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Al despertar me di cuenta de que no tenía frío, lo cual era muy extraño, porque la ventana después de todo aún seguía rota.

Dejé de extrañarme cuando encontré el fornido brazo de Will rodeándome. Su calor me abrigaba mucho mejor que cualquiera de mis sábanas, así que era natural que fuera él quien me había mantenido resguardado del frío por la noche.

Desperté temprano, y él aún dormía. Esa había sido nuestra rutina desde el primer día de clases. Lo miré con nostalgia… y luego mordí mi labio.

No podía discernir a ciencia cierta si lo de la noche anterior había sido real o se había tratado de uno de esos sueños que yo solía confundir con la realidad. No podía concebir que eso había pasado entre nosotros.

Había sido el momento m&aacu

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