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II

Ya Alara se había asentado en su nuevo hogar, ya había hecho una amiga, ya conoció a su compañero o compañera de habitación que había decorado la mitad del cuarto con vómito, y ahora se dirigía a una manifestación política estudiantil organizada por el partido que su padre había odiado toda su vida y que resultaba, en efecto, una aglomeración multitudinaria. Incontables estudiantes se reunieron en torno a una tarima y sobre la cual grupos de muchachos conversaban entre sí preparándose para sus discursos. A espaldas del podio ondeaba una bandera con un cometa negro que identificaba a la Coalición (el símbolo del Bloque era una supernova representada por una estrella de cuatro puntas blanca y por lo general los bloquistas se identificaban con el color blanco así como los coalicionistas con el color negro).

—¡Alara! —le gritó Zum saludándola con sus dos brazos derechos desde lejos y pronto se reunieron. —¿Recuerdas a ese chico? —preguntó Zum a Alara señalando al humano que les había repartido la propaganda en el campus y que conferenciaba con sus compañeros de partido sobre la tarima.

—Sí.

—Se llama Richard Sevilla, y es el secretario general de la Juventud Coalicionista y Presidente del Concejo Estudiantil Universitario, tiene 22 años estándar y desde hace tres estudia relaciones interplanetarias en la Facultad de Ciencias Políticas. ¿Has oído hablar de Francisco Sevilla?

—Claro. Un líder sindical que murió asesinado por sus oponentes políticos.

—Murió asesinado por orden del entonces Primer Ministro de la Confederación que era del Bloque. Pues bien, Francisco Sevilla era el padre de Richard.

—¿Cómo sabes todo eso?

—Como buena científica me gusta investigar. ¿Al verlo se te produce una reacción erógena?

—¿Qué?

—¡Que si te gusta!

—Si, un poco —reconoció Alara con su acostumbrado sonrojo.

—Pues te tengo noticias desalentadoras. Es novio formal de la muchacha Viraki a su lado, la cual se llama Sai’lin y es la presidenta de la Juventud Coalicionista.

A la par de Richard Sevilla estaba de pie una guapa mujer cuya piel era de color rojo intenso, sus ojos eran verdes y su cabello estaba rizado en intrincadas y ajustadas trencitas. Su cuerpo escultural estaba casi desnudo pues la poca ropa que usaba cubría sólo lo más esencial y con frecuencia tomaba a Richard del brazo o de la cintura. Tenía orejas puntiagudas y dos antenas en la cabeza.

Evidentemente eran malas noticias y Alara mostró cierta decepción en su semblante.

—Tus motivos para estar desanimada son plenamente justificados —adujo Zum, los Teluni eran pésimos para consolar a la gente dada su objetividad. —Considerando la reputación de los Viraki por su sensualidad y desafuero sexual es virtualmente imposible competir con una mujer Viraki.

—De todas maneras es tonto —contestó Alara— que me sienta mal por eso. Richard Sevilla es humano y yo soy Xith. Mi familia jamás aprobaría un matrimonio mixto…

—¿Quién está hablando de matrimonio?

—Bueno, lo que sea, no aprobarían ningún tipo de relación con un extranjero.

Zum iba a replicar contra el represivo sistema patriarcal Xith pero fue interrumpida cuando Richard se aproximó al podio y comenzó a hablar por el micrófono.

—Bienvenidos sean todos —dijo— gracias por acompañarnos en esta manifestación. Su participación denota un profundo interés de su parte por detener una masacre. Una masacre que está siendo librada en este momento por nuestro gobierno y financiada con nuestros impuestos. La Confederación se encuentra derramando sangre inocente de personas pobres e indefensas por espurios intereses políticos. La ex colonia terrestre de Marte es un mundo empobrecido y subdesarrollado que carece de recursos y que está siendo bombardeado por uno de los ejércitos más poderosos de la Galaxia por el único crimen de que sus gobernantes no hacen lo que la Confederación quiere. Algunos dirán que el dictador marciano Boris Varkhov es un títere del Imperio Anaki, y eso no lo negamos, pero corresponde a los marcianos por su propia cuenta y de forma autónoma liberarse de ese dictador sin intervención de una potencia extranjera. Además, lo único que quiere la Confederación es deponer a un títere para colocar otro que responda a sus intereses. Bajo la excusa de estar luchando por llevar la libertad y la democracia a Marte los políticos corruptos de nuestro Gobierno asesinan impunemente a miles de civiles inocentes en nuestro nombre. ¡En nuestro nombre! —al decir esto Richard Sevilla se encandiló— ¿Vamos a permitirlo? ¿Dejarán que sigan usándonos como excusa para sus siniestros fines? ¡No más! ¡No permitiremos esta blasfemia nunca más! Este crimen contra el pueblo marciano es un insulto para la memoria de los fundadores de la Confederación y es una estocada mortal a los principios, ideales y valores en que se cimentó la Confederación. El día de hoy, con dignidad y con valor, defendiendo el honor y la justicia, levantaremos nuestro puño decididamente y diremos ¡NO! ¡No a la sangre derramada! ¡No a la violencia! ¡No a la injusticia! ¡No a la muerte! ¡No al imperialismo descarado! ¡No a nuestro Gobierno asesino! ¡No! ¡No! ¡NO!

