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CAPÍTULO VII LA SEMILLA DE LA DESTRUCCIÓN (cuarta parte)

Planeta Sáuxer

 Una nave valtárica penetró un cielo oscurecido por impenetrables nubarrones sempiternos, entre los que se colaban relámpagos intermitentes y aterrizó sobre un selo desértico hecho de arenas negras siempre movidas por un vendaval interminable. Sólo unos viejos vestigios de civilización consistentes en ruinas pedregosas y fierros oxidados denotaban que el planeta tuvo vida alguna vez.

 —Y pensar que este mundo alguna vez fue cándido, selvático y exuberante, con enormes moles urbanas. —Dijo nostálgica Shikha quien bajaba de la nave cubierta por un traje de astronauta que le protegía del clima. Como los demás, guardaba una pistola en el cinto de su traje, aunque no esperaba encontrar a nadie vivo. Era seguida por Lothar, Maktub y Jadi igualmente ataviados. Sólo que Lothar guardaba una espada keváltica en su cinto y Maktub se sostenía con un báculo. El arma de Jadi era mucho más grande que una pistola sencilla.

 —Mi planeta, Maktub, también —le respondió enigmático Maktub. —Ahora es el planeta desértico que ustedes llaman Marte. La maldad del Planeta Oscuro no tienen límites.

 —¿Cómo sabremos en que parte de Sáuxer está la Corona? —preguntó Jadi.

 —Desde antes de la Astromaquia —respondió Lothar— la ubicación exacta de la Corona fue resguardada por un cadena de maestro—discípulo que ha guardado celosamente el secreto. Las identidades de estos iniciados se ha mantenido como uno de los mayores secretos de la Orden como una forma de proteger sus vidas.

 —¿Y? —insistió Jadi.

 —Que yo soy uno de estos iniciados —le respondió categóricamente Lothar.

 Siguiendo a Lothar encontraron una entrada a las antiguas ruinas de la ciudad. Penetraron por las lóbregas calles destruidas en medio de los edificios ruinosos, hasta encontrar la entrada a una bóveda muy extraña. Aunque todos tenían linternas en los cascos de sus trajes, Lothar accionó su Espada Keváltica de manera que produjera una amplia iluminación, y bajaron por la entrada de la bóveda hasta las tenebrosas entrañas de la ciudad muerta.

 Jadi se asfixiaba en medio de la oscuridad impenetrable, rota solo por un pequeño as de luz plateada. La lobreguez era tan profunda que las linternas de los trajes se quedaban cortas. Se sintió al borde de un ataque de nervios al presentir presencias horripilantes como los espíritus de los muertos que tal vez rondarán aún entre las sombras. Sudaba copiosamente y tragaba saliva con compulsión.

 Finalmente se terminó la lúgubre escalera frente a una enorme puerta de hierro oxidado que separaba de un misterio mórbido y tenebroso. Lothar colocó su mano sobre la puerta y dijo:

 —Velshan sämanka shìankä. Ëmerkânon simitàrra.

 La invocación surtió efecto y la puerta se abrió. Un relámpago eléctrico brotó del abismal interior noqueando a Lothar. Antes de que el resto pudiera reaccionar, idénticos relámpagos los golpearon dejándolos inconscientes.

 Jadi despertó más aterrada aún. Estaba sin el traje —como el resto— y atada con las manos en la espalda. Sentía presencia malolientes que se retorcían y respiraban entrecortadamente a su rededor. Criaturas que se movían sigilosas y rastreras expidiendo mal olor y un babeo repulsivo. Al hablar, expresaban ruidos siseantes muy desagradables. Sintió un mayor pavor cuando sus ojos lograron observar siluetas antropoides en medio de la oscuridad y notó que las criaturas eran seres deformes, calvos y enanos. Uno de los cuales comenzó a acariciarle el brazo derecho erizándole la piel.

 —¿Se encuentran todos bien? —preguntó Lothar sin que se notara temor en su voz.

 —Sí —respondieron uno a uno, aunque las otras voces estaban notoriamente más afectados por el terror.

 —Somos cuatro psíquicos poderosos, creo que podemos encargarnos de ellos —dijo Maktub, pero pronto notó que no podía leer las mentes de sus captores. —Son... inmunes a la telepatía.

 —¿Qué son? —preguntó Shikha. —¿No entienden? ¿Hablan nuestro idioma? —gritó desesperada a las espantosas criaturas.

