La otra mitad de mis ojos
La otra mitad de mis ojos
Author: Enrique Jesús
VIENEN POR LOS DOS

Ahora me encuentro en un mundo que desconozco, en un planeta lleno misterios donde todo es nuevo y extraño para mí.

Después de encontrar el amor por primera vez, jamás pasó por mi mente amar a dos con la misma fuerza incontrolable.

Debo enfocarme únicamente en una de ellas, porque si no lo hago desaparecerá en este mundo y en el suyo.

Aunque vaya en contra de todas las reglas y hasta en contra de mis propios instintos, aunque obstáculos impensados se interpongan ante mí, no puedo fallar.

Debo sentir un amor puro e incuestionable si quiero salvarla de la oscuridad.

En mis manos está la decisión de encender la luna…

   

          Un rugido truena mis tímpanos. Se siente bien, de pronto atemorizante. No sé si siento miedo o curiosidad… no, es un mezcla de ambas. El ruido proviene de gritos, rugidos de miles de guerreros que corean una melodía de batalla, preparados para atacar o defenderse. Estas ganas de seguir durmiendo, no dejan que abra mis ojos, pero sé que esto no es un invención de mi imaginación. La imaginación crea, pero no grita. Hace poco era de noche, pero ya la luz del sol calienta mi cuerpo. No entiendo por qué estoy solo y por qué no recuerdo lo que era tan urgente que hiciera, pero no importa, si ya es de día, tengo que apresurarme y prepararme para ir al colegio. Al levantarme y mirar a mi alrededor, veo un vasto desierto que rodea mi casa en todas las direcciones. Es tan real, increíble e inmenso, que en mis intentos de captar su fin mis ojos  se pierden en dirección a la parte frontal y trasera de mi casa. Pero es como una canal gigantesca, con dos montañas de arena ardiente amarilla a los costados de mi hogar. Están a unos cuatrocientos metros de distancia, y mi casa se ubica en medio de las dos, casi como un grano más de arena. Los rugidos siguen no sé si en mis tímpanos o en mi locura, porque no veo a nadie. Esto tiene que ser un sueño, pero los sueños no son así de reales. Al menos nunca había tenido uno de este tipo. Eso me confunde <<¿Acaso por fin he enloquecido?>> Hay un contrapunteo entre mis dudas y mi percepción sensorial. Una dice que nada de lo que oigo o veo es verdadero, y esa conjetura la respalda el cese de los gritos y el aturdimiento. Pero mejor argumento dio mi percepción auditiva, al escuchar una voz detrás de mí. La más extraña que hubiera podido escuchar en mi vida.

-Espero que pronto pueda entender. Estamos dentro de un sueño, dentro del sueño más complejo. No todos pueden llegar a tenerlos, y creo que así es mejor, el peligro que se corre aquí es real. Pero descuide joven Alexander, Martí está aquí a sus servicios para ayudarle y protegerlo.  

Inclino mi cabeza hacia un lado, cómodo por la confianza que transmite su voz. Doy la vuelta con lentitud a ver quién me habla, y allí está un raro anciano de ojos negros que no parpadean. Su vestimenta parece de trapos viejos color verde opaco. Para ser un hombre tan raro, su nombre es normal. Debería tener un nombre difícil de pronunciar. <<Qué sueño tan original>> digo para mí, voz baja.

Martí es del tamaño de una persona adulta en buena forma, de cabello corto y blanquecino. Según él, su intención es ayudarme y protegerme.

-Un placer señor Martí, pero ¿Ayudarme a qué? ¿Tengo motivos para necesitar de su protección? –Le tengo que preguntar, consiente de seguir la corriente de “mi sueño” y él sonríe. –Esto es fascinante. –Añado. –Es como un simulador de realidad, pero muy bien hecho. Es perfecto en todos los niveles sensoriales ¿Cómo podría estar preocupado por algo tan interesante como esto?

-Debo repetir, joven, que no es solo un sueño. -Reprocha el anciano. -Y se lo puedo demostrar ¿Sabe de dónde vienen los gritos? Dirija su mirada hacia al Oeste

-<<Entonces este sueño hasta tiene puntos cardinales. Brutal>> -Es algo que pienso, pero no digo. Antes de preguntarle a donde mirar,  señala con sus ojos  el lugar, y veo bajar por la montaña Oeste un ejército de figuras grises hacia mi posición. Tienen cubierto el cuerpo con armaduras, no hay un solo espacio expuesto, y por ello no se puede ver su aspecto. Me siento intimidado por la potencia de su temible marcha.

-Se siente tan real… Es un sueño diferente. -Expreso francamente.

