Capítulo 3.

El resto del día transcurrió con normalidad, luego de terminar las clases Ivanne me llevó a mi trabajo, como era costumbre que lo hiciera, y ella fue a su casa después.

Yo trabajaba en una tienda de celulares, era bastante tranquilo, no hacía mucho, la mayor parte del tiempo solo era responder preguntas a los clientes de sus teléfonos. Fue un día exactamente como cualquier otro.

-Buenas tardes.- Dijo un señor algo mayor mientras se acercaba a dónde yo me encontraba.

-Buenas tardes ¿En que puedo ayudarlo?- Respondí de manera amable.

-Mi hijo me compró este teléfono hace poco, pero no tengo idea de cómo hacer para llamarlo. ¿Podría ayudarme?

-Por supuesto, usted se mete en “Contactos” y luego solo tiene que buscar el nombre de su hijo, si quiere puedo hacerle un acceso directo en la pantalla principal para que se le haga más fácil.

-Oh, eso sería maravilloso, gracias joven.- Dijo el mientras me entregaba su teléfono, yo hice lo que prometí, y luego extendí mi mano para entregarle nuevamente su teléfono, pero al alzar la mirada, no había nadie. -¿Pero qué…

Todo a mí alrededor comenzó a tornarse en una oscuridad absoluta, se sentía como si estuviese flotando en un mar de sombras. Nuevamente un escalofrío recorrió toda mi espina dorsal mientras veía como se formaba una pequeña nube de humo cada vez que exhalaba, sentía un ambiente incluso más pesado que antes, me costaba respirar y sentía un gran peso en mis hombros, como si algo o alguien estuviera ejerciendo presión sobre ellos.

-¿De nuevo? ¿Qué está pasando?- Me pregunté a mi mismo con preocupación, lo que me estaba pasando no era para nada normal, y no me había pasado nunca antes.

Intenté regular mi respiración, y comencé a repetirme una y otra vez, que todo estaba bien. Cerré los ojos con fuerza esperando que cuando volviera a abrirlos todo volviera a la normalidad, pero una vez que los abrí, no fue así. Mi pánico aumentaba cada vez más, y no tenía idea de qué es lo que debería hacer para que todo volviera a la normalidad, sentí como todas mis extremidades eran jaladas con fuerza, lo cual me provocó un dolor agudo en el cuerpo, comencé a gritar por el dolor que estaba sintiendo ¿Qué coño estaba pasando?

-¿Estás bien?- Preguntó él señor que estaba junto a mi.

Al abrir los ojos, me di cuenta de que estaba en el suelo abrazando mis rodillas, con la cabeza hundida entre mis piernas, no tenía idea de cómo había llegado al suelo, o por qué había adoptado esa posición. -¿Qué? ¿Qué pasó? ¿Cómo llegué aquí?- Pregunté bastante confundido con lo que acababa de pasar.

-No lo se jovencito, estábamos hablando y de repente se lanzó al suelo y comenzó a hablar con fuerza. Me asustó un poco ¿Está bien?- Me preguntó el mientras extendía su mano hacia mi con la intención de ayudarme.

Mire a mi alrededor y me di cuenta de que muchas personas estaban observando hacia donde me encontraba, al parecer había armado una escena sin haberme dado cuenta. Tomé la mano del señor y me levanté del suelo, luego le devolví su teléfono, y ya que realmente no era un problema, le dije que podía irse sin pagar. Mi jefe me llamó y tuve que hablar con el en su oficina, me dijo que no iba a despedirme, pero que tenía que procurar que ese tipo de cosas no se volvieran a repetir. Le dije que no volvería a pasar, pero realmente no está a muy seguro de ser capaz de controlarlo, igual no quería perder mi trabajo, así que mentir me pareció la mejor opción.

Llega a casa más cansado de lo normal, me tiré directamente a la cama sin siquiera cenar o quitarme el uniforme, no tenía idea de por qué me sentía tan cansado. No me di cuenta cuando caí dormido.

Me despertó el sonido de la puerta de mi casa siendo golpeada repetidas veces, abrí los ojos lentamente, ya que no quería tener que, pero no me quedaba de otra, así que me levanté de la cama, con la misma fatiga que tenía antes de acostarme, y camine pesadamente hacia la puerta. Por el bien de la persona que estaba detrás de la puerta, es mejor que fuera algo de vida o muerte. Abrí la puerta, y resultó ser Ivanne quien estaba tocando de manera tan desesperada.

-¡Por fin abres! ¡Ya estaba estresada de estar esperando!- Dijo ella haciéndome a un lado y pasando.

