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Author: Gen M
Prefacio

¿Sabes cuánto vale tu existencia?

No, pregunta complicada. Por supuesto que no lo sabes, las personas no despiertan un día diciendo “Hoy valgo diez dólares con veinticinco centavos”. Nadie lo dice porque nadie vale eso, es ilógico, todos creemos que valemos más. ¿Qué puedo decir? Sin el ego, no valdríamos más que la cantidad de dígitos que hay en nuestra cuenta bancaria.

Es curioso, creía que solo los esquizofrénicos escuchaban voces en sus cabezas. ¡Pero míranos! Oh, perdona, no me puedes ver. Solo escuchas mi voz en tu cabeza, mejor dicho, lo que crees que es mi voz. Desearía más que nada poder cambiar esto, no lo soporto, es una agonía que destroza lo que queda de mí. Esta mutilando mi cordura. Ya no puedo, estoy atrapada y deliro mirando restos humeantes. Tengo cordura, tengo cinco minutos de cordura, y no importo ya.

Escúchame.

¿Cuánto vales tú?

¿Y tú tiempo?

¿Tus habilidades?

¿Cuánto vale el que tus pulmones funcionen?

Mira, respiración automática desactivada. Inhala, exhala. Inhala… reten el aire, eso, bien… exhala. Es simplemente genial, y, ¿sabes por qué? Porque respirar le está costando dinero a alguien en el mundo. Alguien está pagando por utilizar un respirador artificial, porque todo tiene un costo. Todo. Y yo le asignaba el precio a ese costo, donde vieses, donde escarbases un poco más entre la montaña de accionistas de esas grandes empresas… allí estaba mi nombre. Imagina que un día tu chocolate favorito vale tres dólares más que lo acostumbrado, obvio que empieza el "está más caro" "¿Por qué?" ¡Exacto! ¿Por qué? Es el mismo chocolate, la misma envoltura, la misma tienda e incluso el mismo relleno. No debería costar más que lo acostumbrado, ¿qué está sucediendo?

Ese día puede que me haya levantado, tomado mi café, ido a trotar por la ciudad y luego algún idiota subió los precios de sus acciones simplemente haciendo que algún deportista famoso usase su logo o lo nombrase. Sus acciones suben, mis probabilidades de comprarlas se salen de mi presupuesto y... ¡Todo un negocio se va al caño! ¿Y qué hago yo?

Paralizo a sus proveedores. Todo sube, claro.

Firmo un memo falso que hago llegar a los directivos de estas empresas, gastan mucho y recortaré el presupuesto. Los transportistas y trabajadores se paralizan ante el inminente despido de muchos de ellos, y esa empresa encargada del chocolate favorito debe invertir más para que se movilicen. Si invierten más el costo de sus chocolates, bueno, sube.

Pero no todo era así, también me tomaba la molestia de vigilar a esas corporaciones farmacéuticas que subían los precios de sus tratamientos. Muchas personas no lo podían pagar, ellos lo sabían y no les importaba. Pero a papá y a mí sí nos importaba. Así fue como comencé, iba tras ellos, tomaba lo útil y liberaba sus productos a un precio asequible para todos.

¿Por qué no hacer las cosas bien, cuando había personas en el mundo que se acostaban sin comer durante días solo para pagar la quimioterapia de algún familiar?

Desde lo alto de mi oficina la ciudad no era más que solo luces. Más que solo dígitos, pude haber cambiado eso… pero ahora es tarde.

Es como estar en un trance, no escucho nada, mi cabeza divaga y cae sin fuerzas hacia un lado dejándome ver mi cuerpo. Está malherido, una rama atraviesa mi pierna, estoy llena de rasguños y sangre. Ya no sé cuántas horas han pasado, creo que he perdido la cordura de nuevo, es nauseabundo ver mi cuerpo desparramado por el suelo del bosque y los ángulos anormales que forma… a pesar de eso, dirigir la mirada lejos de él transcurre tan lento que quizás  eso es lo que me ha hecho perder la cordura.

