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Dichosa prima.

Pasaron aproximadamente dos semanas, donde recibí las tres respuestas siendo aceptada en dos de las tres ¿ustedes se preguntarán en cuáles? Si señores, para estudiar ingeniería biomecánica aquí en México y para estudiar Comunicación Social en Colombia lo cual me tenía muy indecisa porque cada una me iba a preparar un destino diferente, pero siendo sincera tenía más intenciones de aceptar en México para estar cerca de mi nona y de Alfonso.

Hablando de Alfonso, lo sentía bastante distante de mi lado, lo cual no entendía su comportamiento. Se que su decisión final era probar con la música y había pensado en intentarlo inicialmente aquí e irse a diferentes países para buscar oportunidades, estaba feliz de escuchar sus planes, pero en ningún momento me mencionaba a mí, haciéndome sentir que iba a ser parte de su pasado. Decidí tomar la decisión de pasar los papeles a las dos universidades mientras tanto e ir a ver a Alfonso, sentía que necesitaba de sus consejos. 

Así que decidí despedirme de mi nona e irme para la casa de Alfonso donde me recibió su madre al manifestarme que él había salido hace un rato, entonces decidí sentarme en la sala con su madre hablando sobre mi futuro mientras llegaba mi amado. Había pasado media hora, una hora y nada que llegaba lo cual me preocupaba, sentía que no iba a poder verlo además que se había hecho de noche. 

Me dirigí hacia la ventana con el fin de observar la puerta principal; ya que había una lámpara fija ahí resaltando la calle. Sentí que mi corazón se destrozaba levemente al observar la escena que estaban presentando mi querido novio y su dichosa prima. Los estaba viendo como salían de un taxi cogidos de la mano mientras reían descaradamente, pero lo que más me sorprendió fue ver como Alfonso le daba un largo beso a aquella mujer. Sabía, que sucedía algo extraño entre ellos dos, pero nunca me imaginé que fuera una traición; ¿por qué la gente no podía amar sinceramente? si no eran golpes como mi padre, eran infidelidades como Alfonso.

Me quedé tan plasmada en lo que estaba viendo que no me di cuenta en qué momento entraron en la casa, me imagino que no se había dado cuenta de mi presencia y solo surgió una duda en mi cabeza ¿la señora López sabía de esto? mientras recorrían lágrimas por mis ojos. Sentí como abrieron la puerta de la casa donde la dichosa prima saludo con mucho entusiasmo a la madre de Alfonso, sintiendo como mi corazón se destruye cada vez más. La señora López la saludó secamente, tal vez porque me encontraba en ese sitio siendo un estorbo, sentí como se fueron acercando a la sala donde ella impedía que entraran, pero su hijo no entendía el porqué de su reacción hasta que entro a la sala y se quedó callado al verme de espaldas. 

No sé qué habrá pensado o sentido en ese momento, pero por mi parte sentía un escalofrío en todo mi cuerpo mientras seguían saliendo las lágrimas. Decidí ser fuerte y no dejarme derrumbar al lado de él, después de que sabía todo lo que había vivido mi madre era tan descarada de ser igual. Así que, decidí voltearme y enfrentarlo mirándolo a la cara donde él me veía sorprendido y sus manos temblaban de los nervios, su madre me veía pálida y la dichosa prima me veía con una sonrisa burlona, fue lo último que recordé antes de caer al inconsciente. Sentía que todo era un sueño, pero cuando desperté caí en cuenta de mi realidad; ya que a mi lado se encontraba Alfonso y un doctor. 

— ¿Qué estoy haciendo aquí? — Fue lo primero que pregunté mientras observaba mi alrededor, ya no me encontraba en la casa de mi amado, si no en un hospital por las paredes blancas, la camilla y el oxígeno que tenía colocado en mi nariz.

— Tuviste una recaída, pero estás mejor — Respondió el doctor de apariencia mayor, canoso y con una sonrisa que calmaba. 

— ¿Tú qué haces aquí? —Pregunte observando a Alfonso mientras se llenaban mis ojos de lágrimas al recordar todo.

— Te desmayaste en mi casa, quería saber que estuvieras bien — Respondió con supuesta sinceridad mientras agarraba mis manos. 

— Eres un sínico, te pido el favor que te vayas y que no te aparezcas nunca más en mi vida — Confesé soltando sus manos y colocando mi mano sobre mi cara para secar las lágrimas que querían salir involuntariamente. 

— No es lo que crees — Respondió cínicamente. 

— ¿No es lo que creo? — Respondí con furia y proseguí después de respirar para tranquilizarme — No pelearé por ti, puedes ser feliz al lado de tu dichosa prima y ¿sabes? Dale las gracias a tu mamá, por verme la cara de estúpida y seguir tu juego. 

Respondí antes de pedirle al doctor que por favor sacara a este hombre indeseable de la habitación, porque a la única que quería ver era a mi nona. Decidí descansar un poco, mientras llegaba mi nona porque no habían sido capaces de avisar con anterioridad. Cuando llegó mi nona, sentí mucha tranquilidad porque llegó a abrazarme con todas sus fuerzas sé que se había preocupado, no quería perderme. 

— Nona estoy bien, no te preocupes — Confesé correspondiendo el abrazo, buscando que se calmara.

— ¿Qué sucede, pequeña Eli? — Preguntó llena de preocupación mientras se enchiquitaban esos hermosos ojos con arrugas ya evidenciadas en ellos, agarrándome de la mano.

— Alfonso me estaba traicionando y su madre lo sabía — Manifesté sinceramente hacia mi nona, mientras agarraba más fuerte sus manos.

— Él se lo pierde, eres una fantástica mujer, nunca lo olvides — Declaró mi nona, observando cálidamente recordando a mi madre. 

— ¿Sigue afuera? — Pregunte con nostalgia recordando lo vivido y la confianza que le había dado.

— Si, ¿Quieres que lo haga seguir o decirle algo? — Contestó mi nona con preocupación. 

— Ya no importa nona, he tomado una decisión — Respondí intentando mostrar seguridad en algo que no tenía vuelta atrás.

— ¿Qué decidiste? — Cuestionando con su mirada fija y penetrante. 

— Me iré a Colombia a estudiar comunicación social y quiero que te vayas conmigo nona — Susurré creyendo que era la mejor decisión que podía tomar para mi vida. 

Pasaron dos días donde me dieron de alta del hospital al asegurarse que estaba totalmente bien y fue solo una subida de tensión la que provocó el desmayo. Estábamos en casa de mi mona, alistando maletas y estableciendo los últimos detalles para vender la casa. ¿Por qué? Mi nona había decidido irse conmigo, igual éramos solo más dos juntas.  

— ¿Estás segura de que vas a ir? — Preguntó por décima vez mi nona con preocupación.

— Si, debo despedirme de mi padre antes de irme porque no sé cuándo volveré — Suspiré y proseguí — Tal vez nunca vuelva, lo único que me ata a este lugar es la tumba de mi madre.

Así que decidí pasar primero a la cárcel a visitar a mi padre, aunque tenía mucho resentimiento por él sentía que debía dejar el pasado atrás para poder vivir mi presente y futuro con el pie derecho. Tuve que hacer la fila de casi dos horas mientras dejaban entrar a cada uno, mientras lo revisaban a uno como si se lo fueran a devorar, revisaban las cosas que uno llevaba que en mi caso era una tacita con el almuerzo, una carta de despedida y una foto de los tres cuando era pequeña. Después de pasar por todos esos protocolos entre al patio donde esperábamos a los recluidos mientras salían de sus maravillosas celdas, se notaba que no se vivía nada bueno aquí, pero él se lo había buscado.

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