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PROFESTO

Era un Domingo por la mañana y a diferencia de muchas personas de mi edad yo no tenía resaca sino que estaba bien, mi semana consistía de hacer los trabajos para los que me contratarán, cazar a los idiotas sobrenaturales que se salieran de control e ir a tomar unas cervezas al bar de David, el resto de mi tiempo me la pasaba en mi oficina (la cual se había convertido en mi hogar) jugando en mi Xbox mientras esperaba que por arte de magia llegara un cliente.

Eran casi las siete de la noche y yo estaba sentado con los pies encima de mi escritorio de madera (regalo de David por cierto) viendo Netflix mientras comía unos deliciosos nachos con jalapeño cuando repentinamente entró una llamada al teléfono de mi oficina.

—Investigaciones Díaz ¿en qué puedo ayudarlo? —respondí.

—En hacerte un hombre—me contestó David del otro lado de la línea.

—Ah eres tú ¿qué quieres?

—Ya te lo dije chico—me respondió—te necesito en el barrio de los lobos, está pasando algo.

—Carajo, a ti te pasa todo—espete con una sonrisa que él no podía ver—llego en media hora.

—Frente al supermercado

Le colgué a David, terminé mi partida y salí de mi oficina. Tras años de vivir con mi abuelo se me pegaron ciertos gustos suyos como el de los autos clásicos por ejemplo, así que me subí a mi lindo "Chevrolet El dorado" de color negro y conduje hasta donde David me dijo y al bajarme del vehículo pude ver una gran conmoción a la orilla de la calle.

Tratar con lobos era algo peligroso ya que eran seres con una impulsividad impresionante y una fuerza mayor a la de los humanos, sin contar que les encanta andar en manada, así que mientras me acercaba me quite la billetera del bolsillo y la metí en la bolsa interna de mi blazer para revisar disimuladamente si mi revolver estaba cargada.

Mientras me acercaba me quedé sorprendido de ver a David y a su sirviente a la vista de todos. Me acerqué a ellos y les pregunté lo que pasaba.

—Míralo tú mismo—me respondió señalando el ruidoso edificio frente a nosotros.

— Me vas a decir que pasa o no?

—Un par de lobos se salió de control, ya despedazaron a una persona.

— ¿Y por qué no le has dicho a tu depredador que entre? —le pregunté.

—Todas las razas se están peleando por hacerse cargo de lo que pasa y tú sabes que como chamán yo no puedo ponerme del lado de nadie.

— ¿Y eso qué quiere decir?

—El trabajo de los de tu clan es el de ser los verdugos y mantener el orden entre las razas, ya sabes que hacer.

—Sí, lo sé—respondí con un suspiro—iré por mis herramientas.

—Por fin das en el clavo niño—comentó con sarcasmo.

—Vete a la mierda—le respondí mientras iba al auto a sacar mi rifle.

Saque el emblema que David me dio cuando nos conocimos y lo puse en la cinta de mi sombrero al mismo tiempo que subía mi bufanda hasta la nariz, luego de eso camine hasta la entrada del edificio en la que había dos lobos que resguardaban la entrada, no quisieron dejarme pasar hasta que le di una paliza con la culata de mi rifle a uno y el otro vio me emblema mientras lo hacía.

Cuando logre entrar al edificio note que ya no había personas así que podía actuar libremente. Tire varias latas de gas mientras subía las escaleras y revisaba cada piso del edificio, me detuve en el quinto piso ya que era el primer lugar en el que escuchaba un sonido, tire la puerta del primer apartamento y me dirigí a su cocina en busca de sal, revise en todos lados hasta que en uno de los gabinetes de la cocina encontré un kilo, regrese a las escaleras y las rodeé con la sal, luego me mordí la punta del pulgar y deje caer una gota de sangre en la sal creando una así una barrera para todos los sobrenaturales.

— ¡Ven aquí, perrito! —grite con fuerza esperando llamar la atención de alguno de los dos pero no rindió efecto así que continúe subiendo las escaleras.

En el sexto piso las cosas fueron más fáciles pues pude ver a uno de los lobos arañando una de las paredes al final del pasillo.

— ¡Eso lo hacen los gatos, perro estupido! —le grité consiguiendo su atención

Me quedé quieto mientras veía como aquel lunático corría hacia mí, pero en ese mismo instante y sin previo aviso vi como su compañero se lanzaba contra mí desde las escaleras que iban al siguiente piso.

—Dios mío—exclamé para mí mismo mientras rodaba para evitar el ataque de aquel bello par de bolas de pelo asesinas.

Me paré y les lance una pequeña pócima que David me había preparado para los hombres lobo, aquella sustancia explotó en un brillo que había dejado ciegos a los lobos...y a mí también así que comencé a disparar con la puntería de un ciego hasta que pude volver a ver y no, no le había dado a ninguno.

Entre al departamento al que ambos se habían metido y le metí un tiro entre las cejas al primero que vi, pero el segundo mando a volar mi rifle de un zarpazo, logré empujarlo de una patada estrellándolo contra la pared y mientras este se recuperaba del golpe yo le vacié toda la carga de mi revolver en su pecho, digo para que no se levantara.

Recogí mi rifle y salí del edificio con mi blazer desgarrado y salpicado con un poco de sangre y fui a sacar otro blazer, unas pinzas y un alicate de mi auto y luego volví a entrar al edificio, pero esta vez acompañado de David, su sirviente y el alfa.

—Vaya que te divertiste chico—dijo David mientras entraba a la habitación donde estaban los cadáveres de los lobos y el alfa lo veía.

—Esto no tiene sentido—exclamó el alfa—Raúl y Lorena nunca habían tenido incidentes.

Me acerqué a los cadáveres para revisarlos y pude ver un polvo blanco en la nariz de uno de los muertos.

—Tal vez no—interrumpí mientras le cortaba una garra a cada uno—pero no podemos dejar pasar que un par de hombres lobo enloquezcan y maten a un civil ¿o quieres que los arquitectos vengan a hacer un alboroto aquí a Kimuul?

—Claro que no.

—Pues deja que David y los Díaz nos encarguemos de esto...algo me dice que aquí hubo más que un asesinato.

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