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Justicia divina.

— ¡Tú papá es un desgraciado, Eli! — Grito Alfonso apenas le conté toda la verdad.

— Lo es, por eso tiene que pagar— Respondí con dolor de perderlo a él también.

— ¿Está segura que quieres ser la causante de que esté en la cárcel? — Preguntó Alfonso realmente dudoso de mi afirmación.

— No sé, solo sé que tiene que pagar por lo que le hizo a mi mamá.; sin embargo, primero le daré la oportunidad de contarme la verdad — Respondí mientras le daba un beso de buenas noches y me iba a dormir a la habitación de huéspedes.

Al otro día me levante con 120 llamadas perdidas de mi padre y 80 de mi nona Clara, deberían de estar preocupados por mi ligero escape. Decidí levantarme e irme a bañar yéndome de una a mi casa a enfrentar a mi padre. Cuando llegue a la casa me dio miedo entrar y enfrentarlo.

— ¿Papá? — Pregunté mientras cerraba la puerta 15 minutos después de decidir entrar.

— ¿Dónde estabas, culicagada? — Preguntó mi padre con cara de enfado y con el ceño fruncido.

— ¿Cómo murió mamá, papá? — Pregunte llegando al grano y omitiendo su pregunta.

— Como ya te había dicho — Respondió secamente.

— Dime la verdad papá, no más mentiras — Dije acercándome poco a poco.

— Esa es la verdad y fin de la conversación — Ordenó antes de darse media vuelta y dirigirse a su estudio.

— ¿Cuándo pensabas contarme que tú fuiste el causante de la muerte de ella? — Pregunte gritando un poco para que me escuchara.

En ese momento paró en seco y sin voltearse. Tenía miedo de que llegara a hacerme algo parecido a lo que le hizo a mi madre.

— ¿Quién te dijo eso? — Pregunto todavía dándome la espalda.

— La carta que encontré de mi madre — Respondí secamente.

— Ella murió de cáncer y fin de la conversación, Elizabeth — Dijo antes de abrir la puerta y encerrarse en el estudio.

En ese momento decidí esperar a cumplir los 18 años para poder denunciarlo, ¿Por qué no antes? Por lo que me había comentado mi nona de que ella no podía quedarse con mi custodia siendo menor de edad. Fue difícil al principio hacer como si nada hubiera pasado; pero fue pasando el tiempo y todo mejoró notoriamente. No me he presentado mi nombre es Elizabeth Brown, mi contextura es parecida a la de la amiga de mi madre, es decir, tipo guitarra, tez blanca con mirada color verde como los de ella, cabello café y pecas alrededor de mi nariz. 

Empecé a salir más con Alfonso quien era un hombre con espalda ancha, pequeña cintura donde se marcaban sus abdominales, tez blanca con ojos color gris como de un ángel guardián y una sonrisa perfecta brillante y blanca transportandote al más allá, poco a poco fue ayudándome a buscar más pruebas de su muerte, como la cámara de seguridad que mi nona había dicho que había. Papá sabía que sin esa cámara no podía culparlo, necesitaba encontrarla.

Buscamos por cada rincón de la casa mientras mi padre andaba trabajando, no encontrábamos nada hasta hoy. Estaba revisando la habitación de mi padre cuando encontré una llave en medio de sus papeles y esa llave era la de... ¡el sótano!, hacía mucho tiempo no iba por allá.

Decidí coger las llaves e ir con Alfonso hacia el sótano, me daba miedo entrar al sótano y encontrar algo que me hiciera ser más firme en mi decisión, a pesar de todo él era mi padre. Cuando bajamos todo estaba oscuro y lleno de polvo, así que decidí ponerme en posición espía por las paredes hasta encontrar el interruptor de la luz.

Me caí un par de veces mientras lo buscaba porque tropezaba con cajas; hasta nos caímos los dos por el tenerme de la camisa del susto que tenía. Caímos uno encima del otro con nuestras respiraciones agitadas y nuestros labios casi juntos, hubiera sido el momento perfecto para el primer beso con él y por fin dejar la friendzone; pero tenía que encontrar las pruebas primero. Así que lo empuje y me levanté hasta encontrarlo por fin.

Cuando se encendieron las luces, me di cuenta que eso estaba más sucio que cuando dejas tu habitación sin limpieza un mes. Decidimos ponernos unos tapabocas que trajimos por precaución y empezar a buscar. Después de dos horas buscando no encontramos nada y tuvimos que salir, papá estaba a punto de llegar. Me despedí de Alfonso y me encerré en la habitación pensando en dónde podría estar la cámara y tal vez la pistola.

