viii

No sé cómo se enteró pero además de ser una gran oportunidad de estar cerca de Diana, la verdad si necesitaba mucha ayuda, a partir de ese día y asía una semana que incluyo sábado y domingo, Diana y yo nos tomamos Dos horas diarias para el famoso cuestionario, en ese momento, yo pensaría, que podría tener un acercamiento a Diana, que incluyera besos y caricias, pero ella se portó muy profesional, claro yo no perdía la oportunidad para rosarle la mano o el pelo, incluso en algún momento jugueteamos y nos dio tiempo de hablar de cine, por su parte ella se tomaba algunos minutos para criticar mi amistad con Leticia, pero en general dedicamos el tiempo a resolver el cuestionario, como ya lo suponía Diana era buena y pragmática para la soluciones matemáticas, me resultaba interesante resolver los problemas con ella pues ofrecía respuestas audaces. A pesar de estar agradecido había dos cosas que me intrigaban, ¿Cómo se enteró?, y ¿Por qué me ayudaba?, pregunté tantas veces como pude, pero ella solo sonreía con una mueca y cambiaba de tema. Como lo dije el primer día me quedé solo, con Diana, pero los subsecuentes Leticia y Daniel nos hacían algo de compañía cuando se podía, sin embargo, casi no hablaban en la presencia de Diana, y como tenía que ser un par de veces hubo situaciones incómodas, que Leticia resolvía dejando pasar un insulto o dos, pero sin ocultar su enfado.

Leticia ese día como siempre platicaba de Eduardo, con algo de nostalgia, él para fines prácticos era su novio “oficial”, pero su antigua vida licenciosa dejaba eso a la polémica, si bien ella afirmaba con vehemencia que Eduardo era su gran amor, y ciertamente, Leticia en desobediencia sus instintos mas básicos parecía serle fiel, y aunque los fundamentos de nuestra amistad seguían tan sólidos como el primer día, el tiempo que ella le dedicara a Eduardo yo se lo dedicaría a Diana. Yo fingía que le prestaba atención, pero estaba distraído mirando la puerta de la biblioteca esperando a Diana, una vez mas la fina sensibilidad de Leticia parecía mas alerta que yo, sonrió con una mueca de asco, y me dijo con tono irónico.

—No va entrar por ahí, tu amada esta allá con uno de sus, “amigos”.

—¿Por qué no se pueden llevar bien?

Esta fue la primera vez que la cuestionaba por esa conducta, me miró con extrañeza, mientras ella seria movía ligeramente la cabeza indiferente a la pregunta.

—Si algo te importara ya …

Contestó cortando la oración y luchando con las ideas que se le agolpaban en la cabeza, yo la miré cuestionando y exigiendo que terminara, ella bajó la mirada, como indicando que no contestaría, y no quería que leyera la respuesta en sus ojos, tomó sus cosas, y se disponía a marcharse, sin decir ni hacer caso de mis preguntas, una desesperación empezó a crecer pues sentía que ella tenía “algo” que quería decirme, y ese “algo” desde luego tenía que ver con Diana, y con la semana que ya habíamos pasado juntos, al ver que en la mesa tan solo quedaba su lapicera la tomé obligándola a verme de frente, en ese momento Diana se paró junto a mí, al voltear a verle Leticia tomo con violencia la lapicera, la puso en su mochila sin levantar la vista se despidió y se fue.

—¿Qué le pasa?.