-Si lo siente y lo ve real no tiene más qué cuestionar. No es una realidad auténtica de la vida que conoce, ni tampoco fantasía  o construcción mental. Es una conexión de su mundo con el nuestro, y llegó aquí por la vía de los sueños. Para los que habitamos este lugar es fácil de entender, pero entiendo que le sea complicado de digerir. Usted durmió y el sueño lo trajo aquí. Es la primera vez que logra hacerlo porque es la primera vez que usted duerme plenamente feliz. Para llegar aquí hay que tener un motivo sentimental muy fuerte, y así poder abrirse paso de su mundo, al nuestro.

Intentar seguirle el ritmo a este raro sueño es difícil, porque no es como los otros donde todo corre como en una película. En este puedo pensar e interactuar. Pero ya recuerdo que lo que debía hacer era despertarme y llevar mi chica a su casa. Mi chica, Nátaly.

-Hasta suena divertido. -Le apunto. –Pero me da escalofríos darme cuenta que aquí no está trabajando mi inconsciente, estoy yo, consiente, puedo sentir la brisa, el calor del sol y puedo...

-Pensar. Si fuera solo un sueño usted no estaría preguntándose qué hacer o decir. -Martí me interrumpe con las palabras que yo estaba por decir. -Usted no estaría tratándose de convencer de que lo que está viendo y sintiendo es solo un sueño, porque si así lo fuera le aseguro que seguiría la corriente sin preguntar ni dudar si es un sueño o no. Pero lo que más me interesa que entienda por ahora, es que usted no está dormido, usted ha despertado en otro lugar.

Martí nunca se mueve de donde está y sus ojos nunca parpadean. Sólo me explica lo que ocurre. Hago una larga pausa echando una ojeada al ejército que se acerca cada vez más. Y luego de analizar un rato le comento:

-Si esto es en parte real, y usted asegura que tengo que tener un motivo sentimental muy fuerte para haber llegado aquí, es como si algo estuviera mal y tengo que arreglarlo aquí ¿No? Por otro lado, y peor aún. -Prosigo. –Me ha comentado que el peligro que corro aquí es real, como si ese ejército que marcha hacia nuestra dirección viniera por mí. No hay motivos para que un ejército me busque, es la primera vez que “entro aquí”. –Resalto las comillas con mis dedos.

El anciano me deja hablar escuchando con atención y vuelve a aparecer en su rostro una sonrisa.

-En realidad sí tienen motivos para venir por usted. Señala Martí. -Pero esos motivos no se los puedo decir por ahora. No vine aquí a revelar verdades. Vengo a protegerlos, así no entienda por qué vienen por los dos, y me refiero a usted y su… compañera. -Hace una pausa suspirando. La expresión de su cara muestra algo de tristeza y decepción. -No me queda tiempo para explicarle más, los enemigos ya están por alcanzarnos. Le será muy gratificante descubrir que usted no está solo.

Nátaly aparece dormida a mi lado en una sombra borrosa hasta volverse nítida. Martí alza sus cejas impresionado y me advierte no despertarla. En ese momento todo empieza a tener un sabor netamente real, porque es real el miedo que tengo al ver a la persona que amo dormida e inocente en un lugar que será devastado por un ejército que “nos busca”. Ya no me importa dudar, si siento el sol y los sonidos del entorno también sentiré el filo de sus espadas. Sea realidad o fantasía la debo proteger. No puedo permitir que le hagan daño. Martí levanta una mano abierta al cielo y luego la cierra con fuerza haciendo un sonido semejante al latido de un corazón que hace vibrar mis entrañas. En ese momento otro ejército con armadura de tonos blancos y rojos se ve llegar por el punto más alto de la montaña Este. Vienen cabalgando bestias extrañas alargadas. Los dos ejércitos aceleran y comienzan a bajar a toda velocidad en nuestra dirección. Abrazo suavemente a Nátaly mientras miro, porque es lo único que puedo hacer, esperando que el golpe me diga la verdad. Los dos ejércitos están cada vez más cerca y chocarán en el punto que nos encontramos. Ya no solo hay miedo de perderla sino miedo de perdernos. La tensión crece cada segundo. Martí ordena al ejército con atuendos de blanco y rojo a no detenerse y nunca rendirse. Los gritos de guerra ahora se vuelven insoportables por la cercanía, y a un desesperante segundo de que choquen, abro mis ojos en otra realidad y despierto de un salto al lado de Nátaly sana y salva. Suspiro por el alivio aunque mi respiración está agitada como un mar huracanado. Mi corazón late fuerte y rápido. Miro a mi alrededor y la noche cubre todo el cielo. Toco todas las partes de mi cuerpo para asegurarme de que no tengo alguna herida y de que estoy completo. Miro la hora en mi reloj y son las once y cincuenta y cinco de la noche. Menos de diez minutos pasaron cuando estar en esa situación pareció muchísimo tiempo. Nátaly me mira muy asustada y menciona mi nombre:

