vii

Con sarcasmos e indolentes comparaciones, que sin ninguna alusión personal me agredían personalmente, me negaba a ver el reloj pues temía a las represalias, aunque, de hecho, sabía que faltaba poco para terminar la clase cada segundo me parecía mas largo, ella simplemente abusaba de su poder, a diferencia de mis compañeros mi beca impedía simplemente dejar la clase, no podía reprobar, ni siquiera podía sacar una mala nota, sus fugases miradas, ofensivas, me retaban a contestar, pero yo las eludía con una sonrisa pasiva, así minuto por minuto la espera finalizó en medio de los últimos detalles para los deberes en casa, cargado de ironías contra mi persona, resignado a las arbitrariedades guardaba cuadernos y apuntes, de reojo al otro lado del salón pude ver a Diana que en una precaria mirada se cruzó a la mía, sofocada rápida y pertinaz por el abrazo celoso de Arturo, que actuaba como su pareja, pese a las constantes negativas de ella a quien preguntara, supongo que triste mi mirada torno a Leticia parada junto a mí, que sin decir nada me sonrió con lástima.

—Señor Alonso Cesar… por favor deme unos minutos.

Dijo “la Vero” (un peyorativo de su nombre) sin dirigirme la mirada, supuse que ahora pretendía ser mas directa e insultarme sin ambages, así que aguardé con resignación al pie del escritorio mientras ella hacía algunas anotaciones en lo que parecían ser sus apuntes personales, por un momento pensé que me había equivocado en lo que oí, pero un par de discretas miradas al aula en general me hicieron suponer que quería hablar conmigo en privado, mi suposición se vio justificada cuando finalmente el último alumno se disponía a salir, ella sin prisa mientras guardaba sus hojas habló, sosteniendo una mirada fría.

—Señor Alonso, su desempeño en la clase ha sido por decir lo menos, malo... —Pausó mientras balanceaba su pluma entre los dedos, y moviendo los ojos como buscando en su memoria —tomando en cuenta que usted es un alumno en situación precaria con respecto a sus compañeros me he tomado la libertad de... —interrumpió mientras aleatoriamente sacaba y guardaba papeles en su maletín —

revisar sus calificaciones y promedio, y concluí que ciertamente podría pasar la asignatura pero por el terrible desempeño de este trimestre quizá su promedio general no sea suficiente para mantener la beca.

Una vez mas pausó mientras extraía una hoja donde figuraba mi historia académica, garabateada con algunos cálculos en rojo, trazados con algo de descuido mostraban que, por algunas décimas, efectivamente, no alcanzaba mi promedio.

—Es cierto.

—Claro que es cierto señor Alonso, ¿porque habría de mentirle?...

Creo que con la boca abierta la miré en silencio con asombro mientras ella con una sonrisa hipócrita sacaba de su maletín un manojo de papeles ordenados y engrapados.

—Esta serie de preguntas son de mí curso, dependiendo de su examen final y de que también resuelva el cuestionario librará los puntos que requiere, incluso tal vez le sobre.

Sin poder salir de mí sorpresa buscaba alguna solución alternativa, ella en tanto con una sonrisa que simulaba compasión me daba explicaciones sobre el formato del trabajo que venían de sobra.

Al salir del salón y dejarla sola me sentí frustrado, y me pregunté una vez mas cómo es posible que una mujer a pesar de su madures siendo tan bella fuera tan mala, recordando mi frustración afuera me esperaban lo que yo llamaba mi “pequeño grupo” ósea Leticia y Daniel, junto con Adrián, que hacían eufemismos con mi desgracia, no solo por las burlas de la Vero, sino porque a solicitud expresa suya me quedé solo con ella, aumentaron el nivel de sarcasmo de las burlas, cosa que ya era cotidiana y que tomaba con resignación y como símbolo de “apoyo” moral, al ver la mirada taciturna que mantenía por la preocupación fue Leticia la mas sensible quien preguntó.

—¿Qué te dijo la Vero?

—Me dio un trabajo para locos, que para ayudarme en las calificaciones.

Trabajo que me quitó Daniel de las manos, para hojearlo, mientras surgía un silencio deprimente.

—¡Te casaste!

Dijo repentinamente Adrián, mientras tomaba la mano de Leticia, admirando una hará dorada.

—Me lo regalo Lalo, ¿verdad que esta bonito?, ¿no me estará insinuando algo? —dijo Leticia sonrojándose un poco.

—Pues úsalo donde se debe en la mano derecha —replico Daniel.

—No seas tarado lo de menos es la mano se usa en el anular —agrego Adrián con desprecio

—Pues tampoco lo trae en anular —observo Daniel, como si Leticia no estuviera ahí.

—Y ¿qué importa dónde te lo pongas? —interrumpió Leticia desesperada acentuando su presencia en el círculo.

—Que tienes una pareja oficial y un montón de buenos “amigos” —dijo Diana que se apareció de improviso por detrás de mí.

—Pues entérate que lo tengo en el índice porque del anular se me sale.