Dijo diana en tono despectivo, mientras tomaba asiento, yo la miré y sin decir nada, mientras sacaba el "cuestionario", pensativo, ella solo se limitó a seguirme la corriente, platicándome indiferente de lo que había pensado sobre algunas preguntas, yo contestaba con monosílabos, pensando y dando vueltas a lo que quiso decir Leticia, a pesar de mi notable indiferencia sobre el trabajo, Diana seguía exponiendo las posibles soluciones hasta que desesperada por mi indiferencia se quedó quieta y callada, pero incluso eso en forma inconsciente omití , al reaccionar ella trabajaba afanosamente con un problema borrando y rescribiendo, mientras leía las cifras y cálculos, me di cuenta que ella hizo un esfuerzo para ignorar mi estado de ánimo, en ese punto me uní a ella y sin juzgarla empecé a hacer apuntes mentales para ver y entender que hacía, ella al notarlo sin alterarse simplemente se animó y siguió hablándome de sus ideas con respecto a las preguntas. Así pasamos un par de horas que a pesar de ser simples yo disfrutaba pues al parecer ella y yo nos compenetrábamos, y este día en particular logré intimar un poco mas con ella, y de forma escueta me platicó de Arturo, su mayor pretendiente confesándome que en realidad no lo quería, cosa que para ser sincero me agradó y me dio la pauta para tratar con ahínco de acercarme mas a ella, no recuerdo porque pero en algún punto cuando me empecé a sentir cansado nos quedamos callados, ella se levantó para buscar un libro mientras lo hacia la vi con detenimiento, tratando de imaginarla desnuda, pero no pude, me concentre en su cara ligeramente alargada y morena su pelo era negro, lacio, lizo, brillante y largo hasta los hombros trataba de mantenerlo hacia atrás con una diadema con una rosa roja, su cejas parejas y finas enmarcaban sus ojos ligeramente rasgados, color café claro, su nariz recta y fina, al mismo tiempo le daba un toque femenino y serio, finalmente sus labios finos y rojos por el lápiz labial, al sentirse asediada por mi mirada sonrió y se volteó un poco para poder ignorarla, eso me regresó a la realidad y recordé a Leticia, quisiera decir que no me importaba, pero la verdad es que ella me importaba mucho, al irse no supe reconocer la emoción que ella sentía, como casualidad en ese momento Marco un compañero acercándose desde mi espalda me dio una palmadita en el hombro.

—¿Que no vas a alcanzar a tu novia?, ¡está imparable! —extrañado lo miré a los ojos, pidiendo una explicación, al momento Diana se paraba junto a Marco, igual que yo extrañada —Está en la casa de Tito, divirtiéndose en grande, tomando como un cosaco.

Empecé a guardar mis cosas rápidamente, mientras escuchaba a Marco, que entre burlas describía los actos desenfrenados de Leticia, yo movía la cabeza y escuchaba lejanamente las protestas de Diana, que insistía que ella no era mi problema, por las prisas un par de cuadernos se cayeron, en ese momento marco que al parecer había bebido un poco, dio un paso atrás con euforia y se despidió con una sonrisa burlona, en tanto Diana se apresuró a ayudarme con los cuadernos mientras insistía que no era mi problema, por un segundo en cuclillas mientras recogía mis cuadernos, me detuve a pensar, Diana me tomó de la mano con una mirada tierna, me levanté pensando en la última mirada de Leticia, al ver a Diana inflexivo a los ojos, me di cuenta.

—¿Qué le pasa?

Le pregunté a Diana serio y francamente enojado, ella tan solo bajó la vista y movió la cabeza negativamente, y sin mirarme como si tuviera miedo de hacerlo contestó.

—Corre eres el único que puede hacer algo por ella.

Su respuesta me dio permiso, pero sentí una lamentación triste en ella, sin embargo, eso lo podría resolver después, tomé mis cosas y salí corriendo.

Tito como casi todos en la escuela era un adolecente de familia acomodada, y sus padres en general pocas beses estaban en el país para ver los desmanes de su hijo, no era raro que prestara su casa para fiestas improvisadas, al fin y al cabo el alcohol, la música e incluso las botanas llegaban por sí mismas, y no pocas veces Leticia estaba ahí, a diferencia de mis compañeros, yo tenía que caminar y utilizar transporte público, y eso me dio tiempo para reflexionar en Leticia, me di cuenta que Diana tenía razón, que ella no era mi responsabilidad, pero al mismo tiempo si algo le pasara no podría vivir con la culpa, por fortuna La casa de Tito estaba realmente cerca y llegué a pie, una música estridente que se podría oír bien desde fuera me recibió al entrar vi lo que me pareció una bacanal, el alcohol enrarecido por los cigarros abotagaba el ambiente, en medio de esa desesperante sensación de libertinaje, se oía en el fondo un coro de jóvenes que gritaban desenfrenados, a una chica que bailaba sobre una mesa, por un momento la ignoré hasta que oí su nombre, era Leticia que se contorsionaba provocativa y apenas cubierta por una corta minifalda y el sostén, moví la cabeza desaprobando aquella actitud, viendo su baile que había pasado de lo provocativo a lo penoso, pues estaba tan alcoholizada que apenas y se sostenía en pie, y sucedió lo que tenía que ser, perdió el equilibrio y cayó sobre la multitud de jóvenes que estiraban sus brazos aprovechando la oportunidad para manosearle mientras la “atrapaban” en el aire, ella al contrario de evitarlo parecía divertida , bajándola lentamente hasta el suelo, balanceándose en medio de risas miraba en su rededor mientras estúpidamente era coreada animándola a pararse y seguir, y lo hubiera hecho, pero uno de sus admiradores me reconoció, alertando a sus compañeros de mi presencia, identificándome como su pareja prefirieron simplemente hacerse a un lado, des afanándose de problemas, fingiendo que ella era la pervertida, dejándola ahí semidesnuda con el pelo

enmarañado y con una gran sonrisa, me acerque y me puse en cuclillas la vi con algo de ternura.

