cobijó.

—No te asustes.

En ese momento aunque el avión se estrellara no me importaría, no habría forma de asustarme, me sentí completamente seguro, y mi primer pensamiento regresó a Daniel, me di cuenta que era la primera vez que estábamos solos, y comprendí que él hablaba en serio, cuando al despedirse con esa sonrisa hipócrita me murmuró, “cuídala”, prácticamente todo el vuelo Leticia y yo platicamos, conociéndonos mas allá de lo académico, soñando con nuestro futuro, el tiempo, que se me hizo un suspiro, transcurrió en medio de sonrisas y pequeños sarcasmos críticos sobre los compañeros de clase, tratando de adivinar en qué momento se retirarán de los estudios, o si terminarían, al bajar del avión tratamos de continuar la charla, pero varios de los compañeros que viajaban en otras aerolíneas ya se empezaban a reunir, y al poco solo faltaban un par de ellos, que decidimos esperarlos en la cafetería, todos aviamos salido temprano de nuestros hogares y naturalmente el pequeño refrigerio del avión no fue suficiente, yo decidí administrar el poco dinero que traía pidiendo tan solo café, mientras reía acompasado por los compañeros poco noté la falta de Leticia, que al parecer desapareció unos pocos minutos, no fue hasta que algo disgustada pidió permiso para mover la silla y sentarse junto a mí, sin embargo tomó rápidamente el hilo de la plática sonriendo y divirtiéndose como los demás, hasta que los meseros empezaron a servir, de repente un humeante guisado se posó frente a mí, junto a mi café, sorprendido alce la mano para indicar al mesero que el plato no era mío, pero Leticia, apenas hice el intento me tomó la mano la bajó con fuerza y me habló al oído disgustada, entre dientes y siseando las palabras.

—Si no te gusta pide otra cosa, pero la próxima vez que me hagas una grosería así… —interrumpió mientras me soltaba la mano —te mato.

Esta era la forma mas cariñosa que tenia de resaltar mi estatus de invitado, y ciertamente se mantuvo al pendiente y no toleró que me privara de nada, esa extraña sensibilidad que tenía le indicaba cuando quería algo que no podía costear y simplemente me lo daba sin ofrecerlo, fuimos he hicimos cuanta extravagancia se nos paró enfrente, desde la mas frívola colección de chucherías en los puestos ambulantes, hasta los mas elitistas centros nocturnos, ella a partir de este día había ganado, sin preguntas, sin titubeos, mi lealtad, con la certeza absoluta de saber que ella no intentaría corromper mis principios.

Aquí es donde nació el rumor, que aun con la clara displicencia sexual de Leticia, se mantuvo inherente a nuestras personas, yo era su novio, mas de una vez la cuestión me causó hilaridad, pues para mi Daniel era su novio, la relación entre ellos era simplemente sagrada, nunca me sentí con la autoridad moral para desearla, pero todo cambia.

—¡Leticia! —le gritaba irritado mientras tocaba afanosamente la puerta de su dormitorio —ya se fueron todos.

—¡Ya caramba! —se oyó su voz desde dentro, indiferente —deja me visto.

—¿Realmente quieres ir? —preguntaba al momento que abría la puerta —porque puedes quedarte un rato mas a dormir.

—Déjame en paz —dijo moviendo la cabeza mientras se calzaba unas sandalias —ya estoy despierta ahorita nos vamos.

Casi todas las actividades que teníamos eran por la tarde o noche, pero ese día se decidió que querían algo mas turístico y simple, y eso implicaba levantarse mas temprano, antes de las once am, sentado en la orilla de la cama, por unos minutos mientras Leticia terminaba de arreglarse la pude ver al natural sin la parafernalia de sus chillantes adornos, solo era ella, fue la primera vez que note su belleza, y sin querer fijé la vista en sus labios.

—¿Qué? —Interpeló con algo de desenfado —ya voy no me presiones.

Finalmente, supongo, se dio cuenta, que lejos de presionarla, miraba a la mujer, y simulando distracción noté que se sonrojaba, así que me levanté y me asomé al balcón, y por un largo rato, desde ahí pude ver parte de la ciudad que terminaba a las orillas de un gran lago, el aire tibio y húmedo eran acogedores y simplemente me relajé.

—¡Ya!, nene —gritó Leticia desde el interior del cuarto —¿no que tenías prisa?

Siempre me disgustó que me llamara así, pero siempre contesté con una sonrisa, ella se veía cansada, pero no se quejó ni hizo muestras de quererse quedar, al bajar al lobby del hotel, excepto Jase, no encontramos a nadie a la vista.

—¿Dónde están todos?

Preguntó Leticia distraída mientras recorría con la vista.