Al ver eso Daniel tomó a Leticia por los hombros y yo tome a Diana por la muñeca y las “jalamos” en direcciones opuestas, Adrián que en aquellos eventos se portaba como un observador solo alzó los hombros mientas sonreía con malicia, así mientras Daniel se llevaba a Leticia a su siguiente clase yo soporté por algunos segundos los reproches de Diana, por llevar amistad con la que ella llamaba la mujer de todos, y con Daniel el hombre de todas, claro que ella llevaba razón pues ambos tenían una reputación hecha de lodo, la vida ligera de ambos era bien conocida en la comunidad de la escuela, aunque con el mismo tema tras un par de minutos se calmó y quiso justificar su enojo, realmente no me fijé en qué momento pero si noté que Adrián también se fue y nos dejó solos, el tenía clase en otra aula, yo para mi bien tenia clase con Diana, poco tiempo atrás una empatía creciente estrechó la amistad con ella, que a pesar de las descalificaciones simultaneas de Arturo y Leticia se convirtieron, de mi parte, en un cortejo franco, que Diana tomaba con agrado y reserva, y en una actitud paradójica, lo fomentaba con una desesperante pereza, y con un atisbo de coqueteo su mirada constantemente me retaba a acercarme, sin embargo tras cada pequeña escaramuza ella me retiraba, con la sonrisa de, “será la próxima”, y ese día no fue excepción, adicionando a pasos lentos y corto un trayecto mas largo y discreto, al sentirme aislado con ella, la tome de la mano y ella sonrió con algo de nerviosismo, disimulé que no lo notaba, lo mismo que sus miradas al entorno, buscando que no nos vieran, al sentirse relativamente segura además de que bajó el ritmo de la plática, una vez mas trató de convencerme que Leticia mas que Daniel no solo eran una mala influencia, además ella los consideraba un lastre académico para mí, de alguna manera era cierto, ella y su grupo tenían los mejores promedios, modestia aparte solo comparados con el mío, si no fuera por la Vero que se avía transformado en una pesadilla, así, en este debate llegamos al aula que todavía estaba vacía, y en general por ser una de las últimas clases el pasillo estaba vacío, no entramos al aula, nos quedamos afuera platicando por algunos minutos ya de trivialidades y nuestro tema favorito el cine, al sentirme cómodo con discreción pero siendo incisivo me acerqué a ella pretendiendo llegar a sus labios, ella que me permitía hacerlo las mas de las beses, se sonrojaba con timidez, pero al final me alejaba, esta vez muy al contrario se perdió un poco en la plática y cuando decidí atacar ella me evitó sutilmente, por un segundo guardamos silencio mientras nos miramos de frente, justo en el punto en que quise preguntar ¿por qué?, al fondo del pasillo se oyeron unas voces que ambos reconocimos, su grupo de amigos distraídamente arribaba a la clase, ella finalmente bajó la vista y se metió al aula sin decir ya nada.

—¿Y esa cara? —se burló Daniel con malicia al sentarme junto a él.

—Cállate viene de dinámica.

Alegó Leticia mientras se sentaba frente a nosotros, Daniel despreocupado sonrió, burlándose de mí, Leticia concentrada en sus deberes escolares, casi no me dirigió la palabra, apenas y notó mi mal humor, en tanto yo sacaba mis cuadernos para

unirme a Leticia, justo puse mi cuaderno en la mesa Adrián apareció y con un aire de egocéntrico nos miró.

—¿Cómo van con estadística?

—¿No te tocaba?

Preguntó Daniel lleno de cinismo.

—Pues no, te tocaba a ti, pero conociéndote

Dijo mientras sacaba algunas hojas garabateadas con cálculos matemáticos.

—Solo está la mitad.

Afirmé con desánimo, mientras revisaba.

—Para mañana temprano porque las tengo que copiar yo.

Finalizó dejándonos a pesar de nuestras protestas y súplicas para que lo terminara él, por un par de segundos nos miramos unos a otros hasta que Daniel despreocupado se paró tomando sus cosas.

—¿A dónde vas?

Preguntó alarmada Leticia molesta por esa actitud.

—Tengo una cita.

En ese momento recordamos a la “galana” misteriosa, que según Daniel era su novia, y por discreción ni a nosotros nos podía decir quién era, al verlo Leticia me lanzó una mirada de reproche indicándome que le detuviera, además del trabajo inconcluso de Adrián estaban nuestros propios deberes que incluían a la Vero, pero sabía que no podía detenerlo, así que igual le miré indicándole que ella dijera algo, y en medio de miradas simplemente él se escabulló, cuando nos vimos solos, Leticia seria empezó a guardar sus cosas mientras yo abría la boca y parpadeaba rápidamente.

—Lalo me espera corazón chiao.

Me dijo en tono sarcástico mientras me dibujaba una media sonrisa, pero al querer irse se tropezó de frente con Diana, en ese momento se volteó y una vez mas me regaló una sonrisa, como diciendo “solo esto puedo hacer por ti”, con dignidad pidió permiso con extrema amabilidad y se fue.

—¿Te peleaste con tu novia?

La miré con desgano y le dije lo que tantas veces y a tantos había dicho.

—Bien sabes que no es mi novia —mientras jugueteaba con los papeles de Adrián sin ganas.

—La Vero te dejó un trabajo especial… —al decirlo volteé a verla y la interrogué con la mirada —quiero ayudarte.

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