 —No, pero yo sí —dijo una voz rasposa y siseante. Una leve luz se encendió y pudieron ver un poco alrededor. Sus trajes y armas estaban amontonados lejos de ellos. Se encontraban en una especie de altar rodeados de huesos y calaveras de diversos orígenes.  Jadi tembló al contemplar a las criaturas. Se trataba de seres de un metro 20 o metro 30 a lo sumo, totalmente lampiños, de ojos negros, dientes filosos y orejas agudas. Vestían harapos y tenían rostros malignos. El que parecía el líder, les hablaba desde lo alto.

 —¿Quién eres? —preguntó Lothar.

 —Soy el líder de mi pueblo.

 —¿Sobrevivientes sáuxer a la catástrofe? —preguntó Shikha.

 —Sí, pero no como ustedes piensan. En Sáuxer surgieron dos especies diferentes de vida inteligente. Los felinos de la superficie y nosotros los primates subterráneos. Hubo un tiempo hace miles de años que ambos pueblos vivían en paz. Hasta hubo matrimonios entre felinos y subterráneos. Pero eventualmente, cuando los capitalistas felinos tomaron el poder, convirtieron a los subterráneos en esclavos.

 —Como los eloi y los morlocks en la novela de H.G. Welles —pensó Jadi.

 —Los subterráneos nos rebelamos y pronto comenzó una limpieza étnica. Los felinos nos intentaron erradicar asesinando a cada hombre, mujer y niño subterráneo. Se ordenó la muerte de todo el que tuviera sangre subterránea, así como de sus esposos aunque fueran felinos puros. Nos internamos más y más dentro del planeta. Por eso el Imperio Valtárico no nos descubrió cuando conquistaron Sáuxer. Pero cuando hace dos mil años durante la Gran Guerra el Planeta Oscuro destruyó la atmósfera de Sáuxer, algunos de nosotros salieron a la superficie y suplicaron a los sáuxer que les permitieran escapar.

 —Quiero comprobar una teoría —dijo Lothar— ¿cómo se denominan a ustedes mismos en su lengua?

 —Polari —respondió el viejo— que significa “habitante de las profundidades”.

 —¡Son polari! —mencionó Jadi.

 —¿Saben lo que pasó a los suyos que escaparon de Sáuxer? —preguntó Lothar.

 —Tenemos una idea —respondió el anciano. —Hemos recibido otras visitas como ustedes aunque son infrecuentes. Los felinos sáuxer los llevaron a una colonia minera donde los convirtieron en esclavos.

 —Eso quiere decir —dijo Lothar— que ustedes no han recibido una visita en más de 500 años aparte de la nuestra. Los polari fueron convertidos en esclavos mineros por los sáuxer, pero se rebelaron y formaron su propio gobierno hace 500 años. Se llama la República Polari y es una pequeña potencia de la Galaxia.

 —Curioso —dijo Shikha cuyo espíritu científico le hacía siempre analizar las cosas— ahora los sáuxer son un Estado en extremo capitalista mientras los polari son un Estado comunista. Como si se hubieran polarizado por naturaleza...

 —¿Por qué nos tienen atados? —preguntó Jadi.

 —Nosotros no estamos solos aquí. El Planeta Oscuro trajo a sus sirvientes a revisar las entrañas en busca de la Corona. Pero no la encontraron porque ya había sido llevada lejos. A otro planeta. Entonces, aunque las naves se fueron dejaron algunos seres oscuros viviendo aquí. Ellos son nuestros dioses y les damos sacrificios constantemente. Pero sienten predilección por los sacrificios... de extranjeros como ustedes. —Se escuchó un rugido espantoso y el sonido de una monstruosidad arrastrándose por las cavernas en camino hacia ellos. —Allí vienen. Hasta nunca extranjeros...

 Los polari se dispersaron como sabandijas escondiéndose entre las cavernas y desapareciendo como si fueran espectros inmateriales. Los cuatro psíquicos quedaron sumidos en tinieblas absolutas al tiempo que una enorme cantidad de horrores espantosos los acechaban.

 Presa del pánico, Jadi comenzó a temblar descontroladamente. Justo cuando sintió las hambrientas fauces de alguna pesadilla horripilante cuyo bao quemante le erizó la piel, sus manos se desataron gracias a los poderes telequinéticos de Lothar. Un as de luz iluminó el lugar; era propagado por la espada de Lothar quien seguramente la había atraído hasta si con telequinesis. Armado con su espada comenzó a dar muerte a las criaturas; eran horribles seres escamosos, todos de color negro, con espinas en las espaldas, seis patas con filosas garras y largos tentáculos viscosos que se contorsionaban a sus costados.