—Se fueron —replico Jase, con un tono de desprecio, ridiculizando la pregunta de Leticia —¿tú crees que te iban a esperar?

Leticia entre cerró los ojos mirándome con desprecio, mientras yo la señalaba y sonreía con malicia.

—Yo me quedé… —agrego Jase, mirando el comedor —porque casi no he dormido, y tengo hambre.

Leticia sonrió con benevolencia y me miró, suplicando que la sacara del paso.

—Vamos a desayunar —dije sonriendo mientras tomaba camino al comedor —¿me sigues?

A medida que el café y las calorías surtían efecto Leticia retomó el ánimo, remembrando las hazañas de los días anteriores, un poco porque no me quería sentir excluido y un poco porque Jase se empeñó, me introduje a la plática, a diferencia de Leticia, Jase era una chica discreta y afable, que disfrutaba de las cosas sencillas, opuesta a Leticia le gustaba nadar con la corriente, y nunca en su contra, y fui aceptado por ella hasta que un buen número de compañeros lo habían hecho, como parte de su naturaleza su carácter franco me llamó la atención, similar a Diana ella hablaba sin prejuicio de posiciones y dinero, sin culparla por el aparente alarde sonreí placido sobre sus indiferentes comentarios, el desayuno se transformó en sobre mesa y está en una breve caminata por las coloniales avenidas del poblado, que a pesar de llevarla con calma fue corta y sencilla, ya de regreso en el hotel realmente temprano, los tres decidimos descansar en la alberca del hotel, ahí sentados en las odiosas sillas de playa, continuamos una plática trivial de cine y artistas mediocres, haciendo comparaciones físicas entre ellos y nosotros, Jase involuntariamente se reía de mis sarcasmos y burlas mientras agregaba los propios, llegó la tarde y con ella una sensible baja en la temperatura, que apenas notamos Jase y yo.

—Voy al cuarto —dijo repentinamente Leticia —hace frio.

En ese momento mientras se levantaba fue que lo noté, en algún momento del día ella se había apartado, y estaba ahí pero distante, adusta y lejana apenas y participaba en la plática, se limitó a sonreír esporádicamente, por un segundo detuvo la vista en Jase y bajo la cabeza, Jase cerró los ojos apretando los labios, gesticuló sorprendida como si acabara de comprender un error, me miró en medio de una sonrisa aprensiva, Leticia apenas avanzó unos pasos y Jase me miró indecisa apretando los labios, tratando de decirlo sin palabras, negando con la cabeza, lamentándose con vergüenza, los ojos desesperados de Jase me dieron el pie, y comprendí, abandoné a Leticia, mientras Jase y yo flirteábamos, me sentí culpable, entonces confirmé con la mirada y me apresure.

—Te acompaño —dije a Leticia apresurándome a alcanzarla —hace mucho frio.

Al sentirme junto a ella libre de Jase, una furtiva mirada se le escapó, pero caminaba seria con la vista baja mientras una leve sonrisa se le escapaba, al subirnos al elevador, fuimos empujados al fondo, donde parados uno junto al otro sentimos un pequeño roce entre nuestras manos, la miré decidido mientras sentía el suave roce de sus dedos, y con lentitud entrelacé su mano a la mía, ella no me la negó y sonrió ampliamente, pero sin retirar la vista del piso, mientras el elevador se vaciaba, y nos dejaban solos, casi mecánicamente salimos tomados de la mano, sin decir palabra, sentí una ligera presión en los dedos, y una mirada triste me retuvo, por un par de segundos caviló, y con un matiz áspero, retomo el paso, mientras nos acercábamos a su puerta ella cerraba los ojos para contener un par de lágrimas que pálidas recorrían su mejilla, abrió la puerta y sin soltarme la mano entramos, mirándome melancólica me sentó frente a ella en la orilla de la cama acarició mi mejilla y sollozando lo dijo.

—No puedo —en un susurro lento —¿Qué no ves que me puedo enamorar de ti?

Estaba aturdido, y sentí rabia, ¿por qué no se podía enamorar de mí?, me imaginé todo y mas, mientras ella con vos enronquecida continuó.

—Tuve un novio… —habló con vos cansada y titubeante —era maravilloso y lindo —dijo tragando saliva —como tu… mas que tu —titubeo mientras me sonreía entre lágrimas —pero empezaron las mentiras, los engaños… —se detuvo mientras lloraba sin control —no podía seguir así tenía que terminar, no podía hacerlo mas.

—¿Te engañó con otra?

Pregunté incrédulo.

—No… no —jimio mientras me apretaba la mano entre lágrimas —yo lo engañé —dijo deformando el rostro con tristeza y soportando el peso de sus palabras —con otros.

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