-Ivanne, son las 10:00pm ¿Serías tan amable de explicarme que haces en mi casa a tales horas de la noche?- Pregunté con un tono de fastidio, amaba a Ivanne, pero a veces podía ser un poco difícil tratar con ella.

-Lo siento cariño, pero en verdad tenía que venir a hablar contigo.- Dije ella mientras se sentaba en el mueble de mi sala de estar y daba una palmaditas en el cojín a su lado para indicarme que me sentará junto a ella.

-Claro, voy.- Me senté a su lado, y me quedé observándola detalladamente.

-La que te tengo que decir es algo muy importante ¿Ok?- Dijo ella mientras tomaba mis manos.

-Ok.- Respondí mientras miraba sus ojos color esmeralda.

-¿Prometes que no te enojaras después de que te lo diga?

-No puedo prometer eso sin antes saber…

-¡Responde!- Exclamó ella interrumpiéndome.

-¡Si! Ok, lo prometo. Que carácter…

-Muy bien, lo que sucede es… Que estaba muy aburrida en mi casa, y realmente necesitaba salir de ahí, lo siento.- Dijo ella mientras me miraba con ojos de cachorrito regañado.

-¡No puede ser Ivanne!- Dije indignado, de verdad me había hecho pensar que era algo importante.

-¡Prometiste que no te enojarías!

-Ahg.- Solté de manera que entendiera que no podía creer que me hubiera despertado para eso. Luego suspiré. -Déjame adivinar ¿Otro problema con tus padres?

Ella volteó la mirada hacia un punto cualquiera en mi sala. -Sabes cómo son las cosas entre ellos y yo… Vaya que pueden ser un verdadero dolor en el culo.

No pude evitar soltar una pequeña risa. -Es lo que he oído.- Ella comenzó a reír junto a mí.

-Entonces… ¿Te interesa hacer una pijamada?- Preguntó ella con emoción.

-Solo si me prometes que vamos a dormir. Estoy muy cansado Ivanne, necesito reponer fuerzas.- Le supliqué a mi amiga.

-¡Aburrido!- Respondió ella mientras se levantaba e iba a mi cocina, luego abría la nevera y se servía un vaso de jugo.

-Ivanne… De hecho, hay algo de lo que me gustaría hablar contigo.- Dije subiendo las piernas en el mueble.

-¿Y que podrá ser eso de lo que te gustaría hablar conmigo?- Preguntó ella de vuelta mientas volvía y se sentaba nuevamente a mi lado.

-Hoy me pasó algo muy raro… En realidad, me pasó dos veces. La primera vez, fue cuando estábamos en la universidad y fuiste al baño, estaba completamente solo y pensé que solo estaba teniendo un pequeño ataque de pánico. Pero la segunda vez, fue en mi trabajo, e hice toda una escena.- Comencé a explicarle mientras ella me escuchaba con atención.

-¿Ataque de pánico? Eso no suena nada bien Adrian ¿Qué fue lo que sentiste?

-Ambas veces fue casi igual, sentí que me faltaba la respiración, un aire pesado, y un escalofrío. La segunda vez fue peor, porque sentí que todo a mí alrededor estaba oscuro, cuando no era así, y que estaban jalándome desde todas las direcciones.

-Eso suena mal… ¿Has pensado en ir con tu terapeuta? Quizá el pueda ayudarte.

-Quizá si… Iré en mi día libre. No puedo permitir que esas cosas sigan pasando, le prometí que algo así no volvería a pasar, pero realmente no estoy seguro de poder controlar cuando pasa. Y no quiero que me despidan.

-¿Tu jefe te dijo que te despediría si volvías a tener un ataque de pánico? ¡Eso es muy cruel! ¿¡Qué culpa puedes tener tú de eso!? Tu dime cuándo e iré a partirle la boca.-Reí ante su comentario, ella siempre velaba por mi seguridad, era muy lindo, pero último que quería era que terminaran despidiéndome por su culpa.

-Tranquila, eso no será necesario, pero agradezco la oferta. Por ahora, solo esperaré a que sea mi día libre para ir a ver mi viejo terapeuta.

-Entendido vaquero, pero si necesitas algo más. Solo avísame.- Dijo ella guiñándome un ojo.

-Creo que es hora de ir a dormir.- Dije mientras me levantaba del mueble y caminaba hacia mi cuarto, ella empezó a caminar detrás de mí.

Me acosté en un extremo de la cama, y ella hizo lo mismo en el otro extremo, no se lo dije, pero luego de todo lo que me había pasado ese día, estaba realmente feliz de que ella estuviese ahí conmigo. Pude dormir tranquilo.