 Utilizando sus poderes psíquicos, Maktub y Shikha intentaban noquear a los monstruos con golpes telepáticos, pero esto pronto se hizo infructífero. Maktub acercó su báculo y Shikha la pistola láser en el cinto de su traje espacial. Los disparos láser de Shikha y las bolas de energía que dispersaba el báculo de Maktub dieron mejor resultado.

 Jadi se concentró intentando suprimir el pavor que la invalidaba. Respiró profundo y calmó su mente. Luego atrajo su arma con sus poderes telequinéticos con éxito. Armada de esta forma disparó contra las criaturas que dispersaban un chillido ensordecedor al ser heridas.

 Los cuatro psíquicos se acercaron a sus trajes e intentaron colocárselo lo mejor posible mientras se cubrían mutuamente.

 —¿Cómo encontraremos la salida entre un laberinto de túneles? —preguntó Jadi.

 —Mi espada keváltica —dijo Lothar— tiene un dispositivo que le permite encontrar la salida más rápida a una superficie.

 Siguiendo el camino indicado por la espada de Lothar corrieron despavoridos por entre los sórdidos túneles oscuros hasta salir a la superficie muerta del planeta. Todos manchados de la negruzca sangre como alquitrán de los monstruos oscuros hasta penetrar dentro de la nave y despegar en un veloz escape fuera de Sáuxer.

Planeta Brazzky

 En las afueras del Edificio del Gobierno, una enorme torre de 100 pisos, una encarnizada batalla se libraba entre agentes de seguridad y simpatizantes ultras contra un grupo de brazzkys golpistas liderados por Zílog. Ambos bandos, fuertemente armados, se producían muchas bajas mutuamente, dejando el suelo encharcado de sangre amarilla y con cuerpos muertos o moribundos por doquier. Sin embargo, gradualmente los golpistas penetraron en la edificación y comenzaron a subir los pisos en dirección a la oficina del presidente, con Zílog a la cabeza.

 Mientras subían las largas escaleras, grupos de soldados leales al presidente aparecían súbitamente disparando contra el grupo golpista. Zílog y sus hombres contraatacaban con certeros disparos que mataban a los guardias y los dispersaban por los escalones a medida que subían dejando un rastro de cadáveres y heridos. Hasta que finalmente, Zílog y un tercio de los golpistas que originalmente atacaron el edificio llegaron hasta las inmediaciones de la oficina del presidente.

 Forzaron la entrada y penetraron en el despacho encañonando al presidente local Zálag, un sujeto tosco y calvo, de barba y mirada perversa.

 —Quieto, Zálag —dijo Zílog apuntándole con su rifle. Una severa herida se mostraba en su hombro derecho provocada por un láser. La sangre amarilla le manchaba el uniforme y chorreaba hasta la pierna.

 —¿Cómo se atreven? ¡Soy el presidente local de Brazzky!

 —Usted es un presidente ilegítimo —dijo Zílog— que obtuvo el poder de forma fraudulenta. Hemos tomado las instalaciones de la Asamblea Nacional y arrestado a los asambleístas de su partido. Y ahora a usted. No tiene opción, ríndase y evítenos la pena de matarlo.

 —Pagará por esto, Zílog. Me encargaré de que sufra mucho por esto...

 —Sí, sí, amenace a su compañero de celda si le da la gana. Llévenselo —ordenó y los golpistas lo sacaron del edificio forcejeando.

 Doce horas después, una rueda de prensa se realizaba en el edificio sede de la Asamblea Nacional, donde Zílog, Shílag y Kíshag contestaban preguntas a los periodistas:

 —Soy Lizandra McNarty del Diario El Cometa —dijo una mujer humana rubia. —¿Qué pasará ahora? ¿Quién ejercerá el poder local en Brazzky?

 —La ex presidenta de la Afiliación —dijo Shílag— aquí presente, la Sra. Kíshag, será la nueva presidenta interina. Convocaremos a elecciones democráticas en tres meses. Y esta vez serán a prueba de fraudes.

 —Sak del Noticiero Galáctico —dijo un cártagik— Capitán Zílog, algunos brazzky han hablado de postularlo a usted para presidente local de Brazzky. ¿Lo ha pensado?

 —Soy militar de carrera. Los militares tenemos prohibido involucrarnos en política. No tengo interés en cambiar de carrera. Pero agradezco el apoyo.

 —Shilana del Carixis Times —dijo una mujer lobariana— la ex presidenta Kíshag es del Frente Neo—Lish, la diputada Shílag es del Partido Lish, y el capitán Zílog, aunque como militar es apolítico, es amigo personal del gobernador Corrado quien es una importante figura lish. ¿Significa que este golpe de Estado fue un esfuerzo por parte de la Coalición Lish por obtener el poder político en Brazzky?