No logro apartar la mirada, me veo inhalar por última vez y luego… luego todo acaba.

Es un hecho, nadie vendrá. Quiero aunque sea morir de verdad, pero eso no sucederá. Estoy atrapada aquí viendo como el cadáver de la azafata, el piloto y el mío se pudre. No lo puedo contener, un gemido de lamento brota desde mi interior, es casi como si saliese desde el centro de todo mí ser. El bosque que se ha mantenido en silencio desde hace horas por fin hace algo, se espanta; las aves que se encontraban esparcidas en las copas de los arboles salen huyendo quizás al escucharme. Sé cuan enfermizo y masoquista es esto, si le contase a mi psicóloga esto en mi cita del lunes a las tres de la tarde, incluso ella se espantaría; quedarme a presenciar más sería torturarme más, así que me levanto y voy hacia los restos del avión humeante obligándome en el proceso a evitar bajo cualquier costo mirar hacia atrás, hacia lo que queda de mí.

Nadie te prepara para verte a ti mismo morir, ni para ver como tu cuerpo palidece y se pudre desde adentro hacia afuera.

¿Nos encontraran?

Paso junto al cuerpo de la azafata y evito mirarlo, se ha fundido con el metal del avión, su entrenamiento la preparó para accidentes aéreos pero ni eso la pudo salvar, hizo todo bien y de todas formas los tres hemos acabado igual. ¿Cómo se llamaba? No recuerdo como se llamaba, Archer seguro lo sabría.

Trago grueso, más por costumbre que por necesidad. El recuerdo de Archer hace que me detenga. Estaba tan enojada con él… Y ahora jamás vería sus ojos de nuevo, ni su rostro, tal vez con el tiempo no recordaría su voz, sí, esa voz que tanto me gustaba escuchar burlándose a sus anchas. Aún tengo sentimientos, eso me deja poder arrastrarme en mi propia tristeza, me hunde, me arrastra. Cierro los ojos dejando que esa bruma negra me succione, estoy lista para abandonarme a sufrir por el amor de mi vida pero un ruido me paraliza obligándome a escuchar con más atención mi alrededor.

El bosque se ha callado de nuevo, excepto por el rumor de algo… ¿Pasos, tal vez? Me concentro mucho más, no quiero moverme a averiguar, no quiero dejarme sola, ni a la azafata. Lo primero que perdimos fue la cabina, no he ido por ella, en ella estaba el piloto.

¡Sí, son pasos! ¡Definitivamente son pasos!

Corro en dirección a los pasos pero me detengo de golpe, justo frente al bosque, y allí lo entiendo.

Inútilmente me hago un ovillo en el suelo, si no me puedo defender, no quiero ver como todo empeora, busco el recuerdo de él como una salida, como un escape. No he visto una escalera bajar del cielo, ni he subido flotando, mucho menos he caminado hacia una luz dorada brillante. Es un hecho, no puedo hacer más que resignarme y esperar a que la bruma negra venga por mí; no podré estar en esta vida junto a él, y si me he quedado atascada de esta forma… No podré verlo en la siguiente.

Por fin, desde que hemos caído, puedo dejar salir mi tristeza sin volverme loca. Mis mejillas nunca más sentirán frio, o calor; es irónico y un deseo casi cumplido el hecho de que tampoco envejecerán. No puedo dejar de pensar en él, en que lo amo, en esta vida lo hago y no sé si existe otra o si llegue a tenerla pero de existir, también lo haré en esa. Lo cursi nunca fue lo mío, es patético que lo sea ahora cuando ya no quedan latidos que retumben en mi pecho pero lo único que extrañaré de sentirlos fue el sentido que Archer me enseñó para tenerlos. Él tenía razón, siempre tuvo la razón.

Es el fin, siento aquello que produce el sonido de los pasos pasar junto a mi corriendo hacia el avión y mi cuerpo, estoy segura que es el fin.

Hasta que algo cambia. Eso, cambia.

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