Luego de esa noche los días transcurrieron con mucha normalidad, misma rutina de siempre, me levantaba, me alistaba, esperaba el autobús junto a Justin, con quién siempre aprovechaba para hablar sobre cualquier cosa un rato, iba a la universidad, regresaba al trabajo, y de vuelta a casa. Hasta que por fin llegó mi día libre, fue un viernes, y había llamado a mi terapeuta con anticipación para agendar un cita. Yo acababa de terminar mi última clase en la universidad, y estaba listo para dirigirme al consultorio.

-¿A dónde vas?- Me preguntón Justin, quién se apareció a mi lado repentinamente.

-Yo…- Realmente no sabía que contestar, me parecía bastante vergonzoso tener que decir que iba a ir con mi terapeuta, iba a pensar que estaba loco.

-No es por ser metiche, pero me pareció curioso que hoy no te fueras con Ivanne. No tiene que responderme si no quieres, lo entiendo perfectamente.- Dijo el muy rápidamente, a lo que yo sonreí.

-No te preocupes, voy a una cita con mi terapeuta. Su consultorio queda cerca de aquí, así que puedo ir perfectamente a pie, por eso no me fui hoy con Ivanne.

-Oh, claro… ¿Puedo acompañarte?- Preguntó él de manera muy tierna, y no pude evitar sonrojarme, así que aparte la mirada rápidamente.

-Claro, no hay ningún problema.- Respondí como pude, y luego esperé a que el sonrojo se fuera para volver a mirarlo a la cara.

-Genial. Después de usted caballero.- Dijo el sonriendo.

-Solo dices eso porque soy yo el que sabe a dónde vamos a ir.

-Tiene toda la razón caballero.- Dijo el, a lo que ambos reímos.

-Veo que te has adaptado muy bien a la ciudad. Me alegro por ti.

-Gracias, también me alegro, jamás pensé que podría encajar tan bien aquí.- Me tomó por sorpresa su comentario, no lo esperaba.

-¿Por qué no? Pareces del tipo de persona que le va bien en cualquier lugar.

-Creo que eso es un estereotipo Adrian. Siempre da miedo venir a una nueva ciudad, ser el chico nuevo, no conocer ningún lugar, ni tener a nadie con quien confiar. Es atemorizante.

-Supongo que tienes razón…- Creo que lo que más me pareció curioso de lo que dijo, es que yo nunca fui el chico nuevo, pero durante toda mi vida me he sentido constantemente de esa manera. Quizá había algo malo en mí. -¿Puedo saber por qué se mudaron?

-Solo si me dices por qué estás yendo con un terapeuta.- Respondió el como si de un trueque se tratase.

-Creo que eso es algo grosero.

-Claro que no, es solo una pregunta. Entiendo completamente que a veces uno enfrenta situaciones que lo superan, y necesita ayuda profesional. Solo tengo curiosidad de saber que te pasó a ti, no es por nada malo.

-Muy bien, pero dilo tú primero.

-Mi mamá consiguió una oferta de trabajo aquí, así que tomamos nuestras maletas y dejamos nuestro hogar para venir a esta linda ciudad. No es la gran cosa, algo bastante común diría yo.- Respondió el mientras sonreía.

-Si, nada fuera de lo común.- Dije yo como burla. -Voy al terapeuta porque he estado teniendo unos pequeños ataques de pánico últimamente, y me gustaría saber de qué se trata.

-¿Estás bien? Oh por Dios, ignora lo que acabo de preguntar, fue algo estúpido.- Dijo el mientras apartaba la vista.

-Tranquilo, si estoy bien, solo necesito un poco de ayuda. Gracias por preocuparte.- Dije mientas me detenía. -Aquí es donde nuestros caminos se separan Justin, ya llegamos.- Apunté hacia arriba para indicarle que estábamos en el consultorio al que me dirigía.

-Oh, entiendo ¿No te molesta si te espero aquí afuera?- Preguntó él.

-¿Con el frío que hace? ¿Por qué harías eso?- Pregunté extrañado.

-No quiero volver a casa solo

-Regresas a tu casa solo todos los días.

-Si, pero hoy estoy contigo.- No parecía que iba a darse por vencido.

-Esta bien, pero no esperes aquí afuera, hay una sala de espera adentro, pasemos.- Dije mientras abría la puerta.

Una vez ambos estuvimos dentro, hable con la recepcionista para indicarle que estaba allí para la cita que había pedido con antelación, ella amablemente me indicó que pasará al consultorio donde mi terapeuta estaba esperándome. Cuando entré, el me indicó que tomara un asiento que estaba frente a el, yo le hice caso y me senté, el sacó una pequeña libreta y un bolígrafo.

-Muy bien Adrian, hace un tiempo que no te veía. Cuéntame ¿Qué es lo que sucede?

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