Capítulo 6.

Sentía como las sombras empezaban a llenar mis pulmones, era como si estuvieran siendo llenados con agua, y era una sensación extremamente dolorosa, intentaba soltarme con todas mis fuerzas, pero nada parecía ser suficiente para deshacerme de su agarre. Quizá no podía ver su rostro, pero podía sentir su mirada sobre mí, así como también podía sentir que estaba disfrutando de este momento, que estaba sonriendo detrás de esa estúpida máscara.

Pensé que ese era mi fin, que alguien en algún momento me encontraría muerto en la sala de mi casa, sin poder explicar que era lo que me había pasado, quizá la gente pensaría que fue un suicidio, o quizás alguna condición médica, ya podía ver cómo la vida iba a continuar sin mi. Pero justo en ese momento pude escuchar como alguien tocó la puerta, y cuando eso pasó, pude sentir como era liberado y mis pulmones se llenaban con aire nuevamente, di varias arcadas y tosí fuertemente antes de poder dar las primeras bocanada de aire, todo a mi alrededor volvía a tener luz, estaba nuevamente en la sala de mi casa.

Me costó un buen rato poder levantarme, ya que había pasado bastante tiempo sin poder respirar, sentía que todo mi cuerpo dolía y lo único que podía pensar es ¿A dónde se había ido ese tal Érebo? ¿Cómo de fue tan rápido? ¿Y que podía asustarlo tanto de que alguien tocará la puerta? Nuevamente ninguna de mis preguntas tenía respuesta, y solo sabía que tenía unas ganas increíbles de agradecerle mi vida a quien había tocado.

Una vez que logré levantarme, con mucha dificultad, me acerqué a la puerta y la abrí como pude, para encontrarme con el rostro de Ivanne, quién al ver el estado en el que me encontraba, se aterrorizó mucho.

-¡Dios mío Adrian! ¡¿Qué te pasó?!- Preguntó horrorizada mientras, ponía mi brazo sobre su hombro para poder ayudarme a estar de pie.

-Es algo difícil de explicar, pero gracias, creo que me salvaste la vida.- Luego de decirle eso, ella me acostó en mi cama con mucho cuidado, y yo ya estaba exhausto con todo lo que había pasado en el día, apenas tocó el colchón caí rendido.

Hacía mucho tiempo que no me pasaba, pero esa tarde soñé. No recuerdo muy bien de que iba el sueño, ya saben, uno nunca recuerda mi muy bien lo que soñó después de despertar, solo recuerdo imágenes difusas de un hombre, y una voz que no se me hacía conocida diciéndome repetidas veces «No confíes en él.» Me encantaría saber a quién se refería cuando hablaban de él, quizá era una premonición. Me desperté envuelto en sudor con las sábanas pegas a mi piel, y con mi respiración agitada, estaba comenzando a cansarme de que tener la respiración agitada comenzará a ser tan común para mí.

-Me alegro de que hayas despertado.- Dijo Ivanne de la manera más calmada posible, supongo que no quería que fuera a alterarme.

Ivanne estaba a mi lado, no tenía ni idea de que tanto tiempo había dormido, pero parecía ser que ella se había quedado a mi lado todo el tiempo ¿Acaso parezco el tipo de persona que necesita ser defendida y cuidada? Apreciaba el gesto, pero me parecía curioso que fuese segunda vez que me pasaba en el día ¿Día? Mire por la ventana y me di cuenta de que la noche ya había caído.

-¿Te quedaste junto a mí todo el tiempo que estuve dormido?- Pregunté, ya conocía la respuesta a esa pregunta, pero eso no significaba que me impactará menos.

-Claro tonto, me tenías muy preocupada ¿Cómo te sientes?

-Yo… Estoy bien, solo algo agitado.- Respondí con honestidad. La verdad es que esa pequeña siesta, se había sentido como todo un sueño reparador, ya no sentía ningún tipo de dolor, y solo me sentía agitado por el sueño que acaba a de tener, de resto me sentía como nuevo.

-¿Quieres hablarme de lo que pasó?- Preguntó ella mientras hacia un mechón de su cabello negro azabache a un lado.

-De querer hablar sobre eso… Realmente preferiría no hacerlo, pero siento que debo, así que… Prepárate para escuchar la historia más loca que vas a escuchar en todo tu vida.- Comencé a explicarle a Ivanne absolutamente todo, desde los pequeño ataques de pánico que había estado viviendo desde el inicio de la semana, hasta lo que había pasado hoy desde que entré con Justin a mi casa, hasta que ella llegó.