 —A pesar de que ese rumor fue difundido por los droths —recalcó Kíshag. —Es falso. Todos sabemos que en Brazzky la mayor parte de la población es militante de los partidos de la Coalición Lish. Sin embargo, los hermanos brazzky del Partido Droth que deseen unírsenos y ayudarnos a gobernar Brazzky para superar la crisis, bienvenidos.

 —300—5000 del Periódico Androide —dijo un hombre androide— ¿Qué pasará con Zálag?

 —Será enjuiciado por fraude electoral —respondió Shílag— en una corte local brazzky. Por supuesto que Zálag está apelando al Magisterio aduciendo que hemos incurrido en un crimen al derrocarlo. No obstante es poco probable que el Magisterio falle en su favor. La Constitución claramente indica que todos los gobiernos locales son independientes de intervención del Gobierno Central, y que los planetas afiliados tienen derecho a elegir sus gobernantes de la forma que crean correcta. Eso incluye los golpes de Estado...

Oficina de Rupert Corrado

Edificio de Gobernación

Carixis

 —Les tengo una noticia que les va a sorprender bastante —anunció Rupert a su equipo de asesores; Zílog, Kriggs, Shikha y Maktub. —Una carta recientemente enviada al presidente de la Afiliación por parte del Khan Karzat XXI, máximo gobernante del Khanato Brakionés. Solicitándole el ingreso a la Afiliación...

 —¿QUÉ? —se preguntaron todos al unísono.

 —Así como lo escuchan. Aparentemente, los brakioneses desean afiliarse.

 —Pero... ¿es eso posible? —inquirió Zílog. —Los brakioneses son salvajes, bárbaros y sumamente violentos...

 —Lo mismo decían algunos diputados de nosotros los humanos —mencionó Rupert— cuando la Tierra solicitó ingresar a la Afiliación hace 50 años.

 —Sin embargo —adujo Shikha. —Los brakioneses han sido un azote de la Galaxia. Se han dedicado a saquear naves, estaciones espaciales, colonias y planetas débiles por siglos. Son de los peores enemigos de la Afiliación...

 —Los soths fuimos de los peores enemigos de la Afiliación —recordó Kriggs— y sin embargo ahora somos afiliados. Los tiempos cambian. El punto es, ¿sería bueno para la Afiliación que los brakioneses ingresen?

 —En estos momentos —dijo Rupert paseándose por la oficina— la Afiliación está débil y vulnerable no sólo por el poderío que adquirió el Imperio Xirgón gracias a la nueva tecnología, sino además, por las dos recientes guerras y los diferentes conflictos internos que nos han asolado. Mientras que los brakioneses son un pueblo guerrero muy poderoso y temido. Serían un insumo enorme para la Afiliación y sin duda harían pensar dos veces a Xirgón antes de declararnos la guerra.

 —Sin embargo —intervino Shikha— todo de depende de sus capacidades de asimilación dentro de la Afiliación. De lo contrario sería peligroso tener a un montón de criaturas bestiales atacándonos desde adentro.

 —Aquí es donde entramos en juego nosotros —dijo Rupert. —Siendo Carixis la más reciente víctima afiliada de un ataque brakionés, el Parlamento ha solicitado a la Secretaría de Gobernación de Carixis el recomendar o no el ingreso de Brakion a la Afiliación.

 —Será difícil que la Secretaría lo recomiende —dijo Maktub. —El último ataque brakionés costó 16 mil millones de celestes en daños y provocó cientos de muertes y heridos.

 —Además —recordó Zílog— en nuestro viaje a Brakion para rescatar a Kriggs hicimos estallar la mayor parte de su flotilla... No deben estar muy contentos con nosotros.

 —Karzat XXI es un Khan nuevo y diferente —dijo Rupert. —Y en todo caso, vendrá a Carixis. Salió de Brakion hace una semana y estará llegando a Carixis mañana temprano. Debemos darle una buena bienvenida...

Puerto espacial de Astrópolis

Día 9 del Mes 1 del Año 2103 D.A.

 Una gigantesca estructura con forma de pirámide que se extendía por un radio de al menos 200 metros, aterrizaba lenta y pesadamente sobre la pista del puerto espacial de Carixis. Rupert, acompañado de sus leales asesores, no pudo evitar tragar grueso al recordar el brutal ataque del que fueron víctimas hacía poco.