—¿Dónde está Eduardo?

Ella me miró desorientada y buscando en su entorno.

—Esdaba aguí.

Alcé las cejas mientras movía la cabeza en forma negativa, la tomé de la mano y la levanté, ella parecía no estar en contacto con la realidad, busqué con la vista su blusa, pero aparte de un par de botellas tiradas no la pude ubicar, así que me quité la chamarra y se la puse, ella a pesar de protestar un poco se la puso sin oponerse, le cerré el cierre y la tome del brazo, por unos segundos no supe que hacer y me quede viéndola muy serio, con un dejo de tristeza me miró mientras se mecía por la falta de equilibrio.

—Be vas a degañar.

Sonreí con una mueca y me acerqué inclinándome un poco, busqué en los bolsillos de su falda en la parte de atrás, las llaves de su coche.

—mmmm Que dico, llevame a la dama.

Al encontrar las llaves la tome del brazo y me dirigí a la puerta de salida mientras la hacía caminar a mi ritmo, ella protestaba pero me seguía dejándose manipular con docilidad, no me costó trabajo encontrar su coche pues nunca pudo aprender a estacionarse, la subí cuidando que no se callera, realmente estaba muy mareada, cuando quise arrancarlo me di cuenta que no sabía qué hacer, no tenía rumbo, al revisar encontré su bolsa y contando con lo que había en el monedero había bastante dinero, arranqué el coche y un poco a tras pies pues no estaba acostumbrado a los automáticos, salí de aquella zona, conduciendo con lentitud, pensando en cuanta gente nos vería salir, sabía que se hablaba de nosotros, y al día siguiente ocuparía mí lugar entre los cotilleos de la escuela, ella en tanto de vez en cuando reaccionaba y me miraba con los ojos entre abiertos, y murmuraba incoherencias, pero en un segundo de lucidez mientras me miraba con los ojos entreabiertos dijo en tono adormilado.

—Pobre…, ¿or qué me uidas?..., ¿orque de impordo?..., do me lleves a mi asa?

—No te puedo llevar así Lety, vamos a un hotel, ella a veces consiente, se reía y bailaba, y al poco lloraba como una niña, pasando de alegría a depresión en segundos, encontré un hotel que me pareció “decente”, estaba discretamente adornado con una fachada blanca, sin grandes anuncios pero era explícito, al bajarme ella a pesar de poder mantener la vertical era bastante obvio que estaba muy tomada, sus comentarios alegres hacían pensar que nos salimos de la fiesta para estar mas “íntimos”, la conveniencia de la situación garantizaba discreción, nos metimos al lobby, y mientras me ponía de acuerdo con el recepcionista la recargué con suavidad en el filo del mostrador, por algunos segundos ella se mantuvo callada, pero dijo algo sorprendente.

—¿La Vedo?…, ¿dé hade aquí la Vedo?

Al oírla noté que miraba fijamente la entrada, y busqué que es lo que miraba, al examinar vi una prostituta vestida de negro, pero ya grande y adusta, sonreí y tomé la llave del cuarto la abrasé de la cintura para ayudarla a mantener el equilibrio y aparentar intimidad, nos subimos por el elevador, mientras presumía de conocer “muy bien” el lugar, ya en el cuarto la senté en la cama y le quité mi chamarra, al hacerlo podía ver su cuerpo casi desnudo, ella se balanceaba revisando el lugar con los ojos entre abiertos.

—¿Dóde esdamos?...

Yo sonreí y me apresuré a revisar el estado del baño, noté que estaba limpio, anqué la luz parpadeaba un poco, cuando me asomé a verla ella se había acostado en la cama estirando los brazos hacia atrás, sobre su cabeza, con la mirada perdida en el techo, al hacerlo se le alzó la falda y podía ver su diminuta tanga negra, le tomé un brazo y la jalé, ella replicó un poco pero una vez mas me permitió manipularla, la levanté, y a tras tumbos la metí al baño y la senté en el retrete, mientras movía las cortinas de la regadera.

—¿Ad fin be vas a sed duya?...