-Alexander. -Expresa con voz atemorizada, pero su primer llamado no logra hacerme reaccionar y tiene que alzar un poco más la voz. -Alex mírame. -A este llamado sí respondo mirándola a los ojos, su mirada me ayuda disparando un calmante directo a mi sistema nervioso, y una poderosa pista de que esta sí es la realidad. -Sólo fue un sueño. Qué susto me haz dado. Cálmate y explícame. -Continúa diciendo con tono tímido y preocupado. -Siento mucho miedo aun por el peligro fantástico de mi sueño. Estoy impactado. Aunque no le puedo explicar al momento porque no sé bien lo que pasó. Ella espera contemplando mi silencio, y sugiere:

-Será mejor que bajemos.

Asiento con mi cabeza. Bajamos del techo de mi casa y nuestro espacio está ocupado por un aire incierto. Yo no tengo la capacidad de pronunciar una palabra. Aún estoy perplejo por lo que me ha dicho ese anciano, por lo que comprobaron mis sentidos, y por haber vivido una experiencia así con la mujer que amo corriendo peligro. El recuerdo de los ojos inmóviles de Martí es nítido. Ella como último recurso me sujeta y me habla con paciencia:

-¿Estás bien? -Pregunta como siempre muy directa.

-Sí. Estoy bien. -Le aseguro. Por fin logro responder. -Estoy muy impresionado con mi sueño eso es todo.

-Cuéntame tu sueño.

Le cuento todo con lujo de detalles como es de costumbre. Entre sonrisas que tardan en salir y gestos de impresión me responde:

-Qué raro tu sueño, entiendo que hayas despertado así y que te asustaras tanto. Yo habría saltado de la cama.

-Claro. Es lo más real que he podido sentir al haber soñado. Y fue duro haber creído por unos minutos que algo malo te podía pasar. La brisa, el sol, el ruido… fue el sueño perfecto, creo que esos chocolates que te compré tenían algo raro. –Nat ríe.

-Conociéndote bien, sé que si yo no hubiera aparecido allí de entrometida estuvieras fascinado diciendo que fue el mejor sueño de tu vida y que te gustaría soñarlo otra vez.

Me da un beso con sus labios rosados y me regala una sonrisa que refuerza mi dosis de tranquilidad. Luego emprendemos la aventura hacia su casa. Digo aventura porque la idea es ir sin que noten su llegada porque ella se ha escapado conmigo como muchas otras noches.

-Apurémonos Alex. -Me pide.

Las calles están muy oscuras, pero tenemos la ventaja de vivir cerca. No despedirnos frente a su casa es nuestra táctica para que no nos descubran, por lo menos a los dos.

-Buenas noches Nátaly. -Me despido en tono sentimental. –Dejarte aquí siempre será una tortura. - La abrazo fuerte.

-Mañana nos veremos… En pocas horas. –Corrige. –No será mucho tiempo.

-Estar sin ti nunca será poco tiempo. –Le sonrío.   

Tomo su mano, siempre gélida, y me alejo deslizando mis dedos por los suyos hasta llegar al final.

Cuando llego a mi casa abro la puerta tratando de no despertar a mamá. Yo no tengo nada que temer si me descubren, lo que no quiero es interrumpir su descanso. Llego a mi amado refugio, verde, pequeño, muy oscuro por una gruesa cortina en la ventana que da vista a la calle. Mi computador está en una esquina. Hay un televisor casi pegado a la puerta y a su lado mi closet. Y mi cama, mi agradable nido que espera por mí. No quiero más que lanzarme ahí y repasar ese acontecimiento que ha conmovido la concepción de mi vida y de lo que soy.

Mi vida, la vida de Alexander Thomson ha estado llena de acontecimientos curiosos. Dieciocho años de experiencias extrañas. He entrevistado a las personas cercanas a mí para investigar si les pasa lo mismo, pero no, soy diferente. Me he dado cuenta que las personas suelen creer que son muy diferentes, buscan o inventan algún padecimiento o característica especial, pero la verdad es que cuando la encuentras o la padeces, porque en realidad sí eres diferente, no es tan divertido y te toca hacer el esfuerzo de ser normal.

Admito que soy aburrido para la sociedad, ya que no acostumbro a hacer las actividades típicas que las personas creen entretenidas. A mi edad no conozco a mis padres biológicos. Fui adoptado por una hermosa familia a mis dos años de edad. Eso no me hace sentir triste, ni frustrado, ni incompleto. A veces una familia que adopta funciona mejor que una de hijos naturales. No siempre, es relativo, pero sé que soy afortunado. Nadie sabe donde nací. Cuenta el director del orfanato, que me encontró encima de su escritorio envuelto en una manta, observando un péndulo cinético móvil perpetuo. No dejaron una nota conmigo, solo se sabe lo que cuenta el director del orfanato, mi pasado es incierto, y mi futuro... el futuro sale bien si disfrutas y vives el presente de forma saludable.