La multitud repitió las palabras de Richard Sevilla en un cimbreante eco que estremeció el campus y luego estalló en aplausos y clamores a favor de la carismática figura.

Alara estaba abrumada. Se contagió de los vítores y aplaudió frenéticamente, con pleno convencimiento de que su padre estaba equivocado y que aquel guapo, intelectual y elocuente muchacho tenía absolutamente toda la razón. ¡Aquel era el hombre perfecto! Atractivo, inteligente e idealista… se derritió por algunos momentos pensando en lo suertuda que era esa maldita Viraki.

Richard Sevilla vivía en los Dormitorios Orientales ubicados al otro extremo del campus de donde residía Alara. Cuando no asistía a clases, a reuniones del Concejo Estudiantil o a las de la Juventud Coalicionista, se dedicaba principalmente a la fiesta con sus amigos que, usualmente, se realizaban en el área de recreación de los Dormitorios. El mobiliario del lugar consistía mayormente en sillones y algunas mesas y tenían un enorme monitor en la pared por donde se transmitían programas de televisión. Esa noche, y tras el mitin, realizaron uno de estos habituales agasajos con música estridente, toneles de licor que parecían inagotables, un montón de comida chatarra, carne asada y, por supuesto, muchas, muchas, muchas mujeres.

—¿Cómo dices que se llama esto, Richard? —preguntó uno de sus amigos, un Teluni muy gordo y de metro sesenta y cinco (lo que era algo para un Teluni).

—Cerveza, estimado Blur.

Blur se tragó la exótica bebida terrestre y la encontró estimulante.

—¡Esto si es buen intercambio cultural!

Richard sonrió y le dio algunas palmaditas en la espalda a su amigo. Blur siempre había sido considerado tonto entre los Teluni, principalmente porque cuando era niño en la escuela no podía diferenciar un cuark de un leptón y nunca fue capaz de polimerizar adecuadamente un filamento petroquímico. Incluso en la universidad sólo cursaba dos carreras; ingeniería genética y bioquímica. Sus padres siempre estarían muy avergonzados si Blur únicamente sacaba dos doctorados.

—¡Bueno, bueno! —dijo She’mu, un Viraki de casi dos metros que más parecía una masa de músculos que una persona, y cuyo cabello azul oscuro era tan rizado y enmarañado como la barba en su rojo rostro. —¿Cuándo vienen el resto de mujeres?

—Pero si hay como dos por cada hombre aquí en este momento —adujo Richard.

—¿Sólo dos? —preguntó el Viraki como indignado— ¡Que escasez! Haré algunas llamadas.

De todas maneras, Richard tenía novia. ¡Y que novia! En cuanto Sai’lin entró al salón atrajo las miradas de todos los hombres presentes, y algunas mujeres. La muchacha se aproximó a su novio y le estampó un apasionado beso.

—Tengo una buena noticia para ti hoy, amor mío —le dijo Sai’lin una vez que separó sus carnosos labios y extrajo su lengua de la boca de Richard.

—¿E… en serio? —respondió Richard algo aturdido por el efecto del beso.

—Sí. Recibí un mensaje de parte del Presidente de nuestro entrañable partido —dijo enrizándose uno de sus azulados cabellos con el dedo— quien según me dijo está muy contento con los buenos resultados de la manifestación de hoy e incrementará nuestro presupuesto en un 25%. Más que suficiente para financiar la capacitación que queríamos.

—¡Ah! ¡Eso hay que celebrarlo! —declaró She’mu llenando de nuevo su jarra — ¡Todos bebamos algo de esta bebida terrícola cuyo nombre no recuerdo!

A la fiesta en los Dormitorios Orientales llegaron Alara y Zum en uno de los tranvías que conectaban mediante puentes tubulares todo el campus. Cuando Alara observó aquella multitud de jóvenes emborrachándose, bailando ante música electrónica estridente, o entrelazados eróticamente en apasionados besos, titubeó sobre su determinación de asistir a esa fiesta.

Zum pareció adivinar sus pensamientos.

—Ni siquiera piensas en devolverte a tu apartamento en los dormitorios femeninos.