Al voltear y verla ella terminaba de quitarse la minifalda, casi me hizo reír, se paró sensualmente mientras a traspiés se acercaba a mí.

—¿Vamos a tener sexo?—.. dije con algo de malicia —¿ya somos novios?

—Idioda sho no dengo novios.

A pesar de lo que pareciera no veía nada nuevo, pues varias veces la había visto en biquinis, que incluso eran mas reveladores, la tomé suavemente de la cintura y ella se dejó guiar mansamente, me miraba con ternura, y algo parecido al deseo erótico, lentamente ella invocaba a mi libido, la acerqué a mi pecho mientras la miraba, guardó silencio y me pareció por instantes que recobraba la conciencia, la sentí agitarse y sentí su cuerpo desnudo tocándome, me acerqué a su boca y pude sentir su aliento en el mío, lanzó un ligero suspiro, sentí el rose de sus labios en los míos, en ese momento un chorro de agua helada que cayó en su espalda la paralizó, tan solo pude ver como abría los ojos, trataba de gritar pero el escalofrío ahogó sus palabras, lentamente alzó sus manos hasta ponerlas a la altura de las mejillas mientras jadeaba de frio.

—Eres… un idiota

Cuando tomó, mas bien retomó por fin el control de su cuerpo jadeaba como si estuviera corriendo, con el pelo empapado y tirando blasfemias salió del baño tropezando con todo y aventándome, yo tan solo la veía con una gran sonrisa pues evitaba reírme, al salir al piso alfombrado vio la cama y el espejo, por un par de segundos notoriamente perturbada movió la cabeza de un lado a otro como buscando algo.

—¿Dónde estamos?

Preguntó casi al borde de la histeria, mientras giraba la cabeza, de un lado a otro.

—En un hotel —me miró con horror, y fue cuando tomó conciencia de su desnudes, y corrió a la cama y jaló la cobija para cubrirse, pude ver que se sonrojaba, sentí como se le agolpaban las ideas en la cabeza, hasta que finalmente abriendo los ojos cuan grandes eran balbuceo.

—¿tu... yo... aquí...? —

Supongo que lo que quiso decir es que habíamos hecho el amor, así que sonreí y asentí con la cabeza, ella abrió los ojos mientras daba vueltas alisándose el pelo y jalando la cobija como si hubiera cometido un pecado capital, y no pude mas me arranqué a reír a carcajadas, mientras ella me miraba con asombro, cuando entendió soltó la cobija y se acercó a mí y empuñó la mano golpeándome tan fuerte como podía en el hombro, repitiendo varias veces a izquierda y derecha, hasta que notó que una vez mas estaba desnuda frente a mí, corrió a tomar su cobija enrojecida por la vergüenza y la rabia, se quedó unos instantes sentada en la orilla de la cama, meditando y al borde de las lágrimas, yo sabía que a pesar de todo finalmente me perdonaría y lo vería como otra aventura, como dije ella en realidad se habrá dejado ver con menos frente a mí y en público, así que la vergüenza era por el sentimiento de culpa.

—¿Dónde está mi ropa?

Aproveché el momento para contarle escuetamente que había pasado, evitando los detalles vergonzosos, ella solo movía la cabeza, y refunfuñaba, mientras yo hablaba buscaba la falda para entregársela en la mano, ella saco con discreción la mano de entre la cobija, y la tomó, sin voltear a verme pues supongo todavía tenía vergüenza, se levantó mientras yo seguía mi relato, cubriéndose con la cobija para que no la pudiera ver mas, mientras se ponía la falda, al terminar el relato de lo sucedido, me senté frente a ella y le aventé la chamarra, ella una vez mas se cubrió para que no le pudiera ver y se la puso, al terminar me miró y se dirigió a la puerta, abriéndola y parándose en el umbral señalando con la cabeza hacia afuera al tiempo que decía.

—Vámonos.

Yo la seguí, y parado frente a ella repliqué.

—¿Cómo? ¿así? pero si no me diste ni un masaje —le dije mientras le hacía aún lado la solapa de la chamarra para descubrir sus pechos.

—Estúpido.

