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Capítulo veintitrés

CAPÍTULO 23 

Los mensajeros se ocuparon de enviar cartas oficiales a cada uno de los dioses y a sus hijos. La conmoción mundial había desatado millones de versiones sobre por qué Dante había asesinado a su padre. 

Si bien Zeus había tenido hijos, ninguno cometería esa locura. Algo se había roto entre los inmortales, desatando la preocupación e incluso la desesperación por saber quién reinaría a los vivos. 

Yo fui la única testigo mientras Amenadiel dormía cuando Dante asesinó a Zeus. Yo fui la única interrogada e incluso acusada por la participación, la cual Dante descartó haciéndose responsable de los hechos. 

Ahora el Olimpo estaba de luto y si no hacías ruido, podías escuchar el grito y llanto de las dioses y musas que adornaban el cielo. El único hombre que las había poseído en cuerpo y alma ahora se encontraba entre las llamadas de un eterno anochecer. 

Pero no fue eso lo que me descolocó del todo. El vaso desbordó en mí en

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