—¿Dormitorios femeninos?

—¿No lo sabías? Los Dormitorios Occidentales son sólo para mujeres, los Dormitorios Orientales sólo para hombres y los Dormitorios Centrales para los hermafroditas.

Así fue como Alara supo que su compañera de habitación era una Chax hembra.

En el interior del edificio, Richard y Sai’lin se comían a besos sobre uno de los sofás y la Viraki estaba a horcajadas sobre el humano. She’mu y Blur observaban desde el desayunador a las muchachas asistentes.

—Quiero ligar algo hoy —aseguró Blur.

—Yo también —dijo She’mu.

—Para ti es fácil decirlo, eres Viraki, sólo tienes que encontrarte con alguien de tu especie.

—Pues sí, eso sí —reconoció él, luego le dio una palmada en el pecho a Blur. —¡Un momento! ¡Mira! ¡Carne fresca!

Los dos universitarios miraban a Alara y a Zum que acababan de cruzar la puerta principal y se dirigieron de inmediato a conversar con ellas.

—Hola ¿Cuál es tu elemento químico favorito? —preguntó Blur a Zum.

Ella lo pensó algún tiempo y luego dijo:

—El argón. En general me gustan todos los gases nobles, pero mi color favorito es el azul y por eso me gusta el argón. ¿Cuál es tu elemento?

—El sodio. Siempre lo he encontrado como un elemento muy rebelde porque no se lleva con el oxígeno ni con el agua.

—Interesante —dijo Zum tomándolo del brazo y ambos se alejaron a conversar entre ellos, lo que dejó a Alara sola con She’mu.

—Hola —dijo él con una sonrisa lobuna y una mirada como la de un depredador hambriento.

—Eh… ho… hola —respondió Alara tímidamente.

Dos horas después She’mu conversaba de política con Alara, aunque le colocaba la mano en el hombro y en la cintura sin que esto tuviera nada que ver con las gestiones presupuestarias del gobierno.

Sus avances fueron interrumpidos por la llegada de Richard Sevilla con Sai’lin bien abrazada a su lado.

—Oye, She’mu —le dijo— ¿Quieres ir al Sistema Pherkad?

—Richard, Sai’lin —presentó She’mu— ella es Alara Althar.

—Mucho gusto —respondieron ambos sonrientes.

—¿Por qué abríamos de ir al Sistema Pherkad? —consultó el Viraki.

Richard sacó de su bolsillo un paquete con unas tabletas que Alara contempló con los ojos casi desorbitados. ¡Ambrosía! Un narcótico estimulante ilegal. El humano se tomó una de las píldoras y le dio una a She’mu y a Sai’lin que las probaron como si fueran golosinas.

—¿Quieres? —dijo ofreciéndole una y Alara negó con la cabeza, algo espantada. Richard guardó las drogas en su bolsillo y le contestó su pregunta a She’mu. —Pues porque es divertido. De por si, mañana es sábado y no hay clases.

—Tienes razón —respondió She’mu acariciándose su rasposa barba.

—¿Qué hay de interesante en el Sistema Pherkad? —preguntó Alara.

—Pues es un sistema vecino —explicó She’mu— famoso por sus casinos, bares y otros lugares de sano esparcimiento. Está a dos horas de distancia por el hiperespacio. Ven con nosotros…

—No sé…

—Tu amiga Zum va a ir —anunció Sai’lin.

—¡Anda! —insistió— ¡Ven con nosotros! Estos son los mejores años de tu vida, no los desaproveches.

—¡Está bien!

Y así, los seis individuos se introdujeron a una nave interestelar de tamaño pequeño con la cual dejaron atrás el Sistema Telunen introduciéndose a un pasadizo interdimensional que los llevaría hasta el vecino Sistema Pherkad.

En las lunas del planeta Pherkad III se encontraban los más reconocidos locales para la diversión. Los seis estudiantes bailaron en discotecas, apostaron en casino y bebieron en… bueno en todo lado.

—Les aseguro que la Coalición va a ganar las próximas elecciones —decía Richard a sus amigos botella en mano mientras todos se sentaban en una de las mesas rodeados de música a alto volumen y efectos luminosos producidos por láseres y hologramas. —Si no ganamos la Confederación está perdida. ¡No podemos seguir llevando palo con la derecha!

—Mira, hay que ser claros —argumentó She’mu— los coalicionistas perdimos las últimas elecciones parlamentarias de hace un año después de varios períodos consecutivos de haber ganado. Todos sabemos de quien es la culpa. ¡Nuestros líderes son unos ineptos! Las campañas publicitarias son débiles y los candidatos a Primer Ministro siempre medio patean con la derecha. Así las cosas perderemos las próximas elecciones también.

