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Colombia, nueva vida.

A los minutos, vi como mi padre se acercaba al patio dándome una mezcla de sentimientos. Se acercó a mí brindándome un abrazo, donde no supe cómo corresponderle porque, aunque lo amaba igual lo odiaba por mi madre. Pasamos dos horas hablando sobre cómo era su estadía en la cárcel, cómo había sobrevivido a los maltratos de otros reclusos y como extrañaba su vida cotidiana. A la vez, me pidió disculpas por haberme hecho daño a mí y a mi madre, pero sabía que no podía devolver el tiempo atrás así que tocaba vivir con lo que había quedado.

Después de salir de la cárcel, fuimos con mi nona hacia el aeropuerto donde sentía muchas emociones porque abandonada mi país natal y una parte de mi se quedaba aquí con mi madre, pero a la vez sabía que iba a ser una gran oportunidad para conocer gente, salir adelante y ser la mejor periodista del mundo. Entramos a la sala a esperar a que fuera anunciado nuestro avión siendo el 586 con destino a la ciudad de Bogotá D.C., en Colombia. ¿Qué tal seria la gente allí? ¿cómo seríamos recibidas? era como iniciar de nuevo, solo que esta vez juntas.

Subimos al avión ubicándonos en los asientos del medio juntas, al inicio dio muchos nervios cuando inició a despegar donde por inercia nos cogimos de la mano y nos dimos la bendición para nuestro viaje. Llegamos casi cuatro horas y media después a Bogotá, donde lo primero que sentimos fue el frío que hacía en esa ciudad, ¡me iba a congelar! así que decidimos estrenar nuestras chaquetas con tela de algodón para darnos calor. Un señor nos estaba esperando, para llevarnos hacia nuestro nuevo hogar donde decidimos comprar algo pequeño pero cómodo. Era una casa de dos pisos pequeña, donde constaba de dos habitaciones, un baño, cocina, sala, patio y una pequeña piscina; debido a la pensión de mi nona más los ahorros que había dejado mi padre pudimos comprar algo cómodo, pague la inscripción final a la universidad y solo quedaba en iniciar clases. 

Cuando llegamos a la casa, me fui directamente a mi habitación donde las paredes eran de color blanco con un piso en cerámica café claro, mi cama era sencilla con un colchón cómodo, un armario y una mesa de escritorio para trasnocharme haciendo mis futuros trabajos de la universidad. Decidí pasar toda la tarde al lado de mi nona donde al principio decidimos cocinar juntas como no hacíamos hace mucho tiempo, en este caso hicimos lasaña aprovechando el horno. Después, nos colocamos nuestros trajes de baño donde el de ella consistía en un enterizo de color rojo que resaltaba con su piel; mientras que mi traje de baño es de dos piezas de color azul con diversidad de flores recordando lo hermosa que puede ser una mujer, sin importar su estatura, estatus o contextura. 

Fue muy rico disfrutar de la piscina, aunque no niego que el frío nos invade. Sonaba un poco irónico tener piscina en una ciudad considerada como el hielo infernal. Sin embargo, estamos tan acostumbradas a esta dinámica que nos aguantábamos al frío mientras nuestra piel se acostumbraba a la temperatura de la ciudad.  Al rato, miré mi celular donde tenía llamadas de mi ex, no podía creer cómo seguía pendiente de mí después de todo, así que decidí que a primera hora iba a comprar una nueva sim card porque no quería saber nada de mi antigua vida. 

Al siguiente día, decidí colocarme un jeans blanco con una blusa corta color rosada, con unos tenis y recogiendo el cabello. Estaba preparada y nerviosa para iniciar mi primer día de clase, fui a la universidad en taxi mientras terminamos de ahorrar para un vehículo o me aprendía la ruta, al fin de cuentas era una novata en esta ciudad tan grande. Cuando visualicé la universidad sentí mucho asombro; ya que era muy grande y con un campo de pasto muy grande para acostarse o realizar algún tipo de deporte. Así que entre para dar un recorrido hasta el más mínimo rincón aprovechando que había llegado un poco temprano, estaba sorprendida de la magnitud de salones y sitios que tenía para realizar actividades al aire libre, cultura, deporte, arte y danza. 