Una vez escuchó la historia completa, puso una cara pensativa, honestamente no sabría decir si había creído lo que había dicho o si solo estaba pensando cómo decirme de la forma más amable que había perdido la cabeza, pero ella solo se volteó hacia mi, y luego tomó mis dos manos mientras me veía fijamente a los ojos.

-Sabes que te amo Adrian, pero es un poco difícil creer en todo lo que me estás diciendo. Voy a darte mi voto de confianza, porque eres mi mejor amigo, y te apoyaré en cualquier situación, pero necesito saber si todo esto es real.- Dijo ella con un tono muy serio.

-Claro, reaccionaste mucho mejor de lo que podría haber esperado, así que te mereces que te dé alguna prueba.- Comencé a ver a todos los rincones de mi habitación, buscando cualquier objeto que pudiera tomar, vi un pequeño libro que estaba sobre mi mesa de noche, se llamaba “El Camino Entre el Sol y la Luna” me levanté, lo tomé y luego volví a sentarme en la cama junto a Ivanne.

-¿Qué vas a hacer con eso?- Buena pregunta, la verdad es que ni yo mismo lo sabía. La idea principal sería hacerlo pasar a través de mis manos como había pasado con las tazas de café, y la charola… Y Justin… Ese no es el punto ahora, hacerlo pasar a través de mí para demostrar que no estaba loco, el problema radicaba en que yo no sabía cómo hacer eso a voluntad.

-Se supone que voy a mostrarte lo que me pasó cuando intenté tomar las tazas de café.

-¿Se supone?- Repitió ella no muy convencida.

-Si, te recuerdo que todo esto es bastante nuevo para mí también, dame un momento.- Intenté recordar cómo me había sentido cuando pasaron esas cosas. Porque sí, había leído suficientes cómics y películas de superhéroes como para saber que los poderes siempre estaban altamente vinculados a las emociones que sentimos… No es que esté diciendo que yo tenga poderes, es solo que… ¡Ahg! ¡Es difícil de explicar! ¿Ok?

Como sea, en esos momentos estaba nervioso, bastante afectado por todas las cosas me habían sucedido recientemente, intenté volver a sentirme de esa manera, y cualquier pensaría que sería algo fácil, pero no fue así. Controlar cuando ocurren los sentimientos si debería ser un súper poder…

-¿Podrías darme algo de tiempo? No es tan fácil hacer este tipo de cosas…- Ya estaba frustrado por no poder hacer que los objetos pasaran a través de mi por voluntad propia.

-Entiendo, claro bebé, el tiempo que necesitas. Por ahora creo que necesitas descansar ¿Te molesta si me quedo y paso la noche contigo?- Preguntó ella mientras me dedicaba una sonrisa.

-¿Esa era tu plan desde un principio verdad? Solo viniste a pasar la noche aquí.- Dije mientas ambos comenzábamos a reír, era agradable soltar un poco todo el estrés que tenía encima.

-¿Puedes culparme?- Fue lo único que contestó ella, antes de quitarse sus tacones y subirse a la cama. -Antes dijiste que reaccioné mucho mejor de lo que esperabas ¿Cómo reaccionó Justin?

Esa pregunta cayó como un balde de agua fría sobre mí. Era muy obvio, Justin podría confirmar que todo lo que pasó en mi casa, no pasó solo en mi mente. El problema era que… Realmente no sabía cómo podía ya hablar con el luego de todo lo que pasó…

-El tampoco reaccionó tan mal, considerando que el lo vivió, mientras que a ti solo te lo conté. Se asustó mucho, pude ver qué estaba asustado… Asustado de mí. Al principio le pregunta qué había pasado, pero luego de que le dije que no tenía idea, el simplemente no tocó el tema nuevamente, tampoco hablamos mucho, pero…

-¿Pero...?- Preguntó ella luego de ver qué yo no parecía querer seguir contándole.

-Se quedó conmigo, al menos un rato más del que debió haberlo hecho, y también agendó su número en mi celular, por si quería hablar con él, o por si necesitaba algo.- Confesé, la verdad es que, cuando lo dije en voz alta, pude darme cuenta de que el había sido muy comprensible al respecto.