—Es verdad —dijo Sai’lin— necesitamos líderes nuevos y más frescos que atraigan al electorado joven e independiente. Como Richard, por ejemplo. Les apuesto a que este hombre algún día será Primer Ministro de la Confederación…

Richard sonrió con falsa humildad.

—Pues tendrá una Primera Dama muy sexy —auguró Blur. Sai’lin le agarró el mentón a su novio y le estampó un impúdico beso y Alara sintió un retortijón en el estómago.

—Disculpen —dijo uno de los androides saloneros— pero el bar a sido reservado por el día de hoy.

—¿Reservado? —preguntó Richard extrañado— ¿Por quien?

—Por la princesa Emlu de Sirconia —explicó amablemente el mesero.

—Cierto —comentó Sai’lin— esa pedante estudia ciencias políticas en la Universidad Teluni. He cursado varias materias con ella. ¡Uy! ¡Es una maldita! ¡La odio!

—Les agradeceremos que desalojen el local y les haremos una rebaja en la cuenta por las molestias —continuó el mesero.

—¡Maldita sea! —rabió Richard— ¡Esto es injusto!

—Siempre los ricos abusando de su poder —adujo tristemente She’mu y sin discutir más se levantaron de su mesa. Conforme salían del establecimiento un Xith narizón de rostro pedante rodeado de dos Teluni, un humano regordete y una humana rubia que parecía recién salida de algún costoso tratamiento estético, dijo:

—¡Que suerte! ¡Ya sacaron la b****a!

Sus acompañantes estallaron en carcajadas.

Richard se devolvió y lo encaró. Quien había hablado era su rival, el Presidente de la Juventud Bloquista junto a sus compinches. Todos de clase alta.

—Cuida tu lengua, Yaroth —le dijo al Xith amenazadoramente— la vas a necesitar para chuparle el trasero a la princesita ¿no?

Ahora fueron los amigos de Richard los que rieron.

—Eres bueno para hablar, Sevilla —aseguró Yaroth acercándosele tanto que sus rostros casi se tocaron— pero en el fondo eres un resentido social que busca venganza por la muerte de tu padre.

—Y tú, Yaroth, eres un niño mimado que se oculta tras la abultada billetera del suyo.

—Te diría que arreglemos esto afuera, pero tengo entendido que los coalicionistas son unos pusilánimes que se oponen a la violencia.

—Al contrario, nos encanta usarla, pero sólo contra los atorrantes como tú. Vamos…

Dicho esto los dos grupos salieron del local, aunque Alara aferraba el brazo de Zum aterrada como si su amiga le sirviera de asidero contra el miedo. Una vez afuera Richard y sus amigos —incluyendo a Sai’lin— se enfrentaron a golpes con Yaroth y los suyos hasta que la luz y el sonido que alertaban la proximidad de las aeropatrullas policiales los hizo parar y correr lejos en direcciones opuestas.

Alara y Zum, que no habían participado de la refriega, siguieron a sus amigos hasta un área de cráteres casi vacía y sin edificios cerca. Allí se detuvieron a recobrar el aliento jadeantes y exudando adrenalina.

—¡Increíble! —exclamó Alara— ¡Jamás pensé que las juventudes de los partidos Confederados se agarraran a golpes!

—Y no es la primera vez —dijo Richard acariciándose doloridamente el mentón— les hemos dado buenas palizas… lástima que nos interrumpieron.

—¿Tienes más ambrosía? —preguntó Blur y Richard extrajo de su bolsillo más droga que entregó a todos sus acompañantes menos a Alara.

—Ahora si te aceptaría una —dijo esta y Richard le entregó una tableta…

El efecto de la droga enervó la sangre de Alara y le obnubiló la mente. Casi sentía que el universo mismo vibraba a un ritmo diferente y espectral. Era como si todo a su lado se moviera estrambóticamente, los colores fueran más brillantes, las estrellas tintinearan de acuerdo a patrones misteriosos que comunicaban extrañas claves… un sinnúmero de pensamientos excéntricos cruzaron por su cerebro intoxicado.

Alara bailó y cantó en medio de los cráteres y tuvo algunas revelaciones asombrosas sobre la naturaleza del Cosmos (o al menos eso creyó) y finalmente el efecto de la droga se disipó un poco. Para ese momento era casi de mañana (cronológicamente ya que en dicha luna siempre era de noche), She’mu se había resignado a que no se la ligaría y había partido en busca de una nueva cacería, Zum y Blur se sumieron en un apasionado encuentro sexual dentro de la nave. Richard, que había tenido sexo innumerable cantidad de veces con Sai’lin, prefirió en aquella ocasión conversar con su nueva amiga venida del Sistema Sirius.

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