 De la nave descendieron al menos una veintena de aguerridos reptiles de metro 90 a más de dos metros, todos bípedos y de pieles escamosas, con largas crestas en la cabeza. Garras en vez de manos, dos ranuras de nariz sobre caras chatas, pero de ojos amarillos con pupila alargada y bocas repletas de dientes filosos. Vestían todos de negro con largas capas ondeantes, hombreas con púas y botas muy gruesas.

 —Saludos, gobernador Rupert Corrado —dijo en un valtárico con acento gutural el más alto y mejor vestido de todos, cuya cresta era de mayor altura. Realizó una reverencia con los brazos cruzados sobre el pecho y luego extendió su mano para que Rupert la estrechara. —Soy el Khan Karzat XXI, gobernante supremo del pueblo brakionés.

 —Bienvenido a Carixis, Su Alteza —respondió Rupert y estrechó su mano. El apretón fue tan fuerte que Rupert no pudo reprimir una mueca de dolor. —Le... le presento a mi personal, el capitán Zílog, comandante militar de la Afiliación en Carixis. La agente Kriggs, nuestra jefe de Inteligencia, la Dra. Shikha, directora del Instituto Científico Afiliado y el Sr. Maktub, mi asesor.

 Karzat apretó las manos de todos con las mismas consecuencias.

 —Gobernador Rupert Corrado —dijo Karzat sujetando el hombro de Rupert amistosamente. —Es mi sincero deseo que mi pueblo se admitido en la Afiliación. Mis predecesores eran muy diferentes a mí. Yo deseo llevar a los brakioneses a nuevos caminos de modernización y democracia...

 —Me alegra escuchar eso, Khan. Su labor es encomiable...

 —Como es costumbre entre mi pueblo, le he traído un regalo —dijo chasqueando los dedos. Dos enormes guerreros brakioneses trajeron un extraño animal muerto, parecido a un oso pero con seis patas y un hocico más pronunciado. —Lo maté yo mismo, con mis manos. Es nuestra costumbre presentar nuestros respetos a la mayor autoridad del lugar con una ofrenda asesinada con nuestras propias manos...

 Algunas horas después, el Khan almorzaba en una larga mesa cuadrada en el salón de recepciones del Edificio de Gobernación. Sus soldados lo custodiaban en cada momento, silentes y serios siempre. Mientras que Nam, Cheng, Arg y otros oficiales afiliados también montaban guardia de forma disciplinada pero menos estática. En dicha mesa se sentaban también Rupert y sus asesores quienes comían diversos platillos más convencionales que el pedazo de carne cruda que Karzat devoraba arrancándolo con sus dientes hasta dejarlo reducido a un hueso roído.

 —Y así fue... —decía Karzat conversando entre sus tremendos mordiscos— como según las Crónicas del Imperio Brakionés, mi ancestro Zurkost VII desmembró con sus manos el cuerpo de su enemigo mortal, su hermano Yakozt, asesino de sus tres hijos. Dando inicio a mi dinastía.

 —Fascinante —dijo Rupert. —Hay una serie de... circunstancias... que nos preocupan a los afiliados... Dentro de la Afiliación está prohibida la esclavitud, la tortura y la pena de muerte y...

 —Ya abolí todo eso —interrumpió Karzat.

 —Ah... pues bien... Yo...

 —Hice muchos cambios. Ascendí al trono hace apenas seis meses, poco después de que mi tío, el anterior Khan, muriera en la destrucción masiva de naves que fue provocada por ustedes en su visita a Brakion. —Todos los comensales no brakioneses se quedaron fríos.

 —Yo... esté... lo lamento... —trató de decir Rupert atragantándose con su comida.

 —No tiene nada de que disculparse. Nosotros destruimos Carixis poco antes. Lo cierto es que ese evento me convenció de la necesidad de modernizar Brakion y convertir nuestro mundo en un lugar pacífico, plenamente integrado a la comunidad interplanetaria. Aún si no somos admitidos en la Afiliación trataremos de entablar buenas relaciones con todo el Concejo Galáctico.

 —Bueno, creo que es hora de que vayamos a la Secretaria de Gobernación. Su único punto de agenda es entrevistarlo a usted, Khan.

 —¿En que consiste la Secretaría de Gobernación?

 —Según la Ley de Administración Colonial, cada colonia bajo control administrativo del Gobierno Central deberá tener una Secretaria de Gobernación conformada por los alcaldes de cada ciudad dentro de la colonia. La secretaría regula las acciones del gobernador de forma similar a como el Parlamento lo hace con el presidente. A su vez, cada alcalde es regulado por la Secretaría Municipal conformada por un representa electo de cada barrio de la ciudad.

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