Inició la inducción a la universidad donde éramos los primíparos, tenía entendido que eso se daba para que nos molestaran donde esperaba que no fuera así. Cuando entre a mi primera clase de comunicación social donde se llamaba “cátedra social” sentía nervios, nos dieron la introducción de qué trataba la carrera, diferentes campos que tenía y la importancia de tener vocación por ella. En medio de la clase, conocí a un joven alto, tez morena, cabello café claro y ojos negros penetrantes. Era bastante guapo, no lo podía negar así que decidí acercarme. 

— Un gusto conocerte, mi nombre es Elizabeth — Confesé mientras me acercaba donde se encontraba su puesto.

— Un gusto, me llamo Santiago — Respondió de forma seca y cortante, sin siquiera mirarme.

— Ojalá nos llevemos bien — Susurré más para mí misma, después de ver cómo había sido ignorada ¡que tonta soy!

Decidí sentarme prestando atención a la clase, observando de reojo y sintiendo que si había sido rechazada por el primero que le hablaba no sabía qué esperar de los demás, tal vez por mi acento, por donde vengo o por ser simplemente yo. Cuando finalizó la clase, era hora de ir al almuerzo así que estaba alistando mi maleta recogiendo mis materiales e irme, pero fui interrumpida por Marcos que se colocó en frente de mi a pedirme disculpas por su reacción; ya que no se encontraba en su mejor momento. 

— Lo siento, ¿Podemos empezar de nuevo? — Mencionó casi en un susurro mientras se rascaba la cabeza con su mano derecha. 

— No hay problema, ¿Almorzamos juntos? — Pregunté brindándole una sonrisa cálida y estirando mi mano derecha.

— Claro, Elizabeth — Respondió estrechando mi mano. 

Fue un almuerzo tranquilo y se pasó la hora muy rápida, donde conocí un poco de la vida de Santiago enterándome que no nació en Bogotá, si no en Boyacá y se había venido porque había ganado una beca para estudiar comunicación social donde aprovechó para entrar a esta universidad, pero se dio cuenta que la gente rechaza y discrimina a la gente de bajo estrato económico o de otros lugares. Eso no me gustó, porque yo tenía una situación similar, aunque estuviera mejor económicamente, menos mal me había acercado a la persona correcta. 

Nuestra conversación fue interrumpida por Ana. Ella era la joven popular de la universidad, multimillonaria que venía cada día en un carro diferente y le gustaba humillar a los demás o al menos eso me manifestó Santiago recordando a Clara, causando disgusto dentro de mí quién era igual en el colegio.

— Chica nueva, ¿Cómo te llamas? — Preguntó cuando estuvo en frente de nuestra mesa, mientras con una mano novia su cabello mono y con la otra su bom bom bun. 

— Elizabeth, mucho gusto — Contesté cortante, no quería problemas mientras observaba esos ojos azules que tenía donde transportaban hasta el alma. 

— Que feo nombre, te aconsejo no estar al lado de él si no quieres iniciar con problemas desde el primer día — Confesó con una sonrisa burlona, después colocó su bom bom bun dentro mi sopa de verduras y se dio media vuelta, donde me quede observando que su cuerpo era de forma de triángulo, es decir, ancha de espalda, abundante senos, pero cadera y piernas pequeñas.

— ¿Quien se cree está? — Manifesté con rabia ante Marcos, mientras separaba la sopa que no me iba a comer ahora.

— La dueña de la universidad — Manifestó, tomó un sorbo de su sola y siguió — Si no quieres estar al lado mío, entenderé.

— Ni lo creas, seremos amigos sin importar las consecuencias — Ordene brindándole una sonrisa, la cual fue correspondida.

En el resto del día no sucedió nada nuevo, tuvimos diferentes clases donde me iba acercando cada vez más a Santiago. Aunque, con precaución debido a lo que había sucedido con mi ex y mi padre. No es que tuviera una buena referencia sobre los hombres, desde mi país natal. 

Así pasaron varias semanas, donde compartía con Santiago, aprendía un poco más de la universidad e intentaba ser molestada por Ana buscando mi debilidad, sentía que esa mujer iba a ser un gran peligro para mí. En mi clase "comunicación, ciencia y tecnología" nos enseñaron sobre los tips principales si querías ser reconocido como uno de los mejores comunicadores sociales. Una de ellas fue "las historias están a tu alrededor esperando ser contadas". Me quedó muy grabada esa frase porque sentía que era verdad, hasta mi historia podría ser contada algún día. 

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