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Llegó el día de mi cumpleaños y todavía no tenía las pruebas, mi padre me tuvo que dejar sola porque tenía que irse a un viaje disque de "negocios"; pero sé que se iba a ir donde una de las zorras que siempre frecuentaba. Decidí aprovechar el acontecimiento para volver al sótano sola, cuando entré empecé a revolver caja por caja, ¡tenía que haber algo! Hasta que lo encontré.

En medio de una sábana con manchas de sangre podridas y deterioradas, estaba envuelta una pistola. Si seguía buscando tal vez encontraría la cámara de seguridad. Hasta que alguien abrió la puerta del sótano y me cogió de los hombros por detrás.

— ¡suéltame! —Grite exaltada llena de miedo.

— Tranquila soy yo, Alfonso — Comentó dándome una sonrisa.

— ¡No me vuelvas a asustar de esa manera, idiota! — Grite pegándole un golpe en el brazo por lo que me había hecho sentir.

— Tranquila, ¿Has encontrado algo? — Pregunto curioso, pero a la vez me desanimo ¿No se acordaba de mi cumpleaños?

— Si, una pistola — Respondí tristemente.

— Mira en esa caja no hemos revisado — Mencionó una caja que estaba al fondo más oscuro del sótano.

— Pero está muy lejos, Alfonso —  Comente con cierto miedo.

— No importa, iré por ella — Dijo dándome una sonrisa.

Fue directo hacia el fondo del sótano hasta que lo perdí de vista, cuando regresó tenía en las manos... ¡una cámara! Por fin habíamos encontrado lo que tanto habíamos buscado.

— Alfonso dame eso, necesito ocultarlo muy bien — Dije antes de salir alegremente del sótano.

— Elizabeth, Feliz cumpleaños — Me dijo Alfonso cuando llegamos a mi habitación con un pequeño regalo en la mano.

— Gracias, pensé que no te habías acordado — Respondí dándole un gran abrazo.

— Abre el regalo, Eli — Dijo con una sonrisa.

— ¿Qué es esto, Alfonso? — Comente mientras miraba el regalo. Era una cadena de oro que traía mi nombre; pero en medio de ella había una nota que decía... ¿Quieres ser mi novia?

— ¿Quieres ser mi novia, Eli? — Dijo Alfonso mientras se arrodillaba.

— No te arrodilles idiota, eso es para bobos — Dije mientras lo levantaba — Claro que quiero serlo — Respondí mientras lo cogía de la cara y lo mandaba hacia mis labios, dándonos nuestro primer beso.

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Decidí ir hacia la policía acompañada de mi nona Clara para entregar las pruebas y pedir que le dieran la custodia a ella. Cuando llegamos nos atendieron muy rápidamente y entendieron la situación, tendría que estar con ellos unos días mientras traspasaba la custodia hacia mi nona. Al otro día de ir a la policía, me despertaron unos gritos que había abajo; entre esos gritos estaba los de mi padre.

— No pueden llevarme, yo tengo una hija — Mi padre se resistía a que le colocaran las esposas.

— Necesitamos investigarlo, señor Andres — Respondía la policía antes de poder colocarle las esposas al fin.

— Elizabeth, no dejes que me lleven — Dijo mi padre mirándome con cara de súplica que me lastimo completamente.

— Lo siento, papá. Tienes que pagar por la muerte de mi madre — Dije antes de evitarle la mirada y empezar a llorar; mientras se lo llevaban para siempre de mi lado.

Desde ese día ha sido muy duro para mí. Lo visito cada fin de semana en la cárcel y me ruega que quite la denuncia; pero es que una madre es una madre y el me quito el derecho de tener una. Con Alfonso vamos muy bien; aunque a veces tenemos peleas muy fuertes donde mandan los gritos y una vez intentó pegarme, pero no fue nada grave. Decidí ir hoy hacia el cementerio a visitar a mi madre.

— Mamá, no sabes la falta que me has hecho todo este tiempo y como me duele saber que no moriste por voluntad de Dios; si no por voluntad de mi padre. Estoy haciendo justicia a tu nombre mamá, a pesar de que sé que eso no te devolverá a mi vida, pero me siento en paz conmigo misma. — Suspire y coloque un ramo de rosas en su tumba — ¿Sabes? Quiero dar a conocer tu historia para que muchas mujeres sepan lo que es el maltrato y cómo pueden evitarlo antes de llegar a su final, creo que sería un gran ejemplo de enseñanza para ellas. Te amo madre — Comente antes de rezar el rosario y pedirle a Dios que eliminará todo el dolor y odio que tenía en mi corazón, porque era momento de dejar el pasado atrás y empezar a vivir mi vida sola. 

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