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CAPITULO 2

LUCIANA IVANOV

Ingresé a la cocina de la casa y tomé asiento en uno de los taburetes, frente a Yuri, quien se encontraba comiendo un emparedado. Me quité los zapatos y suspiré. Había caminado demasiado buscando en cada banco la ayuda que necesitaba.

—No he conseguido que ningún banco nos dé el crédito que necesitamos, Yuri —le dije al notar que su mirada se había reposado con inquisición sobre mí.

—Lo suponía… —susurró con una tranquilidad que no era propia de él—. Gracias a Dios, encontré a alguien que nos ayudará a resolver la situación.

—No me digas… —respondí con incredulidad, negando. Yuri jamás se había interesado en el negocio hasta que su estilo de vida comenzó a sentirse amenazado.

—¿Julián Ricci? —mencionó, logrando que me tensara y un escalofrío recorriera mi cuerpo—. ¿Lo recuerdas?

Un enorme nudo se formó en mi garganta y mis mejillas ardieron.

—Lo recuerdo… ¿qué hay con él?

—Fui a verlo —dijo como si nada—. Entre las cosas de papá había encontrado una foto tuya con ese hombre, y cuando, en el periódico leí que se encontraba en Londres y sobre lo exitoso que era en los negocios, no dudé en ir a hablar con él para que pudiera ayudarnos.

Fruncí el ceño sin poder decir una sola palabra.

¿Había oído bien?

No. Debía de ser una maldita broma de mi hermano pequeño.

—¡¿Qué hiciste qué?! —no pude evitar preguntar de nuevo. El pánico se apropió de mí y tuve que ir a servirme un vaso con agua para beberlo de golpe y recobrar algo de tranquilidad.

Julián Ricci y ayuda, no combinaban en ningún sentido. Ese hombre me odiaba.

Recargué mi vaso y volví al taburete para tomar asiento y evitar desplomarme sin remedio. Mi mano temblorosa intentó que bebiera el agua sin derramar una gota, pero fue imposible.

—Lo que has oído, Luci. He ido a pedirle ayuda y estoy seguro que nos proveerá lo que necesita la empresa —dijo con mucha seriedad y me largué a reír a carcajadas en su cara.

—En verdad lo has fastidiado, Yuri —dije entre risas, dándole a entender que cometió un error.

—¿Y qué otra cosa podía haber hecho? —protestó—. Vi la oportunidad y la tomé.

—Hubieras hecho cualquier otra locura, menos ir a ver a ese hombre… —susurré, tragando con fuerza.

—¿Por qué no, Luciana? Tú saliste con ese hombre un tiempo. Sé que no tiene mucho sentido, pero cuando leí sobre él no pude dejar de ir a verlo. No perdía nada con intentar convencerlo… mencionando tu nombre como aval —explicó sin pena—. Necesitamos que alguien nos dé una mano con urgencia, antes de que la casa se desplome y ya no sirva siquiera para venderla. Lo sabes.

—Hablaste con el hombre equivocado, Yuri, porque tú no lo conoces. Ir a verlo, no solucionará ninguno de los problemas que tenemos. Ju… —mi boca no podía pronunciar las silabas que conformaban su nombre—. Él no hará nada para salvarnos de la ruina.

Evoqué por un momento a aquel colosal hombre con quien había compartido un breve pero el más intenso y real momento de mi vida. A pesar de todo, su recuerdo seguía aferrado a mi alma, pendiendo de un hilo que parecía no querer soltarse nunca y se negaba a dejarme en paz.

Julián había entrado en mi vida con la fuerza salvaje de un huracán y había hecho desaparecer todo lo que yo había planeado para mi futuro.

Cuando pensaba en él, lo veía como era entonces; un joven muy maduro, con una presencia imponente que podía dejar en silencio un salón en el instante en el que ingresara en él. Incluso antes de que hubiera caído presa de su embrujo, antes de que hubiera hablado con él, había sabido que era peligroso.

Aquella noche en que lo conocí, mi pequeño grupo de amigas no habían podido apartar la mirada de él desde el momento en el que entró en el bar con sus amigos.

Sin embargo, después de la primera vez que nuestras miradas coincidieron, yo había evitado verlo de nuevo.