Amo las aventuras particulares, es decir, investigar no de libros ni de internet, investigar y comprobar como los primeros investigadores. Me parecen interesantes las tonterías o detalles insignificantes que la gente suele ignorar, me apasionan las estrellas y estoy locamente enamorado de mi pareja. Creo que mi único miedo es perderla. Entiendo que es un amor juvenil, que estos suelen ser muy intensos y que tampoco es para tanto, pero es que lo estoy disfrutando mucho, porque es la conexión más real que he tenido en este mundo.

Desde niño he hecho operaciones mentales que no son normales. A penas en mi naciente adolescencia fue que descubrí que lo que hacía no era normal, porque como me era fácil, pensaba que todos lo podían hacer; en primaría me gustaba confundir a mi profesor, cuando estaba hablando de un tema, le decía como con mi mente palabras que no encajaran con el tema y él se enredaba, y fue muy chistoso para los integrantes de mi salón y para mí, hasta que encontré al profesor llorando en un pasillo, y supe que era algo con lo que debía tener mucho cuidado. Otra vez, hice que un desconsiderado señor le cediera el asiento del auto bus a una mujer embarazada, porque se lo ordené con un pensamiento. No fue coincidencia, él me obedeció exaltado y mirando a los lados buscando quien le había gritado. En ese momento supe que era una habilidad de provecho, que se podía usar para el bien, y la puse en práctica con varias personas. En vez de hacer travesuras y confundir a mi profesor que solo estaba haciendo su trabajo, comencé a confundir las palabras de los abusadores del colegio, y cuando estaban insultando, ofendiendo, humillando o burlándose de alguien tranquilo o indefenso, los hacía decir alguna palabra o frase vergonzosa. Eso era significativamente más divertido. También logré conseguir el título oficial de "Cupido" en mi colegio. Fue el método ideal para por fin integrarme con otras personas, porque antes no había podido conseguirlo. Todos mis amigos, amigas y hasta personas que no conocía, acudían a mí para que hablara con la persona que les gustaba. Claro que nadie sabía, que yo no hablaba con esas personas, yo se los ordenaba con mis pensamientos y decidían comenzar una relación. La mayoría terminaba pronto, pienso yo que eso ocurría porque no los hacía tomar una decisión definitiva, sino que la cosa funcionaba como un simple hechizo, era una especie de enamoramiento fugaz, como casi todo lo que ocurre en la adolescencia, pero alguna que otra pareja permanecen juntos porque les di el empujón de darse una oportunidad. De cualquier modo lo disfrutaba, si terminaban pronto, había dolor en el enamorado principal pero luego entendía que no eran el uno para el otro y le tocaba seguir buscando, y si otros llegaban a consolidar una relación estable también era satisfactorio y lindo.

Otro fenómeno extraño que podía poner en práctica, era completar lo que alguien iba a decir, o me anticipaba a lo que me iban a contar adivinando el tema. Ahora que lo asocio, era parecido a lo que hizo Martí en mi sueño.

También podía predecir lo que iba a pasar, saber cosas que no debía saber, y todo esto como simples reflejos de mi mente que yo no entendía ni controlaba del todo.  

Lo que me resulta curioso, es que aun con todas esas habilidades no había tenido una sola novia. Jamás me había interesado alguna chica, aunque muchas sí se interesaban en mí, tengo que admitir. Hasta que un día elegí a una. Sólo sé que me atrapó con su mirada, pero sin alguna otra razón y sin algún otro motivo la elegí.

Ella es preciosa para mí, de una belleza normal para los demás. Me refiero que no es impactante. Es exactamente preciosa. Sus ojos son castaños con pestañas largas y cejas bien definidas, nariz perfilada, sus labios son una historia aparte, de ellos podría hablar por un buen rato pero eso lo guardo para mí. Su cabello tiene un tono marrón opaco, su rostro en general refleja ternura. Pero aunque sea súper encantadora estoy muy seguro que no la elegí por lo antes mencionado. La razón por la que la elegí no la consigo, pero es un misterio que no me preocupa desentrañar.

La clave es su mirada, que bloquea y abre todo en mí al mismo tiempo. Trabajé un año completo para conquistarla. Es fácil decir que lo conseguí, pero en varias ocasiones llegué a pensar que no lo lograría. Ese año lo considero el más inquietante de los dieciocho que he vivido, e hizo que me olvidara de usar toda extraña habilidad, porque ya no necesitaba de ellas para ser feliz o para integrarme. La tenía a ella.

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