Share

TRANSFORMATIO CONSPICUUM

David y yo mirábamos los cadáveres detenidamente mientras los fotografiamos y mirábamos los restos del tipo que los lobos despedazaron.

— ¿Tú qué crees que haya sido? ¿Drogas? —me pregunto David.

—No, no lo creo. Nunca había escuchado de algo que enloqueciera tanto a los lobos, ni drogas ni nada.

— ¿Ya tomaste tus muestras?

—Sí.

—Entonces ya puedo empezar a limpiar—comentó David.

David podía ser molesto e increíblemente imbécil, pero seguía siendo un chamán y uno de los buenos. Tomó una pequeña rama de romero y epazote de su bolso y la puso en el pecho de los muertos y con un chasquido de dedos creó una pequeña llama con la que prendió las hojas mismas que incineraron los cuerpos en segundos.

—Trasciendan al otro plano sin rencores—exclamó—el edificio está limpio, tus chicos pueden entrar.

— ¿Limpio? Acaban de fallecer tres personas David, este lugar está de todo menos limpio—reclamo el alfa.

—Lo sé Jorge, deja que mi chico se encargue de esto, es el mejor—contestó David mientras volteaba a verme y su depredador se ponía a su lado.

David y yo salimos del edificio y nos dirigimos a mi auto seguidos por Jorge, quien se quedaría a dar las instrucciones para mantener un orden más estricto.

Una vez enfrente de mi auto David rompió el silencio.

— ¿Crees que hayan sido vampiros o gatos?

—No lo creo, no había señales de sanguijuelas o marcas de mininos.

—Gabo no sé lo que pasa pero es nuestro trabajo averiguarlo.

—Ya cumplí mi parte del trato, asesine a esos lobos ¿no?, yo ya acabé.

—Lo se chico por eso te pagaré.

— ¿De cuánto hablamos?

—Dos mil dólares ahora y otros dos al terminar.

—Me parece bien—le respondí

—Perfecto, te veré mañana en el bar para darte el adelanto, confío en ti niño—exclamó antes de ponerse una especie de capa y desaparecer junto con el sirviente.

Después de meterme en el carro me quité la bufanda y conduje hasta la oficina mientras escuchaba una canción llamada "Dead to me" de Melanie Martínez, valió la pena gastar tanto en el sistema de sonido.

Al día siguiente fui al bar de David, pero para mi sorpresa no estábamos solos.

—Gabriel siéntate—me pidió

— ¿Quién es la chica? —le pregunté sin demora.

—Gabriel ella es Karina, trabajará contigo en la investigación.

—No necesito niñera.

—Tu no, pero ella sí—me contestó—es su primer caso.

—Está bien.

—Mucho gusto Gabriel—exclamó la joven chica extendiendo su mano hacia mí mientras yo encendía un cigarrillo.

—El gusto es mío, sube al auto no tenemos tiempo que perder—le dije mientras que me quedaba hablando con David.

—Son órdenes de arriba, los arquitectos no estaban a gusto con lo que pasó así que la enviaron a vigilarnos.

— ¿El trato sigue en pie?

—Claro que sí chico, toma—afirmó dándome un fajo de billetes—solo cumple tu parte.

—Cuenta con eso.

Entre a mi carro y fui de regreso a mi oficina en la cual destape un enorme círculo con marca e ideogramas para un ritual que estaba quemado en el piso el cual yacía oculto por un gran tapete que decoraba mi oficina.

— ¿Qué hacemos aquí? ¿No deberíamos buscar pistas?

—Eso hacemos.

Me senté en el centro del círculo y de mi sombrero saqué un pendulo de obsidiana y una vela negra.

— ¿Cómo hiciste eso? —me pregunto Karina.

—Hay una cinta con inscripciones que David puso dentro de mi sombrero, es muy útil para guardar munición y otras cosas, ahora has silencio o sal de la habitación—advertí con ironía.

Prendí la vela, arroje las garras que tomé al fuego y puse el péndulo encima y justo en ese momento esta empezó a prenderse en llamas revelando unas runas en él y cuando el fuego llegó al hilo este cayó al centro del círculo, es ahí cuando empezó el juego.

En el momento en el que la punta del péndulo golpeo el suelo el espacio a mi alrededor se puso negro como el espacio y entonces voltee a ver a la derecha y vi a dos personas, una pareja de hombre y mujer caminando por la tarde en una central de abastos, al principio supuse que eran Raúl y Lorena aunque luego lo confirme después de que ambos se llamaran por sus nombres.

Luego de un rato de verlos realizar su vida cotidiana se detuvieron en un puesto de condimentos especiales y vi a un tipo dándoles una bolsa con un polvo blanco parecido a la sal, acto seguido la visión me llevó al momento en el que inhalaban aquella sustancia para unos minutos después enloquecer y despedazar al primer desgraciado que vieron, en este caso un padre de familia.

Al salir de mi transe pude notar como Karina me veía extrañada y sin saber que pasaba.

—Es una droga—le informe.

— ¿De qué hablas? ¿Qué viste?

—A Raúl y Lorena, parecían buenas personas, casi me siento mal por asesinarlos.

— ¿Casi?

—Sí, casi—confirme—de vuelta al auto, vamos a ver a un viejo amigo.

Related chapters

DMCA.com Protection Status