-Wow, me ha dejado sorprendida. Parece que no es solo uno más.- Se acercó a mi oído y me susurró. -Parece que él vale la pena.- Para luego alejarse nuevamente y soltar unas pequeñas carcajadas.

Yo me empecé a poner rojo, se estaba burlando de mí, sabía que cuando hacía esas cosas me ponía nervioso. -¡Cállate!- Intenté tomar el libro, que ahora estaba sobre el colchón, para lanzárselo, y fue cuando ocurrió. Logré levantarlo, pero cuando intenté agarrar fuerza para lanzarlo, el libro atravesó mis dedos justo como lo habían hecho antes las tazas de café, Ivanne el pudo verlo, y quedó sorprendida.

-Tengo que verlo de cerca, entenderás que esté un poco escéptica ante algo así.- Dijo ella acercándose a dónde estaba yo.

El libro había caído al suelo, así que yo me levanté de la cama, me agaché, y cuando intenté recoger el libro del suelo, mis manos pasaron a través de él nuevamente. Ivanne tenía sus ojos abiertos como platos, era obvio que no podía creer lo que estaba viendo, yo no podía hacerlo, y eso que ya me había pasado antes.

-¡Tienes que estar jodiendome! ¡Eso es asombroso Adrian!- Exclamó ella.

-¿Asombroso? ¿¡Acaso estás loca!? ¡Es una tortura!- Grité de vuelta, a pesar de lo que había pasado, no estaba entrando en pánico, más que todo, solo estaba impresionado.

-Primero que nada, claro que estoy loca, y con mucho gusto. Y segundo, te parece una tortura ahora que no eres capaz de controlarlo ¡Pero imagina todo lo que podrías hacer con la capacidad de atravesar objetos sólidos!- Dijo ella con emoción.

-No voy a robar ningún tipo de tratamiento para el pelo o para la cara. Pero ahora que lo dices así… Entiendo tu punto.- Ella tenía razón, lograr controlar esas habilidades podría traerme muchas cosas buenas, incluso podría defenderme de ese tal Érebo en caso de tener que encontrarme con él otra vez.

-¿¡Por qué no!?- Exclamó ella sacándome de mis pensamientos. -¿¡Que diversión hay en eso entonces!?- Hizo un pequeño puchero que me pareció simplemente adorable, y no pude evitar reírme de ella.

Luego de eso tuvimos una noche tranquila. Pasar tiempo con ella siempre me hacía sentir mejor cuando lo necesitaba, con todas las cosas que habían pasado en mi vida, a veces sentía que nunca podría ser una persona normal… Aunque quizá, no estaba destinado a serlo.

El fin de semana fue un poco duro, ya que no tenía que ir a la universidad en la mañana, decidí quedarme en casa y practicar los “Dones” que había recibido. Cómo me imaginé, las emociones eran el combustible para hacer que esta nave pudiese despegar, pero como dije antes, no era un combustible nada fácil de conseguir, desde que me despertaba hasta que era hora de ir al trabajo, me aseguraba de hacer que cada cierto tiempo, me hiciera pasar a través de un objeto sólido, a veces resultaba, a veces no, pero la práctica hace al maestro. En el trabajo, realmente también era una práctica constante, ya que debía procurar con toda mi alma que no fuera a travesar la mano de un cliente, o mucho peor, dejar caer uno de sus celulares mientras los estaba revisando, era un miedo constante que tenía, pero lograba mantenerme al margen. Y luego cuando regresaba a casa, nuevamente a practicar, de eso constó todo mi fin de semana, y pude agradecer a cualquier ser supremo que estuviese allá arriba, porque Érebo no volvió a visitarme.

Llegó el lunes y nuevamente tenía que ir a la universidad, no voy a mentir, tenía un poco de miedo por volver a ver a Justin, no había hablado con él desde lo que había pasado el viernes, y la verdad es que al menos le debía un agradecimiento por todo lo que había hecho por mi, pero soy un cobarde, siempre he sido un cobarde, y me daba pavor el simple hecho de pensar que tendría que encontrármelo en la parada de autobuses, pero así eran las cosas, y cuando yo llegué a la parada, el ya estaba allí, estaba viendo a todos lados, es casi como si estuviera esperando por mi… Cuando vio que me dirigía hacia el, pude ver cómo se quedaba quieto mientras yo me acercaba.

-Adrian…

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