Minutos mas tarde nos veíamos en una cafetería, a pesar de todo lo que habíamos pasado era temprano quizá las nueve pm, ella todavía tenía un poco de resaca y a

decir verdad olía un poco a alcohol, así que se nos hizo natural aquella improvisada cita, mientras ella estacionaba el carro yo me metí para "apartar" la mesa, y como había sucedido antes con Diana, mientras lo hacia la contemplé por unos segundos mientras cerraba el coche, pero con la diferencia que a ella no me costaba ningún trabajo imaginármela desnuda, y no por las circunstancias, es simplemente que ella era así, cuando no era una falda corta era un pantalón entallado, con grandes escotes, incluso blusas transparentes, ella se sabía observada, y codiciada, pero supongo que eso le daba gusto, su cuerpo que algunos lo considerarían con sobre peso no tenía lonjas pero si debo aceptar que robusto, era yo diría atlético, de piernas gruesas y largas con grandes caderas, varias veces la cuestioné y siempre me dijo que era rubia natural, y aunque no podríamos decir que era lacio su pelo era alisado y ligeramente ondulado, sus ojos verdes se acentuaban pues le gustaban los pupilentes de fantasía, y no solo para enardecer su belleza natural sino porque de verdad requería graduación, mas bien blanca y facciones finas, le gustaba adornarse con toda clase de colgajos, al acercarse noté que buscaba el dinero que tomé para el hotel, me miró con ojos de reprensión, yo levanté un poco los hombros, así se paró junto a mí, y con voz tenue me regañó.

—Te he dicho que me avises, ahora vamos a tener que limitarnos.

Cosa que en verdad le daba coraje, con todo pidió su habitual café, limitándome a mí a mi habitual café, poco a poco iniciamos una fugaz plática, sobre la escuela, y casi inevitable la segregación de algunos compañeros, por eso supongo empezó la plática.

—¿Porque no llevas a Eduardo?

—Tú lo sabes bien... —decía con una media sonrisa negando con suavidad —no se ni para que preguntas.

Replicó con cierto enfado, yo guardé silencio mientras la veía a los ojos.

—Él es tu novio.

Le dije sin perderle de vista, ella se agachó a mirar a su café, y titubeo, para decirlo.

—¿Y dejarte a ti? —buscando su mirada me incline un poco.

—Yo no te puedo dar lo que él, además solo somos amigos, yo lo entendería, además....

—Me dejó...

La sorpresa me pasmó, no pude ni até palabra, mientras ella veía apacible su café.

—Yo...

—No seas dramático eso fue el fin de semana, y bien sabes que ya vendrá otro, pero solo hay un Cesar.

Era cierto ella desde que la conocí tenía un novio tras otro, a veces incluso tuvo hasta tres al mismo tiempo, no sé cuántas veces me pidió entretener a uno para salir con el otro, y a pesar de su extremo cuidado habría tenido un par de sustos ginecológicos, y varias infecciones, en todo este tiempo Daniel y yo nos encargábamos de cuidarla y ayudarla, en este momento sentí que debía de aclararlo y tomaría la oportunidad utilizando sus palabras.

—¿Qué pasa entonces?, ¿porque lo de hoy si hace meses que no bebías?

Pregunté mientras ella clavaba la vista en la taza de café que hacia girar pasando el asa de una mano a otra mano, sabía que sentía mi mirada y a pesar de eso una ves mas me agaché ligeramente para verle a los ojos, ella rehuyó girando la cabeza un poco.

—Me siento sola... —dijo levantando la mirada y viendo de frente, yo reaccioné volteando ligeramente la cabeza mientras la veía de reojo con las cejas levantadas —Está bien ¿quieres que lo diga?.... —agregó enfadada —es Diana... ¿contento?

Realmente no me sorprendió, y este es el punto a donde quería llegar, le miré cerio de frente y solemne.

—¿Estas celosa? —guardó silencio mientras con una mueca trataba una vez mas de eludir mi mirada —está bien ¿si eso quieres?

La tomé de ambas manos, mientras buscaba su mirada.

—No no no, otra vez no, ¿Cuántas v

Replicó en un tono caprichoso.

—¿Quieres ser mi novia?

Ella bajó la cabeza, pero sin soltarme las manos, mientras cerraba los ojos.

—¡NO! —me miró, y abrió los ojos alargando las silabas —no quiero ser tu novia, te quiero mucho, eres mi mejor amigo, pero nada mas... —yo de sobra conocía la respuesta, pero nunca estuve seguro de si ella la sabría, la solté de las manos y la miré compasivo —Es que toda esta semana apenas aparece y te olvidas de todos, y…

Era muy simple, estaba celosa.

—Estamos haciendo el trabajo de la Vero, hazlo con nosotros — ella se sorprendió por la propuesta, porque al tenerlas juntas algo podría salir muy mal y los dos lo sabíamos —ella me gusta de verdad.

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