Me había sentido nerviosa, sin poder controlar los salvajes latidos de mi corazón ni la traspiración que comenzó a cubrir mi piel por la ansiedad. Cuando Julián se acercó, ignorando a mis amigas y solo hablándome a mí, no supe que hacer y por poco no me había desmayado.

Tomó asiento a mi lado, secundado por las otras chicas y habló con soltura, como si nos conociéramos de toda la vida. Me había contado que se encontraba haciendo un máster en la misma universidad a la que iba yo, y a medida que la charla fluía, comprendí que se trataba de un tipo extremadamente inteligente; el más inteligente que había conocido durante toda mi vida.

Además de aquello, era tan atractivo que le quitaba el aliento a cualquiera que pasaba a su lado.  Sin embargo, también era exactamente la clase de hombre al que mis padres jamás hubieran aceptado y siempre me habían advertido alejarme: guapo, ambicioso, pero sin dinero.

Julián Ricci tenía una fantástica seguridad en sí mismo y el sexapiles que emanaba de él, me atrajeron y repelieron como polos eléctricos que cargaban al mismo tiempo distintas e iguales cargas.  

Apenas había cumplido los dieciocho y no tenía ningún tipo de experiencia amorosa. Estar cerca de un hombre como él,  me hacía sentir torpe, al borde de un abismo desconocido y dispuesta a abandonar todo lo que conocía por un rato a solas con él.

Nada de lo que había aprendido en mi acomodada vida, me había preparado para enfrentar a alguien que se pareciera en lo más mínimo a Julián Ricci.

Luces rojas se habían encendido a mi alrededor y desde el primer instante supe que no era un hombre adecuado para mí, porque me sentía como una corderita indefensa y dependiente cuando estaba con él.

Cuando comprobé el modo en el que él me miraba, supe que estaba jugando con fuego y que mi padre sufriría un ataque al corazón si supiera que me mezclaba con el tipo de persona al que él siempre había despreciado.

Sin embargo, no había podido resistirme a las llamas que envolvía a todo mi ser cuando estaba con él.

Me había enamorado cada vez más, aunque no me dejé sucumbir al deseo de acostarme con él porque era una romántica empedernida y porque una parte de mí se había preguntado si un hombre como Julián Ricci me habría dejado tirada en cuanto hubiera conseguido meterme entre sus sábanas.

No obstante, él tampoco me había forzado y ese gesto había hecho que mis sentimientos hacia él se incrementaran hasta el punto de que solo me sentía viva cuando estaba a su lado. Había sabido desde el principio que aquello iba a terminar mal, pero jamás imaginé el desenlace que mi historia con él, tuvo al final.

—Jamás pensé que el aceptaría verte… —susurré consternada mientras Yuri me observaba con fijeza—. No esperes nada de ese hombre, Yuri. No es lo que aparenta.

Mi hermano rodó los ojos y esquivó la mirada.

Ni siquiera conocía la historia entre Julián y yo como para comprender mis palabras.

De pequeños nos mudamos desde Moscú a Londres, por la idea de expansión del negocio de mi padre. Yuri había hecho amigos pronto, y cuando cumplió los dieciséis, regresó a Rusia por una beca deportiva como nadador. No tenía demasiado apego a la familia y si se preocupó de buscar ayuda con Julián, fue únicamente porque su estilo de vida se estaba yendo al mazo.

Además, tenía una capacidad muy limitada para empatizar con los problemas de los demás y en todo caso, hubiera sido en vano relatarle mi historia con Julián en aquel entonces, porque ya tenía un anillo de compromiso en el dedo y aquel despechado italiano ya no formaba parte de mi vida.

Sacudí la cabeza y regresé a la realidad. Tenía ganas de preguntarle a mi hermano cómo estaba Julián, si seguía tan guapo como en la fotografía que había encontrado.

Habían pasado siete largos años y ocurrido demasiadas cosas; cosas que habían acabado con mis sueños de juventud sobre el amor y la felicidad. Sin embargo, aquella sonrisa torcida y esos ojos oscuros, eran algo que no podía aun olvidar.

—¿Qué sucedió exactamente? —inquirí con suma curiosidad, aunque trataba de simular mi interés.

—Fui a verlo sin dudar. Y, aunque pensé que tendría que inventarme toda clase de historias para que me recibiera, lo cierto es que accedió a verme en cuanto descubrió que era tu hermano.

Sonreí con sarcasmo porque ya estaba segura a qué se debía tanta hospitalidad de parte de Julián.

—Es un hombre increíble, Luci —suspiré, escuchando resignada lo impresionado que había quedado mi hermano con ese hombre—. Es inteligente, millonario y bien parecido. No puedo creer que no lo hubieras escogido a él, en vez de al imbécil que nos llevó a la ruina.

—No hables así de Owen —hice alusión a mi difunto esposo, aunque Yuri tenía razón—. Ya está muerto.

Me tensé al mencionar su nombre.

Recordar a Owen Lewis siempre abría heridas que aún no estaban lo suficientemente curadas como para dejar de sangrar.

Me había enseñado mucho y una persona siempre debería estar agradecida por eso, aunque no fueran cosas demasiado agradables. Owen había acabado con mi inocencia y optimismo y, si en aquellos momentos era una mujer dura que ya no creía en los sueños, en parte lo agradecía porque significaba que ya nada ni nadie podrían volver a hacerme daño.

Me puse de pie y miré por la ventana hacia el descuidado jardín.

—Realmente prefiero no saber qué fue lo que te dijo, porque no serviría y no quiero tener nada que ver con él. Julián es mi pasado y no debiste haber ido a verlo sin mi permiso —dije volviendo la cara para mirarlo.

—Tu orgullo no nos servirá de nada en esta situación, Luciana. Necesitamos el dinero y ese hombre tiene mucho. Su relación contigo podría ser la clave para salvar a la empresa —replicó y me frustré.

—¡Julián y yo no tenemos ninguna relación! —grité con enfado.

Yuri me miró sorprendido por mi reacción y volví a tomar asiento en el taburete.

¿Cómo podría hacerle entender que ya no existía cosa alguna entre Julián y yo? Tal vez existía algo, pero sería nada más que el odio.

Seguramente Julián me odiaba después de lo ocurrido entre nosotros. Después de todo lo que le había hecho cuando él…

¡Ahhh!

Me sentía entre la espada y la pared.

Me tomé de la cabeza, deseando que todo mi pasado se borrara y que aquella maldita sonrisa torcida de ese italiano, desapareciera de mi mente para siempre.

—Él está dispuesto a ayudarnos…

—¡¿Qué?! —pregunté desconcertada. No pude haber oído bien.

—Se conmovió bastante cuando le hablé de nuestros problemas —«conmovido», me susurró mi mente con ironía sin poder evitar estallar en carcajadas.

Recordaba perfectamente como era Julián, y si había algo que podía afirmar, era que no se trataba de un hombre con sensibilidad como para sentir conmoción por la situación de una ex novia que lo dejó para casarse con otro.

Aun recordaba como si hubiera sido apenas ayer, el modo en que me vio cuando rompí con él, dando la excusa de que no era el hombre adecuado para una mujer como yo. Sus ojos me habían mirado con una frialdad nunca vista y el modo en el que sonó su voz cuando me dijo que esperaba que nunca me cruzara en su camino, porque si lo hacía, me haría tragarme mis palabras porque él jamás me perdonaría.

 Tragué grueso y temblé al recordar aquel momento.

—¿Qué le dijiste de nuestros asuntos?

—La verdad —replicó—. Le dije que la empresa está pasando por un mal momento y que, con todo el dinero que tu ex se gastó en estúpidos negocios que no llevaron a nada, dejó a la empresa en bancarrota y nos hundió a todos con él.

—Sabes que fue nuestro padre quien le dio carta blanca para hacer esos negocios, Yuri.

—Nuestro padre ya no estaba en sus cabales, Luci. Lo sabes, y Owen se aprovechó de su enfermedad para manipular las cosas a su favor; logró que te casaras con él, haciéndole creer a nuestros padres que era el mejor partido para ti, y tú estabas tan confiada que ni siquiera te diste cuenta de esas cosas; de que tenías un idiota como esposo que malversó todo nuestro patrimonio.

—Sabes que estaba muy ocupada cuidando de nuestra madre enferma, mientras tú seguías llevando tu vida normal en Moscú. Es injusto que quieras culparme de todo.

—No fue tu culpa… sino de nuestros padres que se dejaron llevar por una primera impresión equivocada.

Negué con la cabeza mientras mis ojos se llenaban de lágrimas.

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